Gusto

A Alberto, y confieso que utilizo este nombre solo porque el artículo a, seguido de un nombre iniciado en la misma vocal me causa gracia, le gustaban los monólogos, más leer, escribía, porque podía siempre poner sus palabras y su cuerpo en otros labios, veía en la hoja en blanco la misma felicidad que un adolescente encuentra en que ahora el porno sea accesible desde el celular.

Alberto tiene sus años, sus canas, y ganas, siempre tiene sus ganas y solía escribirlas en medio de la jornada laboral, porque además de escribir, robar también lo estimulaba, mantenía entonces una especie de diario grotesco sobre el cual desparramaba sus manos untadas de tinta y mientras fumaba con un tinto denso al que casi podía vérsele y sentírsele una textura viscosa se dejaba llevar, escribía siempre en primera persona y siempre escribía confesándose así mismo. Este día en particular no tenía realmente nada de particular, salvo lo mismo que todos los días, tiempo y por eso comenzó a escribir.

Siempre me ha gustado todo lo que me deja un tufo de placer, un sabor con buen olor, de esos recuerdos que juegan tanto con mis papilas gustativas como con los pelitos de la nariz, es mi credo y mi única regla, si te gusta acábatelo, sin pensar en guardar para otro día, sin lamentarse al otro día.

Si sabe bien, si gusta, si cala hondo… adelante, no concibo por demás un placer menguado o a medias, un resistirse, un castigarse o un postergar, para qué, si todo va a pasar, pues que pase, pero que no se pase.

Eso me decía cada vez la veía pasar, 1,75 m de antojo, un cuerpo alargado, elegante y prometedor, no hay en ella demasiado de nada, solo lo justo de todo, esa imagen que te hace salivar de más,  guepardo, caminando con cadencia pausada. Sé que existe y sabe que existo, nada más sabemos el uno del otro al menos de manera consciente, yo sé un poco más de ella, he preguntado por ella, la he visto a lo lejos y en silencio, y el ego, el ego que no deja de ser tonto conserva la esperanza que al menos a alguien le ha preguntado también ella de mí, vístome pasar y acompañado con su mirada.

Cuando sonríe su labio superior sobrepasa las encías, cuando camina su pelo ondulado se revuelve un poco más, en su estilo sobrio, hay una apuesta casi segura de lucir fría y calculadora, ejecutiva y ejecutante, parece gritar, puedo si quiero, tomar decisiones fuertes de manera simple, estoy en control de todo lo que me involucre. Sé que es falso, que nadie lo está, que incluso cuando escribo muchas veces las cosas siguen su propio rumbo, y las voces encuentran sus propios tonos, sé que es una mentira, pero me gusta escribir, me gustan las mentiras bien contadas, así que me miento, me lo creo y me divierto.

Es quijotesco sin duda escribir de recuerdo un pensamiento que nunca se ha elaborado como recuerdo, que no ha acontecido sino simplemente imaginado, Dulcinea, jamás te diré que este caballero de la triste figura te ha visto como un ensueño, muchísimo menos que una oración tan mala me he comparado con él, el loco del manco, más teniendo en cuenta que estoy mucho más cerca ser Sancho Panza.

Cuando la veo, te veo, aprovechemos,  para tutear a quien no es consciente de que se le está hablando, estás congelada, y con la mirada lentamente te trazo, la comisura de los labios, los ojos casi siempre entrecerrados, el cuello elongado, separándose siempre de los hombros, inclinado levemente hacia arriba… me saboreo, las papilas gustativas se inundan y la boca se inunda, se represa y se desborda, que gusto cogerte el gusto.

Sonrío, ignoras que te veo de manera lasciva, quien lee debería a esta altura dudar de si existes, aunque es más probable que dude sobre si es ficción, quizá me vea como a un pervertido, quizá piense incluso que este accidente literario no es un reguero de tinta sobre una hoja, sino de esmegma adentro de un jean, quizá tampoco lo haya pensado y ahora se encuentre completamente disgustado frente a la imagen, la literatura no tiene rostros, debería solo y únicamente recordarte los momentos en los que has sido igual, en los que has apretado la entrepierna ante la humedad palpitante, o pensado… y ahora como me levanto sin que la erección se note.

Tu mirada se cruza con la mía, que ganas te tengo le gritan mis ojos, yo, en cambio, sonrío te saludo y me voy pensando, que gusto te tengo, que ganas de levantarme con el tufo de tu sexo en mi boca, pone un punto final, cierra su libreta y fuma hondo, fuerte y largo, igual a como un amante jadea.

Hoja en blanco

La incomodidad regresa y es difícil de explicar, porque todo está bien, afuera los carros pasan, la gente sale está de rumba, te invitan a salir pero no es salir lo que necesitas, tomás un libro y a la mitad de la página te das cuenta que no te acuerdas de la mitad de la página, te masturbas y lo haces con un miembro blando y semipresente.

Si me ven desde afuera se supondría que nada está mal, pero es mentira, si se fijan bien, con detenimiento podrán ver que la comezón sobre el pulgar derecho no me deja en paz, ese tic extraño de mover el cuerpo como si algo tuviera dentro, una fiebre de mambo o qué se yo, es una corriente que busca escapárseme de los huesos, una descarga de movimiento, ¿existirá eso?, o es solo algo que imagino para mover el cuerpo mientras camino con las manos extendidas y sacudirme todo lo que me jode, ¿podré sacudirme todo lo que me jode?, como si fuera algo externo, como si fuera algo que se me pega y no algo que me nace desde el la capa más profunda, ¿estaré realmente construido de capas?, hay varios yo en este yo que me mueve y me habita realmente, o serán solo caprichos, ¿habrá algo más que caprichos?, creo que la idea de alicorarme para escribir sigue siendo buena, es como gasolina para dejar de cuestionarme tanto todo, ¿será posible hacer algo sin preguntárselo?

Creo que estoy perdiendo el foco, estoy incómodo y dislocado, no me encajo, no la encajo, que caja esto de estar desencajado, el licor ayuda, adormece… reduce, diría el ortopedista del alma, si existiera alguno que no se dedicara a tratarte como latas viejas y roídas; uno que no haga palancas ni que luxe articulaciones para reacomodarse… supongo que sí, debe ser el barman, él no sabe lo que necesito pero es obediente y prescribe con velocidad. –dos promociones le pido-, dos promociones escriben, que divertido, soy el ortopedista de mis pensamientos, el luxador de mis ideas… ¿por qué no me pregunto nada?, estaré lo sufiecientemente adormecido, carajo no les pasa que están en blanco y de repente piensan: no estoy pensando en nada y luego: Mierda lo arruiné ahora estoy pensando que no estoy pensando en nada…

Retomemos, ese es el caos en el que camino. Pero sé cómo adormercerlo por fortuna para que sea legal mi condición solo necesito una silla, una mesa y un local, puedo ser uno pequeño, diminuto, puedo odiar su música, su gente, pero es simple solucionarlo, camino con mis audífonos, me aíslan, me dejan en paz conmigo mismo que nunca me dejo en paz y comienza de nuevo la idea: tengo una idea, qué tal si hay un personaje hombre y un personaje mujer, se conocen, se acercan se acarician con palabras, luego alguien habla de fútbol y el responde, ella lo mira y dice –ah sabes de fútbol, qué lástima–, él sin perder la compostura la mira y replica: –Un hombre debe creer en algo más grande que él para no enloquecerse–, qué buena idea pienso… pero no viene al caso, quizá dos promos fueron mucho, quizá no debí, quizá el viaje está yendo muy aprisa, quizá deba volver, y escribirlo, quizá esto mengue las ganas, quizá esto acabe con el desespero de sentirme mudo, ¿pero vale la pena hablar de algo?, es decir, tiene sentido, sí me calma y todo bien, trip trip trip, como pink tomate pero y que sigue… nada solo puntos suspensivos.

Creo que abuso de ellos, pero nunca protestan, no se quejan ni se desencajan, no afean, sí tampoco embellecen, pero cuál es la puta gana de que todo cumpla un objetivo si sabemos bien que todo carece de sentido, para que controlar algo cuando el mismo universo es incontrolable, la puta madre ahora soy un hippie, pensando en el universo como si él pudiera hacer algo a mi favor o en mi contra, sé que le soy indiferente, sé que me es indiferente aún así… dame una señal de una serie con 5 números más, dame el baloto para… para ni mierda, dame el baloto porque sí, porque a vos no te importa universo y en nada te afecta, ya sé que no funcionas así, es más ya sé que no funcionas… ¿debería ir por otra promo?, perdón me perdí, solo quería escribir lo gonorrea que me parece esa puta prohibición de perseguir al que ya es perseguido por sus propios deseos, qué chimba de solución esa de matar de ansiedad al ansioso.

Yo los entiendo, yo necesito esto, esta mierda es muy buena, te da un par de trompadas a la vida, es escupirle un poco a todo, y aunque nadie me prohíbe la hoja en blanco, qué falta que me hace la hija de puta, y por eso los compadezco, qué gonorrea que les quiten la suya.