Impertinentes

Los hay de todos los tipos, colores y tamaños, vienen en ambos sexos, una particularidad los une a todos, no ven más allá de sus narices, hay impertinentes graciosos, y podemos encontrarlos más en edades tempranas o tardías, es un lujo de los niños y los viejos no seguir las normas sociales, de orinarse o cagarse sin público sin ser reprendidos, siempre y cuando no estén acompañados de un impertinente adulto. Esos son en mi opinión los peores.

La mayoría de impertinentes son narcisistas, no dudan de sí mismos, nunca, y no, no es exceso de confianza ni seguridad, quien no duda de sí mismo, es simplemente porque carece de visión, hasta los felinos avanzan precavidos, solo el humano es tan estúpido que piensa que su opinión, visión e intuición es lo único que necesita para determinar la viabilidad de una acción.

Como podrán imaginarse están en todas las clases sociales, y en las más altas ocurre algo curioso, pero suelen estar con mayor frecuencia en la tercera generación de descendientes de quienes amasan la fortuna, pareciera que la visión se acorta a medida que el lujo se acerca.

Quizá para algunos haya sido una obviedad, pero son hechos y hay que mencionarlos, en general el impertinente es un miope social, un analfabeto, no habla el idioma común, no entiende los símbolos de lo sagrado, no distingue el dolor de la incomodidad, en su mayoría son inocentes, no actúan con malicia, pero su falta de entendimiento no los justifica, ni mucho menos los exime de las responsabilidades de sus actos, es precisamente eso lo que puede llegar a ser un problema, quien obra sin tener en cuenta al mundo no asumen que han obrado mal.

Por eso para poder ser un impertinente, uno real, uno que trasciende la esporádica falta de atención y llega a la acción por omisión se necesita de un contexto a transgredir, eso da paso a los peores, debo corregirme, dijo mientras daba una calada a su cigarro, los peores no son los adultos que pueden hacer esto, los peores son lo falsos genios, los visionarios de la miopía, esos que se declaran contracultura sin entender contra que cultura están, los enemigos del estatus que pueden serlo solo porque no tienen que trabajar para conseguirlo, esos que sin media reflexión actúan e imitan.

Sombras, sombras humanas, imitando movimientos, sintiéndose grandes al replicar ideas que suenan bien, solo son extensiones de la idea que se han hecho de las ideas sobre las que han escuchado, pero pocas veces reflexionado, esas personas que buscan solo estar en contra, que piensa que hay gloria en resistir, aunque no saben contra qué, ni para qué, estos en su mayoría están en sus veinte tantos, que parecen más veinte poco, temerosos de la adultez inevitable, amedrentados por la rutina y deseosos de una atención inmerecida y que además no saben manejar. Torpes borrachos sociales, chocando contra todo, contra sí mismos, contra sus esperanzas, y las de los demás, van por ahí dando tumbos, trastabillando contra todo.

-Por eso, por eso el mejor insulto del mundo es llamar a alguien impertinente, no suena grosero, pero es fuerte, podrían no saber lo que significa y aun así sentirte amedrentado, la palabra tiene consigo un poder innegable, del que las personas no pueden escapar, llámalos impertinentes y sentirán el miedo escurrirle por las piernas, la lengua secarse en la boca, las manos temblarles, míralos a los ojos y dilo suave y con fuerza, IM PER TI NEN TE, sabrán sin duda alguna que es cierto.

Caracterizaciones

En su sentido tradicional dijo Gutiérrez, el piromántico siente placer al ver arder las cosas, el fuego lo atrae como una polilla, en sus ojos las llamas danzantes le alegran la vida, se siente vivo al sentir la onda calórica creciendo, al oler los gases que van liberando objetos en su encuentro con el fuego, hay una especie de excitación, no necesariamente sexual, es un placer diferente, complaciente, es la admiración por la destrucción, es consciente del daño, para él no es un colateral, por el contrario es la conclusión lógica, es el deber ser, el fin natural, es lo que debería ser, ese ha sido siempre su objetivo, así que clasifica dentro de los sociópatas, personas que actúan sin remordimiento alguno, sabe que los daños materiales que puede causar, cuenta con ellos y aún así enciende la mecha.

Su perfil es interesante, pero carece de gracia, no es elegante, su método y su obra son incontrolables y por ende su trabajo es descuidado, su única ventaja es su apariencia, su aparente normalidad, su nada destacable comportamiento, el no ser el sospechoso habitual, su virtud es prácticamente se basa en la falta de atención de su entorno.

Existen otros pirománticos, unos más macabros, los emocionales, esos aman el caos, incomodar, esos tienen de su parte generalmente estructuras poder medio, hombre y mujeres que se apoderan de sus cargos, que se amparan en la ley, en sus zonas grises y desde allí disfrutan con el sufrimiento ajeno, celadores, recepcionistas, secretarias, financieros, profesores, agentes de call center… no todos los son, pero allí abundan, esos que, cobijados por la burocracia, en la normas sin sentido, hechas en otra época, en otro mundo.

Esos son muy peligrosos, cada paso cada dan lo calculan, son ingenieros del desastre, una duda allí, una pregunta allá, una firma que se niegan a poner después de la hora de salida, una omisión consciente, todo diseñado milimétricamente para que todo se acabe, no se inmutan ante el dolor, por el contrario, lo disfrutan, unos sádicos transgresores que evaden el consentimiento e infringen dolor; no son inteligentes, no más que la media, tampoco excesivamente recursivos, no saben disimular, no les interesa tampoco.

Esos son la amenaza real, gente culpable que disfruta siéndolo, la diferencia entre unos y otros radica allí, para unos el colateral es una consecuencia lógica, para los otros es el objetivo, su daño está calculado, y lo que los hace realmente detestables, es que después de cometido el crimen no sumen su culpa, -haga lo que quiera, dicen yo solo estoy cumpliendo con la norma, fingen una inocencia evidentemente falsa, se atrincheran en su puesto, en su manual de funciones, en su sonrisita cínica. Hijos de puta.

Aprendan a diferenciarlos, a caracterizarlos, nada es lo que parece, nadie lo que aparenta, el poder no tiene amigos, tengan cuidado y no se dejen convencer de apariencias amables o cordiales, de caras inocentes, ni gestos inofensivos, no le crean compañeros del jurado a sus palabras, vean más allá busquen consejo en su instinto, en su intuición, analicen sus gestos, sus reacciones, de ustedes va a depender que uno de ellos sea condenado y otro puesto en libertad, asegúrense de que sea el que de verdad deba estar tras las rejas.

El fiscal Gutiérrez se alejó del estrado y caminó lentamente hasta su puesto, a la espera del veredicto.

Malentendidos

-El más fortuito de los accidentes, el verdadero efecto mariposa se da en palabras, basta una coma, un chat, una duda para hacer que una pregunta suena como afirmación, que las buenas intenciones se desvanezcan… no hay vuelta atrás, no hay nada que lo sobreviva, el mundo es así de obstinado y confuso. Y está bien, el universo funciona igual, por eso es mejor evitar las metáforas y los símiles.

­-Es increíble que tu falta de tacto tenga un argumento tan elaborado, vos no podés ir por ahí espetándole a la gente tu opinión sin tener nada en cuenta.

-No lo hago, no de esa manera, yo solo respondo una pregunta, no voy por ahí dándola al aire, tengo muy claro que las opiniones son en primer lugar personales y en segundo lugar incómodas, y que se dan solo bajo consentimiento, son como los nudes sabes, se dan solo cuando se piden.

-Te molestó que te enviara las fotos, es eso

-No, no me molesta, no lo llevés a eso, vos sabes que eso me encanta, que me aceleras la respiración, pero entre nosotros hay confianza, no es algo que hacés de la noche a la mañana con alguien, lo nuestro es íntimo, y hasta público, cualquiera puede ver cómo te miro, cualquiera sabe que te cargo ganas, pero también que te quiero, yo a vos no te escondo y tampoco se trata de eso, así que no tratés de convertirlo en esa disputa tampoco, y sí sé que te jode un poco que no haga siquiera el intento de disimular mis pensamientos, pero de nuevo, solo respondí a tu pregunta.

-Y qué iba a saber yo en qué estabas pensando, si lo supiera te juro que ni te pregunto, es que no tenés tacto, no puede ser que no podás darte cuenta que no en cualquier lugar podés ir diciendo cosas en voz alta.

-Hay música, hay licor, a nadie le importa y sobre todo a nadie le debería importar lo que tenga yo para decir, en el fondo ni siquiera a vos sabés, y mucho menos lo que piensen los demás que nos escuchan, pero te jode, te jode que a mí me chupe un huevo, sé muy bien que a estos que tengo al lado no tengo ninguna cuenta que rendirles, ni ninguna pleitesía que rendirles, existen solo hoy, solo aquí, yo lo seguiré haciendo conmigo, mañana al despertarme, sea solo o sea a tu lado, así que si a alguien le debo algo, es a nosotros, a vos, a tu sonrisa, a mí, no a gente que no me importa y sí eso incluye a tus amigos y a tu familia.

-Vos sos un tarado.

-Uno honesto, lo suficientemente honesto para dejarte saber lo que pienso, lo que soy, lo que puedo ofrecerte, no uno de esos que finge, ni de los que miente, uno con el que podés jugar con las cartas sobre la mesa, uno al que no tenés que decirle ni recordarle que no juegue contigo, me cansa solo pensar en el juego, así que aquí estoy para vos, con todo lo que pienso, que no es más que todo lo que soy.

-No vas a diculparte

-No siento que deba hacerlo, y no voy a hacerlo solo porque tú quieres que lo haga, no funciona así, las disculpas o se sienten, o no se ofrecen.

-¿Y crees que está bien hacer lo que hiciste?, ¿lo que hacés?

-No soy un tipo moral, pero puedo decirte que lo que hago no es para nada algo que considere reprochable, bueno al menos no por mí, que, de nuevo te digo, es lo único que importa. Igual vos ya sabías la respuesta, solo que no esperabas escucharla, creíste que quizá podrías medir mi postura, evaluar mi compromiso conmigo mismo.

-No idiota, no era eso, solo quería pensar que tenías más cerebro.

-Es solo un malentendido, esperabas algo que nunca estuvo en mi poder darte, vos deseabas un momento ajeno a mi naturaleza, a mi deseo, el vestido te queda bien, la mejor parte es como te marca las tetas, pero la mejor es cuando te lo quite en medio de una borrachera en un motel de mala muerte, donde no importe nada más que las ganas, lo sabés bien, sabés que es lo que estoy pensando, en cómo morderte las tetas, en arrancarte las bragas, no me importa tu vestido, aunque te quede bien, es solo tela, es solo un envoltorio, cada una de esas palabras es cierta, pero vos esperabas algo más, quizá de alguien más.

-No imbécil, eso me encanta, pero la mesera no necesitaba oírlo, ni Carlos, ni Martha,

-Estoy de acuerdo, pero ellos preguntaron, no te enojés, es solo un mal entendido

-No idiota, sos vos, no es un malentendido sos vos que estás mal, entendido.

Temporada de Caza

—Basta un poco de humanidad para entender, una gota, por desgracia hace unos años que ese poco, esa insignificancia ha pasado a ser un lujo, las personas se creen buenas, racistas pero buenas, clasistas pero buenos, misóginas, egocéntricas, pero buenas, ellas trabajan, producen, tributan, no roban, ni rompen la ley, aunque constantemente la estiran, conocen las reglas del hombre, pero no las humanas, me refiero a las humanísticas, no a las impuestas, sino a las consensuadas, las implícitas, gritan, vociferan, los buenos somos más, aunque cada vez son más pocos.

Así que quiero que sepas que no, no soy un hombre bueno, es m{as me acojo a sentencia anticipada, elijo ser un monstruo, un Hombre Lobo, tengo algo, esa gota de humanidad, pero también tengo demasiados deseos, mi pecado capital favorito es la combinación de dos de ellos LUGULA o GULURIA, siempre quiero un poco más de vos caperucita, morderte un poco más, lamerte un poco más, pero incluso siendo este quien soy, este depravado depredador, me enternece tu dulzura, y pienso que quizá no deba alzarte y tirarte a la cama, o apoyar tu rostro contra la pared mientras te meto mano bajo el ombligo… quizá no de abofetearte el rostro o escupirte, ni ahorcarte… alcanzo a pensarlo con esa gota de humanidad, imagino tu sonrisa cuando lo haga en tu sorpresa, cuando veas que debajo de esta gota de humanidad, de formalidad, debajo de los chistes, y la compostura cotidiana, hay un animal que quiere beber insaciable de tus piernas, de tu boca, un animal con brazos fuertes, —no sabría decirte qué es exactamente, dices, pero hay algo animal en vos a veces, en la forma como me mirás, sé que te gusto, es evidente que me deseas, y quiero que sepas que lo sé. —Quiero decirle que no se equivoca, que quiero agarrarla del cabello, asfixiarla un poco mientras le beso en un café lleno de gente, justo como ese en el que estamos, pero sé que debo ser prudente, aunque ceda a mi instinto, aunque me relama los labios cuando ella se sonroja, cuando se ríe, huelo su perfume, se me acelera el pecho, es luna llena adentro, y la visión se nubla un poco, veo sus labios carnosos, pienso en sus labios carnosos… siento sus labios carnosos.

Me besa, es ella quien me besa, o yo quien me he arrojado, no lo sé, a veces me nublo, a los animales pequeña caperucita hay que temerles, son impredecibles, a los Hombres Lobo en cambio puedes entregárteles, cuando te devore no pretendo lastimar más de lo necesario, aunque quizá te deje marcas, confieso que a veces simplemente pierdo el control, muerdo de más, succiono un poco más fuerte de lo debido, y zas una placa dental debajo de la nalga o en el trapecio, quizá al interior de los muslos, blancas, morenas, confieso que a todas por error las he marcado un poco.

Sonríes, no tienes idea de lo que pasa, no te culpo, yo tampoco, pero comprendo, basta un poco de humanidad pera entender, una gota… la sangre acelerada, los cachetes enrojecidos, estás caliente, y quieres jugar, no sabes aún hasta donde pretendes llegar, no importa, mientras que se sienta bien, te lleva hasta el borde la curiosidad, abajo estoy yo, hecho una bestia, sediento de tu entrepierna, puedo olerte caperuza, siento el olor de tu humedad, respiro lento, la clave siempre está en conservar la cordura, dejar que se acerque, soy un hombre lobo viejo, estoy cansado y no puedo correr tras de ti, aunque la edad es solo un pretexto, en realidad odio el juego, odio tener que convencerte, odio la indecisión y la falta arrojo, la cobardía, quiero decirte todo eso, pero me basta con mirarte, para saber que mi mirada te está diciendo algo parecido, respiro lento y pesadamente, tu sonríes.

—¿Qué muchas ganas?

—Yo sonrío.

Títulos

Nacieron con los nobles, para denominar su posición y su valor, para diferenciar a los hombres, para separarlo incluso de su nombre, quien ostenta un título, es a menudo despojado de su propia personalidad, carece de libertad y de esperanza.

Con el tiempo dijo él mirándola a lo lejos, luego migraron, se transformaron, quienes más lo entendían o lo entienden son las sociedades tribales, allí te ganas tu nombre, tus proezas, tus características, la noche en que naciste, la forma en qué naciste… el nombre es una consecuencia, en las sociedades civilizadas es más un deseo, una imposición al destino, una demanda ridícula a la historia, incluso una usurpación, ahí van Facundos, nombrados así por cantantes, Pablos que no saben ni agarrar un pincel, Alejandros que no conquistan ni en una orgía…

Luego cambiaron más, llegaron para reivindicarnos los apodos, abreviaciones, asociaciones, narrativas propias que nos permiten apropiarnos de lo ajeno, él tiene nombre, dicen las mamás atormentadas, no le diga así, yo ya lo he nombrado, dicen ellas autoritarias, pero sus nombres no importan, no tienen peso, son nomenclatura vacía.

Los amigos, los amantes, nombran y dan vida y significado, se apropian de algo nuestro, de una forma de ser de la que muchas veces ellos son evocadores, hay a quienes incluso en su propia casa ya no se les reconoce por su nombre, su apodo es más sonoro, tiene fuerza, sonoridad…

Dio una calada larga mientras la miraba fijamente a lo lejos, sus labios rojos, sus ojos pequeños, su tez pálida, sus tatuajes… agitó su vaso, olió su escoses, como un oráculo mirando al cielo, ella por ejemplo no se llama Margarita, no es mía bajo ese nombre, ella es una copa de vino, una damita, una boquita coqueta, pero no Margarita, ella es RedVelvet, Primavera… no una flor más.

—Y ella lo sabe, preguntó por fin uno de los que disfrutaba la conversación, —No, no todavía, quizá nunca lo sepa, pero es un arrebolito, un verdemar, una alegoría estética, ella es orgasmo y ganas, ella es, podría llegar a ser.

Quizá no lo sepa, repitió y entonces yo seré cobarde, miedoso, pureta, fracasado, quién sabe, yo confirmaré muchas dudas ya en mí depositadas y tampoco seré las posibilidades que su boca me brinda, ni el hablador, ni el profe, ni el relator, no contaré nada, así que tampoco seré el cuentero, mis títulos no serán nobles sino condenatorios, una lápida caminante con la palabra: Miedoso

—Y por qué no le dices

—Evitando el miedo al rechazo como factor obvio, también está la adicción a lo probable, el juego de lo azaroso, el gato de Schrödinger, que es y no es, el que recibe el coqueteo, al que tientan y al que intentar tentar.

Quizá porque sigo disfrutando de la posibilidad de que ella sea, más que de la seguridad que traiga con ella su voz, de ser o no ser, tenía razón el inglés, esa parece ser la cuestión, qué titulo ostentar, que ganarse o qué perder.

—Estás cagado del susto

—Sí, por lo menos por otro par de escoses así será.

Último minuto

Falta poco, lo presiento, estoy cansado, los golpes son menos certeros, más lentos y aunque siguen siendo pesados, ya no se comparan, la campana puede sonar en cualquier momento, quiero ver a entrenador, quiero ver si alza el dedo y me anuncia que el fin está cerca, dos minutos no parecen mucho en el primer round, pero en el décimo es una eternidad, adentro siempre es diferente, se siente diferente, se vive diferente, el tiempo es relativo, un minuto dentro de la mujer que te gusta, es diferente a un minuto recibiendo golpes en la cara…

Siempre ha sido así, el último minuto es adrenalina, es un cohete despegando, todo se quema, la vida es combustible, el último minuto es el orgasmo a punto de partirte en dos la voluntad, es el último trago con el que los vietnamitas brindar para pedirle a dios que aprenda de sus errores y cree en una próxima oportunidad un mundo más justo, es el llanto de la madre, el orgullo del padre, la risa de los amigos.

Pero llegar a él no es fácil, más en el décimo round, más con las costillas rotas, pero no hay vuelta atrás ya se han recorrido muchos minutos, mueve los pies, esquiva, un jab y mantenlo a distancia, 7 segundos, un gancho, un golpe al cuerpo, 5 segundos más, restan solo 48, puedo lograrlo, creo que puedo lograrlo, quiero lograrlo.

No solo es mi último minuto, es el de mi carrera, Méndez lo sabe, ese viejo loco me preparó siempre para este minuto, no hay forma de perder, aunque voy abajo por puntos, solo tengo que resistir, el momento llegará, siempre lo ha dicho, calma, calma, espera, la defensa baja, en el último minuto la mente se nubla, aguanta, aguanta, respira, la respiración es clave.

Evita las cuerdas, esquiva, llévalo al centro, por la derecha, en el último round hay que ir siempre por el otro lado, y en el último minuto hay que salirse del juego, ya no importa el juego, tiene la derecha atrofiada, cansada, defendió con ella 10 round, tampoco puede atacar con ella, así que si lo ataco por la izquierda no podrá recortar distancia, gancho al cuerpo, esquiva, avanza, 15 segundos, quedan 33 segundos, es suficiente, con eso es suficiente.

Méndez sufre, el gringo se repliega, no entiende el cambio, está perdido, él solo sabe jugar el juego, sin sus reglas se desorienta, falla los golpes, pierde puntos, golpea el aire con una mano cansada, le duele atacar y defender, retrocede, se aleja de las cuerdas, está incómodo.

10 segundos más, quedan 27, intenta mirar a su entrenador, quiere hacer señas, no, hoy no, avanzo, lo atropello, pierde la esperanza de encontrar las indicaciones, titubea, por fin está fuera de sí.

La gente lo nota, es el último minuto, solo en los últimos 15 segundos vuelven a gritar, la gente y su quedarán podrían despertarlo, así que debo aprovechar, finjo un gancho al cuerpo, baja la guardia y golpeo, un golpe seco, violento, un golpe final, un golpe de último minuto, el orgasmo, la sonrisa, el llanto, el orgullo, lleva consigo todo, el último golpe, en el último minuto, la sorpresa, pienso en la tarea de último minuto, en la impotencia que sentí tantas veces cuando perdí la oportunidad, en todos los otros minutos donde no mantuve la calma, la boca me sabe a sangre y a revancha, por fin tengo la palabra adecuada, el poder suficiente, el aire necesario, pienso en eso mientras que cae contra la lona, con la mirada perdida, valió la pena pienso… y la campana suena.

Vicio

El niño nuevo no deja de llorar, dice, justificándose que todo lo que hizo fue porque quería otra vida, diferente, no es tan grave dice, si alguien lo supiera, si el juez y el jurado hubiera escuchado a su mamá gemir cada noche para subsistir, si hubiera visto los hombres que la golpeaban, si hubieran entendido lo humillado que me sentía cada noche, si tan solo hubieran vivido mi vida, me perdonarían.

El jurado no perdona a nadie niño, lo han visto todo, escuchado todo, no a tu madre, bueno quizá sí, quizá a la tuya sí, pero ellos no necesitan escuchar gemir a tu madre, ellos han escuchado a otros cientos que como tú nunca escucharon a su madre gemir, no busque simpatías inexistentes, tu vida fue dura, y no estuviste a la altura. Al jurado, nada más importa. Sos culpable, siempre lo ha sido las decisiones las tomaste vos, manipulado o no, vos decidiste y entre más rápido la aceptés mejor.

Yo tenía 17 años cuando mi suerte se jugó, era nuevo en un colegio católico, así que si algo sabía es que había depravados. Siempre los hay entre los curas, lo contagian como una epidemia, es divertido que les digan curas, son realmente infección, una enfermedad, solapados.

Éramos 8, teníamos quince, éramos niños, yo aunque me veas aquí, aunque me digan dealer, estoy aquí por amor y no por droga, tenía todo lo que vos querés niño pobre, tenía la plata, los carros, el poder, mi abuela era gobernador, pero no me bastaba, no lo quería, no era importante, sé que te jode, para mí ser no bastaba y vos querías tener lo que yo era, pero te aseguro que no vale el precio que estás pagando, tampoco lo hace el turo, yo quería a una mujer experta en hacerme sentir deseado, quería una puta gimiente, a una loca alborotada, yo quería todo eso que tu mamá fingía ser y la verdad me bastaba.

Cada fin de semana juntábamos los algos, e inventábamos trabajos extracurriculares cada viernes, el primo de Cris era door man, nos dejaba entrar por 15 lucas, ver cucas, depiladitas y no tanto, verlas cambiarse, era un show especial, tonto, vago, como nosotros, era un show que se compartía con el último juego de supernintendo, los últimos tenis o tablas, no teníamos para culiar, a duras penas pagamos por ver nos inventamos los putiaderos pay per view pero nada de regalías, dije sonriendo, en fin, yo renuncié a todo, mi familia tenía nombre, podía hacer a cualquiera mi perra, pero domesticar una era interesante, lamentablemente me mordió, me sembró una hectárea de droga en la pieza que vivíamos y ese tombo que ella decía que era gay, llegó a registrarnos el cuarto el único día de la semana que estaba solo.

Me entendés las mujeres como tu mamá, solo quieren una cosa, verde, un vil metal, pero vos soñá con una mujer buena, no hay tantas por cierto, soñala y sobretodo merecela, porque ellas las otras, las de pegaito a la paré, no valen la pena aunque cobren el intento.

El niño lloraba, su madre, el único día que lo dejaba solo, un exnovio policía llegaba para requisarla, ni una llamada, ni un visaje, me entendés las mujeres como tu mamá te siembran, s{i es normal que estés aquí, sabes qué, yo la quería, pero ella solo quería mi billete, fue duro, 35 años me metieron… me gasté la herencia en hierba pa vender y ella en 30 millones de mierda convirtió mi entrega, nunca importé.

Así que deja de llorar, porque a ese negro, a Germán, le encantán lo llorones de 1.50 cm.

Los tercos

Hay pocas cosas que molestaban tanto a Antonia como los tercos, no hay razones con ellos, no sirve la evidencia ni la astucia, un terco es en cierta medida también un fanático, aunque creía firmemente en que los segundos eran mucho perores los que solo eran tercos, el fanático pensaba mientras Jose, sin tilde, le contaba de su vida son seres ingenuos, miedosos e inseguros, algo debe existir afirman, algo más grande, más importante, más sabio, alguien más controla su vida, les da esperanza, les promete una recompensa por la que ni siquiera deben trabajar, esos que alimentan a los fanáticos son ideas astutas, pensadas para explotarlos, son víctimas pensaba, no tienen escapatoria, ah pero los tercos puros, eso pura sangre de la razón eran una pesadilla.

Por lo general saben mucho de una sola cosa, su mundo es lineal, su mundo piensan es el único posible, seguros de todo… nada debería ser peor para un hombre que estar seguro de algo, están seguros de sus decisiones, de sus preguntas, no ven nada malo nunca en ellos, a los demás les falta un poco razón, a los demás les falta astucia, no son como yo piensan, pobres dicen, nunca se responsabilizan de sus acciones sobre los demás, son como los malos amantes o las malas amantes, egoístas, incapaces de entregarse a la situaciones, ponen reglas, siempre reglas y excusas.

No me toques así, haz así, ven aquí, toca allí… bailan solo si aprenden en academia, no tienen imaginación, todo deben aprenderlo, son repetitivos, secuenciales… los peores de todos son los que además crea la academia, personas que se llaman a sí mismos científicos, qué oxímoron tan grande pensar en un hombre de ciencia incapaz de dudar y falto de imaginación, nunca investigan, ni crean, son simples y llanos aplicadores, no hay diferencia alguna entre ellos y una máquina, debe ser por eso que suelen estar obsesionados con los estándares, la ley de los números grandes piensan, si la mayoría piensa algo pues esa es la verdad… eufemismo tan tonto.

Jose continúa hablando, habla de sus relaciones fallidas, de cómo los demás son incapaces de seguir procesos lógicos, habla de sus necesidades, de la ausencia de su padre, de su obsesión por la sistematización, de su deseo desaforado, este se mira al espejo y no es capaz de reconocer ni una fisura, se consideran la solución y solo por eso incapaces de ver sus errores. Intento ser mejor dice Jose, quince veces en treinta minutos, se lo dice a sí mismo, necesita reforzar su patrón de comportamiento, memorizarlo, y finalmente, creérselo, piensa que no es un mal tipo, aunque engañó a su ex esposa, a su novia y a su amante, es una necesidad de objetivación, sé que tengo un problema, lo reconozco, dice, lo reconozco porque quiero ser mejor… son tan buenos siempre los tercos en las teorías, son  impecables, alumnos de memoria, incapaces de aplicar, dígame qué hacer, cómo mejorar, deme el secreto para que todo esté bien… una pérdida de tiempo, se los digo siempre con frecuencia, si no sos capaz de imaginar un escenario diferente no podés llegar a él, si no puedes ver a través del problema, seguirás encerrado en él, pero insisten, dicen que sienten que han mejorado, que notan cambios, van al gimnasio, intentan leer, algunos son tan divertidos que luego de un tiempo dicen, leí este autor que me recomendó, ya había pensado yo algo similar, el libro es de hace 200 años y el piensa que no es sorprendente porque él pudo pensar algo parecido. No puede ver su reflejo, su propio ego lo opaca, no entiende que se lee para darse cuenta que no somos nada originales, ni especiales ni únicos, que se lee para saber que los humanos somos muy parecidos, que la grandeza es circunstancial, temporal y sobre todo aleatoria, no, no entienden, están seguros de su autorealización, a nadie le deben nada, la suerte nunca ha estado de su lado, ellos son los únicos, los héroes…

—¿Qué cree doctora? Le pregunta y le interrumpe sus pensamientos.

—Que usted está mal Jose, que mientras que no sea capaz de darse cuenta, lo seguirá estando.

—Pero dígame cómo mejorar, yo quiero ser mejor dice, y aunque ella lo escucha, sabe que es incapaz de aplicarlo, no hay caso Jose, —usted es terco dice, y los tercos solo escuchan su propia voz, estudie sicología, ayúdese usted mismo, si es que es capaz de graduarse, si es que es capaz de escribir.

La dictadura de las sábanas

Era una mujer jovial, de una risa continua y estridente, alborotada como su cabello y a todas luces encantadora, le gustaba decir que era una sorpresa constante, y en verdad lo era, incluso para ella, cada día encontraba su propio camino y a cada hora un nuevo viento para ir hacia algún lugar o hacia otro, la vida era una posibilidad irresistible, un antojo, un deseo… un arrebato, como su peinado.

De repente llega un mensaje, hace cosquillitas en la entrepierna, de la nada otro no quiero que vengás hoy a dormir, boté tu libro, se me olvidó subir el mercado, salimos de viaje a las 6… así súbitos, sin pistas, inminentes, toda su vida diurna transcurre en un movimiento imposible de predecir o seguir. Ella baila sola, la compañía le viene bien para una o dos canciones, pero después cambia el ritmo, la cadencia, los pasos, solo quiere moverse, desbordarse y entonces no hay pareja que le sirva.

Él era astuto había aprendido con el tiempo que el agua tiene un flujo que no puede controlarse, que los caudales encausados suelen matar la vida, que canalizarla sería lo mismo que perderla porque ya no habría arrollo, ni rápidos, ni cambios, nada de torbellinos ni de piscinas naturales, nada de ella, así que no procuraba cambiarla, y se sentaba a lo lejos cuando ella cambiaba el paso, ya volverá pensaba él si ha devolver se decía a si mismo. A él le gustaba pensarse como un gato, cariñoso cuando se le antojaba, pero cauteloso, cariñoso en la seguridad de la intimidad pero apenas perceptible delante de los demás, así que su relación iba bien sobretodo cuando nadie los veía.

Eran casi exiliados voluntarios, haciéndose compañía en los lugares adecuados, abrazándose, besándose, y curándose las heridas más profundas, con la fuerza justa, con el ritmo justo hasta que llegaba la noche, ahí ambos perdían la guerra contra sí mismos, ella queriendo desconectarse del mundo, apagar pantallas, aislar sonidos, él extendiendo el día, golpeando teclas, jugando y corriendo como un gato a la media noche de un lugar para otro, queriendo leer, cocinar, escuchar música o ver televisión, deseando robarle al día un poco de su vida como lo había hecho la oficina con él y entonces en ese ying y yang que en el día encontraba el equilibrio, en la noche se transformaba en la guerra, y como toda guerra tenía daños colaterales.

Platos, ollas, cenas, botellas de vino sin empezar o sin terminar volaban, cada noche peor, cada noche más oscura, más larga… al final ambos sucumbían al cansancio, y dormían, eso y el aceite de CBD que él usaba para cocinar, eso y el vino que ella tomaba siempre con la cena, eso sumado a las pastillas que ambos tomaban ya en su habitación.

Al despertar, era extraño, el sol a ella le dibujaba una sonrisa, el café a él le despertaba las ganas, follaban cada mañana hasta sacarse la rabia, se mordían, se escupían, se castigaban por su comportamiento del día anterior y al mismo tiempo se complacían a un nivel que siempre los dejaba extrañándose, su intimidad cómplice, su pacto secreto lo sellaban cada mañana viniéndose el uno sobre el otro.

Dictadores de las sábanas, se miraban, se reían, veían la cama desajustada, lejos de donde había empezado la faena, la estamos torturando, pensaban deberíamos pasarla a mejor vida… bromeaban, y cansados se alejaban el uno del otro.