Corazonada

Aún está oscuro. El costado de la cama está vacío, no están los gatos y hay tanto silencio que es inquietante. Aún no despierto del todo, estoy en ese pequeño momento donde el tiempo parece extraviarse, no tengo una consciencia plena.

Sé que estoy ahí y al mismo tiempo me siento distante y perdido, como si me viera desde arriba, como si fuera una visión más que una realidad. Creería que es un sueño si el pecho no comenzara a arderme, si de la nada no se expandiera dentro del pecho una sensación de ardor, si no se irritaran los ojos y comenzara esa idea a rondarme la cabeza.

El corazón está cansado, es como si el músculo estuviera resentido. La sensación me angustia, el dolor me angustia. La soledad… no, esa duele, pero no me angustia. Aún me caigo bien, y mientras que eso pase, está todo bien.

Trato de aferrarme a mí mismo en medio de la oscuridad, a mis propias palabras. Las palabras siempre traen un poco de esperanza, recordarlas ayuda. Uno puede vivir con un «qué hubiera sido si…», pero con un «debí confiar en mí», ese mata.

Recupero la consciencia, despierto, pero no deja de doler. El dolor es bueno, el dolor habla de que importa, el dolor es buena señal. Después del dolor viene cierta liberación, sea una astilla clavada en un dedo, un barro ciego en la espalda o un desamor en el pecho… después del dolor viene la liberación, pienso.

Hay que vivir el duelo. En medio de la oscuridad, desconociendo si es en medio de la noche o de la madrugada, con el sueño arrebatado, mirando a la nada que es todo a esa hora y en ese estado, tengo que hacer el duelo. Tengo que mirarme al espejo y sentir mi propia mirada desconcertada, desconcentrada, mi propio yo ausente, y decirle: «Sí, es así. Aguantá. Hay que tener aguante. No podemos perder aquí también. Podemos perder afuera, en el trabajo, ante los otros, pero aguantá. No a nosotros mismos. No te fallés. No me fallés. Aguantá. Hay que aguantar este duelo y los que sigan. Vale la pena». La mirada se nubla, se distorsiona, se llora. Si hay que llorar, se llora, con el pecho hecho un espasmo, engarrotado y arrugado como una bolita de papel aluminio, hecho un callo de culo de libertador. No aflojés. Confiá.

Aún está oscuro, aún hay silencio, aún hay dolor. Va a estar un buen rato. Siempre hay señales, siempre hay cicatrices. Nadie sale ileso, al menos no alguien que haya intentado. Si de verdad estuviste ahí, algo se queda con vos, algo no volverá a vos. Uno lo presiente, sabe que volverá con frecuencia a esos recuerdos, a esos momentos, que visitará las sonrisas y los espacios que juntos habitaron. Uno sabe que no volverá a escuchar algunas canciones sin recordar su aroma, sus palabras, que se ha creado una cicatriz. Y vale la pena, sí, y que duela me hace recordar otros dolores. De eso se trata sentir, de sentirse, de presentirse o intuirse.

Es tarde o temprano, no lo sé. Escribo con miedo, no a la oscuridad ni a la soledad, sino a olvidar el sentimiento, a no hacerle justicia, a no poder recrearlo, transmitirlo. Es raro, se siente raro, me siento raro. Llevo una semana larga sintiéndome así, con el corazón hecho una brasa, y en medio de la noche despertarme con este fogón encendido, divagando entre tanta cosa. No dejo de pensar que quizá por eso la gente dice tengo un pálpito, las premoniciones nacieron de corazones agobiados, de una sensación de hastío y tedio que parece dragarlo todo… aunque no es que algo vaya a salir mal. Sé qué es lo que pasa, sé qué es lo que siento. El dolor no me habla del futuro, es solo una corazonada, un corazón vaciándose, rasgándose. Un amor que sale con los puños cerrados, con los dientes apretados, con los ojos llorosos. Una ausencia a la que deberé acostumbrarme, sin rabiar y sin destierro.

Ahí se queda algo. Con amor se queda algo, porque no es lo mismo tener que irse a no poder quedarse, la segunda partida conlleva un duelo en el que no se gana; solo queda la intuición, la esperanza de que después del dolor todo estará bien.

Leo el mensaje, re leo el mensaje, pienso si debo enviarlo o no… y lo borro, tengo la corazonada de que es mejor así.

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