Agentes del caos

La física tiene leyes que a diferencia de la moral no están en vilo ni en duda, la ciencia tiene de su lado que no requiere de atenuantes ni de agravantes, son o no son, se conservan o se pierden, Noether se encargó de definirlo, ley de conservación, ley máxima del orden, nada está por fuera de él.

Ley de la conservación de la energía y de la simetría, todo tiene unas condiciones específicas para funcionar, pero solo funciona porque para cada parte de ese suceso, para cada una de ellas, lo demás no importa, está diseñado para que funcione.

—Mientras que Andrea le decía esto a Julián, le tomaba la mano, y la llevaba directamente a su sexo, y el atónito solo escuchaba su corazón redoblar la marcha

Lo que te estoy diciendo es que tenés que dejar de pensar y aprender, la cadencia —Y mientras que le decía esto puso en contacto la yema de sus dedos con sus labios ya un poco húmedos —Sentís la diferencia entre esto y esto —Dijo mientras lo llevaba a explorar un poco más arriba —notas cómo cambian los pliegues, sentís esto, esta pequeña bolita —Le dijo mientras que Julián temblaba de nervios, aunque notó que la bolita estaba más dura, que su tacto estaba más húmedo —Ahí, pero no solo ahí, le dijo ella mientras lo miraba a los ojos, así, pero no solo así, le dijo ella mientras con sus dedos variaba de un: arriba abajo y de izquierda a derecha, y a veces también en círculos, —hace esto, siempre hace esto, por que si vas a hacerlo, tenés que hacerlo bien.

Julián ya no pensaba, solo reaccionaba,  a ella, a su cuerpo, y eso en el fondo no era lo que quería, pero puso atención, y cuando ella decía despacio, ahí, él escuchaba, había aprendido a sentirla, había incluso aprendido a sorprenderla, el ejercicio inicial propuesto, mimético y cíclico que ella le había propuesto, no bastaba para él, Julián, había escuchado lo suficiente, para descifrarla, la física que se quede con sus reglas, pensaba, y quería la sorpresa más que la orden, deseaba el caos.

Así aprendió y trasladó por ley física la condición de movimiento y presión a su lengua, y recorrió los mismos puntos, de la misma forma, e innovó con la temperatura y la intensidad, y añadió la succión y las lamidas, el sonido y liberó sus manos para buscar otros puntos, y los instrucciones se fueron perdiendo, ahora se convertían en lo que él anhelaba —ay jueputa sí, ay no sé que estás haciendo pero seguí, qué rico, diooooooooooos los espasmos se intensificaban, y ahora con sus dedos acompañaba en un ritmo frenético mientras que su lengua se escurría sobre, junto, alrededor, mientras succionaba, chupaba, lamía, apretaba y ella respondía cuando podía con respiración agitada, con su cuerpo convulso, con su voz casi grito.

Y lo que pasa cuando se violan las leyes del orden, es que el caos reina más allá de cualquier previsión, intenso y dramático, como había sido el cambio, había desencadenado una serie de factores inexplicables, de la satisfacción al gusto, de lo esperado a la sorpresa y la línea que habían cruzado demandaba entonces más de ambos, y más para ambos, el cuerpo electrizado de Andrea no había soportado más y en un impulso había estirado las piernas tanto como había podido, y Julián sonriente y sintiéndose victorioso, se había aferrado con todas sus fuerzas a su cadera, ella no sabía que pasaba en su cuerpo y él no tenía ni idea que podía ocurrir, hasta que sintió la humedad desbordarlo, bañarlo, y ella la explosión intensa y continua, la presión alterada y un jadeo, gemido felino írsele de la garganta.

Se levantó temblando, lo miró a los ojos y le dijo, es hora de devolverte el favor, y su cabeza se perdió entre sus piernas, ahora las leyes no importaban, ambos eran ahora agentes del caos.

Fisgón

Un agujero, es todo lo que se necesita.

La diferencia de edades era un límite invisible, el deseo había borrado cualquier frontera que saltara a la vista, temblaba con su mirada, al tacto podía sentir esa atracción animal, ese deseo infalible. En esas ocasiones en que estaba encendido, empezaba a imaginarse sus labios besándole su verga dura y caliente, al abrazarla sentía su cuerpo y solo deseaba verla bañada en sudor, quería morderla ahí sin esperar un solo momento.

Poco le importaba si era o no compartido el deseo, en su imaginación ella estaba desprotegida, le daba sonidos a sus gemidos, olor a su aliento, temblor a sus orgasmos, bañaba de semen sus senos, su boca, su culo, halaba su cabello y jadeaba justo en su oreja.

El calor lo recorría, ella podía seguir estando tan fría como cualquier otra mujer ante su presencia, frígida ante su falta de tacto, ¡ah!, pero en su imaginación, ella lamía golosa y con desesperación, las últimas gotas leche que colgaban de su miembro.

Esa mueca de seriedad, y la falta de emoción que la caracterizaban la perdía en un instante, cuando la imaginaba abriendo la boca jadeante, y se aferraba de su espalda rasguñando cada centímetro de piel en ella. Esa parca mirada, esa indiferencia con la que lo trataba, cambiaba por euforia y flaqueaba ante su tacto de una manera única, en su mente no podía sostenerse en pie cuando intentaba ir al baño tras terminar de coger con él.

Esa elegancia que la hacía lucir inalcanzable, era la primera máscara que caía en su mente cuando él la tocaba, su ropa de marca rasgada por sus propias manos, y entonces era todo pasión, la lencería, la rígida postura cambiaba por un contoneo sensual, y ese vacío de sus ojos desaparecía, se llenaban de deseos, ella traía consigo las esposas, las prendas comestibles, los tragos, en su mente ella estaba sedienta, él era una fuente inagotable.

Su estatus social, su imponente figura se reducía ante él, se arrodillaba con una paciencia adecuada para que él disfrutara de su sometimiento, de su pérdida, y se acercaba tan, tan inquieta, con su boca abierta, invitándolo a tomarla, sumisa, sometida, caliente.

Su piel nunca olía, pero en su imaginación era embriagante, todo su cuerpo olía a su sexo empapado, todo en ella era sexual, su voz era un solo gemido, su cuerpo un solo objeto, qué le importaba que ella no conociera su nombre, en su mente lo gritaba día y noche, qué importaba que ella desconociera su existencia, en su mente ella lo llenaba de vida y orgasmos.

Por eso siempre la miraba con compasión en la realidad, solo él sabía que tan desdichada era ella por no vivir en un mundo donde cada uno de sus deseos era satisfecho, cada una de sus tangas había sido arrancada de su cuerpo, sólo él sabía cómo hacerla llorar, temblar y sonreír en un orgasmo continuo, solo él conocía la forma en como deseaba tenerlo dentro de ella, como reclamaba su presencia en los momentos de soledad y angustia.

Poco le importaba todo, el mundo, la hora, él sabía que de nuevo a las 8 pm cuando todo acabara, ella correría al baño de maestros, a la ducha de siempre y se masturbaría una y otra vez, mientras que él en secreto, silencioso como siempre la miraba a través de las rendijas de la ventilación, deseando como cada día tener el valor de interrumpirla.

Una chica divertida

Me divierte siempre en una mujer, encontrar a la que se viste con su propia piel, a pesar del dolor, del olor y el sabor, la que se masturba, la que no me necesita, es un afrodisíaco, un placer, sentirse elegido, no sé, podrías decirs que me gustan las que perfectamente podrían dejarme pasar de largo, las que no se apegan, las que saben que sin mí habrá otro día…

— Qué disparates dices tío, una mujer está hecha para ser follada, nada más importa— respondería Jerry, un moreno de pelo largo y ensortijado al que la vida solo le palpitaba en la verga.

— Pulsiones hombre, pulsiones, la vida responde a pulsiones, la monogamia y la selectividad son mariconadas dignas solo de afeminados, gente despreciable, con gustos blandos, de una mujer no importan más que dos cosas: que no pese más que tú, siempre y cuando no mida menos que tú, porque si una pigmea pesa lo que tú pesas, no es una mujer, es una bomba, y dos, que no esté menstruando. —

Lo decía siempre con la cabeza en alto, en verdad así lo creía, y sí, era un follador, si pudiéramos describir a las personas por sus pasiones, la de Jerry es follar, no la música a pesar de que tocaba bien la guitarra, no el dinero, aunque fuera un buen corredor de bolsa, sino únicamente follar.

Por eso le divertían nuestros encuentros, no entendía cómo podía perderme un polvo por corregir una falta ortográfica, —un hombre lo soporta todo con tal de follar, un follador es un cazador decía.—

— Nada importaba más que la verga empapada y los gemidos, los jadeos y los gemidos y los jadeos. Qué un buen follón lo vale todo, hay que follarlas a todas, follar es poder y el poder es para poder, así que hay que follar porque se puede y mientras se pueda —

Aunque hablara de poder, él solo pensaba en follar: —el poder no existe, no es definible, pero una vagina empapada, húmeda, caliente, tiene cuerpo, olor, sabor, temperatura, no es un concepto, es un coño, un sexo dispuesto y perfecto, el gemido tiene sonido, y el cuerpo tiene temblores.

Lo tuyo y tus miedos es fragilidad, falta de carácter, tu temor es casi mariconada, tus libros son fríos, tus ideas absurdas, pero un coño, es un coño, y aún así, bien podrías pensar lo que pensas y follar tío. —

Quizá Jerry tenga razón, pero esa ley es solo suya, el sexo en general me parece divertido siempre y cuando sea deseable, el sexo es deseo, su importancia es sin embargo relativa, pero tiene razón en algo, sin folle no hay nada, con cualquier mujer, puede gustarte cómo piensa, pero debe gustarte como folle, como hable, pero aún más como gime y jadea, porque un cuerpo sin deseo es solo fábrica de excrementos. Nada más.

Jummm sonrío, la mesera es una chica interesante, me regala cigarros, ¿querrá ser follada?, Se ve que es una chica divertida, de esas que deja la luz encendida y piensa: disfruta del hembrón que te estás follando; de esas que cuando se masturba, el placer no lo obtiene del vibrador, sino de imaginar el placer que debería sentir aquel en quién piensa que disfrutaría follarla, su placer entonces, es el de imaginar el placer que siente quien tiene la fortuna de verla indomable, moviéndose a un ritmo frenético, sus gemidos vienen de sentir el gemido ajeno, su orgullo es su sexo.

Seguro, grita su rostro, tiene cara de haber visto tanto porno como yo, y de disfrutarlo de la misma manera, de masturbarse frente a un espejo, no para verse, sino de ensayar sus expresiones frente a él, cómo puede provocar más, evocar más, es una perrita en celo, una puta que merece y necesita ser follada, me la pone dura solo verla, Jerry estaría orgulloso, soy un animal igual que él, y mi debilidad, son ellas, las chicas divertidas, de las que no se guarda nada, de esas que en la primera noche la viven como si fuera la última, al igual que la segunda, y la tercera.

Sí Jerry estaría orgulloso, no dejo de imaginarla desnuda, no dejo de imaginar su boca entreabierta dejando escapar un gemido entrecortado, su voz pidiendo más, sus orgasmos egoístas y al mismo tiempo generosos, se viene para provocar más placer, porque como ya dije, ella es de las que no te necesitan, de las que te ven y dicen: me lo quiero comer, sin pensar en quiero tenerlo junto a mí; pero, que si decide quedarse, no lo hace porque necesite quedarse.

Una pulsión diría Jerry, una pulsión, la vida es una pulsión, y sí, es una pulsión, la de ella, la de su sexo, la que me dice que sí, que ella es una chica divertida, con una selva tropical jugosa y pegajosa, un mar de fluidos un sensación térmica que quema, ah, debería pedirle la cuenta o un beso… ¿La cuenta, un beso o quizá su teléfono?