Otra vida

En la jarra que hay en medio de la mesa queda aún suficiente cerveza para un vaso más, rojiza, amarga y fría, refleja un poco la luz del bar y crea esa red de luz que se mueve un poco cada que alguien se apoya en la mesa y la hace tambalear, yo no puedo quitarle los ojos de encima, esas cosas siempre han capturado mi atención, las motas de polvo en medio de un rayo de luz, y esas pequeñas chispas que hay en medio de una fogata, como pequeñas estrellas fugaces que salen disparadas del fuego, por alguna razón todas logran abstraerme de la realidad.

En medio de esa ausencia presente todo alrededor se aleja un poco, es como si lo vieja en un ojo de pez, distorsionado y distante, el ruido y las conversaciones del ambiente se transforman en un murmullo lejano, y yo no dejo de sentir que caigo un poco más dentro de mí mismo.

Afuera el mundo continúa igual, los compañeros del trabajo hablan un poco de la semana, sí, no, jajajajajaja contesto en piloto automático, soy bueno disociándome, también ayuda que no he tomado más de medio vaso de cerveza, así que la mente aún no está nublada, comienzo a servir un poco más de cerveza, pido otra jarra, tengo una conversación pendiente conmigo mismo, no quiero soluciones, quiero respuestas, no me interesa un acuerdo, necesito llegar al fondo del asunto, de la jarra, de mi mismo.

Estoy un poco al fondo detrás de las metas y los sacrificios, hay que empujar un poco los fracasos para verme, pero allá al fondo siento que todavía estoy, al que nada le importa, el hastiado, ese que desconoce cualquier autoridad, un recuerdo lejano de mi mismo, pero ya no soy ese, aunque lo extraño, siento que me acerco y que casi puedo tocarlo, pero es imposible, ya no está y no existe, sus sueños ya no son los míos, sus amores ya me rompieron el corazón o los desperdicié algún motel, ya grité sus silencios, ya calle sus lamentos, él, él ya no soy yo, aunque no sé bien cuando empecé a perderlo, cuando algo empezó a importar un poco, hay cosas que se aprenden y otras que se enseñan, por eso aunque quisiera enseñarle sé que él debe aprenderlo solo y lo hará, y va a dolerle y va a morirse. Quizá por eso lo veo pienso, quizá yo también me estoy muriendo y está naciendo otro. Quizá aunque siento que aún soy este.

La espuma turbia se mueve de un lado a otro en la jarra y luego crece en cada vaso, Daniel, escucho por fin a lo lejos, Isabela me llama, me conoce, lo sabe, al verme la mirada con los ojos un poco ausentes -volvé volvé, está muy temprano pa´ que andes perdido adentro tuyo.

-No estoy, le digo burlón, ya no estoy repito pero está vez lo digo para mí, me mira y sabe que algo me pasa, -no pasa nada le digo, piensa que miento, pero es cierto, no estoy donde me deje, no existe adentro mío, soy otro y no me conozco tan bien, supongo que quiero decirle eso, pero no puedo, hay demasiada gente y eso aún lo tengo en común con el muerto, detesto estar rodeado de gente y no poder ser, restringirme, callarme, odio las multitudes, los tiranos existen gracias a los cobardes pienso, tomo cerveza, la miro y brindo… soy un cobarde pienso y brindo, brindo porque empiezo a conocerme, a entenderme, a escucharme, me levanto camino hacia ella y recordando las ganas que le tengo desde la u la beso, me voy digo, te venís conmigo? Quiero empezar otra vida y la mesa queda en silencio, el novio de ella sigue en el baño y yo lo digo enserio.

Paloma

Hay imágenes que no se borran fácil de la mente, aunque solo se imaginen.

La imagino solo con tangas, las piernas largas extendidas, los labios rosados y grandes jugando con alguna fruta mientras con una mano se acaricia desprevenida una teta, llena de júbilo y de semen, sonriente, sostiene en su mano un trago rosado, pero lo que la tiene borracha es lo mismo que no la deja caminar, el orgasmo aún presente en su mente, se niega abandonarlo, no le cuesta alcanzarlo, pero sabe que no siempre llega, y por eso lo disfruta, su amante está a dos pasos, siente su corazón arrítmico, frenético, desbocado, y de vez en cuando acaricia la punta de sus pezones y cierra los ojos para saborearlo un poco más.

Es lo bueno de la juventud, a los 24 años no importa mucho nada, ni siquiera dejar pasar el tiempo, se disfruta mucho más de no tener un plan, ni prisa, después de los 30 esos momentos vienen con culpa, algo se está olvidando, algo se está dejando a un lado, hay algo que pudo hacerse y no se hizo, pero ella aún no sufre y él su amante de turno, puede contemplarla un poco high de endorfinas, porque cualquier libro puede esperar frente a esas tetas, porque no hay una película que pueda darle tanto placer como el de esa boquita succionándole cualquier remordimiento, ambos se ven y sonríen, pero ninguno piensa realmente en el otro, son dos instrumentos, que además hoy, están prófugos de la cuarentena.

Ella inventó una reunión de emergencia, sus padres angustiados pero orgullosos no se imaginan que la dedicación de su hija no está en algún diseño, ni resolviendo algún enredo de mercadeo, sino que toda la dirección de arte que hay en su cabeza se ha destinado a algo más, ha elegido los ligeros con calma, el bralette que lleva puesto ha querido estrenarlo durante semanas, y aunque odia las tangas, esas con transparencia que ha decidido utilizar, tienen algo particular, vibran cuando a él se le antoja, responden a un controlcito que él risueño le enseña y sonríe, pero sacude la cabeza:

—Aún no, aún no, dejame imaginarte otro ratico, aún te siento dentro, justo ahora que se me escurre tu semen, aquí, siento aún tus dientes —le dice mientras sus dedos rozan sus pezones y continúa —No es falta de ganas, no hagas esa cara, no frunzas el ceño, es exceso de ganas, tenía ganas de este momento después del sexo, de este traguito, de los mimos, también quiero los mimos, sino hay mimos, —Lo mira con una malicia casi ajena, casi extraña, una frase ensayada, que se le ocurrió en otro momento, en otra situación, pero que viene bien ahora —Si no hay mimos, te cobro

—Él se ríe, toma la mano que ella la extiende y se hace a su lado, ella apoya su cabeza contra su pecho, el enreda sus dedos en el cabello, ella levanta la cara y lo besa, él la besa y sonríe.

—Te gusta más así Paloma, a escondidas, prófuga de la ley de sanidad—

—No, más que transgredir la normar, es finalizar la espera, me hacía falta este olor, a sexo, a sudor, la sensación de pequeñas heridas en mi vagina después de que me penetras, el ardor que me queda en la piel donde me muerdes, estar contigo es delicioso, pero también lo es ese breve espacio en que todavía te siento, sin tenerte.

—Girondo decía algo similar, decía:

Yo no sabía que
no tenerte podía ser dulce como
nombrarte para que vengas, aunque
no vengas y no haya sino
tu ausencia tan
dura como el golpe que
me di en la cara pensando en vos

—Ese es Gelman, no Girondo

—Tenés razón, no sabía que los leías

—A veces, cuando estoy aquí, cuando te ocupas, me ocupo, no siempre estoy pegada de mi celular, o de tu entrepierna, me gusta tu biblioteca, además, esa sale en una peli que me gusta.

—Él la mira con un poco de asombro, está buena, está muy buena, su cuerpo es joven, terso, suave, pero además ella es así, decidida, con carácter, una pena que sea joven, que le lleve 20 años, porque él sabe que nunca podrá hacer las paces con eso, y eso lo jode, es una buena amante, una amante deliciosa, más con dos copas de vino encima, y lo sería más con un poco de hierba, pero aún lo han intentado, se les ha ido la mano, y terminan en risas, y no orgasmos, siente miedo y rabia, mientras ella solo disfruta y como el momento se le está arruinando a él, hace lo único que puede salvarlo, aprieta un pequeño botón, y el beso sobre su tetilla se transforma en mordisco, la mano que le acaricia la espalda ahora lo rasguña, y el olor, el olor a su sexo empapado comienza a llenarlo todo de vuelta.