Llegar

Empujó la puerta y entró casi en automático, era su día libre, pero no lo quería libre, demasiadas cosas en qué pensar, la libertad sienta bien, pero también abruma, necesitaba un lugar seguro, un escenario que conociera, no llevaba ropa de trabajo, por el contrario, lucía orgullosa sus piernas trabajadas, su cintura enmarcada, su piel suave, sus brazos y espalda delineados y potentes, era una potra, lo sabía y él se lo perdía, por eso prefería estar ahí, lejos de él, no caer en él, ni pensar en él, quería ser admirada y deseada, quería recordarse lo que se decía al espejo desnuda cada mañana, qué rica estoy, necesitaba oírlo de otros labios, porque solo escucharlos de los suyos ya la cansaba.

Pidió sin mirar mucho la carta, era cantinera, conocía las opciones de un lugar, aquí no habían muchas, además el calor hacía que fuera una decisión fácil, cerveza, fría, y tomó mirando un cuadro de un hombre que le daba la espalda y miraba al horizonte sobre las nubes, lo miraba con algo de recelo, no confiaba en aquellos que parecían orgullosos al estar en la cima, entre trago y trago vio a un hombre, mayor, pero familiar, uno de esos que se presienten, un borracho sabio, de esos que siempre tienen algo que decir.

También está triste, le preguntó solo para provocarlo, sabía que no lo estaba -me basta muy poco para irme, para perseguir una idea y abandonarlo todo, decía cuando uno le preguntaba por qué, -soy un ni un hombre triste ni entristecido, pero me aburre estar solo aquí, en lo real, el presente es un dictador y yo, yo soy la resistencia, y por eso escapo de todo a donde llego, de todo lo que me contiene, de cualquier espacio, no estoy aquí sino quiero, yo voy con mi mente donde me place.

-Preguntarle no era mi obligación, no hoy, hoy no era ni la encargada de la barra, ni la mesera, hoy era otra clienta, otra bebedora sin un lugar a donde ir, pero los hábitos son difíciles de olvidar y el hábito hace al monje, el borracho a la cantinera y ninguna cantinera decente dejaría de asegurarse que un bebedor esté al mando de su sed, que sepa por qué o quién bebe, nos gustan los borrachos, sí, claro que sí, pero los lúcidos, esos que tienen el alma despierta, los que alegran y contagian, esos hacen que otros beban, es bueno para el negocio, los tristes en cambio; son peligrosos, los tristes ocupan una mesa toda la noche y a menudo hasta el amanecer, alejan a todos un poco, no sueles perder un sitio en la barra sino 3, o una zona completa del bar; pero no era eso lo que quería saber, era egoísta, quería solo saber si podía acercármele, si me contagiaría un poco de alegría, más que la costumbre, fue el interés, siempre el interés y por fortuna, este pagaba con creces, era guapo, no mucho pero lo suficiente para llamarlo guapo, era fuerte, no como ella, no fuerte de entrenar, sino uno de esos hombres que puede caminar con el mundo en la espalda, de esos que podía darle pelea sin perder el aliento.

-Y dónde está ahora, en la cima con él, le preguntó para saber.

-La cima?, le devolvió él la pregunta, y luego continuó, no hay nada allá arriba, su mirada me dice que lo sabe, no lo envidia, hay desconfianza en sus ojos, sí, son dignos de atención, pero no de admiración, es solo curiosidad, cuando uno ve un esperpento de esos trepado a lo lejos es inevitable preguntarse, valdría la pena haber cambiado a ese trabajo, dejar ese amante, dicho o hecho eso que uno sabe que hizo o dijo y que cerró la puerta a ciertas oportunidades, uno tiene que huir del presente tiránico, pero no se quiere estar allá, sin un lugar a donde ir, sin nada más que el pasado para contemplar, no es allá a donde quiero llegar, en la sima de su entrepierna señorita hay más gloria que en la cúspide de una piedra o de cualquier pirámide organizacional.

Sonrió al escucharlo, era subido de tono, sí, pero nada irrespetuoso, a su manera le decía eso que ella se repetía al espejo, qué rica que estás, pero en esa lengua ágil y un poco pesada se escuchaba mejor, ayudaba que era algo guapo, sí, ayudaba también que en medio de su pensamiento y su conversación todo salía como ella lo planeaba, sin duda alguna, -me gusta su lengua, lo suficiente para invitarle una cerveza, solo por favor no se la vaya a morder, que lo que más necesito es ver de qué es capaz, le dijo sonriéndole y guiñándole un ojo.

-Pierda cuidado señorita, tenga la certeza de que sé como usarla, dijo él mientras levantaba su botella, mientras levantaba la lengua y pasaba suavemente sobre el pico para luego retraerse y esconderse en la boca. Un buen bebedor sabía cuando había juego y cuando faena, aquí todo podía decirse, era una oponente digna, la tarde estaba salvada, no había que llegar a ningún lado, solo se trataba de escapar del presente.

Ella sonreía al escucharlo, parecía haber entendido, el viejo le serviría un rato para ahuyentar todo lo demás.

Menú

No sabía muy bien cuando, ni cómo, no era tonto, no tanto al menos, pero no era tan listo, no había sido una trampa, él quería su iniciativa, su deseo hecho carne, su sexo hecho humedad, estaba cansado de los juegos, Y no iba a esperar ni a dar otra oportunidad y por alguna razón sentir que no tenía nada que perder lo llevaba a ser impulsivo e irracional, por eso cuando en la segunda cerveza ella le pregunto que deseaba él no vaciló se acercó a ella y comenzó a susurrarle—A ti, pero no seducirte, ni embaucarte, no quiero ser yo el que busque, sino el encontrado, te quiero a ti sobre mí, arrodillada frente a mí, debajo de mí, te quiero sudorosa, disfónica, te quiero a vos persiguiéndome, le dijo susurrándole al oído mientras la apretaba del cuello, y al terminar de hacerlo se separó y tomó su cerveza con la fiel convicción de haber perdido, ella lo miraba tenía en sus ojos una pequeña duda, era cierto, acababa de decirle todo eso, y ahora sin inmutarse, incluso parecía que ni siquiera sin interesarse mucho en su respuesta se alejaba a tomar de su cerveza.

No tenía idea de como actuar ahora, ella venía precisamente con la idea de sorprenderlo, de coquetearle, de fingir ser seducida, quería, pero no contaba con esa idea de ser la incitadora y la ejecutora, no había juego, y lo deseaba, sentir sus manos en las tetas, en las nalgas, sus labios en la clavícula, sus dientes en el abdomen, en los muslos, sentir su aliento recorriéndole la piel, el cuello, las tetas, sentir su lengua jugando en sus pezones, esos pequeños lametazos en círculos lentos en su sexo, y esos movimientos ascendentes y decentes, de sentir sus dedos entrando en ella, los dos del medio y lentamente acariciándola contra su vientre, mientras con su lengua continúa su vaivén.

Pensarlo la humedece, lo mira con hambre y con deseo, piensa en todas las veces donde ha sido esa putica incontrolable y se muere de ganas, en los cines con falda, en los baños de los bares donde se ha arrodillado, piensa en esa calentura torpe y pobre de adolescente, en las escaleras de los edificios llegando a casa, en los taxis donde la han manoseado, en los rapiditos en la cocina mientras su papá veía televisión en el cuarto, o la mamá iba a la tienda, piensa en cuantas veces ha querido hacer y deshacer pero ha dejado todo en manos del otro y entonces nada ha sido como ella ha querido, piensa en tener el control, piensa dominar, en mandar y se excita más, piensa en las veces que amaneciendo sola en un hotel o motel no tuvo a quien llamar y piensa, hoy no cariño, hoy no me quedo con las ganas.

—No nene, dice, mientras que con la mano corre un poco su camisa, dejando entrever un bralette morado, con algunas transparencias y encajes, —ves esto le dice mientras lo señala, hace juego le dice, le muestra sus uñas, están recién hechas y las de los pies igual, huele tu mano, sientes el perfume que tengo en el cuello, es el bueno, —luego toma su bolso y lo extiende, mete tu mano, sientes eso, el terciopelo es un antifaz, y la cuerda, la sientes, el otro es un pequeño vibrador, entiendes?

Ahora ella se levantó sonriendo, y le dijo despacito al oído —Tú no estás viendo la carta, tú eres el menú y camino despacio hacia al baño, desde allí le mando una foto de lo mojada que estaba y al volver, le entregó el panti empapado…

Podía sentir el corazón palpitándole con furia, arrítmico mientras que jadeaba, el aire no parecía quedarse el tiempo suficiente, cada bocanada la dejaba sin aliento al igual que la anterior y la siguiente, fura de sí, dos segundos balbuceaba, dos segundos mientras intentaba sentarse, mientras las piernas le temblaban. —Vos, dijo por fin al recuperarse de un orgasmo intenso, vos no me hiciste mujer, pero sí una putica, y cerro los ojos por un momento.

Llega

Cuando tiene ganas de llegar, llega sin avisar, enajenada, con la mirada hecha deseo, con la entrepierna hecha fuego, golpea un poco acelerada, apretando los muslos, queriendo disimular esa descarga de electricidad, ese pequeño impulso la controla, se muerde los labios y aprieta los que no puede toca la puerta de nuevo, una botella de vino en la mano.

Al tocar presiento, siento, como toda presa a su predador, algo en el aire te hace sentir parte de algo más, de una acción, uno no está ya en ese lugar sino donde el otro quiere, uno no está detrás de la puerta sino debajo de su falda, o dentro de ella, sus piernas ya no están en el piso sino alrededor de tu cintura, es como decía Benedetti, la caricia anuncia otra caricia y algo en ese ambiente, en esa pequeña separación de los espacio enuncia que detrás hay una leona que quiere arrancarte a mordidas el sueño, el cansancio, se intuye detrás de ese pedazo de madera que ella sediente, hambrienta, un poco ebria y grotesca quiere sentarse en tu cara, acabar en tu boca, halarte del cabello mientras la besas en medio de las piernas… se siente cerca aunque no sabes qué es todo eso, que es avalancha está a punto de caerte encima.

Detrás de la puerta ella piensa, imagina, desea, anhela, planifica… intenta, al menos intenta porque su deseo de poseer, de adueñarse, de arrebatar cualquier conciencia es más grande que su capacidad de concentrarse, está mojada, empapada, siente las gotas asomarse, siente el ritmo de la descarga eléctrica aumentar, quiere sentir sus manos fuertes en su cuello, halarle el cabello, desea, desea, desea, no piensa, no sueña, se ruboriza, se huele, huele a sexo, sabe que huele a sexo, baila, baila con la piernitas ansiosas, baila con la torpeza involuntaria que un niño hace fila en el baño; toma vino y la puerta se abre.

Suda sobre y jadea, se entrega, se doblega, abre las piernas, y cabalga, de frente y de espaldas, sobre la mesa, en la sala, en el piso, suda, suda y jadea, tiembla… en medio de eso a veces piensa, recuerda que hay otro, que estoy yo, y coquetea, que no solo arrebata sino que entrega, es como decía facundo, el conquistador esclavizado de conquista, ya tuvo su orgasmo y ahora quiere el mío, aumenta el ritmo y el movimiento, la fricción, susurra al oído lo que quiere, como lo quiere y dónde lo quiere, y se mueve para conseguirlo, me mira a los ojos y como diciéndome lo rico que se siente, se muerde el labio para que la vea, se agarra las tetas para que la vea, deja que la vea, porque sabe que quiero verla, que deseo verla, que puedo sentirla, probarla, tocarla, arañarla, morderla, pero quiero ver cómo lo hago, me gusta verme y verla, vernos.

Algo en eso la provoca, hay poder también en la entrega, comienza a sentirlo, a disfrutarlo y entonces el ritmo aumenta, la humedad aumenta, los gemidos aumentan, las uñas, la perspectiva cambia, arriba, abajo, de lado, arrodillada, su espalda, el ritmo se intensifica, el aire falta, los cuerpos suenan, chocan, se marcan el paso y entonces los dientes destruyen el interior de mis labios, sus dientes mi clavícula, sus uñas mis nalgas, no me deja huir, y llego…

Ella se viste, voltea hacia la cama, sonríe y se va.

Fatiga

Hola, decía el mensaje, era corto pero bastaba para saber que todo había valido la pena, él, era paciente, sabía que debía serlo, durante mucho tiempo había dedicado su vida a comprender que la presión adecuada en el punto adecuado era más contundente y eficiente que la fuerza bruta, más limpia, más elegante, era superior en todo sentido, tenía además de su parte la sorpresa, y a él le encantaba ver la cara de sorprendidos de todos.

No solo era paciente, era constante, como una gotera, frecuente como una angustia, era en pocas palabras peligroso, podía y sabía esperar, pasar inadvertido para el mundo y mantenerse en pie el suficiente tiempo para fundirse con el ambiente.

Era ese tipo callado que en medio de una multitud desaparece, tan ordinario, tan irrelevante, tan invisible, y si no fuera por su mirada tan inofensivo, pero los ojos nunca estaban apagados, contrario a su imagen sus ojos ardían, había un deseo fuerte en ellos, no variaba, no desprendía la vista de su objeto de deseo, sin importar lo que fuera, cuando avanzas lento, no parece que te movieras, pero él sabía que bastaba, un saludo, un café, una insinuación, luego otra, un mensaje que la cogiera con la sorprendiera con la guardia baja, luego otro y otro, un tiempo de calma, y luego esperaba que el viento soplara con fuerza, que el oleaje subiera y entonces cediera, a sus deseos que no eran ajenos, sino a ella misma, a sus propias ganas, él no podía inventar el deseo ajeno, solo cultivar esas pequeñas ganas, esa posibilidad que se cruzaba a veces en la mente de una mujer al verlo, que tendrá este que algo tiene… bastaba, era cuestión de tiempo, de tomarse el tiempo, y de aguardar.

Sería ella quien tomaría la iniciativa, la que un poco por curiosidad, un poco por saber que podía quien caminaría hasta tenerlo cerca y quien propondría de una manera fuerte y clara sus intenciones, no importaba que lo dejaran después por volver con sus exnovios, o que lo bloquearan para siempre, que lo olvidaran, o fingieran olvidarlo, porque él sabía también por experiencia propia que a veces los recuerdos tenían vida propia, también él había recordado momentos, deseos, palabras, cuerpos, también en él habitaban pequeñas hogueras, pero era eso precisamente lo que buscaba, llenarse de fueguitos, arder mil veces y nunca consumirse, en su piel tenía mordiscos, arañazos que le marcaban la piel y también la memoria, por eso no le importaba que lo dejaran a un lado, él siempre iba a recordar la primera vez que lo habían abofeteado mientras lo cabalgaban, o la vez que arrodillada frente a él le habían escupido antes de succionarle las ganas, o esa vez en donde sin previo aviso el placer le había llegado a chorros empapándolo por completo, las convulsiones que solo una mujer le había provocado con su boca, recordaba tantas primeras veces que su corazón se agitaba y la bragueta comenzaba a saltarle, imaginaba tantas otras que no podía parar de coleccionarlas, las quería, las deseaba las necesitaba, a la pianista, la barista, la mixóloga y la relacionista pública, la bailarina, la punketa, la ciclista, la tejedora, la que tenía ojitos de monte… todas siempre, en cualquier momento, a cualquier hora, y aunque sabía que era cuestión de tiempo para que cada una cediera… y un día, un día cualquiera, común y corriente él dejó de sentirse él, y sintió el propio peso acumulado en un solo tornillo, en un solo lugar, el tedio mordiéndole las ganas, el hastío cerrándole la garganta, el pulso temblándole para arrebatar un ingenuidad más e intuyó lo temido, podía, pero estaba muy cansado para hacerlo.

La fatiga lo alcanza todo, y él al igual que ella no podía escaparse. Así que dio un paso al costado y con la mirada en el camino prendió un pucho, miró su celular y no respondió ninguno mensaje, sacó los audífonos y comenzó a pensar en otra cosa.

De otros.

Cuando terminó de firmar el olor a pintura aún no desaparecía, miraba la frase con un poco de tristeza en los ojos, va a ser malinterpretada pensaba, y agitaba un poco la lata al hacerlo, él sabía que necesitaba expandir su idea para que fuera comprendida, pero al mismo tiempo, no deseaba que cualquiera pudiera beneficiarse de ella, era más un código secreto, un guiño, un saludo a otro nihilista cínico, un, ey no está solo para esos que como él estaban solos.

No para los que iban por ahí buscando señales divinas si no para esos que iban por ahí desestimándolas, encontrando lo humando donde otros hablaban de lo divino, del azar y la suerte, aunque sabía también que, si había algo divino en el mundo, con seguridad era azaroso, nada más puede hacerse con el poder absoluto sino absolutamente nada.

El grafiti, ese pequeño aforismo a lo que el flaco llamaba grafiti estaba ahí, plasmado en la pared exhibiéndole al mundo una verdad que ignoraba, cuando el flaco pensaba así, retrocedía un par de pensamiento y se alejaba, odiaría convertirse en uno de los otros, de esos arrogantes que piensan que tienen razón o mucho peor, en uno de esos imbéciles que piensan que el otro está equivocado, de los que no hayan certeza en los argumentos sino en la desacreditación de los demás simplemente porque es incapaz de comprenderlos, los conocía bien, mucho tiempo los había escuchado, y de esos nunca quería hacer parte.

Agitaba un poco la lata aún, le daba un par de toque a la válvula y medía la presión, pensaba si valía la pena firmarlo, no porque le importara la calidad de su contenido, era consciente de su significado, eso era lo importante, solo pensaba si de verdad era el fin del texto, si no podría convertirlo en un cuento, en una novela, en un personaje que la escribe y la mira y piensa… así la veía, un poco con la intención de conocer sus posibilidades, y luego miraba la lata, la agitaba, miraba su mano, pensaba en él y medía las suyas…

¿Estaba listo..?, de verdad estaba listo, muchos años en la academia, muchos años pensando si ese verbo decía realmente lo que los demás debían entender, si esa palabra describía de la manera adecuado, eso que él necesitaba contar, no era cualquier cosa como un paper, o una tesis, era algo serio, algo digno… ¿lo era?, de nuevo agitaba y medía el peso de la lata, de nuevo probaba la presión de la boquilla, alcanzaba, sabía que alcanzaba, pintura tenía de sobra, era él el que se pesaba un poco, habrá suficiente de mí, tendré suficientes letras…

Se agachó un poco más de lo necesario, pero lo justo para aún considerarse parte de la misma obra, y comenzó a rayar, mientras lo hacía pensaba en cuantas veces le habían negado ese lugar que ahora ya no lo llenaba, antes y ahora, parecían también otro momentos diferentes aunque uno de esos estuviera en el presente y aunque en los dos estuviera él, ahora parecía también distante como ayer, incluso un poco más triste porque antes estaba la posibilidad, pero ahora era cierto., también el ahora era de otros.

De otros es la culpa, el pasado y el futuro, de otros el presente y de otros otros las victorias. El flaco

Debilidad

Es curioso lo que la gente entiende por debilidad, es un concepto extraño, lo débil también puede ser delicado, fino, pero también es un poco un cuerpo, y una voluntad, demasiadas cosas son llamadas debilidades, y como todo adjetivo califica al sustantivo la debilidad la suele vestir un individuo.

Marco es lo opuesto, el antónimo a debilidad es un tipo tosco, solitario, boxeador… trabaja en acarreos, su físico no lo obtuvo levantando pesas sino neveras viejas y lavadoras antiguas, de esas de lata que cortan e infectan las manos, tiene más antitetánicas en su cuerpo de las que puede recordar y eso que la fibrosidad de sus cayos le ha permitido ahorrarse más de una.

Es grande, sus brazos son largos y sus piernas también, en el boxeo es una ventaja, tiene alcance, puede golpear a una distancia segura, pero él se hizo fuerte metiéndole el cuerpo abajo a hornos, estantes y armarios, la elegancia no es lo suyo, le gusta la distancia corta, sentir el golpe, solo le sabe a victoria la victoria cuando le cuesta, más que las medallas busca la pelea, el cinturón, el trofeo… simplemente no le interesa, él quiere el reto, la prueba.

Mientras duerme un sonido que intenta imitar un tubo generando vacío lo levanta mientras el amanecer aún está lejos,  lo toma con la guardia baja, se levanta rápido, no sabe lo que pasa, es como si le hubieran conectado un gancho cruzado justo en el oído, se sacude la cabeza, intenta enfocar en la obscuridad absoluta, no lo logra, le toma tiempo, el sonido se repite, toma el celular 1:27 am levanta la mirada y Baguira no está a su lado, es una gata negra, la única que sabe de sus dolores, cuando Mónica lo abandonó también la abandonó a ella, no se saca eso de la cabeza, era su gata y la dejó como lo dejó a él, sin una explicación ni una señal. Ella siempre está a su lado, se sobresalta, lleva un año con ella, solo con ella, no la entiende mucho pero sabe que lo quiere, y sabe que él la quiere, se quieren con el agradecimiento de abandonarse el uno el otro, de haberse quedade, se quieren con la empatía con la que se ven a los ojos dos que han sido huérfanos, dos que han sido hinchas de esos equipos que nunca ganan, dos que saben lo que duele perder, y los que tienen miedo a perderse una vez se encuentran.

El sonido se repita y el brinca de la cama, enciende la luz y hay vómito en la cama, camina y hay vómito en el piso, llega a la sala y hay vómito en la sala, sobre el mueble está Baguira, los ojos llorosos sufriendo arcada tras arcada, y Marco no resiste, sus ojos se llenan de lágrimas, se lleva sus manos duras y callosas al rostro, quiere contenerse, lleva mucho siendo fuerte y de repente está ahí, con el corazón arrugado, con esa presión en el pecho, con las piernas flojas, el cuerpo se contrae, tiene miedo, Baguira vomita de nuevo, liquido amarillento y pegajoso, no son ni siquiera las dos de la mañana, no tiene dinero, no sabe qué hacer, no saber que hacer le duele, está indefenso, abrumado e indefenso, un ciervo con la luz con los ojos, paralizado por la idea de que sea letal, Baguira lo ve y parece gritarle: ¡Hacé algo marica! Y él simplemente se deja caer se abraza las rodillas y la mira como diciendo: ¡Qué putas hago!

Baguira, como toda buena hembra entiende que ese hombre fuerte, ha desaparecido, que es un niño asustado, que el golpe le ha entrado derecho y que no tiene nada que ofrecerle, y como su hembra saca fuerza en medio de su dolor y lo consuela, se le restriega en las piernas y él entiende, que no puede hacer nada más que estar ahí para ella, la acaricia llorando, la levanta llorando, saca las servilletas de papel de cocina y recoge su vómito mientras le susurra al oído y le miente: Todo va estar bien hermosa, le dice sin saberlo, pero con la seguridad de que ella necesita oírlo, todo va a estar bien preciosa, le repite sabiendo que no sabe.

La carga sobre sus rodillas mientras le soba la cabeza y mira el reloj, faltan 5 horas para que abran, resiste bonita piensa, todo va estar bien, susurra y mientras lo dice, siente que la vida se le va del cuerpo, tan débil, tan realmente débil.

Niñas Mimadas

Las niñas mimadas quieren sentirse un poco malas, demasiado tiempo cumpliendo las normas, demasiada calma, han escuchado a otras divertirse y ellas quieren hacerlo sin contarlo, las niñas mimadas saben hacerlo con la boca cerrada, no alardean, ni se avergüenzan, saben que el hecho de que sea secreto tiene algo de gracia, de juego, quien grita, quien vocifera a cualquier lugar lo que hace no siente placer en lo que hace sino en el cumplido  del que lo escucha, no disfruta su obra sino el reconocimiento de la misma, eso lo saben bien las niñas mimadas, las princesas de mamá y papá, esas a las que nunca les han negado nada, pero de alguna manera comprendieron siempre que no lo merecían todo.

Las niñas mimadas son sensatas, no hablo de las inseguras ni de las ingenuas, sino de aquellas que tienen en el mundo en la mirada, esas que, más que saben gobernarse y no ser gobernadas, saben distanciarse de todos, caminar en las sombras y reírse a oscuras y carcajadas.

A las niñas mimadas les gusta sentir el mundo romperse, poner el rostro contra la pared, separarlas piernas y escuchar las noticias que ve su padre en el cuarto, mientras que su novio desabrocha su correa, la niña mimada sabe gemir en un suspiro, abre la boca al ser penetrada e inclinarse un poco mientras que para las nalgas para entregarse al miedo de ser atrapada, a las niñas mimadas les gustan las escaleras, los autos, y las piscinas de noche, las fantasías no son de latex ni spandex, sino de puentes y calles.

Ellas se masturban boca abajo, con los ojos cerrados, con juguetes discretos, con historias y con recuerdos, las niñas mimadas les gusta ser nalgueadas, un poco asfixiadas y haladas del cabello cuando están en 4 arqueando hacia abajo la espalda, las niñas mimadas, saben vestirse de mujer, y salirse del papel de niña consentida, de formalidad adaptada.

Las niñas mimadas no son niñas para nada, tienen lencería de colores y las uñas pintadas, los labios rojos y la boca afilada, muerden clavículas arañan pechos y dan bofetadas, con la fuerza justa para incendiarte de ganas, tienen gracia, al caminar, al dormir, el hablar, tienen algo que te dan como una señal de que su lado salvaje está solo en pausa, tienen esas pequeñas acciones que denotan una sensualidad y sexualidad peligrosa, esa mirada animal, ese sigilo predador que te hace sentir presa, esa niña mimada del fondo, la médica con su 1.68, esa mulata de cara aniñada, de gesto amable, de tranquilidad aparente, es un remolino que puedo halarte de las piernas y llevarte a naufragar en su humedad en tu boca.

Julián lo sabe, y por eso traga saliva muy despacio cuando la ve preparándose para la sesión de fotos que apenas comienza, el corazón se le acelera un poco, las piernas le tiemblan, siente ese pequeño vacío en la boca del estómago al ver su piel brillando al contacto con el «spray» lubricante, el mundo se le congela, de todas las modelos que han pasado, solo ella es la niñas mimada, las demás actuaron, fáciles de descubrir, impostadas, en ella es natural, se siente natural, el deseo que evoca, no es el mismo que las demás, cuando ellas trataban de verse consentidas de mil maneras, a ella solo le bastaba decir hola para extender su trampa ante la lente, una niña mimada, que sabe cuando dejar de serlo.

Oferta y demanda

El libre mercado establece que la fijación del precio de un bien es diferente de su costo de producción, el valor puede ser social, funcional, brindar una realización personal, o una ilusión de pertenencia a un grupo o causa, es quien compra el que determina… el mercado, dicen, se regula así mismo al brindar la posibilidad a muchos fabricantes de competir con el mismo artículo, cada uno puede elegir sus materiales, sus diferenciales, su comunicación, su público… cada uno de esos elementos lo hará valer más o menos.

¿Estamos de acuerdo?

Y qué tiene que ver eso con los impuestos, estamos hablando de que es injusto que nos cobren tanto, a nosotros que somos la clase trabajadora y vulnerable del país.

El flaco sonreía, trabajadora y vulnerable… pensó un segundo, etimológicamente hablando reconozco que la autopercepción de clase trabajadora se adapta a usted abogado, pero la conceptual está lejos de aplicarle, aunque también hay algunos que podrían intentar enmarcarlo en una clase social por su capacidad de razonamiento frente a algunos temas y en ese caso quizá la de pobre o vulnerable podría aplicarle pero solo en términos cognitivos y no económicos, verá, es simple, lo que imagina, no es una realidad, es como una opinión, ¿me sigue? Usted es libre de tener una opinión y como tal su derecho a tener una opinión es respetable, pero el contenido de su opinión no hereda ese respeto, depende de su contenido, y, en este caso es evidentemente una imbecilidad.

No importa si crees que no deberías pagar más porque eso afecta a la forma en como está planteado el funcionamiento de un estado o nación, así como la opinión de los profesores sobre el salario de los pilotos no afecta el mercado de contratación de las aerolíneas, su idea, estúpida por cierto, de que no tiene tanto como para pagar tanto… no depende de lo que creas, no depende de lo que quieres, y si es incapaz de manejar su dinero de forma astuta volvemos al punto inicial, etimológicamente lo único que tiene vulnerable es su capacidad de razonamiento abogado.

Ya va mucho tiempo donde he tenido que soportar sus sandeces, su falta de pensamiento crítico, tener una opinión no es razonar, la falta de sus formas, de sus fondos, su manera desobligante de hablar, su incapacidad de ver por fuera de su burbuja… ¿entiende usted que el mundo traspasa su visión cierto?, es consciente que la verdad no es mucho más inteligente, que francamente en muchos aspectos es tan estúpido como esa roca y que simplemente está en un área laboral que remunera mejor sus horas de trabajo, pero que incluso su trabajo no es más necesario ni útil que el de un cocinero o un mecánico…

Crezca abogado, dese cuenta como todos que mamá mintió, que no es especial, que no merece nada y que las reglas también lo gobiernan, hágase el favor, háganos el favor de guardarse sus ideas vacías sus posturas difusas, o renuncie Abogado, si va a dilapidar así sus ventajas formativas, económicas, si va a comportarse de una manera tan ruin y pusilánime, sea coherente con su discurso, renuncie a sus ventajas, deje de engordar al sistema y los corruptos como propone, hágase domiciliario y vaya vivir la vida tranquila y apacible lejos de las responsabilidades tributarias, lea al perro y aprenda que si va a desdeñar de la burocracia cuando ella cobra su cuota deberá encontrarle gusto a las lentejas, pero no se la pase pavoneándose de su buena vida para luego quejarse cuando es momento de asumir las responsabilidades de la misma, y si no es capaz de hacer nada de eso, por lo menos no arruine mi día, ni mi café y lárguese de mi mesa que no me interesa un producto intelectual tan absurdo, aquí no hay demanda para su discurso.

Después de gritar, el flaco tomó su café y se fue al fondo con los crucigramas, lejos de todos.

Freelance

Roberto Arlt escribía de todos para no quedarse nunca sin escribir, el esteta dibujaba hasta en los tableros y durante un tiempo el flaco había podido estar a la par, si bien no en ingenio o calidad si en intentos, se podía fallar pensaba constantemente, fallar es lo mínimo para no llegar al fracaso, para el flaco la renuncia era el único escenario imposible, le gustaba el boxeo porque allí los perdedores no son cobardes, le gustaba la vida y por eso la derrota no era amarga, porque venía solo después de intentarlo, y como buen vago de barrio sabía que nadie le quita a nadie lo bailado, que lo hecho, no podía negarse, y las consecuencias eran bienvenidas si uno hacía lo que le daba la gana y era valiente, el mañana no dejaba de ser nada más que una simple consecuencia vacía, impotente.

Por eso escribía con la regularidad que su agenda y su tedio se lo permitía, y cada vez que faltaba a su tiempo sufría, no era un hombre, bueno era difícil llamarlo un hombre, pero no era un despojo que llegara tarde, atesoraba el tiempo, incluso cuando lo perdí, si tenía el control de su desatino era feliz, pero en cuanto perdía su propio rastro se eclipsaba por completo y lo odiaba, porque sabía que solía caminar por el borde con demasiada frecuencia, asomarse al vacío mirar a la profundidad y sentirse tentado, esa especie de pulsión que te invita a inclinarte, y terminaba por arrastrarlo a semanas y semanas de ausencia, un pequeño traspié en un terreno inclinado siempre es una mala idea, y la inclinación de su falta de voluntad, de su cansancio, de sus ganas de otras cosas lo llevan siempre a caer a lo más bajo, al ocio involuntario, al triángulo de las bermudas de sí mismo.

Comienza con un video, una cerveza, un cigarro más, un beso más, un polvo más, un baile más, un juego más, y de repente su libro está sin terminar y a veces sin comenzar, obreros felices, el libro de cuentos sobre degenerados y enfermos que lograban transformar su parafilia en fuente de ingresos no sobrevivió la historia del pedicurista podófilo, aunque el celador con insomnio prometía un cambio de turno que pensó que sería una especie de tragedia terminó por frustrarlo y desistió de continuar.

Dos cervezas más y voy a escribir, se dice y se miente, una buena borrachera para escribir, una buena puta, una buena pelea, una anécdota piensa, y sabe que miente, que para escribir no necesita nada de eso, nada en carne propia, basta la pregunta el papel y en caso tal una investigación corta, no necesita la respuesta, solamente intuirla y como tiene miedo de no encontrarla se rehúsa a ponerse de pie, se odia por no ponerse de pie, porque tiene miedo, porque no se calza los guantes y sube al ring, porque cuando lo haga además sabe que va a recriminarse todo lo que hoy se reclama, y no podrá verse a los ojos, el flaco flaquea, saborea su paladar lastimado por el tabaco, se acaricia los nudillos, se soba las piernas, caer duele, cuando caes así de la nada no hay coordinación, vas a la deriva, golpe tras golpe, de culos y sin barranco que te ataje, lo sabe, la única forma de frenar es enterrarse o aferrarse al dolor, detener la avalancha desde adentro, dejar de perder el tiempo y perder mejor el miedo, las excusas, escupir su propio reflejo y levantarse, de apoco vuelve, piensa que debe escribir sobre las señales, aprender a reconocerlas, a no dejarse tentar por nel abismo, lo desecha, piensa en los temblores, en lo poco preparados que estamos para que la vida nos sacuda, lo desecha, piensa en rosario, la de contaduría del segundo piso, en sus ojos verdes color hierba, en sus piel blanca pálida, ese color que no sabe esconder ni las venas, piensa en su cabello rojo, en sus labios rosados, hace calor piensa, y finalmente comienza a escribir, es un lugar común, pero cuando no llegan las ideas siempre ocurre lo mismo, se e suben a la cabeza.

Roberto Arlt sabía algo que el flaco se negaba a reconocer, que se escribe sobre los demás para no depender de uno mismo, porque si en algo no se puede confiar, es en un escritor y menos en uno sin contratos.

Madrugadas

No sé cómo hacés, decía y repetía Marcela con la cara horrorizada, yo necesito dormir, lo decía a las 10 am, lo decía con la seguridad de quién se piensa especial, de quién valida la vida solo a través de su experiencia personal, con una miopía social y un astigmatismo racional, que resultaba, además de curioso molesto.

Marcela creía, firmemente creía que merecía más, les pasa a muchos, han olvidado, no, corrijo, me corrijo mientras pienso y escucho, no ha conocido nunca una verdad simple y sencilla, nadie es especial, no se da cuenta de que su opinión es solo el resultado de su experiencia, no sabe formularla, solo sentirla y desde allí crea el mundo… somos lo que conocemos es cierto, pero la ley tiene algo que la física ya sabía, si no conocés la gravedad igual te caes; aunque no lo sepas la transferencia de calor por fricción te quema. No lo sabés pienso, pero el día comienza de manera paralela y continua, dispersa y asincrónica según la taxonomía y el estrato socioeconómico del individuo, o incluso de su lugar en la cadena alimenticia, el día, el concepto de día es artificial, sí sale el sol, pero algunos animales son nocturnos la evolución los ha condicionado y a nosotros, aprendimos a caminar en dos patas, a construir para protegernos, pero no para cuidarnos, es por eso querida que es selectiva y diferente; para la mayoría en este gamonal el día está por fuera se horario natural, aquí las personas se despiertan antes que el sol, y madrugan a ver las lunas llenas más grandes que alguna vez se han visto, no porque haya un predador que los aseche, sino porque la comida vale plata, el arriendo, la comida de los gatos, los perros, todo al final cuesta y el único instinto definitivo es el de supervivencia.

Despertar con el sol es privilegio de unos cuantos, aquí en esta tierra, la vida hay que currarla, trabajarla, nadie tiene nada y nadie puede tener nada, pero no seamos ingenuos ni en exceso románticos, la vida tiene un precio, lo pagan todos los seres que viven, pero un privilegio nos hace pensar que vivir tiene privilegios, es el ocio, lo mucho que se disfruta de no hacer nada, o de hacer nada útil, y también hay tiempo para eso querida, pienso pero aún no le contesto, la dejo hablar, dejo que se alargue, ella piensa que la capacidad de trabajar y de hacer sacrificios es algo genético, una predisposición química en el cuerpo que a ella le falta, es la fe, la excusa mística la irresponsabilidad humana, ese resguardo emocional donde tratamos de enterrarnos para evitar asumir la verdad, que no hay nada afuera, que somos nosotros, contra los demás, que todo lo que nos afecta lo permitimos por falta de convicción, por temor a la discusión, por miedo a la represión, lo que nos condiciona y nos jode, es lo que nos gobierna, y nos gobierna solo aquello a lo que nos entregamos, visto de esa manera el más sabio era ese que decía que la única forma de felicidad posible, es la de entregarse a los instintos y desprendernos de las estructuras de poder que difieren de otro forma más allá de la natural.

La miro a los ojos y la escucho hablar, sabiendo que no sabe, pensando que sabe, ignorando incluso que aquello que conoce, no es ni nuevo ni original y que hay quienes lo han expresado de la manera correcta, la humanidad es tonta, y ha renunciado a su propia esencia, la gente tiene miedo de ser excluida, segregada y otros de ser señalados, y aún así esta ella, y ellos, y los que son como ella, los más peligrosos, los que tienen miedo de aceptar que han labrado su propio destino, incapaces de asumir que son tan ordinarios e innecesarios como todos, y sobretodo incapaces también de vivir, quieren la vida para no hacer nada, desean la vida para no vivirla, tan alienados como esos otros que no ven la luz fuera del trabajo, y que no entienden ni siquiera la diferencia entre desconocer y asumir.

Abro y la boca tomo aire y vuelvo a cerrarla, no vale la pena pienso, son las 8 pm y tengo sueño, después de todo toda la semana me despierto antes que el sol.

Yo tampoco respondo, debe ser que le tengo pavor a no poder ver los amaneceres.