Cauchito

Los mejores apodos tienen historias, esta es la mía pero para entenderla habría que contar un poco más, algo así:

Ese día mientras que almuerzo frente a mí se encuentran dos personas, las conozco, somos compañeros de trabajo y amigos, hablamos de algo, un almuerzo cotidiano, sin tensiones, y de repente sus ojos se abren, las caras cambian, los rasgos se tensan y sus cuerpo se mueven un poco hacia adelante, no sabría bien expresar lo que me dicen sus gestos, es obvio que pasa algo, hay angustia, su rostro no dice, GRITA que algo ocurre, el momento pasa rápido, y por eso las palabras no se articulan, de repente el suelo sobre el que estamos se estremece, hay sonidos de platos y vasos golpeando el suelo, platos finos y pesados, vasos robustos… nada se quiebra, son golpes secos y sonoros.

Me cubro la cabeza, tengo miedo, aunque el sonido es distante, pero al instinto, la razón le habla en otro idioma. Imagino que lo que ellos ven es parecido a lo que yo veo pero diferente, mis ojos nerviosos entrecerrándose, mis manos que intentan convertirse en un escudo se cierran sobre mi cabeza, la boca torcida, patética, una imagen patética si se tiene en cuenta que mido 1.90 y peso 110 kilos no debería temer a los golpes, incluso si son inesperados.

A mi espalda dos meseros han tropezado, sus piernas han olvidado la sincronía y el espacio cerrado los ha puesto en una situación impensable; generalmente los restaurantes delimitan zonas, territorios, y como todo territorio el conflicto suele darse en las fronteras, en esos espacios donde la silla de la mesa 8 está muy cerca de la mesa 9, los meseros son recelosos con sus espacios, un solo tropezón puede costarles todas sus propinas, y arruinar su noche y dependiendo de lo que lleve en sus manos o su bandeja quizá todo su mes…

Por alguna razón la idea de cuanto dice un rostro, de que tanto narra… pienso en las veces que la cara me ha arruinado la mentira, los momentos donde el cerebro de alguien que me mira a los ojos dice: no es cierto, no se cree, no le caigo bien, sí me rompiste el corazón…

Los gestos, la gestualidad marca, un buen orgasmo, una buena noche, una decepción… todo se graba por medio de ellos.

Pasan las horas y la idea me abandona, estamos en una reunión, estoy inquieto, no tenemos todo lo que el cliente espera ver, estamos tratando de solucionarlo en caliente, como si fuéramos una puta cocina y no un estudio de arquitectos, cuando eso ocurre pierdo la capacidad de estar tranquilo, el cuerpo se mueve solo, y en medio de esa ansiedad voraz meto la mano al jean, siento las gomas de los frenos y pienso que mientras que los demás terminan esta horrible presentación debo ponérmelos antes de que terminen, engancho el canino izquierdo inferior con el incisivo superior izquierdo, uno más y todo está listo, lo tomo lo engancho en el canino derecho inferior y cuando lo estiro se suelta y sale volando, veo el rostro de todos, se descomponen, el caucho vuela, los rostros tienen una mirada de compasión premonitoria, una vergüenza entretejiéndose, una burla lastimera que me acompañará toda la vida, el caucho sigue volando y golpea al cliente justo en el ojo, su rostro desconcertado y asqueado congela el tiempo.

-Ojalá se haya cepillado cauchito, dice… el sobrenombre nunca va a olvidarse, todos contarán una historia divertida al llegar casa y yo, una humillante.

Cuentas pendientes

Mientras que espera fuma, Cristofer, siempre ha fumado, pero nunca con tanta intensidad, da una calada, luego otra, y otra, la ceniza se acumula sin romperse, es frenético, pero delicado, mira el celular, mira de nuevo, solo silencio.

Eso de esperar nunca ha sido lo suyo, apaga la colilla, y se levanta nervioso de la mesa, camina de un lado a otro, no puede quedarse quieto, se rasca la palama de la mano, la cabeza, solo cuando fuma tiene algo de control, el humo lo calma, como a las abejas.

La espera se alarga, pide una cerveza la mira como quien busca respuestas, la toma como quien encuentra una gota esperanza, fuma y toma, sus cuerdas vocales se calientan y se enfrían, eso parece ponerlo en un trance, similar a poner un tiburón panza arriba. Olvida, olvida que espera y su semblante cambia.

Ahora observa, ve a la gente pasar apurada, el sol como un reflector sobre ellos, tienen prisa, y caminan sin notar que hace un buen día, el primer día soleado en semanas pero ellos están corriendo, hacia algún lugar, no lo disfrutan ni lo aprecian, en su rostro incluso se ve el desagrado, no los culpa caminar con el sol encima es molesto, por suerte el tiene su cerveza, pide otra, saca otro cigarro, comienza a perderse en la cotidianidad ajena, a pasear a sus perros con ellos, a imaginar sus conversaciones, a adivinar sus emociones.

Se ve Jovial, ya nada lo inquieta, la mala memoria es felicidad, continúa tomando y fumando, de a pocos hace chistes, brinda con otras mesas, se entrega al momento, y olvida, olvida para que es la plata que tiene en los bolsillos, olvida a quienes espera, y el peligro que representan, olvida que la plata debe estar completa, que no hay más oportunidades, que ya no va a haber más plazos. Él brinda, brinda por la vida, porque a pesar de todo, ha sido buena con él, por sus amigos, aunque está solo, por su familia, aunque se ha alejado de ella, brinda porque cada brindis lo ata a su estado de paz, a su presente eterno, y lo aleja de ese otro presente incierto y eso lo lleva al miedo.

El alcohol no le de valor, pero le quita el miedo, y eso basta, toma, brinda, fuma, ha pasado una hora y ya no le queda un solo pensamiento sobre sus acreedores, ni sobre el pago que debe realizar, ahora le importa es que tiene los bolsillos llenos y la botella vacía, pide y el licor llega. Se levanta y va al baño esquiva el espejo, cuando bebe el espejo le habla, le recrimina, no quiere eso, nada que lo altere, sale sin lavarse las manos, enciende otro cigarro y cuando está por llegar se da cuenta; su mesa no está sola, lo esperan.

—Muchachos, concédanme un último deseo, tómense alguito —Les dice conciliador y coherente, la sobriedad le llegó de golpe, como un shot de tertulia. Se sienta, y comienza a hablar —Seamos razonables, y sensatos, ya sé que voy a morirme, no tienen nadie a quien cobrarle después de a mí, y aún tengo casi la suma que les debo, pero igual van a matarme, así que bebamos hasta alcanzar la mitad, y luego hagan lo que tengan que hacer, piénselo bien, ustedes van a cumplir con su trabajo, a recuperar parte del dinero, y además podrían mientras tanto escapar de ese sol horrible, acá en la sombra, con un par de cervezas, no les parece que una buena idea, véanlo como un último deseo de un condenado a muerte, no van a negarle su último desee a un desahuciado, eso no sería muy cristiano de su parte.

Brindemos, por mi hasta hoy buena salud, por ustedes, no, no es broma, no me mire feo, salud por ustedes, los sensatos, los, el dolor en la quijada le impide seguir hablando, el puñetazo lo deja inconsciente.

Se despierta en un sitio oscuro, amarrado y con cinta en la boca.

—Lo que me debés no es tan poco como pa que lo pagués tan barato, matarte no me da nada, con vos es como con los carros, toca desguazarte.

Mira a su alrededor y ve los recipientes llenos de hielo. Debí pedir Whiskey piensa.

Fantasmas

El peso de su silueta en la cama aún no se borra, tampoco su aroma, y eso la hace estar presente, no sabía aunque ya lo había leído que la ausencia era también una forma de estar, eso es lo más desesperante, el recuerdo, el recuerdo hace sentir que la ausencia es solo momentánea, aunque en realidad sea frecuente. El hecho de poder recordarla presente, es devastador, sería diferente si no estuvieras disponible, al alcance de una llamada, porque aunque dispuesta, tu ausencia me sigue acechando cuando doblo la esquina, cuando me levanto a media noche, cuando en un cielo arrebolado a las cuatro de la tarde te imagino con tus botas sobre el borde de tu balcón, con tu copa de vino en la mano, con tu embriagada mirada… tranquila, impasible.

Intento convencerme de que no, no me haces tanta falta, pero fracaso, mientras cocino recuerdo sus nalgas sobre la barra, mientras me baño, la dolorosa temperatura a la que le gusta el agua, no entiendo como una piel tan delicada donde mis dientes y mis labios dejan tan fácil huella puede seguir intacta en esa ducha de agua hirviendo, a esa temperatura mi abuela desplumaba gallinas, y sin embargo ella sale sonriente de la ducha abrazada por una cortina de vapor; he visto saunas menos cálidos…

No está mal que eso pase, no está mal que la recuerde, ni que sea en cualquier momento o a cualquier hora, lo difícil es saber que está tan cerquita que odio un poco su ausencia, ya sé, ya sé, hay obligaciones y vida que vivir, pero que difícil es, sobretodo en las madrugadas de sábado, salir de su cama, y llegar a la mía que no huele a vos, ni a tu sudor, ni a tus orgasmos, ni a tus cremas inodoras, que, aunque en etiqueta digan que no, a mí me huelen.

Cuando llego a casa entiendo mejor a tu perro, tan desterrado de su comodidad, extrañando la atención, el roce, la caricia… no te conté, a veces no entiendo porque no le cuento las cosas tontas en las que pienso, pero son muchas y frecuentes, la próxima ves  que la vea voy a hacerlo, voy a decirle que hay más probabilidades en el mundo de ser una consciencia flotante que imagina el universo, a que este de verdad exista, y que ese cerebro accidental es un genio porque logró darle forma a sus labios gruesos, a su tetas grandes y redondas, a sus nalgas y a ese sexo ardiente con el que hace que pierda cualquier estribo. Ese cerebro merece una medalla, me gustaría dársela, agradecerle, porque imaginarla así como es, es toda un proeza.

Este tipo de estupideces pienso, sin razón alguna, ahora mismo yo escribo mientras ella duerme, plácidamente cogida, un poco fumada, y despertará sin saber que he pasado el día queriendo agradecer a un cerebro flotante por entretenerse pensándome pensándola.

Pensándolo mejor, tanto ese cerebro como ella son lo mismo, fantasmas que rondan mi distraído consciente que lo embelesan y lo llevan a divagar, su ausencia, su presencia ambas constantes en mí y ausentes la una en presencia de la otra, no hacen más que brindarme una solución posible, la misma existencia no es más que un eco de lo que queremos ser y de lo que fuimos, todos somos fantasmas, anhelándolos cuando no estamos frente al otro.

Le doy una fuerte calada a la pipa, el aroma a picadura de tabaco desprende una nube pesada, fantasmas, repito mientras extiendo mis dedos al humo.

Impertinentes

Los hay de todos los tipos, colores y tamaños, vienen en ambos sexos, una particularidad los une a todos, no ven más allá de sus narices, hay impertinentes graciosos, y podemos encontrarlos más en edades tempranas o tardías, es un lujo de los niños y los viejos no seguir las normas sociales, de orinarse o cagarse sin público sin ser reprendidos, siempre y cuando no estén acompañados de un impertinente adulto. Esos son en mi opinión los peores.

La mayoría de impertinentes son narcisistas, no dudan de sí mismos, nunca, y no, no es exceso de confianza ni seguridad, quien no duda de sí mismo, es simplemente porque carece de visión, hasta los felinos avanzan precavidos, solo el humano es tan estúpido que piensa que su opinión, visión e intuición es lo único que necesita para determinar la viabilidad de una acción.

Como podrán imaginarse están en todas las clases sociales, y en las más altas ocurre algo curioso, pero suelen estar con mayor frecuencia en la tercera generación de descendientes de quienes amasan la fortuna, pareciera que la visión se acorta a medida que el lujo se acerca.

Quizá para algunos haya sido una obviedad, pero son hechos y hay que mencionarlos, en general el impertinente es un miope social, un analfabeto, no habla el idioma común, no entiende los símbolos de lo sagrado, no distingue el dolor de la incomodidad, en su mayoría son inocentes, no actúan con malicia, pero su falta de entendimiento no los justifica, ni mucho menos los exime de las responsabilidades de sus actos, es precisamente eso lo que puede llegar a ser un problema, quien obra sin tener en cuenta al mundo no asumen que han obrado mal.

Por eso para poder ser un impertinente, uno real, uno que trasciende la esporádica falta de atención y llega a la acción por omisión se necesita de un contexto a transgredir, eso da paso a los peores, debo corregirme, dijo mientras daba una calada a su cigarro, los peores no son los adultos que pueden hacer esto, los peores son lo falsos genios, los visionarios de la miopía, esos que se declaran contracultura sin entender contra que cultura están, los enemigos del estatus que pueden serlo solo porque no tienen que trabajar para conseguirlo, esos que sin media reflexión actúan e imitan.

Sombras, sombras humanas, imitando movimientos, sintiéndose grandes al replicar ideas que suenan bien, solo son extensiones de la idea que se han hecho de las ideas sobre las que han escuchado, pero pocas veces reflexionado, esas personas que buscan solo estar en contra, que piensa que hay gloria en resistir, aunque no saben contra qué, ni para qué, estos en su mayoría están en sus veinte tantos, que parecen más veinte poco, temerosos de la adultez inevitable, amedrentados por la rutina y deseosos de una atención inmerecida y que además no saben manejar. Torpes borrachos sociales, chocando contra todo, contra sí mismos, contra sus esperanzas, y las de los demás, van por ahí dando tumbos, trastabillando contra todo.

-Por eso, por eso el mejor insulto del mundo es llamar a alguien impertinente, no suena grosero, pero es fuerte, podrían no saber lo que significa y aun así sentirte amedrentado, la palabra tiene consigo un poder innegable, del que las personas no pueden escapar, llámalos impertinentes y sentirán el miedo escurrirle por las piernas, la lengua secarse en la boca, las manos temblarles, míralos a los ojos y dilo suave y con fuerza, IM PER TI NEN TE, sabrán sin duda alguna que es cierto.

Matices

No me gustan los claros ni los oscuros, son demasiado simples, saturados y faltos de perspectiva, son fáciles de seguir, ven la vida en un solo tono, no flotan, no pueden seguir la corriente, están condenados al arraigo, ellos son una sola cosa, es deprimente si se piensa bien, una vida, un universo, una posibilidad, la realidad es una posibilidad, y para aprovecharla es necesario más que defender una verdad, comprender que tenemos una perspectiva, que desde otro ángulo todo cambia, la luz cambia, entiendes, las sombras se proyectan dependiendo desde donde la luz la toca, y la expande, intentando desterrarla, pero si el ángulo es incorrecto, solo hace que se extienda. Por eso no me gusta.

Pienso eso, pero no puedo contestarle a la profesora de pintura de esta manera, si lo hago va a volver a humillarme como la ha hecho en ocasiones anteriores, a cuestionar mi percepción del arte, no puedo perder la beca, la necesito para poder estudiar y necesito estudiar para poder escaparme del trabajo en la mina, así que ni loco voy a confesar que pinté a propósito sin seguir sus instrucciones.

Una vez acompañé a mi padre a la mina durante una semana, me aterraba esa abertura gigante en la montaña, esa oscuridad represada, concentrada, dentro de la mina, el mundo desaparece, no hay posibilidad de escapar de ella, te acostumbras, las pupilas se dilatan, la luz estorba, en casa papá siempre apagaba las luces, no se podía leer cuando el llegaba, ni se podía vivir, no quiero vivir a oscuras, así que solo tengo una carta, mi pasado, no puedo contarle esta historia porque a ella no va a importarle, necesito contarle algo que la incomode, algo que haga que todos los compañeros estén de mi lado, no puedo simplemente decir que no me gusta el claro oscuro, así que digo lo único que puede despertar la humanidad en el mundo.

La entiendo y tiene usted razón maestra, pero el pigmento es muy costoso; sé donde están mis errores, porque no son errores, son omisiones, leves, sutiles, detalles, llenan de vida mi pintura, la mía es mejor que el resto, pero ella solo quiere la reproducción de la técnica, es el problema de los curadores, no saben crear, solo su visión del mundo es válida, solo su mirada del arte, pero tienen otra debilidad, no solo son castrados creativos, también son vanidosos. Sé que acá, acá, y acá, no debería haber luz, también que acá no debí mezclar el tono con otro pigmento, no lo hago para molestarla; sí, sí lo hago para molestarla, para restregarle que sé pintar mejor que ella… lo hago porque soy pobre.

Cuando lo digo escucho algunos murmullos, veo que ella baja su mirada, ha mordido el anzuelo, y debo continuar, no puedo comprar pigmentos puros, debo hacer mezclas, intento acercarme lo más posible, pero en algunos momentos salen estas deficiencias a flote, falta fuerza en el pigmento, falta definición, cuando lo noto tengo intentar suavizarlo, darle una intención porque no puedo costearme el repetir el trabajo, si no tengo suficiente pigmento para una, se imagina para dos, tendría que dejar de comer y solo como tortillas con vegetales, no es un error en el sentido estricto de la palabra, sé que falta, y dónde falta, pero así somos los pobres maestra, aprendemos a ver oscuridad en la luz y un poco de luz, de esperanza en la mayor de las penumbras.

Esta histérica, pero no puede gritarme, no delante de todos, me da su nota, un 8, un 8 es suficiente, con un 8 mantengo la beca, con un 8 esquivo la mina, no es un 10 tampoco un 0 y menos mal pienso, porque odio los claro oscuros, lo mío es esto, un 8, los matices.

Caracterizaciones

En su sentido tradicional dijo Gutiérrez, el piromántico siente placer al ver arder las cosas, el fuego lo atrae como una polilla, en sus ojos las llamas danzantes le alegran la vida, se siente vivo al sentir la onda calórica creciendo, al oler los gases que van liberando objetos en su encuentro con el fuego, hay una especie de excitación, no necesariamente sexual, es un placer diferente, complaciente, es la admiración por la destrucción, es consciente del daño, para él no es un colateral, por el contrario es la conclusión lógica, es el deber ser, el fin natural, es lo que debería ser, ese ha sido siempre su objetivo, así que clasifica dentro de los sociópatas, personas que actúan sin remordimiento alguno, sabe que los daños materiales que puede causar, cuenta con ellos y aún así enciende la mecha.

Su perfil es interesante, pero carece de gracia, no es elegante, su método y su obra son incontrolables y por ende su trabajo es descuidado, su única ventaja es su apariencia, su aparente normalidad, su nada destacable comportamiento, el no ser el sospechoso habitual, su virtud es prácticamente se basa en la falta de atención de su entorno.

Existen otros pirománticos, unos más macabros, los emocionales, esos aman el caos, incomodar, esos tienen de su parte generalmente estructuras poder medio, hombre y mujeres que se apoderan de sus cargos, que se amparan en la ley, en sus zonas grises y desde allí disfrutan con el sufrimiento ajeno, celadores, recepcionistas, secretarias, financieros, profesores, agentes de call center… no todos los son, pero allí abundan, esos que, cobijados por la burocracia, en la normas sin sentido, hechas en otra época, en otro mundo.

Esos son muy peligrosos, cada paso cada dan lo calculan, son ingenieros del desastre, una duda allí, una pregunta allá, una firma que se niegan a poner después de la hora de salida, una omisión consciente, todo diseñado milimétricamente para que todo se acabe, no se inmutan ante el dolor, por el contrario, lo disfrutan, unos sádicos transgresores que evaden el consentimiento e infringen dolor; no son inteligentes, no más que la media, tampoco excesivamente recursivos, no saben disimular, no les interesa tampoco.

Esos son la amenaza real, gente culpable que disfruta siéndolo, la diferencia entre unos y otros radica allí, para unos el colateral es una consecuencia lógica, para los otros es el objetivo, su daño está calculado, y lo que los hace realmente detestables, es que después de cometido el crimen no sumen su culpa, -haga lo que quiera, dicen yo solo estoy cumpliendo con la norma, fingen una inocencia evidentemente falsa, se atrincheran en su puesto, en su manual de funciones, en su sonrisita cínica. Hijos de puta.

Aprendan a diferenciarlos, a caracterizarlos, nada es lo que parece, nadie lo que aparenta, el poder no tiene amigos, tengan cuidado y no se dejen convencer de apariencias amables o cordiales, de caras inocentes, ni gestos inofensivos, no le crean compañeros del jurado a sus palabras, vean más allá busquen consejo en su instinto, en su intuición, analicen sus gestos, sus reacciones, de ustedes va a depender que uno de ellos sea condenado y otro puesto en libertad, asegúrense de que sea el que de verdad deba estar tras las rejas.

El fiscal Gutiérrez se alejó del estrado y caminó lentamente hasta su puesto, a la espera del veredicto.

Malentendidos

-El más fortuito de los accidentes, el verdadero efecto mariposa se da en palabras, basta una coma, un chat, una duda para hacer que una pregunta suena como afirmación, que las buenas intenciones se desvanezcan… no hay vuelta atrás, no hay nada que lo sobreviva, el mundo es así de obstinado y confuso. Y está bien, el universo funciona igual, por eso es mejor evitar las metáforas y los símiles.

­-Es increíble que tu falta de tacto tenga un argumento tan elaborado, vos no podés ir por ahí espetándole a la gente tu opinión sin tener nada en cuenta.

-No lo hago, no de esa manera, yo solo respondo una pregunta, no voy por ahí dándola al aire, tengo muy claro que las opiniones son en primer lugar personales y en segundo lugar incómodas, y que se dan solo bajo consentimiento, son como los nudes sabes, se dan solo cuando se piden.

-Te molestó que te enviara las fotos, es eso

-No, no me molesta, no lo llevés a eso, vos sabes que eso me encanta, que me aceleras la respiración, pero entre nosotros hay confianza, no es algo que hacés de la noche a la mañana con alguien, lo nuestro es íntimo, y hasta público, cualquiera puede ver cómo te miro, cualquiera sabe que te cargo ganas, pero también que te quiero, yo a vos no te escondo y tampoco se trata de eso, así que no tratés de convertirlo en esa disputa tampoco, y sí sé que te jode un poco que no haga siquiera el intento de disimular mis pensamientos, pero de nuevo, solo respondí a tu pregunta.

-Y qué iba a saber yo en qué estabas pensando, si lo supiera te juro que ni te pregunto, es que no tenés tacto, no puede ser que no podás darte cuenta que no en cualquier lugar podés ir diciendo cosas en voz alta.

-Hay música, hay licor, a nadie le importa y sobre todo a nadie le debería importar lo que tenga yo para decir, en el fondo ni siquiera a vos sabés, y mucho menos lo que piensen los demás que nos escuchan, pero te jode, te jode que a mí me chupe un huevo, sé muy bien que a estos que tengo al lado no tengo ninguna cuenta que rendirles, ni ninguna pleitesía que rendirles, existen solo hoy, solo aquí, yo lo seguiré haciendo conmigo, mañana al despertarme, sea solo o sea a tu lado, así que si a alguien le debo algo, es a nosotros, a vos, a tu sonrisa, a mí, no a gente que no me importa y sí eso incluye a tus amigos y a tu familia.

-Vos sos un tarado.

-Uno honesto, lo suficientemente honesto para dejarte saber lo que pienso, lo que soy, lo que puedo ofrecerte, no uno de esos que finge, ni de los que miente, uno con el que podés jugar con las cartas sobre la mesa, uno al que no tenés que decirle ni recordarle que no juegue contigo, me cansa solo pensar en el juego, así que aquí estoy para vos, con todo lo que pienso, que no es más que todo lo que soy.

-No vas a diculparte

-No siento que deba hacerlo, y no voy a hacerlo solo porque tú quieres que lo haga, no funciona así, las disculpas o se sienten, o no se ofrecen.

-¿Y crees que está bien hacer lo que hiciste?, ¿lo que hacés?

-No soy un tipo moral, pero puedo decirte que lo que hago no es para nada algo que considere reprochable, bueno al menos no por mí, que, de nuevo te digo, es lo único que importa. Igual vos ya sabías la respuesta, solo que no esperabas escucharla, creíste que quizá podrías medir mi postura, evaluar mi compromiso conmigo mismo.

-No idiota, no era eso, solo quería pensar que tenías más cerebro.

-Es solo un malentendido, esperabas algo que nunca estuvo en mi poder darte, vos deseabas un momento ajeno a mi naturaleza, a mi deseo, el vestido te queda bien, la mejor parte es como te marca las tetas, pero la mejor es cuando te lo quite en medio de una borrachera en un motel de mala muerte, donde no importe nada más que las ganas, lo sabés bien, sabés que es lo que estoy pensando, en cómo morderte las tetas, en arrancarte las bragas, no me importa tu vestido, aunque te quede bien, es solo tela, es solo un envoltorio, cada una de esas palabras es cierta, pero vos esperabas algo más, quizá de alguien más.

-No imbécil, eso me encanta, pero la mesera no necesitaba oírlo, ni Carlos, ni Martha,

-Estoy de acuerdo, pero ellos preguntaron, no te enojés, es solo un mal entendido

-No idiota, sos vos, no es un malentendido sos vos que estás mal, entendido.

Pandora

Bitácora del Galaxista:

Conclusiones

Nave Pandora, intento 25/25

La suerte está echada, no se puede engañar a los números, sin importar cuántas veces se repita, pasa de nuevo, quizá el tonto Nietzsche tenga razón, quizá es un eterno retorno, pese a que creamos el lenguaje, y que pudimos de alguna manera transmitir medianamente bien comportamientos sociales de generación en generación no logramos nunca conservar lo esencial.

Siempre ocurre lo mismo, somos la tierra 25, el mayor de los problemas es que individualmente somos inteligentes pero fácilmente manipulables en masa, ese viene desde la tierra 0, lo leemos, lo aprendemos, pero no lo concebimos, no todos, es cíclico, el poder, las ganas de poder, el deseo, nos reduce a tan poco, no llevamos año, es irrelevante, el hombre se consume a sí mismo en cada periodo histórico.

Cada tierra ha sido brevemente mejor que la anterior, sin embargo esta podría bien significar el final de todos, trató de evitarse en la tierra 11, se creía que con la gran purga histórica, así le llamaron a la destrucción del registro de todo linaje y legado, y funcionó algunos años, pero es sistemático, solo los Galaxistas, nos hemos tomado el tiempo de buscar los patrones, de establecer los mapas, de buscar las salidas de emergencia…

Se repite, el conocimiento se concentra, pero tarde o temprano el poder lo corrompe, un pequeño salto, una pequeña regla alterada sin consecuencias, luego otra y otra, se aprende a manipular, se deja de buscar el bienestar colectivo, se comienza a buscar una valoración diferente, estatus, las desigualdades siempre vuelven, cambian las formas, los métodos, pero no los resultados, en tierra 18 lo notaron, trataron de acceder a toda la información, recrear un mito antiguo sobre una red semántica que conectaba los pensamientos de todos, un mito quizá producto de un clásico: Sueñan los androides con ovejas eléctricas, la idea es ridícula, una caja en cada casa permite acceder a la información personal, emocional, intelectual de otro ser… si algo nos ha permitido este viaje es entender que nada aprendemos de nosotros mismos.

Esta cápsula lleva un nombre interesante, Pandora, la dueña de los dones, se lanzaron 25 y cada una tenía suficiente para 25 siglos, en tierra cero tenían 12 meses, aquí tenemos 25 siglos, 25 bitácoras, 25 Galaxistas, no conocí a los otros 24, tampoco sé si son reales, es uno de los problemas de ser el último, la esperanza se pierde, aunque el mito diga que Pandora siempre la tuvo, cada siglo las conciencias hibernan, y al despertar un algoritmo cambia de lugar nuestras posiciones, creyeron de manera equivocada en tierra uno que era el deseo de una grandeza transcendental lo que corrompía, hay muchos registros de cómo intentaron siempre alterar el algoritmo, pero es infalible, una consciencia colectiva solo se rinde ante una cosa, la idiotez colectiva, y por desgracia en cada siglo esa época se repite.

Aquí ya ha empezado, la fama condiciona la existencia, nuestras granjas de hormigas colapsan, principalmente porque no somos hormigas, las pantallas han empezado a apagarse, el pánico ha empezado a correr, demasiados mitos, demasiadas trampas, demasiadas pistas, el hombre siempre sueña con recordarse, con permanecer, nos dimos cuenta muy tarde de que ciertos hombres, ciertas mujeres han escondido dinero, armas, consejos para su nueva consciencia, se han tatuado planes y mapas, y llevan años logrando salirse con la suya.

La gran purga del 11 nos advirtió sobre el carácter egoísta del hombre, y solo hasta tierra 20 nos percatamos que habían logrado burlarla, al parecer los últimos tres siglos han sido iguales, y todo solo empeora, el interés del hombre en su especie decae, el sexo, la procreación… todo carece de sentido, el hombre engaña a su descendencia en busca de un legado que ni el recuerda, el hombre ha firmado su destino hace mucho, porque sin esperanza nadie resiste, nosotros lo sabemos mejor que nadie.

Fin de la bitácora, fin de la vida.

Temporada de Caza

—Basta un poco de humanidad para entender, una gota, por desgracia hace unos años que ese poco, esa insignificancia ha pasado a ser un lujo, las personas se creen buenas, racistas pero buenas, clasistas pero buenos, misóginas, egocéntricas, pero buenas, ellas trabajan, producen, tributan, no roban, ni rompen la ley, aunque constantemente la estiran, conocen las reglas del hombre, pero no las humanas, me refiero a las humanísticas, no a las impuestas, sino a las consensuadas, las implícitas, gritan, vociferan, los buenos somos más, aunque cada vez son más pocos.

Así que quiero que sepas que no, no soy un hombre bueno, es m{as me acojo a sentencia anticipada, elijo ser un monstruo, un Hombre Lobo, tengo algo, esa gota de humanidad, pero también tengo demasiados deseos, mi pecado capital favorito es la combinación de dos de ellos LUGULA o GULURIA, siempre quiero un poco más de vos caperucita, morderte un poco más, lamerte un poco más, pero incluso siendo este quien soy, este depravado depredador, me enternece tu dulzura, y pienso que quizá no deba alzarte y tirarte a la cama, o apoyar tu rostro contra la pared mientras te meto mano bajo el ombligo… quizá no de abofetearte el rostro o escupirte, ni ahorcarte… alcanzo a pensarlo con esa gota de humanidad, imagino tu sonrisa cuando lo haga en tu sorpresa, cuando veas que debajo de esta gota de humanidad, de formalidad, debajo de los chistes, y la compostura cotidiana, hay un animal que quiere beber insaciable de tus piernas, de tu boca, un animal con brazos fuertes, —no sabría decirte qué es exactamente, dices, pero hay algo animal en vos a veces, en la forma como me mirás, sé que te gusto, es evidente que me deseas, y quiero que sepas que lo sé. —Quiero decirle que no se equivoca, que quiero agarrarla del cabello, asfixiarla un poco mientras le beso en un café lleno de gente, justo como ese en el que estamos, pero sé que debo ser prudente, aunque ceda a mi instinto, aunque me relama los labios cuando ella se sonroja, cuando se ríe, huelo su perfume, se me acelera el pecho, es luna llena adentro, y la visión se nubla un poco, veo sus labios carnosos, pienso en sus labios carnosos… siento sus labios carnosos.

Me besa, es ella quien me besa, o yo quien me he arrojado, no lo sé, a veces me nublo, a los animales pequeña caperucita hay que temerles, son impredecibles, a los Hombres Lobo en cambio puedes entregárteles, cuando te devore no pretendo lastimar más de lo necesario, aunque quizá te deje marcas, confieso que a veces simplemente pierdo el control, muerdo de más, succiono un poco más fuerte de lo debido, y zas una placa dental debajo de la nalga o en el trapecio, quizá al interior de los muslos, blancas, morenas, confieso que a todas por error las he marcado un poco.

Sonríes, no tienes idea de lo que pasa, no te culpo, yo tampoco, pero comprendo, basta un poco de humanidad pera entender, una gota… la sangre acelerada, los cachetes enrojecidos, estás caliente, y quieres jugar, no sabes aún hasta donde pretendes llegar, no importa, mientras que se sienta bien, te lleva hasta el borde la curiosidad, abajo estoy yo, hecho una bestia, sediento de tu entrepierna, puedo olerte caperuza, siento el olor de tu humedad, respiro lento, la clave siempre está en conservar la cordura, dejar que se acerque, soy un hombre lobo viejo, estoy cansado y no puedo correr tras de ti, aunque la edad es solo un pretexto, en realidad odio el juego, odio tener que convencerte, odio la indecisión y la falta arrojo, la cobardía, quiero decirte todo eso, pero me basta con mirarte, para saber que mi mirada te está diciendo algo parecido, respiro lento y pesadamente, tu sonríes.

—¿Qué muchas ganas?

—Yo sonrío.

Casi algo

No sé qué tienen esas cosas que nunca ocurren del todo, la magia del romanticismo es sin duda esa tensión creciente que nunca deja de acumularse, me gusta, me gusta y sabe que me gusta, me gusta y sé que le gusto, pero no pasa nada, llevamos años así, cerca y no tanto, si nos vemos en la calle sonreímos, así como se sonríe cuando de la nada, en el metro o en el bus se acaba la carga de los audífonos y se sube un músico callejero, uno bueno, uno que de verdad es músico y callejero, uno que tiene algo, ese algo que no se aprende, ese duende gitano que le rompe la garganta al cantar y a uno el corazón, la vida, los sueños… así con esa sorpresa melancólica de que ser bueno podría no ser suficiente, de que gustarse podría no bastar, una risa que duele, una risa que además se irá transformando, vernos es una señal de que sé que quizá pase y sí no, al menos nos acechamos, a veces nos decíamos pendajas así, un solo whats app inútil pero poderoso, te vi hoy, te queda bien el rojo, estabas en?, qué linda te queda esa camisa… fueron tantos, tantas veces, y no desaparece nunca.

Pero verte, aunque me encanta me jode, me saca, me quita la paz cuando tu ausencia es de nuevo la que ronda, y me muero de ganas de verte y no besarte, de abrazarte y continuar sin quitarte la ropa, cuando pasan más días, el dolor se intensifica, se vuelve irracional y ya solo grita:

Vos te me aparecés y empiezo a recordar tantas conversaciones 3:16

tantos momentos cercanos 3:16

íntimos 3:16

tanta historia 3:16

es como un panal de abejas zumbándome 3:16

la deseo 3:16

la deseo mucho Fer 3:16

y me muero de ganas de recorrerle la piel 3:16

de morderla detrás de las rodillas 3:16

cerca de las nalgas 3:16

de tomar su cabello y presionar su cara contra mi almohada 3:16

quiero verla sobre mí, debajo de mí, a mi lado 3:16

quiero verla durmiendo con la piel brillante por el sudor 3:16

quiero sentir el olor de su sexo en mi barba al despertar 3:16

lamer despacio la punta de sus pezones y sus labios 3:16

besarla después de bajarle 3:16

acurrucarla 3:16

arruchármela 3:16

así, así todo el día, como abejas zumbando 3:16

Los envío continuos, pero no simultáneos, los envío de una manera obsesiva y constante, los envío con las ganas susurrándome al oído, mordiéndome la boca, las envío sin pensar en la respuesta, sin importarme la respuesta, las envío porque estoy cansado de verte a lo lejos, fatigado de esperar a que quizá pase, aterrado de que quizá no, pero estoy jugado.

Pienso eso y también pienso en sus ojos verdes, en que no le gustaban sus ojos verdes, en que de niña la hicieron sentir diferente, es curioso ese sentimiento, el sentirse extraño por primera vez, es saber que no se encaja, que existe el otro como concepto, que no se hace parte de algo, es curioso porque de grande ser mayoría generalmente significa estar equivocado, pero en la niñez ser diferente es oler diferente, es la segregación el miedo a la soledad que aún no se ha vuelto buena compañera.

Recuerdo sus llamadas a media noche, a menudo después de follar con alguien más, quizá un poco high, ahora que lo recuerdo, quizá también esas llamadas eran un poco como los mensajes que yo acabo de disparar, un grito de guerra, un reclamo airado, ¿por qué no fuiste vos? Por qué no estás aquí acurrucándome, por qué no es tu sudor el que me llena la boca, por qué no fue tu carne la que me dejó temblando las piernas, quizá también esas llamadas eran un no te soporto más tu ausencia presente, quizá, también podría ser que no sea nada, que fuera tan solo parte del viaje, ganas de hablar y de conectarte con alguien más para no sentirte atada, quizá.

Vuelvo a pensar con ternura, menos lascivamente y de repente un recuerdo, un dije colorido en medio de su saco desabrochado, no se ven sus tetas, no del todo, pero la forma, el tamaño se realzan, su cabello arrebolado, fuerte, revuelto como el mar rompiente, y luego otro recuerdo, a contraluz su piel blanca casi se funde, con ella, sus pezones casi imperceptibles pero presentes, y luego otra, de espalda, su vientre expuesto…

No voy a parar en esta montaña rusa, su recuerdo me tiene secuestrado y postrado ante él, no puedo y no quiero huir de él, tampoco sé si quiero que sea recuerdo o si prefiero que siga siendo anhelo, casi algo, casi mía, casi suyo, casi juntos, no me molesta, casi casi no me molesta.