De izquierda a derecha sacude la cola a un ritmo placentero y, con su movimiento, marca el avance del tiempo; parece casi contento, diría uno, incluso, que feliz, sin razón, sin motivo y, sobre todo, sin necesitarlo, soberbio como un loro que se ríe justo cuando alguien se cae, él tranquilo mirando una lagartija inoportuna que se niega a moverse esperando que él se canse… si yo tuviera su paciencia, pienso y sonrío… mauuuuuuuuuu, le digo; mauuuuuu, me responde; no nos decimos nada, pero es mi forma de decirle gracias, no nos decimos nada, pero es su forma de decirme que no le pare bolas a eso.
Quisiera, yo quisiera, pero no puedo, no sin traicionarme, no a sabiendas de que si dejara de importarme lo que me importa, si viviera como otros viven, si aceptara de manera tan sumisa, me sería impropio, la pelea hay que darla, tiene que poderse, necesito que se pueda, y si no, por lo menos intentarlo, se puede perder, se vale perder si se pierde con la frente en alto, aunque no sirva de nada, como él gritándole a esa lagartija, como su deseo de saborearla, como su intención de arrancarle las patas y saborearla… quiere, quiero, pero la vida no nos da nada, solo una boca para maullar la rabia y la impotencia de no poder morder, de no alcanzar, de no llegar.
No se mueve y no se altera, en eso me gana, tiene ese instinto de cazador juguetón que a mí me cansa, tiene esa fuerza y ese ímpetu que le permite esperar, sabe que vendrá, sabe que bajará en algún momento, por alguna razón, sabe que es cuestión de tiempo… no es cierto, miento, no lo sabe, pero aun sin saberlo no pierde la calma, le basta excitarse imaginando su sabor, yo no puedo, no me basta, no es suficiente, quiero su boca en mi boca, agarrarla despacito, disfrutarla de a poquitos… pero me cansa esperar, me cansa la conversación tan vacía, tan lejana.
Él parece esperar indiferente, sé que no lo está, deseo que no lo esté, no puede estarlo, no si realmente le gusta, no se puede fingir indiferencia, aunque sí se puede renunciar al deseo, pero no tiene cara de estar cansado, no tiene cara de notar la hora y no ha tenido un día largo que lo atormente, no tiene por qué dar el brazo a torcer, no es como si le hubiera dejado de escribir, no es como si hubieran hablado de algo alguna vez, ella es una lagartija y hace lo que sabe, caminar por los techos, qué culpa tiene ella de que a él eso le guste, nunca lo hizo para él, ni le pidió que la mirara hacerlo, aunque le gusta su atención, le hace palpitar fuerte el corazón y le calienta la sangre fría que le congela el corazón, glu glu glu, le grita en ese juego de escondérsele, porque quiere que la mire, con sus ojos fríos, hambrientos, sedientos, y él acude, con ganas, con la boca hecha saliva… mezquina y manipuladora, casi humana, casi cínica, no tiene mucho adónde ir, hace lo que sabe, es su naturaleza, pero él tampoco tiene cómo resistirse, así es la suya.
Ese cortejo fúnebre, casi triste, es interesante de ver, lo suficiente para no perderlo de vista sin perderla de vista, quiero ver qué pasa, incluso si no pasa nada, no tengo su disposición juguetona hacia la ausencia y la distancia, odio esas frivolidades, pero es mi naturaleza ver, mirar y tratar de entender, esa es la peor parte, cuando después de un rato no hay nada que no pueda justificarse, porque se nota que los sobrepasa, que no es su intención, que nadie intenta dañar a nadie, casi nunca, muy de vez en cuando, que los buenos sí somos más, que los daños son colaterales, que la culpa no es más que un remordimiento frente a un capricho tozudo que no tenía nunca ni futuro ni fundamento, jode verlo, jode darse cuenta viendo un gato ver una lagartija que parece ocultársele mientras hace ruidos para que la vea, para que la encuentre, y en medio de ese caos, cucú, cucú, cucú, cucú, hasta llegar a las 12, y entonces él voltea con su cola como un péndulo tranquila marcando los segundos, viendo la pequeña artesanía de madera aparecer y desaparecer… olvidando que desde el techo lo observan, río de nuevo, no tengo su desinterés natural y maldito mientras le quito las pilas al puto reloj.