Llegar

Empujó la puerta y entró casi en automático, era su día libre, pero no lo quería libre, demasiadas cosas en qué pensar, la libertad sienta bien, pero también abruma, necesitaba un lugar seguro, un escenario que conociera, no llevaba ropa de trabajo, por el contrario, lucía orgullosa sus piernas trabajadas, su cintura enmarcada, su piel suave, sus brazos y espalda delineados y potentes, era una potra, lo sabía y él se lo perdía, por eso prefería estar ahí, lejos de él, no caer en él, ni pensar en él, quería ser admirada y deseada, quería recordarse lo que se decía al espejo desnuda cada mañana, qué rica estoy, necesitaba oírlo de otros labios, porque solo escucharlos de los suyos ya la cansaba.

Pidió sin mirar mucho la carta, era cantinera, conocía las opciones de un lugar, aquí no habían muchas, además el calor hacía que fuera una decisión fácil, cerveza, fría, y tomó mirando un cuadro de un hombre que le daba la espalda y miraba al horizonte sobre las nubes, lo miraba con algo de recelo, no confiaba en aquellos que parecían orgullosos al estar en la cima, entre trago y trago vio a un hombre, mayor, pero familiar, uno de esos que se presienten, un borracho sabio, de esos que siempre tienen algo que decir.

También está triste, le preguntó solo para provocarlo, sabía que no lo estaba -me basta muy poco para irme, para perseguir una idea y abandonarlo todo, decía cuando uno le preguntaba por qué, -soy un ni un hombre triste ni entristecido, pero me aburre estar solo aquí, en lo real, el presente es un dictador y yo, yo soy la resistencia, y por eso escapo de todo a donde llego, de todo lo que me contiene, de cualquier espacio, no estoy aquí sino quiero, yo voy con mi mente donde me place.

-Preguntarle no era mi obligación, no hoy, hoy no era ni la encargada de la barra, ni la mesera, hoy era otra clienta, otra bebedora sin un lugar a donde ir, pero los hábitos son difíciles de olvidar y el hábito hace al monje, el borracho a la cantinera y ninguna cantinera decente dejaría de asegurarse que un bebedor esté al mando de su sed, que sepa por qué o quién bebe, nos gustan los borrachos, sí, claro que sí, pero los lúcidos, esos que tienen el alma despierta, los que alegran y contagian, esos hacen que otros beban, es bueno para el negocio, los tristes en cambio; son peligrosos, los tristes ocupan una mesa toda la noche y a menudo hasta el amanecer, alejan a todos un poco, no sueles perder un sitio en la barra sino 3, o una zona completa del bar; pero no era eso lo que quería saber, era egoísta, quería solo saber si podía acercármele, si me contagiaría un poco de alegría, más que la costumbre, fue el interés, siempre el interés y por fortuna, este pagaba con creces, era guapo, no mucho pero lo suficiente para llamarlo guapo, era fuerte, no como ella, no fuerte de entrenar, sino uno de esos hombres que puede caminar con el mundo en la espalda, de esos que podía darle pelea sin perder el aliento.

-Y dónde está ahora, en la cima con él, le preguntó para saber.

-La cima?, le devolvió él la pregunta, y luego continuó, no hay nada allá arriba, su mirada me dice que lo sabe, no lo envidia, hay desconfianza en sus ojos, sí, son dignos de atención, pero no de admiración, es solo curiosidad, cuando uno ve un esperpento de esos trepado a lo lejos es inevitable preguntarse, valdría la pena haber cambiado a ese trabajo, dejar ese amante, dicho o hecho eso que uno sabe que hizo o dijo y que cerró la puerta a ciertas oportunidades, uno tiene que huir del presente tiránico, pero no se quiere estar allá, sin un lugar a donde ir, sin nada más que el pasado para contemplar, no es allá a donde quiero llegar, en la sima de su entrepierna señorita hay más gloria que en la cúspide de una piedra o de cualquier pirámide organizacional.

Sonrió al escucharlo, era subido de tono, sí, pero nada irrespetuoso, a su manera le decía eso que ella se repetía al espejo, qué rica que estás, pero en esa lengua ágil y un poco pesada se escuchaba mejor, ayudaba que era algo guapo, sí, ayudaba también que en medio de su pensamiento y su conversación todo salía como ella lo planeaba, sin duda alguna, -me gusta su lengua, lo suficiente para invitarle una cerveza, solo por favor no se la vaya a morder, que lo que más necesito es ver de qué es capaz, le dijo sonriéndole y guiñándole un ojo.

-Pierda cuidado señorita, tenga la certeza de que sé como usarla, dijo él mientras levantaba su botella, mientras levantaba la lengua y pasaba suavemente sobre el pico para luego retraerse y esconderse en la boca. Un buen bebedor sabía cuando había juego y cuando faena, aquí todo podía decirse, era una oponente digna, la tarde estaba salvada, no había que llegar a ningún lado, solo se trataba de escapar del presente.

Ella sonreía al escucharlo, parecía haber entendido, el viejo le serviría un rato para ahuyentar todo lo demás.

Resaca

La Luz roja al fondo, la musica lentamente se silencia hasta convertirse en casi un zumbido distante, El mood cambia, casi levita, todo sigue igual fuera pero dentro es diferente… En la venas, el cuarto de papel termina de diluirse y la música, la vibración de la musica lo absorbe, nada fuera del ritmo existe.

A su alrededor la gente habla, los labios se mueven, hay amigos, viejos amantes, polvos prometidos, de esas personas que bailan solo porque no pueden follarse, que les gusta la energía, el cuerpo, el olor del cuerpo, la pasion, la fuerza, la sumisión, todo tan cerca de ser un folle perfecto y aún así solo baile, novios, ex novios, de testigo el mundo, hijos, matrimonios agonizantes y drogas contemplativas cobrando efecto al igual que en él, sintiendo el cosquilleo en la comisura de los labios, el rush de adrenalina, y de repente, todo alrededor cobra vida, casi mecanica, casi intuitivos, casi suficiente para olvidar que es tan gay que se nota, que es en lo que las mujeres piensn cuando tienen una fantasia lésbica.

Pero él casi, es sufiente, alcanza para follarse en la pista, para tocarse sin incomodarse, cada tacto es un ojalá fuera real, pero basta, es suficiente sentirse como un casi, no son diferentes, la mojigata que se humedece bailando, que se confezará arrepentida al descubrirse dispuesta, al sentirse realmente tentada, o como el rockerito que bailan, en silencio y descordinado.

Y todos por un segundo se congelan, y todo son solo instinto, y todos son solo animales, un jardin de las delicias, unos labios mordiéndose, un sexo empapado, una verga cobrando vida, una vieja rabia, una nueva traición, las personas desaparecen, las emociones reinan, lo inevitable se aproxima, la razón mengua, la niña buena descubre que no es buena por voluntad sino por falta de tentación, las mascaras se quiebran y ellos nacen, animales, solo animales.

La resaca será incredible la noche también, pero nadie podrá recordarla, será casi una promesa, casi un final feliz.

Pesadillas

Sueña mal y no despiertes.

El olor era muy fuerte, rápidamente lo invadía todo, deberían ser unos tres o cuatro días desde la última vez que había conseguido estar lo suficientemente sobrio como para limpiar su apartamento, cambiarse los pantalones, su ropa en general. 

Si lo que lo esperaba era lo usual, habría vómito en varias partes del apartamento y necesitaría de una larga ducha para olvidar su hedor; su peste. Su aliento estaba compuesto por una mezcla de tabaco, vómito, alcohol y algún pedazo de comida rancia… era mejor comenzar la labor.

Se levantó despacio, su cuerpo temblaba y las arcadas de su vientre le recordaban lo débil, lo miserable que era, la tristeza con la que arrastraba sus piernas un paso tras otro, con un esfuerzo tan terrible como los temblores que sufría tras realizar cualquier esfuerzo, estaba hecho polvo.

Al acercarse a la puerta recogió su correspondencia, lo usual, algunos cheques, el doble de las cuentas, ni una sola persona le escribía. Se acercó sosteniéndose de todo lo que encontró a su paso para llegar a la cocina, abrió el refrigerador y bebió de la botella de leche un trago largo, vomitó de nuevo, estaba vencida, destapó una cerveza y una lata de atún, necesitaba fuerzas para enfrentar el infierno de basura en que vivía.

Arrojó las latas sobre la pila de desechos que tenía en el fregadero, mojó su rostro, su cabello, su barba, necesitaba generar un shock que lo levantara de su miseria, así lo hizo, se sentía un poco mejor, pero lo que tenía enfrente solo aumentaba su desdicha.

Su cuerpo delgado le hacía parecer delicado, sus nudillos agrietados eran lo único que le evitaba golpear las paredes, ahora hasta la frustración  no solo lo deprimía, también lo humillaba. Temía un ataque de tos, un estornudo porque sabía que su cuerpo no lo soportaría y que si caía al suelo perdería de nuevo el conocimiento.

Limpiar lo había dejado agotado y tras unas horas de limpiar, de recoger basura y de correr cortinas, su labor estaba casi terminada pero aún lo esperaba la labor más difícil, allí, silenciosa y casi burlona la máquina de escribir lo esperaba, sediento de él, de sus demonios, de sus venganzas personales.

Leyó el manuscrito que yacía junto a ella cerca de dos años, la que sería su última obra, la que dos años después de su primera entrega aún esperaba por ese final que lo haría brillar en las letras, la misma que lo había llevado a perderse en un mundo de licor y de tristezas.

Lloraba, su mundo se había derrumbado por su pasión, lejos estaba de ser el joven premiado, el orgullo de su editorial, la promesa de la novela y las historias; las críticas sobre la similitud de sus historias, el deseo de sobresalir, la ambición, todo lo había corrompido el día en que empezó a escribir con el único objetivo de callar a la crítica, de amedrentar a los demás.

Y pensó que al fin había encontrado una forma de ganar, de enlodar el acoso que había sufrido, el reto al que había sido obligado a entrar por su terquedad, la misma que ahora lo llevaba a caminar hacia a la cornisa, su obra no tendría nunca un final digno de ser leído, su historia en cambio sería una crítica viviente al sistema, lograría salir con la frente en alto y pensando en esto dio un paso al frente.

La sensación de vacío lo despertó bañado en sudor, por fin había salido de aquella pesadilla, de repente un olor le obligó a abrir sus ojos, debían haber pasado unos 3 o 4 días desde la última vez que estuvo lo suficientemente sobrio para limpiar su apartamento… su pesadilla era real. La vida lo había derrotado.

Residencia

—Tenés que dejar de tomar así Juan, el hígado no te va a aguantar—

—Te equivocas Andrea, mientras que tenga algo para dar el conteo no va a llegar a 10, me voy a volver a parar antes de que suene la campana—

—Otra vez con esa mierda del boxeo, vos sos escritor, no boxeador, las letras no se las sacas a las botellas, ni a la putas, las letras nacen de la observación y con esa mirada borracha y difusa no podes ni escribir tu nombre—

—Yo no quiero escribir mi nombre si no hay fuerza en él, y para ver si es fuerte hay que probarlo… De vez en cuando hay que salir a buscar los problemas, si te quedas quieto, si te quitas los guantes y esperas en la esquina del cuadrilátero, si llegas a sentirte cómodo y olvidas lo que es un golpe a la quijada, un gancho en la costillas, estás muerto, es así de simple. Hay que llevarlo a probar su valía, su dignidad, hay que acorralarse contra las cuerdas y golpearlo con todo lo que se atraviese, hasta quedar hecho añicos, hasta sangrar, es justo y necesario—.

—A mí me lo decís, a mí, vos no tenés consideración ni conciencia, yo tiro todos los días mi cuerpo al ring, a vos por lo menos el alcohol te borra todo recuerdo de tu noche, te queda el dolor, el sudor, los moretones, pero a mí me quedan los recuerdos, soy yo quien te saca de las camas de las otras putas, soy yo quien te veo con vómito en el pelo, soy yo la que he creído que te me vas a desangrar entre las manos y vos crees que a mí me tenés que explicar eso—

—Cortá con el melodrama, si no querés más esta realidad, cámbiala, lárgate, déjame solo, pero yo ya te lo dije, yo solo puedo sacarle letras a la vida cuando estoy destrozado, cuando el dolor me sabe y me huele, no se puede fingir, en mi profesión no, si alguien se da cuenta de que un verso miente, que como escritor no sé cuanto mide el miedo, cuánto pesa el tiempo, a qué sabe el dolor… no tendría ningún presente, destruirán mi pasado y créeme, no quedaría ningún futuro—.

—¿Futuro, pasado, presente?, vos solo no tenés nada de eso, a vos te pesan las manos para escribir y corres a meter la cabeza en alcohol para terminar esa media novela que tenés metida entre la garganta, pero no te das cuenta que la otra mitad nunca la vas a poder sacar, porque sos así, mediocre, porque estás lleno de excusa y de mierda, de miedos, tengo razón, esa imagen sos vos, ese hombre medio difuso que en las mañanas prefiere ver su reflejo en vómito, que en un espejo, ese sos vos—

—¿Sabés porque volves igual siempre no, donde este mediocre que se arrastra por las calles?, ¿lo tenés claro no?, en una buena noche vos te podes coger 10 hombres más bellos que yo, incluso y aunque es poco posible a hombres mejores dotados que yo, pero todos tienen asco, de vos de la vida, vos volvés a mí por lo mismo que yo vuelvo a las calles en busca de mis letras, porque sé que la única puta impagable es la vida, con mi puta suerte, con mi puta vida, con mis putas ganas de verte gritar, sabés bien que yo no tengo asco, porque estoy vivo, y que es este viejo de mierda el que te compensa los orgasmos que fingís cada noche, ahora deja de joder, vení acá a la cama, dame de beber de tu entrepierna antes que la resaca me mate, chupámela y extraé el veneno que me está arruinando el hígado, y sudemos este disgusto, necesito escribir un verso antes de dormir, así sea con mi semen sobre tus tetas—