Lealtades

La primera vez que juré en vano, dijo el testigo, tenía 5 años. Juro por mi madre, dije, y nadie dudó que ese billete fuera mío. No lo era, pero mi madre no sufrió ninguna maldición y mi conciencia tampoco, en el fondo supongo que estaba siendo fiel a mí mismo, a mi deseo, quería el billete y obtuve el billete, no encontré fallas en la lógica. Aprendía que una mentira es funcional, cuando es una verdad personal. Ahora usted me ofrece una biblia, me pide que jure sobre ella, por ella, por un dios inexistente o diferente porque usted no puede saber si yo soy católico, musulmán, judío. Piénselo bien, mentí por dinero, y bueno, usted como abogado, bueno, debe conocer de estereotipos; el caso para no irnos por las ramas es que ni el señor juez, ni el abogado conocen mi credo, así que preguntarme si juro por dios que lo que voy a decir es cierto, sólo hace el efecto sagrado que busca su pregunta pasa a ser solo retórico.

Conteste la pregunta, dijo el juez, y repitió: Jura decir la verdad y nada más que la verdad por dios y la patria.

Sí, pero quiero dejar constancia que me considero agnóstico y apátrida.

El abogado lo miró de arriba abajo. —Le dije que es irrelevante su postura, que es un convencionalismo, limítese a responder lo que pregunto.

Pero usted preguntó.

—¡Cállese! Gritó frustrado el abogado

Quiero dejar constancia de que el abogado me está faltando al respeto.

El juez lo miró con un profundo desconcierto, entre la vergüenza y la risa, entra la ira y la desesperación.

Desea continuar interrogando al testigo, preguntó con más curiosidad que convencimiento.

No deseo, pero debo, confesó el abogado. —Por fin un abogado honesto, soltó el testigo y el juez sonrió

—¿Conoce a ese hombre? Preguntó

—No creo que el abogado entienda la dimensión de su pregunta. Conocer, no, todo lo contrario, no tengo idea de la música que oye, ni de su libro favorito, nunca he hablado con el de arte o de política, desconozco cómo reaccionaría a casi todas las situaciones, y no entiendo ninguna de sus motivaciones personales, no sé en qué cree, ni mucho menos en lo que no cree.

—¿Lo reconoce?

—Ah sí, es el hombre acusado de colocar la bomba.

—¿Dónde lo vio?

—Ahí, en el escritorio.

—¿Por primera vez?

—Ah, hace dos días frente al teatro

—¿Y puede decir qué hacía el acusado?

—No tengo la más mínima idea de lo que pasaba por su cabeza, no, no podría decirlo con certeza.

—¿Le parecía sospechoso?

—No más que usted en este momento.

El juez giraba sus ojos y evitaba a toda costa la mirada del abogado, sabía que él escuchaba sus risas escaparse ante cada desaire, sabía que además su risa era contagiosa y que el jurado también reía.

—No más que yo, ¿por qué le parezco sospechoso?

—Porque tiene dobles intenciones, sus preguntas no significan lo que usted cree que significan, es un mentiroso habilidoso, intenta crear una verdad recreando parte de la verdad, pero solo dice lo que es conveniente para usted. En su caso no se trata solo de la reinterpretación, sino de una construcción de realidad posible, no le interesa la verdad, tan solo le interesan las probabilidades, eso quiere decir sin duda que está usted dispuesto a inculpar a ese hombre solo porque lo considera conveniente, no justo.

—Ah, ¿cree usted entonces en la justicia?

—No, porque la imparten personas como usted.

—¿Y en la lealtad?

—Cualquier lealtad ajena a uno mismo es una mentira.

—¿Alguna vez lo han traicionado? Las traiciones implican una elaboración maquiavélica, pocos hombres somos dignos de algo tan grande, solo se puede traicionar una causa, una idea, los hombres solo somos muy ingenuos, las señales están ahí, la gente es egoísta, pide sin dar, y omitimos, perdonamos, nos acostumbramos y cuando nos cansamos, nos sentimos traicionados.

—Ese hombre alega que su país lo traicionó.

—En ese caso, su acusado no es un criminal sino un imbécil.

Falsas palabras

Expresiones

— Tenés que entender que es solo una expresión, que tiene fuerza porque así son las expresiones, incontrolables, delatan, pero sobre todas las cosas, tienen una fuerza única, las expresiones tienen tono y sabor, no está para nada fuera de sitio el hecho de que las expresiones sean entonces tan difíciles de traducir, >Feel like blue< dicen los gringos cuando se sienten tristes, >me cago en dios< los españoles cuando algo les sale mal, >no tienes abuela< los catalanes cuando pretenden borras tu ascendencia genealógica, Eureka supuestamente los científicos ante un hallazgo y…

—Comé puta mierda— interrumpió Alejandro y continuó diciendo: los editores a los escritores Joaquín, no me importan tus expresiones, a nadie le importan estas cosas ya, lo único que te pido que escribás es lo que se vende, no tenés que firmarlo, ser un fantasma como lo has sido con todos los que se han preocupado por vos alguna vez.

—Ah no, eso no, yo puedo desaparecer con facilidad de la vida de las personas, me cansa intentar convencerlas de que me hagan un lugar, o que ellos tienen justo el que merecen en mí, las demostraciones se las dejo a los matemáticos y los físicos, mi amor por los demás es como la prueba de los dioses un salto de fe, el que se va, es porque así lo ha deseado, o porque ha intentado al mejor estilo de los creyentes de closet (así llamaba Joaquín a los ateos, ya que no se explicaba porque dedicaban tanta energía a algo en lo que gritaban a voces no creer) forzar su existencia, de esos y esas puedo hacer así: tronó los dedos y un “zap” retumbó en el pequeño café, pero de la escritura no voy a irme nunca, lo que escriba lo firmo, no quiero que años después si tengo la fortuna de escribir algo algún día que pueda pagar las cuentas que los críticos vayan después a decir que: mientras alcanzaba un lugar en la literatura escribió para no morirse de hambre. Jamás he escrito con ansias de dinero, el que se muere por esa basura sos vos Alejandro, vos, a mí me tiene sin cuidado, la revista va mal, horriblemente mal, pero aún así puedo comer arroz con huevo.

—Vas a quebrar—

—Ese es mi secreto capitán, siempre estoy quebrado—

—No me hablés en frases de películas y memes que sabés que lo odio—

—Es lo mismo que yo te he dicho sobre no proponerme que siga escribiendo cartas y discursos políticos y miranos acá—

—Lo hago porque es lo único que te sale bien—

—Si es lo único que me sale bien, decime Alejandro, porqué estamos teniendo esta discusión—

—Porque por más bella que te parezca la hija de puta expresión, el presidente no puede decir: Al que no quiere caldo se le dan dos tazas, y menos si está hablando de un nuevo impuesto—

—Aligera el golpe—

—Aligera tu cuenta, esto no nos lo van a pagar—

—Solo tienes que decirle que es para que parezca más coloquial—

—No es tan estúpido Joaquiín—

Joaquín estalló en una carcajada, y luego respondió: cómo podés decir eso del tipo que un día leyó: Este es su discurso señor presidente por favor léalo y si tiene alguna duda avíseme y durante una conferencia de prensa.

—Mirá Joaquín de esa no sé cómo volvimos, pero te juro que de esta no salimos así de fácil, si le mandás esto así, tu vida como escribiente ha terminado.

—Una genialidad, eso es lo que quiero, que acabe mi vida de escribiente, que empiece la de escritor.

El editor exasperado rio amargamente y dijo: Esa vida ya la tenés muerto de hambre.

—Ah que dulce expresión— dijo por fin Joaquín levantándose de la mesa, y respondió: —Lo soy, lo soy, soy un escritor sin precio, un impagable, que nadie me ofrezca una moneda, te lo he dicho mil veces, cuando quiero escribir, escribo gratis, olvidaste que tu editorial no me paga.

—No te vendes—

Corrección dijo Joaquín —No me vendes, ese es tu trabajo—

—Cómo voy a venderte si no sos capaz de hacer bien un discurso como el que te encargue—

—El discurso está bien hecho— respondió seco y ofuscado

—EL PRESIDENTE NO PUEDE DECIR ESO AL AIRE—

—Es el presidente, puede hacer lo que quiera—

—Vos estás mal de la cabeza, mirá lo que escribiste dijo y comenzó a leer con vos impostada: En materia económica es innegable que ha habido un crecimiento (hubo un corto silencio) y continuó, un crecimiento en nuestras obligaciones con países extranjeros por eso es momento de entender que en este país las deudas son comunitarias, y que aunque no nos gusten los reajustes financieros, las decisiones deben tomarse y al que no le gusta la sopa, se le dan dos tazas—

Joaquín estalló en una carcajada —es oro puro—

—Nadie va a respetarlo—

—Ese barco ya zarpó—

—No pienso enviarle esto al presidente—

—Joaquín encendió el televisor del café y sintonizó rápido el canal nacional— No es necesario dijo, él ya tiene discurso

—¿ESTE DISCURSO—

—Que te odie a vos por conseguirme este trabajo de mierda, no quiere decir que sea imbécil o que odie el dinero, no, el tiene uno de verdad, así que no te angusties, este mes este muerto de hambre va a darte de nuevo con qué pagar tus cuentas, animal.