De mi puño y letra

Cuando leyó el título sabía que había al menos una esperanza, era poco, pero en su posición no podía darse el lujo de rechazarla, como editor no había peor lugar que el que ahora tenía, ser editor de ex famosos es similar a hacerle la tarea al bully del salón, así que 30 años después de su secundaría se veía en el mismo lugar donde ya había estado.

Los manuscritos eran usualmente una mierda, otro famoso al que su agente le dijo es momento de escribir un libro, generalmente memorias vacías, con relatos insignificantes y nada profundos, una mirada simple que demostraba que ni siquiera ahora que su actividad principal estaba en el ocaso comprendían por qué estaban en el lugar que estaban, la ceguera del privilegio es degenerativa, y los que llegan a viejos sin entenderlo, sin sospecharlo, ya nunca lo harán.

La mayoría de los futbolistas, las súper modelos, las reinas, lo galanes de telenovelas o películas, el 100% de los herederos, incluso esos que ya no poseen la gloria de los logros de sus padres, sino solo el dinero de sus abuelos, los secuestrados, y los expresidentes con delirios de caudillos, esos que abundan en mi país porque además de cada apellido hicieron un movimiento sin ninguna base ni fondo, dándole a cada uno un nicho de mercado suficientemente atractivo como para que algunos se crean poetas, cantantes, compositores, comentadores históricos, pero en el fondo son simplemente estúpidos ciegos, imbéciles que van desnudos caminando con su traje de emperador diseñado por sus managers, publicistas y propagandistas, aplaudidos por otro montón de imbéciles que van en masa no por ellos sino porque hay otros a los que quieren ganarles, porque aunque no tenga ningún sentido el nacionalismo se ha vuelto deportivo, culinario, político pero no geográfico, religioso y moral, tantas banderas y con tan poco en común más que una necesidad de validación, pero ese pegamento es fuerte y parece unificar la diferencias, pero es solo una imagen, pero no es cierto, tan solo las ignora, la ceguera se les contagia a los seguidores y no ven lo que no les conviene.

Por eso cuando Roger leyó, de mi puño y letra, no pudo evitar sonreír, era una frase, pero tenía chispa, fuerza, un jab directo a la quijada, un guiño tierno a Cortázar, aunque no fuera un cuento y no fuera un final, aunque fuera el nombre, pero el nombre ganaba por knock out, un bello puente entre él y Hemingway, entre él y Bukowski, entre él y Salcedo Ramos, entre él y otros tanto, que sienten que la hoja en blanco pega tan duro como la pobreza con la que se forjan los boxeadores, entre esos que se igualan con alegría frente hombres osados aunque como él jamás entrado a un ring, ni a un cuadrilátero, ni a una arena, se creen exploradores por leer y escribir, peleadores por golpear con ideas contundentes y letales por haber lanzado frases afiladas, pero todos ellos no tenían lo que él tenía, la verdadera experiencia de haberse ganado la vida boxeando, 10 años de recibir golpes, de costillas rotas, nudillos fisurados, hematomas, inflamaciones, el sabor de la sangre, del sudor y la sangre, el miedo, la frustración, la rabia, la injusticia, las dislocaciones, el agua helada, los baños en tinas de hielo, los gritos, las luces, era una esperanza que un hombre que había asistido a eso tanto tiempo tuviera la lucidez de escribir de su puño y letra el título de mi puño y letra.

Era un bálsamo, un linimento para el alma, para el día, qué tendría para contar ese hombre al que la vida le había ofrecido una vida real, todo lo que tuviera para decir era digno, aunque fuera malo y por eso sin revisar una sola letra más aprobó, recomendó y envió a la imprenta, porque a este quería enfrentarlo en el cuadrilátero real, a ver si como otros, lograba tumbarlo, aunque fuera por puntos.

Eternos

«Solo lo que no pasó es eterno, lo hecho es pasado y por ende tarde que temprano olvido».

El Flaco

La mesera le trajo su cerveza, hacía sol, era una vereda en cemento o quizá una acera colorida, editar al flaco siempre daba problemas de los que odian los editores, sus textos se iban por las ramas y sus personajes ganaban o perdían una fuerza descomunal en solo unas líneas, ese estilo que si bien era algo de lo que se le admiraba, ese caos azaroso que la crítica solía buscar en sus novelas era realmente algo que no tenían ni los editores ni él por sí solos, pero que cuando se encontraban y después de padecerse el uno al otro por fin nacía.

El cuento que tenía que editar hoy Isabela haría parte de Otra Ronda, una serie de relatos que comenzaba siempre con alguien bebiendo en un bar, generalmente el flaco aunque tuviera otros nombres, sus personajes, sus amores, sus odios, seguían allí, sus miedos también, se turnaban pero eran recurrente para el ojo atento, para ese lector que cuando es individuo y ciudadano encuentra belleza e las fachadas grises, las baldosas rotas, los semáforos y los carros, algunas cartas decían, aún no olvida a la Tana, otras decían que de Lisboa nunca había regresado, es el precio de abandonarse a uno mismo, que el destino nunca es el punto de partida.

Era la tercera vez que lo leía y no podía entender bien en qué pensaba el flaco cuando comenzó a escribirlo, era ella, aunque en el cuento fuera cocinera y no editora era ella de quien hablaba, de su carita de niña, de su insaciable lujuria siempre insinuada, de esa sensualidad torpe… le coqueteaba, por qué había elegido hablar de su fantasía, de eso que alguna vez casi pasa, la enojaba como en su momento la enojaba leer sobre esas otras mujeres de las que él escribía, con las que ella se comparaba, de esas que nunca fueron ella y sentía que jamás sería, por qué ahora.

En el cuento, la mesera, es estudiante de cocina y después de conocerlo lo invitaba a casa, él llegaba temprano, y ella no alcanzaba a vestirse para la ocasión, el bralette que había elegido quedaba sobre la coma, junto al vestido que le gustaba, la camisa… y le habría en ropa cómoda y holgada, ella bañada en sudor de sus carreras, él con un olor a tabaco, a cerveza con whisky, tan despreocupado por las formas, desconectado de la realidad presente se acercaba y con ese sabor amaderado y aroma ahumado de su pipa la besaba aprovechando el shock del momento, y sin mediar palabra la pegaba contra la pared la apretaba las tetas y el cuello; ella se calentaba rápido, se entregaba despacio, tal y como ella le había dicho que lo haría, tal y como ella había imaginado que la tocaría, y él tierno, rudo, apasionado tal y como ella lo había imaginado, la hacía gemir y sollozar mientras una olla a presión pitaba descontrolada…

El cuento la hacía ruborizar, humedecer, extrañar y desear, esa parte del cuento era perfecta, aunque la sentía un poco gratuita, necesitaba saber él que quería decir, encontrar lo que le faltaba para componerlo, para decorarlo y puntuarlo de manera correcta, por eso odiaban trabajar con él, porque el flaco podía hacerte sentir cosas, sabía donde tocarte, cómo provocarte, pero darle sentido no era tan fácil.

Sin más opción tuvo que escribirle ­-Flaco, hola, estoy leyendo tu cuento, sazón de otra ronda

  • Te gustó, preguntó sin saludar si quiera
  • Tiene lo tuyo, ese caos que no se termina de entender
  • Como la vida misma Isabela, como la vida misma
  • La literatura y la vida son distintas Flaco, vos tendrías que saberlo
  • Lo sé, la vida tiene más reglas y menos posibilidades, pero la literatura tiene imitarla tanto como se pueda
  • Flaco no es filosofía ni física, vos escribís cuentos, debe haber orden

El flaco sonrió al leer su respuesta  -Los cuentos no son solo cuentos querida, son promesas rotas, la realidad es concreta porque a su paso destruye el pasado y en cada presente labra su futuro, los cuentos, vos, ellas, las otras que tanto te preocupaban a veces en el papel a veces son la misma y a veces no son ninguna.

-Eso no tiene sentido, dijo sintiendo un nudo en la boca del estómago, sí era sobre ella, o casi sobre ella, si podía haber sido ella, si hubiera querido ser ella

-Isabela, te hizo sentir algo no?, es eso lo que no te termina de encajar, el por qué te hace sentir algo… el cuento va de eso de como el anhelo es eterno pero el recuerdo efímero, que la posibilidad y la esperanza son a veces iguales y como la realidad está en cambio destinada al olvido.

Él la conoce en un bar, porque quería escribir un cuento sin mentiras, la ve en pijama, porque no quería ahondar en su cortejo y se la folla con tantas ganas y desenfreno en una situación tan cruda e improvisada como cualquier marido a su amada si hay deseo, porque no deja de ver en ella lo que le gusta y ella se deja porque ve en él lo mismo que el día del bar, es un cuento que alguien lee y piensa que pudo ser y que alguien más leerá y deseará ser, a nadie realmente le importa que haya un viejo tomando aguardiente en un parque de Madrid que se siente tan Baires, ni que haya montañas en medio de esa arrebolada ciudad inexistente, que no haya acentos, solo le importará la escena de él poniendo su cara contra la mesa del comedor mientras le quita esa tanga que ya tiene el resorte estirado, y como la penetra mientras el vapor de la olla a presión no deja de escaparse en un pitido intenso, lo que importa es solo eso.

Ella asiente sin que él lo sepa, ella está de acuerdo aunque no se lo reconozca -Sos un desastre lo sabés

-Sí y vos y yo, eternos.