Encierro

Han pasado solo un puñado de días y muchos hablan de lo horrible que es estar encerrados, no tienen ni idea, nadie la tiene.

El otro gran problema es que la pandemia en sí es solo causa, pero el efecto es diferente, a los jóvenes no los mata, a la economía la tiene en cuidados intensivos, y a algunos casos, a los excepcionales, como casos de estudios. No van a morir, no de la enfermedad.

Jaime tiene 43 años, está enamorado, Ana tiene 36 está enamorada, viven en otro país y la noticia de que se avecina un cese de actividades y una clausura de fronteras los ha hecho comprar tiquetes para volver a su país natal, por la prisa y la plata han comprado vuelos para días diferentes, durante el día previo al viaje se dan aliento, sueñan con reconfortarse, hacen juntos las maletas aunque no viajaran juntos, rentan un departamento por un par de meses, han hecho planes y les hace ilusión estar juntos en la ciudad donde crecieron pero donde nunca estuvieron.

La vida es un poco así, después de hacer las maletas al medio día, almuerzan, quieren hacer el amor pero la nostalgia es más fuerte que las ganas, se besan, se miman, la lleva al aeropuerto, la acompaña hasta migración, lloran, no saben porque lloran, mañana a esta hora estarán juntos, pero separarse en medio del caos, les sabe mal, y por eso lloran, aunque no lo sepan.

El vuelve a su casa, está sola, y aún huele a ella, termina de organizar algunos papeles, algunos mails del trabajo y sueña con ella, se acuesta en la cama a esperar a que ella le escriba que ya llegó, que se encuentre bien, cabecea, el sueño parece vencerlo, el mensaje llega justo cuando está por perder la batalla. Te amo escribe, te amo recibe. Mañana estaremos juntos.

David tiene 36 Lorena tiene 30, las cosas no van bien, no, las cosas no van ni siquiera mal, las cosas simplemente no van, se acabó el amor, como tantas otras cosas en esta época, empezó a morir de repente y de manera acelerada. Como tantas otras cosas, sucedió sin mostrar síntomas de gravedad, un disgusto, una discusión, algo que sería normal, que el sistema defensivo de las relaciones no detecta, pero que tiene algo diferente.

David llega a casa, le angustia la situación, Lorena lo espera decidida, Tus maletas están hechas, mañana puedes tomar el resto de tus cosas e irte. David no entiende porqué sucede esto, pregunta, habla, ella grita, él grita, ninguno ve la televisión, ninguno se da cuenta que afuera todo está un poco como ellos, maltrechos, desorientados, cansados, la pasión que antes hubieran utilizado en quitarse la ropa no aflora, esta discusión es diferente, esta no se arregla con sexo, asumen que habrá tiempo, que al pasar los días se necesitarán, entonces no median palabras, ni argumentos, ni injurias, se blasfeman las promesas, los trapitos se lavan en casa, uno a uno, parece una lavandería, en otro día, lo que se estarían echando en cara serían orgasmos, pero no hoy, hoy, los reclamos desbordan cualquier intención, cuando ya no pueden más ambos deciden quedarse solo para mortificar al otro, ninguno de los dos quiere ser que el que le de la paz y el descanso al otro, duermen en camas separadas, el cuarto de huéspedes oficia como alcoba hace una semana, desde la última fiesta de Lorena, llegó derecho allí y se instaló, no era la primera vez, no parecía grave, piensa David antes de acostarse en su cama, su cama que aún huele a ella, después de llorar las palabras dichas, palabras que parece no se irán con el viento duerme por fin agotado.

De la noche a la mañana, como siempre nos han dicho que nunca pasan las cosas, pasa algo, los países han cerrado las fronteras, las calles militarizadas, salir se considera un atentado a la salud pública.

Y el amor que sueñan con hacer Jaime y Ana termina secuestrado, y el tiempo que David y Lorena creen que necesitan para extrañarse, perdonarse y desearse les ha sido negado.

Han pasado solo un puñado de días desde que todo comenzó, desde que dijeron que no era grave y que no había nada de qué preocuparse, la situación no presentaba los síntomas que los hubiera preparado; de haber sabido, Ana y Jaime hubieran viajado juntos sin importar el dinero extra que hubiera significado, sin importar si significaba perder un trabajo, y David y Lorena se hubieran dejado en paz, pero no tenían ni idea, nadie la tenía y ahora cuando escuchan en la televisión que planea alargarse todo 6 meses más, que las comunicaciones se limitan, Ana y Jaime sufren con la idea de perderse, y David y Lorena con la de verse.

No tienen ni idea, nadie la tiene, lo peor no es el encierro, lo peor es lo que queda afuera o adentro.

Sabiduría popular

– ¿Vos si crees que estos manes vayan a respetar la paz?-

– No sé, ¿por qué lo decís?-

– no sé, pero es que nosotros no hemos perdido, y yo, bueno no confío mucho en ellos-

– ellos tampoco confían mucho en nosotros, y no, nosotros no hemos perdido, los únicos que pierden acá, son los que se mueren, además, yo no sé vos, pero yo estoy cansado, yo ya llené estos ríos de sangre, y sí, me sentí alegre cuando maté a los que mataron a los del pueblo, pero duró muy poco, y el resto de las muertes, ese resto de gente que nunca vi, de los que nunca oí, a los que nunca conocí… los oí llorar, rezar, antes de mandarlos pal otro lado, y ya estoy mamado de trabajar en un matadero de gente-

– pero si vos igual trabajabas en el matadero del pueblo, matar es lo tuyo-

– yo los únicos humanos que maté por elección, fue por venganza, el resto fueron órdenes, y por más que chille un cerdo, por más coces que lance una vaca, no se compara… la gente sabe y llora, llora porque no van a volver a ver a los suyos, lloran porque son hijos, padres, hermanos, porque son esposos, porque esta guerra se los roba a ellos, igualitico a como se robó a los del pueblo, a como se robó a tu familia y a la mía-

– pero por eso mismo, vos no descansaste hasta que encontraste venganza, ellos tampoco van a hacerlo, ojo por ojo y diente por diente-

– eso no es problema mío, yo estoy cansado –

– y si te matan –

– muerto también se descansa-

– y Dios, no tenés miedo de Dios –

– si existe, él es el que debe estar temblando –

– Dios, temblando por vos –

– sí, le tengo una lista grande, un montón de cosas por las que va a tener que contestar, yo estoy cansado, sí, eso es cierto, pero te juro que si yo cuando muera, llego a una reja dorada, donde un señor de barba me busca un libro y ahí mismito me dice, que no puedo pasar, me alzo otra vez en armas pero en el cielo, porque yo sí te digo una cosa, no es posible que uno pague por los pecados que a él le pertenecen-

– a él, o sea que vos decís que Dios te mandó a vengarte a este mundo… de todo se ve en la viña del señor –

– a mí no me importa a qué me haya mandado él, pero se recuerda del curita misionero que hace dos años tuvimos allá en el campamento –

– sí, claro me acuerdo de él, –

– bueno, él, fue él, el que me dijo antes de que lo matara, tú no te preocupes por mí ni por ti, nada hay en el mundo que esté fuera del plan de dios. –

– y vos le crees-

– a mí me importa muy poco, yo nunca he sido de agüeros ni de creer lo que no vea –

– como Santo Tomás-

– yo no puedo ni quiero pensar que todo esto estuvo justificado, pero te juro que si llega a existir, voy a  verlo a los ojos, y decirle que la próxima vez tenga los huevos de hacer sus cochinadas él y si aun así me culpa de algo, ahí mismito, cojo las armas y lo derroco, así como derrocamos aquí a ese hijueputa –

– Jum, mejor dicho, de las aguas mansas líbrame señor-