La Luz roja al fondo, la musica lentamente se silencia hasta convertirse en casi un zumbido distante, El mood cambia, casi levita, todo sigue igual fuera pero dentro es diferente… En la venas, el cuarto de papel termina de diluirse y la música, la vibración de la musica lo absorbe, nada fuera del ritmo existe.
A su alrededor la gente habla, los labios se mueven, hay amigos, viejos amantes, polvos prometidos, de esas personas que bailan solo porque no pueden follarse, que les gusta la energía, el cuerpo, el olor del cuerpo, la pasion, la fuerza, la sumisión, todo tan cerca de ser un folle perfecto y aún así solo baile, novios, ex novios, de testigo el mundo, hijos, matrimonios agonizantes y drogas contemplativas cobrando efecto al igual que en él, sintiendo el cosquilleo en la comisura de los labios, el rush de adrenalina, y de repente, todo alrededor cobra vida, casi mecanica, casi intuitivos, casi suficiente para olvidar que es tan gay que se nota, que es en lo que las mujeres piensn cuando tienen una fantasia lésbica.
Pero él casi, es sufiente, alcanza para follarse en la pista, para tocarse sin incomodarse, cada tacto es un ojalá fuera real, pero basta, es suficiente sentirse como un casi, no son diferentes, la mojigata que se humedece bailando, que se confezará arrepentida al descubrirse dispuesta, al sentirse realmente tentada, o como el rockerito que bailan, en silencio y descordinado.
Y todos por un segundo se congelan, y todo son solo instinto, y todos son solo animales, un jardin de las delicias, unos labios mordiéndose, un sexo empapado, una verga cobrando vida, una vieja rabia, una nueva traición, las personas desaparecen, las emociones reinan, lo inevitable se aproxima, la razón mengua, la niña buena descubre que no es buena por voluntad sino por falta de tentación, las mascaras se quiebran y ellos nacen, animales, solo animales.
La resaca será incredible la noche también, pero nadie podrá recordarla, será casi una promesa, casi un final feliz.
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Fatiga
Hola, decía el mensaje, era corto pero bastaba para saber que todo había valido la pena, él, era paciente, sabía que debía serlo, durante mucho tiempo había dedicado su vida a comprender que la presión adecuada en el punto adecuado era más contundente y eficiente que la fuerza bruta, más limpia, más elegante, era superior en todo sentido, tenía además de su parte la sorpresa, y a él le encantaba ver la cara de sorprendidos de todos.
No solo era paciente, era constante, como una gotera, frecuente como una angustia, era en pocas palabras peligroso, podía y sabía esperar, pasar inadvertido para el mundo y mantenerse en pie el suficiente tiempo para fundirse con el ambiente.
Era ese tipo callado que en medio de una multitud desaparece, tan ordinario, tan irrelevante, tan invisible, y si no fuera por su mirada tan inofensivo, pero los ojos nunca estaban apagados, contrario a su imagen sus ojos ardían, había un deseo fuerte en ellos, no variaba, no desprendía la vista de su objeto de deseo, sin importar lo que fuera, cuando avanzas lento, no parece que te movieras, pero él sabía que bastaba, un saludo, un café, una insinuación, luego otra, un mensaje que la cogiera con la sorprendiera con la guardia baja, luego otro y otro, un tiempo de calma, y luego esperaba que el viento soplara con fuerza, que el oleaje subiera y entonces cediera, a sus deseos que no eran ajenos, sino a ella misma, a sus propias ganas, él no podía inventar el deseo ajeno, solo cultivar esas pequeñas ganas, esa posibilidad que se cruzaba a veces en la mente de una mujer al verlo, que tendrá este que algo tiene… bastaba, era cuestión de tiempo, de tomarse el tiempo, y de aguardar.
Sería ella quien tomaría la iniciativa, la que un poco por curiosidad, un poco por saber que podía quien caminaría hasta tenerlo cerca y quien propondría de una manera fuerte y clara sus intenciones, no importaba que lo dejaran después por volver con sus exnovios, o que lo bloquearan para siempre, que lo olvidaran, o fingieran olvidarlo, porque él sabía también por experiencia propia que a veces los recuerdos tenían vida propia, también él había recordado momentos, deseos, palabras, cuerpos, también en él habitaban pequeñas hogueras, pero era eso precisamente lo que buscaba, llenarse de fueguitos, arder mil veces y nunca consumirse, en su piel tenía mordiscos, arañazos que le marcaban la piel y también la memoria, por eso no le importaba que lo dejaran a un lado, él siempre iba a recordar la primera vez que lo habían abofeteado mientras lo cabalgaban, o la vez que arrodillada frente a él le habían escupido antes de succionarle las ganas, o esa vez en donde sin previo aviso el placer le había llegado a chorros empapándolo por completo, las convulsiones que solo una mujer le había provocado con su boca, recordaba tantas primeras veces que su corazón se agitaba y la bragueta comenzaba a saltarle, imaginaba tantas otras que no podía parar de coleccionarlas, las quería, las deseaba las necesitaba, a la pianista, la barista, la mixóloga y la relacionista pública, la bailarina, la punketa, la ciclista, la tejedora, la que tenía ojitos de monte… todas siempre, en cualquier momento, a cualquier hora, y aunque sabía que era cuestión de tiempo para que cada una cediera… y un día, un día cualquiera, común y corriente él dejó de sentirse él, y sintió el propio peso acumulado en un solo tornillo, en un solo lugar, el tedio mordiéndole las ganas, el hastío cerrándole la garganta, el pulso temblándole para arrebatar un ingenuidad más e intuyó lo temido, podía, pero estaba muy cansado para hacerlo.
La fatiga lo alcanza todo, y él al igual que ella no podía escaparse. Así que dio un paso al costado y con la mirada en el camino prendió un pucho, miró su celular y no respondió ninguno mensaje, sacó los audífonos y comenzó a pensar en otra cosa.
De otros.
Cuando terminó de firmar el olor a pintura aún no desaparecía, miraba la frase con un poco de tristeza en los ojos, va a ser malinterpretada pensaba, y agitaba un poco la lata al hacerlo, él sabía que necesitaba expandir su idea para que fuera comprendida, pero al mismo tiempo, no deseaba que cualquiera pudiera beneficiarse de ella, era más un código secreto, un guiño, un saludo a otro nihilista cínico, un, ey no está solo para esos que como él estaban solos.
No para los que iban por ahí buscando señales divinas si no para esos que iban por ahí desestimándolas, encontrando lo humando donde otros hablaban de lo divino, del azar y la suerte, aunque sabía también que, si había algo divino en el mundo, con seguridad era azaroso, nada más puede hacerse con el poder absoluto sino absolutamente nada.
El grafiti, ese pequeño aforismo a lo que el flaco llamaba grafiti estaba ahí, plasmado en la pared exhibiéndole al mundo una verdad que ignoraba, cuando el flaco pensaba así, retrocedía un par de pensamiento y se alejaba, odiaría convertirse en uno de los otros, de esos arrogantes que piensan que tienen razón o mucho peor, en uno de esos imbéciles que piensan que el otro está equivocado, de los que no hayan certeza en los argumentos sino en la desacreditación de los demás simplemente porque es incapaz de comprenderlos, los conocía bien, mucho tiempo los había escuchado, y de esos nunca quería hacer parte.
Agitaba un poco la lata aún, le daba un par de toque a la válvula y medía la presión, pensaba si valía la pena firmarlo, no porque le importara la calidad de su contenido, era consciente de su significado, eso era lo importante, solo pensaba si de verdad era el fin del texto, si no podría convertirlo en un cuento, en una novela, en un personaje que la escribe y la mira y piensa… así la veía, un poco con la intención de conocer sus posibilidades, y luego miraba la lata, la agitaba, miraba su mano, pensaba en él y medía las suyas…
¿Estaba listo..?, de verdad estaba listo, muchos años en la academia, muchos años pensando si ese verbo decía realmente lo que los demás debían entender, si esa palabra describía de la manera adecuado, eso que él necesitaba contar, no era cualquier cosa como un paper, o una tesis, era algo serio, algo digno… ¿lo era?, de nuevo agitaba y medía el peso de la lata, de nuevo probaba la presión de la boquilla, alcanzaba, sabía que alcanzaba, pintura tenía de sobra, era él el que se pesaba un poco, habrá suficiente de mí, tendré suficientes letras…
Se agachó un poco más de lo necesario, pero lo justo para aún considerarse parte de la misma obra, y comenzó a rayar, mientras lo hacía pensaba en cuantas veces le habían negado ese lugar que ahora ya no lo llenaba, antes y ahora, parecían también otro momentos diferentes aunque uno de esos estuviera en el presente y aunque en los dos estuviera él, ahora parecía también distante como ayer, incluso un poco más triste porque antes estaba la posibilidad, pero ahora era cierto., también el ahora era de otros.
De otros es la culpa, el pasado y el futuro, de otros el presente y de otros otros las victorias. El flaco
Debilidad
Es curioso lo que la gente entiende por debilidad, es un concepto extraño, lo débil también puede ser delicado, fino, pero también es un poco un cuerpo, y una voluntad, demasiadas cosas son llamadas debilidades, y como todo adjetivo califica al sustantivo la debilidad la suele vestir un individuo.
Marco es lo opuesto, el antónimo a debilidad es un tipo tosco, solitario, boxeador… trabaja en acarreos, su físico no lo obtuvo levantando pesas sino neveras viejas y lavadoras antiguas, de esas de lata que cortan e infectan las manos, tiene más antitetánicas en su cuerpo de las que puede recordar y eso que la fibrosidad de sus cayos le ha permitido ahorrarse más de una.
Es grande, sus brazos son largos y sus piernas también, en el boxeo es una ventaja, tiene alcance, puede golpear a una distancia segura, pero él se hizo fuerte metiéndole el cuerpo abajo a hornos, estantes y armarios, la elegancia no es lo suyo, le gusta la distancia corta, sentir el golpe, solo le sabe a victoria la victoria cuando le cuesta, más que las medallas busca la pelea, el cinturón, el trofeo… simplemente no le interesa, él quiere el reto, la prueba.
Mientras duerme un sonido que intenta imitar un tubo generando vacío lo levanta mientras el amanecer aún está lejos, lo toma con la guardia baja, se levanta rápido, no sabe lo que pasa, es como si le hubieran conectado un gancho cruzado justo en el oído, se sacude la cabeza, intenta enfocar en la obscuridad absoluta, no lo logra, le toma tiempo, el sonido se repite, toma el celular 1:27 am levanta la mirada y Baguira no está a su lado, es una gata negra, la única que sabe de sus dolores, cuando Mónica lo abandonó también la abandonó a ella, no se saca eso de la cabeza, era su gata y la dejó como lo dejó a él, sin una explicación ni una señal. Ella siempre está a su lado, se sobresalta, lleva un año con ella, solo con ella, no la entiende mucho pero sabe que lo quiere, y sabe que él la quiere, se quieren con el agradecimiento de abandonarse el uno el otro, de haberse quedade, se quieren con la empatía con la que se ven a los ojos dos que han sido huérfanos, dos que han sido hinchas de esos equipos que nunca ganan, dos que saben lo que duele perder, y los que tienen miedo a perderse una vez se encuentran.
El sonido se repita y el brinca de la cama, enciende la luz y hay vómito en la cama, camina y hay vómito en el piso, llega a la sala y hay vómito en la sala, sobre el mueble está Baguira, los ojos llorosos sufriendo arcada tras arcada, y Marco no resiste, sus ojos se llenan de lágrimas, se lleva sus manos duras y callosas al rostro, quiere contenerse, lleva mucho siendo fuerte y de repente está ahí, con el corazón arrugado, con esa presión en el pecho, con las piernas flojas, el cuerpo se contrae, tiene miedo, Baguira vomita de nuevo, liquido amarillento y pegajoso, no son ni siquiera las dos de la mañana, no tiene dinero, no sabe qué hacer, no saber que hacer le duele, está indefenso, abrumado e indefenso, un ciervo con la luz con los ojos, paralizado por la idea de que sea letal, Baguira lo ve y parece gritarle: ¡Hacé algo marica! Y él simplemente se deja caer se abraza las rodillas y la mira como diciendo: ¡Qué putas hago!
Baguira, como toda buena hembra entiende que ese hombre fuerte, ha desaparecido, que es un niño asustado, que el golpe le ha entrado derecho y que no tiene nada que ofrecerle, y como su hembra saca fuerza en medio de su dolor y lo consuela, se le restriega en las piernas y él entiende, que no puede hacer nada más que estar ahí para ella, la acaricia llorando, la levanta llorando, saca las servilletas de papel de cocina y recoge su vómito mientras le susurra al oído y le miente: Todo va estar bien hermosa, le dice sin saberlo, pero con la seguridad de que ella necesita oírlo, todo va a estar bien preciosa, le repite sabiendo que no sabe.
La carga sobre sus rodillas mientras le soba la cabeza y mira el reloj, faltan 5 horas para que abran, resiste bonita piensa, todo va estar bien, susurra y mientras lo dice, siente que la vida se le va del cuerpo, tan débil, tan realmente débil.
Niñas Mimadas
Las niñas mimadas quieren sentirse un poco malas, demasiado tiempo cumpliendo las normas, demasiada calma, han escuchado a otras divertirse y ellas quieren hacerlo sin contarlo, las niñas mimadas saben hacerlo con la boca cerrada, no alardean, ni se avergüenzan, saben que el hecho de que sea secreto tiene algo de gracia, de juego, quien grita, quien vocifera a cualquier lugar lo que hace no siente placer en lo que hace sino en el cumplido del que lo escucha, no disfruta su obra sino el reconocimiento de la misma, eso lo saben bien las niñas mimadas, las princesas de mamá y papá, esas a las que nunca les han negado nada, pero de alguna manera comprendieron siempre que no lo merecían todo.
Las niñas mimadas son sensatas, no hablo de las inseguras ni de las ingenuas, sino de aquellas que tienen en el mundo en la mirada, esas que, más que saben gobernarse y no ser gobernadas, saben distanciarse de todos, caminar en las sombras y reírse a oscuras y carcajadas.
A las niñas mimadas les gusta sentir el mundo romperse, poner el rostro contra la pared, separarlas piernas y escuchar las noticias que ve su padre en el cuarto, mientras que su novio desabrocha su correa, la niña mimada sabe gemir en un suspiro, abre la boca al ser penetrada e inclinarse un poco mientras que para las nalgas para entregarse al miedo de ser atrapada, a las niñas mimadas les gustan las escaleras, los autos, y las piscinas de noche, las fantasías no son de latex ni spandex, sino de puentes y calles.
Ellas se masturban boca abajo, con los ojos cerrados, con juguetes discretos, con historias y con recuerdos, las niñas mimadas les gusta ser nalgueadas, un poco asfixiadas y haladas del cabello cuando están en 4 arqueando hacia abajo la espalda, las niñas mimadas, saben vestirse de mujer, y salirse del papel de niña consentida, de formalidad adaptada.
Las niñas mimadas no son niñas para nada, tienen lencería de colores y las uñas pintadas, los labios rojos y la boca afilada, muerden clavículas arañan pechos y dan bofetadas, con la fuerza justa para incendiarte de ganas, tienen gracia, al caminar, al dormir, el hablar, tienen algo que te dan como una señal de que su lado salvaje está solo en pausa, tienen esas pequeñas acciones que denotan una sensualidad y sexualidad peligrosa, esa mirada animal, ese sigilo predador que te hace sentir presa, esa niña mimada del fondo, la médica con su 1.68, esa mulata de cara aniñada, de gesto amable, de tranquilidad aparente, es un remolino que puedo halarte de las piernas y llevarte a naufragar en su humedad en tu boca.
Julián lo sabe, y por eso traga saliva muy despacio cuando la ve preparándose para la sesión de fotos que apenas comienza, el corazón se le acelera un poco, las piernas le tiemblan, siente ese pequeño vacío en la boca del estómago al ver su piel brillando al contacto con el «spray» lubricante, el mundo se le congela, de todas las modelos que han pasado, solo ella es la niñas mimada, las demás actuaron, fáciles de descubrir, impostadas, en ella es natural, se siente natural, el deseo que evoca, no es el mismo que las demás, cuando ellas trataban de verse consentidas de mil maneras, a ella solo le bastaba decir hola para extender su trampa ante la lente, una niña mimada, que sabe cuando dejar de serlo.
Buen nombre
Ignacio nació cuando Ignacio ya había muerto, no tenía ni idea de que Ignacio había empezado a morir hace 67 años y que faltando solo un par de semanas para su llegada él partiría, tampoco sabía que toda la vida sentiría que cada vez que su padre le decía su nombre tendría un tono de nostalgia pegado a él, tan marcado como un francés pronunciando una r.
Ignacio nació con un nombre sobre los hombros, una sombra bajo los pies que no eran ni su nombre ni su sombra, siempre con una expectativa, como si fuera hijo de la promesa de un recuentro, Ignacio creció así, sintiendo que a donde llegaba, su nombre llegaba primero, que cuando lo veían nunca era del todo a él, sino un poco al pasado que arrastraba y que además desconocía, lo sintió desde siempre, a su alrededor casi nadie lo veía a él, buscaban algo adentro, detrás, quizá a los lados, pero nunca a él.
Creció sintiendo ese vacío que era su propio nombre, esa ausencia que era su presencia, Ignacio aprendió pronto que hay dolores que nunca pasan, y que solo pueden ponerse en pausa, a un hombre así no le quedan muchas salidas, el tango y la milonga lo rodean con facilidad, el vino, el tabaco el sexo… a Ignacio le gustaba, se entregaba gustoso a cada uno de ellos, tanto que en los buenos días olvidaba que alguna vez hubiera sido solo para evitar el dolor, a todos sus vicios se entregaba casi poseído, enajenado, nunca estaba solo con una mujer, estaba con todas al tiempo, le bastaba un segundo, cerrar los ojos y pensaba en cada una de las mujeres que alguna vez le habían gustado… así olvidaba, olvidaba con quienes había estado y con quienes solo lo había imaginado, olvidaba las copas tomadas, los puchos prendidos, el cerebro entumecido y el cuerpo deshilachado por el porro y chemsex.
Los malos días en cambio, no había cantidad suficiente, a donde llegaba se sentía ausente, perdido, en el espejo comenzaba a mirar no al frente sino adentro, atrás o quizá un poco los lados, intentando encontrar eso que toda la vida había parecido tener cerca, esa presencia ausente que lo hacía lucir un poco como con ropa prestada, un saco demasiado ancho, una camisa demasiado larga, una corbata de otra época, un poco al aire y al olvido.
Se sentía como entrando a un cuarto desordenado, subiendo a un bus con todas las sillas ocupadas, no era que no perteneciera al lugar, era solo que todo parecía un poco en el lugar exacto para hacerlo sentir incómodo, desubicado, se miraba al espejo y era como un golpe de miopía, un glitch, un pixel muerto en su pantalla, perdía el gusto por las cosas que le gustaban y se acentuaban las que lo molestaban, la gente que respiraba duro, la gente que hablaba duro, los imbéciles, no era un buen día para soportarlos.
En los días así, solo el licor lograba menguarlo aunque nada lo entumecía del todo, hablaba con el espejo y con la copa, el reflejo parecía tener el secreto, se miraba así mismo con ese desenfoque etílico, con esa bruma alcohólica y veía a alguien similar, otro Ignacio, uno que había sido bueno para el billar, que había empezado a morirse 67 años antes de su nacimiento, uno que estuvo a dos semanas de conocerlo y que a falta de dinero le había dejado por herencia lo único que había podido construir, un buen nombre.
Oferta y demanda
El libre mercado establece que la fijación del precio de un bien es diferente de su costo de producción, el valor puede ser social, funcional, brindar una realización personal, o una ilusión de pertenencia a un grupo o causa, es quien compra el que determina… el mercado, dicen, se regula así mismo al brindar la posibilidad a muchos fabricantes de competir con el mismo artículo, cada uno puede elegir sus materiales, sus diferenciales, su comunicación, su público… cada uno de esos elementos lo hará valer más o menos.
¿Estamos de acuerdo?
Y qué tiene que ver eso con los impuestos, estamos hablando de que es injusto que nos cobren tanto, a nosotros que somos la clase trabajadora y vulnerable del país.
El flaco sonreía, trabajadora y vulnerable… pensó un segundo, etimológicamente hablando reconozco que la autopercepción de clase trabajadora se adapta a usted abogado, pero la conceptual está lejos de aplicarle, aunque también hay algunos que podrían intentar enmarcarlo en una clase social por su capacidad de razonamiento frente a algunos temas y en ese caso quizá la de pobre o vulnerable podría aplicarle pero solo en términos cognitivos y no económicos, verá, es simple, lo que imagina, no es una realidad, es como una opinión, ¿me sigue? Usted es libre de tener una opinión y como tal su derecho a tener una opinión es respetable, pero el contenido de su opinión no hereda ese respeto, depende de su contenido, y, en este caso es evidentemente una imbecilidad.
No importa si crees que no deberías pagar más porque eso afecta a la forma en como está planteado el funcionamiento de un estado o nación, así como la opinión de los profesores sobre el salario de los pilotos no afecta el mercado de contratación de las aerolíneas, su idea, estúpida por cierto, de que no tiene tanto como para pagar tanto… no depende de lo que creas, no depende de lo que quieres, y si es incapaz de manejar su dinero de forma astuta volvemos al punto inicial, etimológicamente lo único que tiene vulnerable es su capacidad de razonamiento abogado.
Ya va mucho tiempo donde he tenido que soportar sus sandeces, su falta de pensamiento crítico, tener una opinión no es razonar, la falta de sus formas, de sus fondos, su manera desobligante de hablar, su incapacidad de ver por fuera de su burbuja… ¿entiende usted que el mundo traspasa su visión cierto?, es consciente que la verdad no es mucho más inteligente, que francamente en muchos aspectos es tan estúpido como esa roca y que simplemente está en un área laboral que remunera mejor sus horas de trabajo, pero que incluso su trabajo no es más necesario ni útil que el de un cocinero o un mecánico…
Crezca abogado, dese cuenta como todos que mamá mintió, que no es especial, que no merece nada y que las reglas también lo gobiernan, hágase el favor, háganos el favor de guardarse sus ideas vacías sus posturas difusas, o renuncie Abogado, si va a dilapidar así sus ventajas formativas, económicas, si va a comportarse de una manera tan ruin y pusilánime, sea coherente con su discurso, renuncie a sus ventajas, deje de engordar al sistema y los corruptos como propone, hágase domiciliario y vaya vivir la vida tranquila y apacible lejos de las responsabilidades tributarias, lea al perro y aprenda que si va a desdeñar de la burocracia cuando ella cobra su cuota deberá encontrarle gusto a las lentejas, pero no se la pase pavoneándose de su buena vida para luego quejarse cuando es momento de asumir las responsabilidades de la misma, y si no es capaz de hacer nada de eso, por lo menos no arruine mi día, ni mi café y lárguese de mi mesa que no me interesa un producto intelectual tan absurdo, aquí no hay demanda para su discurso.
Después de gritar, el flaco tomó su café y se fue al fondo con los crucigramas, lejos de todos.
Freelance
Roberto Arlt escribía de todos para no quedarse nunca sin escribir, el esteta dibujaba hasta en los tableros y durante un tiempo el flaco había podido estar a la par, si bien no en ingenio o calidad si en intentos, se podía fallar pensaba constantemente, fallar es lo mínimo para no llegar al fracaso, para el flaco la renuncia era el único escenario imposible, le gustaba el boxeo porque allí los perdedores no son cobardes, le gustaba la vida y por eso la derrota no era amarga, porque venía solo después de intentarlo, y como buen vago de barrio sabía que nadie le quita a nadie lo bailado, que lo hecho, no podía negarse, y las consecuencias eran bienvenidas si uno hacía lo que le daba la gana y era valiente, el mañana no dejaba de ser nada más que una simple consecuencia vacía, impotente.
Por eso escribía con la regularidad que su agenda y su tedio se lo permitía, y cada vez que faltaba a su tiempo sufría, no era un hombre, bueno era difícil llamarlo un hombre, pero no era un despojo que llegara tarde, atesoraba el tiempo, incluso cuando lo perdí, si tenía el control de su desatino era feliz, pero en cuanto perdía su propio rastro se eclipsaba por completo y lo odiaba, porque sabía que solía caminar por el borde con demasiada frecuencia, asomarse al vacío mirar a la profundidad y sentirse tentado, esa especie de pulsión que te invita a inclinarte, y terminaba por arrastrarlo a semanas y semanas de ausencia, un pequeño traspié en un terreno inclinado siempre es una mala idea, y la inclinación de su falta de voluntad, de su cansancio, de sus ganas de otras cosas lo llevan siempre a caer a lo más bajo, al ocio involuntario, al triángulo de las bermudas de sí mismo.
Comienza con un video, una cerveza, un cigarro más, un beso más, un polvo más, un baile más, un juego más, y de repente su libro está sin terminar y a veces sin comenzar, obreros felices, el libro de cuentos sobre degenerados y enfermos que lograban transformar su parafilia en fuente de ingresos no sobrevivió la historia del pedicurista podófilo, aunque el celador con insomnio prometía un cambio de turno que pensó que sería una especie de tragedia terminó por frustrarlo y desistió de continuar.
Dos cervezas más y voy a escribir, se dice y se miente, una buena borrachera para escribir, una buena puta, una buena pelea, una anécdota piensa, y sabe que miente, que para escribir no necesita nada de eso, nada en carne propia, basta la pregunta el papel y en caso tal una investigación corta, no necesita la respuesta, solamente intuirla y como tiene miedo de no encontrarla se rehúsa a ponerse de pie, se odia por no ponerse de pie, porque tiene miedo, porque no se calza los guantes y sube al ring, porque cuando lo haga además sabe que va a recriminarse todo lo que hoy se reclama, y no podrá verse a los ojos, el flaco flaquea, saborea su paladar lastimado por el tabaco, se acaricia los nudillos, se soba las piernas, caer duele, cuando caes así de la nada no hay coordinación, vas a la deriva, golpe tras golpe, de culos y sin barranco que te ataje, lo sabe, la única forma de frenar es enterrarse o aferrarse al dolor, detener la avalancha desde adentro, dejar de perder el tiempo y perder mejor el miedo, las excusas, escupir su propio reflejo y levantarse, de apoco vuelve, piensa que debe escribir sobre las señales, aprender a reconocerlas, a no dejarse tentar por nel abismo, lo desecha, piensa en los temblores, en lo poco preparados que estamos para que la vida nos sacuda, lo desecha, piensa en rosario, la de contaduría del segundo piso, en sus ojos verdes color hierba, en sus piel blanca pálida, ese color que no sabe esconder ni las venas, piensa en su cabello rojo, en sus labios rosados, hace calor piensa, y finalmente comienza a escribir, es un lugar común, pero cuando no llegan las ideas siempre ocurre lo mismo, se e suben a la cabeza.
Roberto Arlt sabía algo que el flaco se negaba a reconocer, que se escribe sobre los demás para no depender de uno mismo, porque si en algo no se puede confiar, es en un escritor y menos en uno sin contratos.
Cotidiano y divino
Si uno tiene el tiempo, y los ojos lo suficientemente despiertos cada día tiene algo cotidiano y divino, pero no es una película, no pasa en cámara lenta ni está perfectamente construido para verlo, no tendrás primeros planos, ni música emotiva o épica, no tendrás nada más que a ti mismo y una pequeña sonrisa.
Cuando era pequeño lo sentía cada vez que el polvo volaba entre los rayos de luz, cuando esas pequeñas partículas parecían cobrar vida y danzar, con el paso del tiempo y como es natural me llamó la atención el fuego, las burbujas de aire que estallan al separarse la corteza de las ramas, las copas de los árboles meciéndose a la distancia…
Los instantes cambian a medida que cambia la forma en como vemos las cosas, me gustaría preguntarle eso a la gente, donde encuentro la divinidad en lo cotidiano, pero me da miedo parecerme a uno de esos que pregunta que signo es la persona para tratar de definirlo, yo quiero saber cómo es alguien, me da la mismo, poco o nada, lo que quiero es pistas, afinar los sentidos y seguir buscando esos destellos de suerte, pero prefiero no hacerlo, el riesgo es demasiado alto, podría pasar horas tratando de decirle a las personas que el esoterismo fuera de lo estético es tan solo otra rama de la superstición, que la divinidad de las cosas no está en la explicación compleja de su origen, sino en la admiración sencilla. Sé que nada me obliga a encerrarme en dicha discusión más que la convicción de que el ser humano es racional y que por ende vale la pena darles la oportunidad a todos, aunque la decepción al hacerlo sea frecuente.
Hoy en día lo que más me llama la atención no es solo lo bello, la estética se ha expandido así misma, ha encontrado territorio común con lo lascivo y lo grotesco, la moral ha rehuido de la humanidad y de mi visión sobre ella, la naturaleza de las cosas, de los seres es bella, y algunas naturalezas son violentas, despiadadas, fuertes, otras emocionantes, tranquilas, es por eso que los viejos caminan admirando la belleza de los árboles, lo creo sinceramente que al ver como nuestro cuerpo envejece, se debilita y parece rendirse la paso de los años, se comienza admirar esos troncos fuertes que estaban aquí antes de que nosotros llegáramos y que si todo va bien, estarán aquí muchos años después que nosotros nos hayamos ido.
En todo eso pienso mientras camino tomando el sol, cuando la figura que tengo en frente llama mi atención, un hombre de unos 66 años con sobrepeso y sin camisa está sentado en la vereda, las piernas flexionadas hacia afuera juntando planta con planta de los pies, las manos sobre sus rodilla una barriga prominente, es casi una declaración de buena vida, es prácticamente un manifiesto, esa barriga dice primero el disfrute luego bienestar, que para que la vida valga la pena hay que vivirla, sobre ella unas tetas regordetas y una barba de billete viejo, sobre la que una calva impoluta y brillante refleja el sol, la escena está fuera de toda normalidad, no hay cerca una piscina, ni parece el lugar más fresco para descansar, el suelo embaldosado debe quemarle las piernas, pero él no se inmuta.
Lo veo, sonrío y pienso, ahí está Siddartha Paisa, el Buda en Belén, aprovechando el sol con una sonrisa en el rostro que parece decirme, todo lo que a usted le angustia joven, a mí me es intrascendente, un Diógenes con Carriel, que me grita igual que mis gatos, su éxito es el cansancio y el mío el descanso, vaya usted trabaje y aléjese de mi sol que lo oculta, todo eso me dice él o me lo digo yo a través de él, y sonrío al caminar y alejarme de él.
Divino, cotidiano.
Madrugadas
No sé cómo hacés, decía y repetía Marcela con la cara horrorizada, yo necesito dormir, lo decía a las 10 am, lo decía con la seguridad de quién se piensa especial, de quién valida la vida solo a través de su experiencia personal, con una miopía social y un astigmatismo racional, que resultaba, además de curioso molesto.
Marcela creía, firmemente creía que merecía más, les pasa a muchos, han olvidado, no, corrijo, me corrijo mientras pienso y escucho, no ha conocido nunca una verdad simple y sencilla, nadie es especial, no se da cuenta de que su opinión es solo el resultado de su experiencia, no sabe formularla, solo sentirla y desde allí crea el mundo… somos lo que conocemos es cierto, pero la ley tiene algo que la física ya sabía, si no conocés la gravedad igual te caes; aunque no lo sepas la transferencia de calor por fricción te quema. No lo sabés pienso, pero el día comienza de manera paralela y continua, dispersa y asincrónica según la taxonomía y el estrato socioeconómico del individuo, o incluso de su lugar en la cadena alimenticia, el día, el concepto de día es artificial, sí sale el sol, pero algunos animales son nocturnos la evolución los ha condicionado y a nosotros, aprendimos a caminar en dos patas, a construir para protegernos, pero no para cuidarnos, es por eso querida que es selectiva y diferente; para la mayoría en este gamonal el día está por fuera se horario natural, aquí las personas se despiertan antes que el sol, y madrugan a ver las lunas llenas más grandes que alguna vez se han visto, no porque haya un predador que los aseche, sino porque la comida vale plata, el arriendo, la comida de los gatos, los perros, todo al final cuesta y el único instinto definitivo es el de supervivencia.
Despertar con el sol es privilegio de unos cuantos, aquí en esta tierra, la vida hay que currarla, trabajarla, nadie tiene nada y nadie puede tener nada, pero no seamos ingenuos ni en exceso románticos, la vida tiene un precio, lo pagan todos los seres que viven, pero un privilegio nos hace pensar que vivir tiene privilegios, es el ocio, lo mucho que se disfruta de no hacer nada, o de hacer nada útil, y también hay tiempo para eso querida, pienso pero aún no le contesto, la dejo hablar, dejo que se alargue, ella piensa que la capacidad de trabajar y de hacer sacrificios es algo genético, una predisposición química en el cuerpo que a ella le falta, es la fe, la excusa mística la irresponsabilidad humana, ese resguardo emocional donde tratamos de enterrarnos para evitar asumir la verdad, que no hay nada afuera, que somos nosotros, contra los demás, que todo lo que nos afecta lo permitimos por falta de convicción, por temor a la discusión, por miedo a la represión, lo que nos condiciona y nos jode, es lo que nos gobierna, y nos gobierna solo aquello a lo que nos entregamos, visto de esa manera el más sabio era ese que decía que la única forma de felicidad posible, es la de entregarse a los instintos y desprendernos de las estructuras de poder que difieren de otro forma más allá de la natural.
La miro a los ojos y la escucho hablar, sabiendo que no sabe, pensando que sabe, ignorando incluso que aquello que conoce, no es ni nuevo ni original y que hay quienes lo han expresado de la manera correcta, la humanidad es tonta, y ha renunciado a su propia esencia, la gente tiene miedo de ser excluida, segregada y otros de ser señalados, y aún así esta ella, y ellos, y los que son como ella, los más peligrosos, los que tienen miedo de aceptar que han labrado su propio destino, incapaces de asumir que son tan ordinarios e innecesarios como todos, y sobretodo incapaces también de vivir, quieren la vida para no hacer nada, desean la vida para no vivirla, tan alienados como esos otros que no ven la luz fuera del trabajo, y que no entienden ni siquiera la diferencia entre desconocer y asumir.
Abro y la boca tomo aire y vuelvo a cerrarla, no vale la pena pienso, son las 8 pm y tengo sueño, después de todo toda la semana me despierto antes que el sol.
Yo tampoco respondo, debe ser que le tengo pavor a no poder ver los amaneceres.