De otros.

Cuando terminó de firmar el olor a pintura aún no desaparecía, miraba la frase con un poco de tristeza en los ojos, va a ser malinterpretada pensaba, y agitaba un poco la lata al hacerlo, él sabía que necesitaba expandir su idea para que fuera comprendida, pero al mismo tiempo, no deseaba que cualquiera pudiera beneficiarse de ella, era más un código secreto, un guiño, un saludo a otro nihilista cínico, un, ey no está solo para esos que como él estaban solos.

No para los que iban por ahí buscando señales divinas si no para esos que iban por ahí desestimándolas, encontrando lo humando donde otros hablaban de lo divino, del azar y la suerte, aunque sabía también que, si había algo divino en el mundo, con seguridad era azaroso, nada más puede hacerse con el poder absoluto sino absolutamente nada.

El grafiti, ese pequeño aforismo a lo que el flaco llamaba grafiti estaba ahí, plasmado en la pared exhibiéndole al mundo una verdad que ignoraba, cuando el flaco pensaba así, retrocedía un par de pensamiento y se alejaba, odiaría convertirse en uno de los otros, de esos arrogantes que piensan que tienen razón o mucho peor, en uno de esos imbéciles que piensan que el otro está equivocado, de los que no hayan certeza en los argumentos sino en la desacreditación de los demás simplemente porque es incapaz de comprenderlos, los conocía bien, mucho tiempo los había escuchado, y de esos nunca quería hacer parte.

Agitaba un poco la lata aún, le daba un par de toque a la válvula y medía la presión, pensaba si valía la pena firmarlo, no porque le importara la calidad de su contenido, era consciente de su significado, eso era lo importante, solo pensaba si de verdad era el fin del texto, si no podría convertirlo en un cuento, en una novela, en un personaje que la escribe y la mira y piensa… así la veía, un poco con la intención de conocer sus posibilidades, y luego miraba la lata, la agitaba, miraba su mano, pensaba en él y medía las suyas…

¿Estaba listo..?, de verdad estaba listo, muchos años en la academia, muchos años pensando si ese verbo decía realmente lo que los demás debían entender, si esa palabra describía de la manera adecuado, eso que él necesitaba contar, no era cualquier cosa como un paper, o una tesis, era algo serio, algo digno… ¿lo era?, de nuevo agitaba y medía el peso de la lata, de nuevo probaba la presión de la boquilla, alcanzaba, sabía que alcanzaba, pintura tenía de sobra, era él el que se pesaba un poco, habrá suficiente de mí, tendré suficientes letras…

Se agachó un poco más de lo necesario, pero lo justo para aún considerarse parte de la misma obra, y comenzó a rayar, mientras lo hacía pensaba en cuantas veces le habían negado ese lugar que ahora ya no lo llenaba, antes y ahora, parecían también otro momentos diferentes aunque uno de esos estuviera en el presente y aunque en los dos estuviera él, ahora parecía también distante como ayer, incluso un poco más triste porque antes estaba la posibilidad, pero ahora era cierto., también el ahora era de otros.

De otros es la culpa, el pasado y el futuro, de otros el presente y de otros otros las victorias. El flaco

Niñas Mimadas

Las niñas mimadas quieren sentirse un poco malas, demasiado tiempo cumpliendo las normas, demasiada calma, han escuchado a otras divertirse y ellas quieren hacerlo sin contarlo, las niñas mimadas saben hacerlo con la boca cerrada, no alardean, ni se avergüenzan, saben que el hecho de que sea secreto tiene algo de gracia, de juego, quien grita, quien vocifera a cualquier lugar lo que hace no siente placer en lo que hace sino en el cumplido  del que lo escucha, no disfruta su obra sino el reconocimiento de la misma, eso lo saben bien las niñas mimadas, las princesas de mamá y papá, esas a las que nunca les han negado nada, pero de alguna manera comprendieron siempre que no lo merecían todo.

Las niñas mimadas son sensatas, no hablo de las inseguras ni de las ingenuas, sino de aquellas que tienen en el mundo en la mirada, esas que, más que saben gobernarse y no ser gobernadas, saben distanciarse de todos, caminar en las sombras y reírse a oscuras y carcajadas.

A las niñas mimadas les gusta sentir el mundo romperse, poner el rostro contra la pared, separarlas piernas y escuchar las noticias que ve su padre en el cuarto, mientras que su novio desabrocha su correa, la niña mimada sabe gemir en un suspiro, abre la boca al ser penetrada e inclinarse un poco mientras que para las nalgas para entregarse al miedo de ser atrapada, a las niñas mimadas les gustan las escaleras, los autos, y las piscinas de noche, las fantasías no son de latex ni spandex, sino de puentes y calles.

Ellas se masturban boca abajo, con los ojos cerrados, con juguetes discretos, con historias y con recuerdos, las niñas mimadas les gusta ser nalgueadas, un poco asfixiadas y haladas del cabello cuando están en 4 arqueando hacia abajo la espalda, las niñas mimadas, saben vestirse de mujer, y salirse del papel de niña consentida, de formalidad adaptada.

Las niñas mimadas no son niñas para nada, tienen lencería de colores y las uñas pintadas, los labios rojos y la boca afilada, muerden clavículas arañan pechos y dan bofetadas, con la fuerza justa para incendiarte de ganas, tienen gracia, al caminar, al dormir, el hablar, tienen algo que te dan como una señal de que su lado salvaje está solo en pausa, tienen esas pequeñas acciones que denotan una sensualidad y sexualidad peligrosa, esa mirada animal, ese sigilo predador que te hace sentir presa, esa niña mimada del fondo, la médica con su 1.68, esa mulata de cara aniñada, de gesto amable, de tranquilidad aparente, es un remolino que puedo halarte de las piernas y llevarte a naufragar en su humedad en tu boca.

Julián lo sabe, y por eso traga saliva muy despacio cuando la ve preparándose para la sesión de fotos que apenas comienza, el corazón se le acelera un poco, las piernas le tiemblan, siente ese pequeño vacío en la boca del estómago al ver su piel brillando al contacto con el «spray» lubricante, el mundo se le congela, de todas las modelos que han pasado, solo ella es la niñas mimada, las demás actuaron, fáciles de descubrir, impostadas, en ella es natural, se siente natural, el deseo que evoca, no es el mismo que las demás, cuando ellas trataban de verse consentidas de mil maneras, a ella solo le bastaba decir hola para extender su trampa ante la lente, una niña mimada, que sabe cuando dejar de serlo.

Buen nombre

Ignacio nació cuando Ignacio ya había muerto, no tenía ni idea de que Ignacio había empezado a morir hace 67 años y que faltando solo un par de semanas para su llegada él partiría, tampoco sabía que toda la vida sentiría que cada vez que su padre le decía su nombre tendría un tono de nostalgia pegado a él, tan marcado como un francés pronunciando una r.

Ignacio nació con un nombre sobre los hombros, una sombra bajo los pies que no eran ni su nombre ni su sombra, siempre con una expectativa, como si fuera hijo de la promesa de un recuentro, Ignacio creció así, sintiendo que a donde llegaba, su nombre llegaba primero, que cuando lo veían nunca era del todo a él, sino un poco al pasado que arrastraba y que además desconocía, lo sintió desde siempre, a su alrededor casi nadie lo veía a él, buscaban algo adentro, detrás, quizá a los lados, pero nunca a él.

Creció sintiendo ese vacío que era su propio nombre, esa ausencia que era su presencia, Ignacio aprendió pronto que hay dolores que nunca pasan, y que solo pueden ponerse en pausa, a un hombre así no le quedan muchas salidas, el tango y la milonga lo rodean con facilidad, el vino, el tabaco el sexo… a Ignacio le gustaba, se entregaba gustoso a cada uno de ellos, tanto que en los buenos días olvidaba que alguna vez hubiera sido solo para evitar el dolor, a todos sus vicios se entregaba casi poseído, enajenado, nunca estaba solo con una mujer, estaba con todas al tiempo, le bastaba un segundo, cerrar los ojos y pensaba en cada una de las mujeres que alguna vez le habían gustado… así olvidaba, olvidaba con quienes había estado y con quienes solo lo había imaginado, olvidaba las copas tomadas, los puchos prendidos, el cerebro entumecido y el cuerpo deshilachado por el porro y chemsex.

Los malos días en cambio, no había cantidad suficiente, a donde llegaba se sentía ausente, perdido, en el espejo comenzaba a mirar no al frente sino adentro, atrás o quizá un poco los lados, intentando encontrar eso que toda la vida había parecido tener cerca, esa presencia ausente que lo hacía lucir un poco como con ropa prestada, un saco demasiado ancho, una camisa demasiado larga, una corbata de otra época, un poco al aire y al olvido.

Se sentía como entrando a un cuarto desordenado, subiendo a un bus con todas las sillas ocupadas, no era que no perteneciera al lugar, era solo que todo parecía un poco en el lugar exacto para hacerlo sentir incómodo, desubicado, se miraba al espejo y era como un golpe de miopía, un glitch, un pixel muerto en su pantalla, perdía el gusto por las cosas que le gustaban y se acentuaban las que lo molestaban, la gente que respiraba duro, la gente que hablaba duro, los imbéciles, no era un buen día para soportarlos.

En los días así, solo el licor lograba menguarlo aunque nada lo entumecía del todo, hablaba con el espejo y con la copa, el reflejo parecía tener el secreto, se miraba así mismo con ese desenfoque etílico, con esa bruma alcohólica y veía a alguien similar, otro Ignacio, uno que había sido bueno para el billar, que había empezado a morirse 67 años antes de su nacimiento, uno que estuvo a dos semanas de conocerlo y que a falta de dinero le había dejado por herencia lo único que había podido construir, un buen nombre.

Oferta y demanda

El libre mercado establece que la fijación del precio de un bien es diferente de su costo de producción, el valor puede ser social, funcional, brindar una realización personal, o una ilusión de pertenencia a un grupo o causa, es quien compra el que determina… el mercado, dicen, se regula así mismo al brindar la posibilidad a muchos fabricantes de competir con el mismo artículo, cada uno puede elegir sus materiales, sus diferenciales, su comunicación, su público… cada uno de esos elementos lo hará valer más o menos.

¿Estamos de acuerdo?

Y qué tiene que ver eso con los impuestos, estamos hablando de que es injusto que nos cobren tanto, a nosotros que somos la clase trabajadora y vulnerable del país.

El flaco sonreía, trabajadora y vulnerable… pensó un segundo, etimológicamente hablando reconozco que la autopercepción de clase trabajadora se adapta a usted abogado, pero la conceptual está lejos de aplicarle, aunque también hay algunos que podrían intentar enmarcarlo en una clase social por su capacidad de razonamiento frente a algunos temas y en ese caso quizá la de pobre o vulnerable podría aplicarle pero solo en términos cognitivos y no económicos, verá, es simple, lo que imagina, no es una realidad, es como una opinión, ¿me sigue? Usted es libre de tener una opinión y como tal su derecho a tener una opinión es respetable, pero el contenido de su opinión no hereda ese respeto, depende de su contenido, y, en este caso es evidentemente una imbecilidad.

No importa si crees que no deberías pagar más porque eso afecta a la forma en como está planteado el funcionamiento de un estado o nación, así como la opinión de los profesores sobre el salario de los pilotos no afecta el mercado de contratación de las aerolíneas, su idea, estúpida por cierto, de que no tiene tanto como para pagar tanto… no depende de lo que creas, no depende de lo que quieres, y si es incapaz de manejar su dinero de forma astuta volvemos al punto inicial, etimológicamente lo único que tiene vulnerable es su capacidad de razonamiento abogado.

Ya va mucho tiempo donde he tenido que soportar sus sandeces, su falta de pensamiento crítico, tener una opinión no es razonar, la falta de sus formas, de sus fondos, su manera desobligante de hablar, su incapacidad de ver por fuera de su burbuja… ¿entiende usted que el mundo traspasa su visión cierto?, es consciente que la verdad no es mucho más inteligente, que francamente en muchos aspectos es tan estúpido como esa roca y que simplemente está en un área laboral que remunera mejor sus horas de trabajo, pero que incluso su trabajo no es más necesario ni útil que el de un cocinero o un mecánico…

Crezca abogado, dese cuenta como todos que mamá mintió, que no es especial, que no merece nada y que las reglas también lo gobiernan, hágase el favor, háganos el favor de guardarse sus ideas vacías sus posturas difusas, o renuncie Abogado, si va a dilapidar así sus ventajas formativas, económicas, si va a comportarse de una manera tan ruin y pusilánime, sea coherente con su discurso, renuncie a sus ventajas, deje de engordar al sistema y los corruptos como propone, hágase domiciliario y vaya vivir la vida tranquila y apacible lejos de las responsabilidades tributarias, lea al perro y aprenda que si va a desdeñar de la burocracia cuando ella cobra su cuota deberá encontrarle gusto a las lentejas, pero no se la pase pavoneándose de su buena vida para luego quejarse cuando es momento de asumir las responsabilidades de la misma, y si no es capaz de hacer nada de eso, por lo menos no arruine mi día, ni mi café y lárguese de mi mesa que no me interesa un producto intelectual tan absurdo, aquí no hay demanda para su discurso.

Después de gritar, el flaco tomó su café y se fue al fondo con los crucigramas, lejos de todos.

Freelance

Roberto Arlt escribía de todos para no quedarse nunca sin escribir, el esteta dibujaba hasta en los tableros y durante un tiempo el flaco había podido estar a la par, si bien no en ingenio o calidad si en intentos, se podía fallar pensaba constantemente, fallar es lo mínimo para no llegar al fracaso, para el flaco la renuncia era el único escenario imposible, le gustaba el boxeo porque allí los perdedores no son cobardes, le gustaba la vida y por eso la derrota no era amarga, porque venía solo después de intentarlo, y como buen vago de barrio sabía que nadie le quita a nadie lo bailado, que lo hecho, no podía negarse, y las consecuencias eran bienvenidas si uno hacía lo que le daba la gana y era valiente, el mañana no dejaba de ser nada más que una simple consecuencia vacía, impotente.

Por eso escribía con la regularidad que su agenda y su tedio se lo permitía, y cada vez que faltaba a su tiempo sufría, no era un hombre, bueno era difícil llamarlo un hombre, pero no era un despojo que llegara tarde, atesoraba el tiempo, incluso cuando lo perdí, si tenía el control de su desatino era feliz, pero en cuanto perdía su propio rastro se eclipsaba por completo y lo odiaba, porque sabía que solía caminar por el borde con demasiada frecuencia, asomarse al vacío mirar a la profundidad y sentirse tentado, esa especie de pulsión que te invita a inclinarte, y terminaba por arrastrarlo a semanas y semanas de ausencia, un pequeño traspié en un terreno inclinado siempre es una mala idea, y la inclinación de su falta de voluntad, de su cansancio, de sus ganas de otras cosas lo llevan siempre a caer a lo más bajo, al ocio involuntario, al triángulo de las bermudas de sí mismo.

Comienza con un video, una cerveza, un cigarro más, un beso más, un polvo más, un baile más, un juego más, y de repente su libro está sin terminar y a veces sin comenzar, obreros felices, el libro de cuentos sobre degenerados y enfermos que lograban transformar su parafilia en fuente de ingresos no sobrevivió la historia del pedicurista podófilo, aunque el celador con insomnio prometía un cambio de turno que pensó que sería una especie de tragedia terminó por frustrarlo y desistió de continuar.

Dos cervezas más y voy a escribir, se dice y se miente, una buena borrachera para escribir, una buena puta, una buena pelea, una anécdota piensa, y sabe que miente, que para escribir no necesita nada de eso, nada en carne propia, basta la pregunta el papel y en caso tal una investigación corta, no necesita la respuesta, solamente intuirla y como tiene miedo de no encontrarla se rehúsa a ponerse de pie, se odia por no ponerse de pie, porque tiene miedo, porque no se calza los guantes y sube al ring, porque cuando lo haga además sabe que va a recriminarse todo lo que hoy se reclama, y no podrá verse a los ojos, el flaco flaquea, saborea su paladar lastimado por el tabaco, se acaricia los nudillos, se soba las piernas, caer duele, cuando caes así de la nada no hay coordinación, vas a la deriva, golpe tras golpe, de culos y sin barranco que te ataje, lo sabe, la única forma de frenar es enterrarse o aferrarse al dolor, detener la avalancha desde adentro, dejar de perder el tiempo y perder mejor el miedo, las excusas, escupir su propio reflejo y levantarse, de apoco vuelve, piensa que debe escribir sobre las señales, aprender a reconocerlas, a no dejarse tentar por nel abismo, lo desecha, piensa en los temblores, en lo poco preparados que estamos para que la vida nos sacuda, lo desecha, piensa en rosario, la de contaduría del segundo piso, en sus ojos verdes color hierba, en sus piel blanca pálida, ese color que no sabe esconder ni las venas, piensa en su cabello rojo, en sus labios rosados, hace calor piensa, y finalmente comienza a escribir, es un lugar común, pero cuando no llegan las ideas siempre ocurre lo mismo, se e suben a la cabeza.

Roberto Arlt sabía algo que el flaco se negaba a reconocer, que se escribe sobre los demás para no depender de uno mismo, porque si en algo no se puede confiar, es en un escritor y menos en uno sin contratos.

Cotidiano y divino

Si uno tiene el tiempo, y los ojos lo suficientemente despiertos cada día tiene algo cotidiano y divino, pero no es una película, no pasa en cámara lenta ni está perfectamente construido para verlo, no tendrás primeros planos, ni música emotiva o épica, no tendrás nada más que a ti mismo y una pequeña sonrisa.

Cuando era pequeño lo sentía cada vez que el polvo volaba entre los rayos de luz, cuando esas pequeñas partículas parecían cobrar vida y danzar, con el paso del tiempo y como es natural me llamó la atención el fuego, las burbujas de aire que estallan al separarse la corteza de las ramas, las copas de los árboles meciéndose a la distancia…

Los instantes cambian a medida que cambia la forma en como vemos las cosas, me gustaría preguntarle eso a la gente, donde encuentro la divinidad en lo cotidiano, pero me da miedo parecerme a uno de esos que pregunta que signo es la persona para tratar de definirlo, yo quiero saber cómo es alguien, me da la mismo, poco o nada, lo que quiero es pistas, afinar los sentidos y seguir buscando esos destellos de suerte, pero prefiero no hacerlo, el riesgo es demasiado alto, podría pasar horas tratando de decirle a las personas que el esoterismo fuera de lo estético es tan solo otra rama de la superstición, que la divinidad de las cosas no está en la explicación compleja de su origen, sino en la admiración sencilla. Sé que nada me obliga a encerrarme en dicha discusión más que la convicción de que el ser humano es racional y que por ende vale la pena darles la oportunidad a todos, aunque la decepción al hacerlo sea frecuente.

Hoy en día lo que más me llama la atención no es solo lo bello, la estética se ha expandido así misma, ha encontrado territorio común con lo lascivo y lo grotesco, la moral ha rehuido de la humanidad y de mi visión sobre ella, la naturaleza de las cosas, de los seres es bella, y algunas naturalezas son violentas, despiadadas, fuertes, otras emocionantes, tranquilas, es por eso que los viejos caminan admirando la belleza de los árboles, lo creo sinceramente que al ver como nuestro cuerpo envejece, se debilita y parece rendirse la paso de los años, se comienza admirar esos troncos fuertes que estaban aquí antes de que nosotros llegáramos y que si todo va bien, estarán aquí muchos años después que nosotros nos hayamos ido.

En todo eso pienso mientras camino tomando el sol, cuando la figura que tengo en frente llama mi atención, un hombre de unos 66 años con sobrepeso y sin camisa está sentado en la vereda, las piernas flexionadas hacia afuera juntando planta con planta de los pies, las manos sobre sus rodilla una barriga prominente, es casi una declaración de buena vida, es prácticamente un manifiesto, esa barriga dice primero el disfrute luego bienestar, que para que la vida valga la pena hay que vivirla, sobre ella unas tetas regordetas y una barba de billete viejo, sobre la que una calva impoluta y brillante refleja el sol, la escena está fuera de toda normalidad, no hay cerca una piscina, ni parece el lugar más fresco para descansar, el suelo embaldosado debe quemarle las piernas, pero él no se inmuta.

Lo veo, sonrío y pienso, ahí está Siddartha Paisa, el Buda en Belén, aprovechando el sol con una sonrisa en el rostro que parece decirme, todo lo que a usted le angustia joven, a mí me es intrascendente, un Diógenes con Carriel, que me grita igual que mis gatos, su éxito es el cansancio y el mío el descanso, vaya usted trabaje y aléjese de mi sol que lo oculta, todo eso me dice él o me lo digo yo a través de él, y sonrío al caminar y alejarme de él.

Divino, cotidiano.

Madrugadas

No sé cómo hacés, decía y repetía Marcela con la cara horrorizada, yo necesito dormir, lo decía a las 10 am, lo decía con la seguridad de quién se piensa especial, de quién valida la vida solo a través de su experiencia personal, con una miopía social y un astigmatismo racional, que resultaba, además de curioso molesto.

Marcela creía, firmemente creía que merecía más, les pasa a muchos, han olvidado, no, corrijo, me corrijo mientras pienso y escucho, no ha conocido nunca una verdad simple y sencilla, nadie es especial, no se da cuenta de que su opinión es solo el resultado de su experiencia, no sabe formularla, solo sentirla y desde allí crea el mundo… somos lo que conocemos es cierto, pero la ley tiene algo que la física ya sabía, si no conocés la gravedad igual te caes; aunque no lo sepas la transferencia de calor por fricción te quema. No lo sabés pienso, pero el día comienza de manera paralela y continua, dispersa y asincrónica según la taxonomía y el estrato socioeconómico del individuo, o incluso de su lugar en la cadena alimenticia, el día, el concepto de día es artificial, sí sale el sol, pero algunos animales son nocturnos la evolución los ha condicionado y a nosotros, aprendimos a caminar en dos patas, a construir para protegernos, pero no para cuidarnos, es por eso querida que es selectiva y diferente; para la mayoría en este gamonal el día está por fuera se horario natural, aquí las personas se despiertan antes que el sol, y madrugan a ver las lunas llenas más grandes que alguna vez se han visto, no porque haya un predador que los aseche, sino porque la comida vale plata, el arriendo, la comida de los gatos, los perros, todo al final cuesta y el único instinto definitivo es el de supervivencia.

Despertar con el sol es privilegio de unos cuantos, aquí en esta tierra, la vida hay que currarla, trabajarla, nadie tiene nada y nadie puede tener nada, pero no seamos ingenuos ni en exceso románticos, la vida tiene un precio, lo pagan todos los seres que viven, pero un privilegio nos hace pensar que vivir tiene privilegios, es el ocio, lo mucho que se disfruta de no hacer nada, o de hacer nada útil, y también hay tiempo para eso querida, pienso pero aún no le contesto, la dejo hablar, dejo que se alargue, ella piensa que la capacidad de trabajar y de hacer sacrificios es algo genético, una predisposición química en el cuerpo que a ella le falta, es la fe, la excusa mística la irresponsabilidad humana, ese resguardo emocional donde tratamos de enterrarnos para evitar asumir la verdad, que no hay nada afuera, que somos nosotros, contra los demás, que todo lo que nos afecta lo permitimos por falta de convicción, por temor a la discusión, por miedo a la represión, lo que nos condiciona y nos jode, es lo que nos gobierna, y nos gobierna solo aquello a lo que nos entregamos, visto de esa manera el más sabio era ese que decía que la única forma de felicidad posible, es la de entregarse a los instintos y desprendernos de las estructuras de poder que difieren de otro forma más allá de la natural.

La miro a los ojos y la escucho hablar, sabiendo que no sabe, pensando que sabe, ignorando incluso que aquello que conoce, no es ni nuevo ni original y que hay quienes lo han expresado de la manera correcta, la humanidad es tonta, y ha renunciado a su propia esencia, la gente tiene miedo de ser excluida, segregada y otros de ser señalados, y aún así esta ella, y ellos, y los que son como ella, los más peligrosos, los que tienen miedo de aceptar que han labrado su propio destino, incapaces de asumir que son tan ordinarios e innecesarios como todos, y sobretodo incapaces también de vivir, quieren la vida para no hacer nada, desean la vida para no vivirla, tan alienados como esos otros que no ven la luz fuera del trabajo, y que no entienden ni siquiera la diferencia entre desconocer y asumir.

Abro y la boca tomo aire y vuelvo a cerrarla, no vale la pena pienso, son las 8 pm y tengo sueño, después de todo toda la semana me despierto antes que el sol.

Yo tampoco respondo, debe ser que le tengo pavor a no poder ver los amaneceres.

Laberintos

Miro detenidamente el mapa, la líneas de colores se sobreponen, el bullicio de la gente afuera dificulta aún más mi entendimiento, Wilson y Fernanda creen haberme dado una dirección exacta, los conozco y dudo, hay muchas posibilidades para equivocarse, demasiadas conjeturas, estoy perdido, incomunicado y la esperanza es esquiva para un latino en barajas, ya sé que no para todos, ya sé que algunos españoles son amables, no es algo exclusivo de los españoles, es geopolítico, algo ha hecho que algunos pasaportes digan turista y otros migrantes, si bien todos los somos al viajar, a algunos les han dado un no sé qué, que inspira en las personas de aduanas y migración confianza y a otros nos han marcado como reses con una I en la frente.

Intento escribirles al whats app, no responden, están fuera, camino a esperarme, me hago al lado de la cabina de información e intento escuchar explicaciones a otros viajantes, no quiero preguntar, no quiero darles la oportunidad de menospreciarme, me rehúso por un par de minutos y al final cedo.

Me indican con una mirada de falsa cortesía, lo sé porque también yo he puesto esa sonrisa falsa al saludar a parientes indeseados un domingo a la mañana cuando llegaban las visitas sorpresas a casa, debo dirigirme a la salida, voltear a la derecha e ir al segundo piso, allí hay un tren, dice no es el mismo que decían Wilson y Fernanda, no me sorprende, pero tampoco me fío.

Camino hacia la estación, busco otro par de turistas con cara de latinos, si algo puede unir a nuestros pueblos es la cordialidad que nace del desprecio, claro está solo en el extranjero y mientras que uno de los dos no sea local, ambos debemos ser sudacas para ser resistencia, si alguno es local o ciudadano de clase media entonces el enemigo es cualquiera que sea otro por debajo de su estatus; no encuentro ninguno a la vista.

Ahora tengo en frente otro mapa, tres líneas azules, para ser justos es una azul, una azul pálido o cian y una azul oscuro casi morado, la estúpida costumbre de mis compatriotas de utilizar diminutivos los ha llevado a decir azulito, la parca formalidad del agente lo ha llevado a decir azul, estúpidas costumbres ajenas, estúpidos convencionalismos nacionalistas, ¿acaso no era más fácil utilizar otra paleta de color?, los encargados de la señalética, son a veces agentes del caos.

Tomo una decisión, compro la tarjeta y sigo la línea azul, pensando en que a Fernanda le ha ganado el costumbrismo de aplicar el diminutivo a azul, y que con su azulito no intenta decirme que un azul más clarito; me subo y miro el mapa que tengo en mis manos, dos líneas hacen parada en la estación a la que me dirijo, en la que voy es una de ellas, pero son paralelas, tengo buenas y malas posibilidades, 50% para ser exacto, en mi rostro ya se hace palpable la duda, soy un objeto perdido más en barajas y mi destino ya no me pertenece, la suerte se echó hace mucho y yo solo ruedo a estrellarme con una pared y dar un número aleatorio; odio sentirme así, tan ajeno a mis decisiones, veo el mapa y falta tiempo, no es la primera vez que estoy perdido, no será la última, pero sí es la primera que pienso en que a los urbanistas y los arquitectos habría que quitarles su carnet profesional, recomendarles la siquiatría o el sicoanálisis, la jardinería para que encuentre y disfrute esas raíces complicadas y enredadas.

Veo el mapa, la ventanilla y suspiro, estoy en un puto laberinto.

Eternos

«Solo lo que no pasó es eterno, lo hecho es pasado y por ende tarde que temprano olvido».

El Flaco

La mesera le trajo su cerveza, hacía sol, era una vereda en cemento o quizá una acera colorida, editar al flaco siempre daba problemas de los que odian los editores, sus textos se iban por las ramas y sus personajes ganaban o perdían una fuerza descomunal en solo unas líneas, ese estilo que si bien era algo de lo que se le admiraba, ese caos azaroso que la crítica solía buscar en sus novelas era realmente algo que no tenían ni los editores ni él por sí solos, pero que cuando se encontraban y después de padecerse el uno al otro por fin nacía.

El cuento que tenía que editar hoy Isabela haría parte de Otra Ronda, una serie de relatos que comenzaba siempre con alguien bebiendo en un bar, generalmente el flaco aunque tuviera otros nombres, sus personajes, sus amores, sus odios, seguían allí, sus miedos también, se turnaban pero eran recurrente para el ojo atento, para ese lector que cuando es individuo y ciudadano encuentra belleza e las fachadas grises, las baldosas rotas, los semáforos y los carros, algunas cartas decían, aún no olvida a la Tana, otras decían que de Lisboa nunca había regresado, es el precio de abandonarse a uno mismo, que el destino nunca es el punto de partida.

Era la tercera vez que lo leía y no podía entender bien en qué pensaba el flaco cuando comenzó a escribirlo, era ella, aunque en el cuento fuera cocinera y no editora era ella de quien hablaba, de su carita de niña, de su insaciable lujuria siempre insinuada, de esa sensualidad torpe… le coqueteaba, por qué había elegido hablar de su fantasía, de eso que alguna vez casi pasa, la enojaba como en su momento la enojaba leer sobre esas otras mujeres de las que él escribía, con las que ella se comparaba, de esas que nunca fueron ella y sentía que jamás sería, por qué ahora.

En el cuento, la mesera, es estudiante de cocina y después de conocerlo lo invitaba a casa, él llegaba temprano, y ella no alcanzaba a vestirse para la ocasión, el bralette que había elegido quedaba sobre la coma, junto al vestido que le gustaba, la camisa… y le habría en ropa cómoda y holgada, ella bañada en sudor de sus carreras, él con un olor a tabaco, a cerveza con whisky, tan despreocupado por las formas, desconectado de la realidad presente se acercaba y con ese sabor amaderado y aroma ahumado de su pipa la besaba aprovechando el shock del momento, y sin mediar palabra la pegaba contra la pared la apretaba las tetas y el cuello; ella se calentaba rápido, se entregaba despacio, tal y como ella le había dicho que lo haría, tal y como ella había imaginado que la tocaría, y él tierno, rudo, apasionado tal y como ella lo había imaginado, la hacía gemir y sollozar mientras una olla a presión pitaba descontrolada…

El cuento la hacía ruborizar, humedecer, extrañar y desear, esa parte del cuento era perfecta, aunque la sentía un poco gratuita, necesitaba saber él que quería decir, encontrar lo que le faltaba para componerlo, para decorarlo y puntuarlo de manera correcta, por eso odiaban trabajar con él, porque el flaco podía hacerte sentir cosas, sabía donde tocarte, cómo provocarte, pero darle sentido no era tan fácil.

Sin más opción tuvo que escribirle ­-Flaco, hola, estoy leyendo tu cuento, sazón de otra ronda

  • Te gustó, preguntó sin saludar si quiera
  • Tiene lo tuyo, ese caos que no se termina de entender
  • Como la vida misma Isabela, como la vida misma
  • La literatura y la vida son distintas Flaco, vos tendrías que saberlo
  • Lo sé, la vida tiene más reglas y menos posibilidades, pero la literatura tiene imitarla tanto como se pueda
  • Flaco no es filosofía ni física, vos escribís cuentos, debe haber orden

El flaco sonrió al leer su respuesta  -Los cuentos no son solo cuentos querida, son promesas rotas, la realidad es concreta porque a su paso destruye el pasado y en cada presente labra su futuro, los cuentos, vos, ellas, las otras que tanto te preocupaban a veces en el papel a veces son la misma y a veces no son ninguna.

-Eso no tiene sentido, dijo sintiendo un nudo en la boca del estómago, sí era sobre ella, o casi sobre ella, si podía haber sido ella, si hubiera querido ser ella

-Isabela, te hizo sentir algo no?, es eso lo que no te termina de encajar, el por qué te hace sentir algo… el cuento va de eso de como el anhelo es eterno pero el recuerdo efímero, que la posibilidad y la esperanza son a veces iguales y como la realidad está en cambio destinada al olvido.

Él la conoce en un bar, porque quería escribir un cuento sin mentiras, la ve en pijama, porque no quería ahondar en su cortejo y se la folla con tantas ganas y desenfreno en una situación tan cruda e improvisada como cualquier marido a su amada si hay deseo, porque no deja de ver en ella lo que le gusta y ella se deja porque ve en él lo mismo que el día del bar, es un cuento que alguien lee y piensa que pudo ser y que alguien más leerá y deseará ser, a nadie realmente le importa que haya un viejo tomando aguardiente en un parque de Madrid que se siente tan Baires, ni que haya montañas en medio de esa arrebolada ciudad inexistente, que no haya acentos, solo le importará la escena de él poniendo su cara contra la mesa del comedor mientras le quita esa tanga que ya tiene el resorte estirado, y como la penetra mientras el vapor de la olla a presión no deja de escaparse en un pitido intenso, lo que importa es solo eso.

Ella asiente sin que él lo sepa, ella está de acuerdo aunque no se lo reconozca -Sos un desastre lo sabés

-Sí y vos y yo, eternos.

Corriendo con tijeras

Jorge abre los ojos a las 5, sus gatos le dan la bienvenida al mundo de los vivos, le pesa haberlo hecho, nada parece diferente, la sensación que le oprime el pecho llega a toda prisa al hacerse consciente de sí mismo, los gatos lo intuyen, lo lamen, quieren levantarle un poco el ánimo, él lo intuye y se siente mal de poder responder a ese deseo.

Hoy cumple 38 años, fue casi su número de la suerte, mucho tiempo lo veía como algo casi sagrado, hoy no, hoy le pesa, hoy le jode, la aprieta en la garganta, le hala el corazón hacia abajo… nada de eso pasa realmente, pero así se siente; el sol se asoma por la ventana y él aún está tratando de reunir fuerzas para salir de la cama… no parecen llegar, era más fácil antes, ser niño es no ser responsable de uno mismo, esa idea lo atrapa, no había que hacerse responsable de uno mismo, no tenía que pensar en lo que sucedía, solo hacer caso, solo entregarse a un caos de posibilidades, correr con los cordones sueltos, con la ropa sucia, sorber mocos y limpiarse la tierra de las rodillas, el 38 a la espalda en una camiseta vieja y llena de sudor y de partidos, soñar con tenerlo ahí para siempre, aunque nunca suceda.

Sale de la cama arrastrando los pies, la pena y la vida, sus gatos se restriegan entre sus piernas, toma el molino de café como cada mañana y mientras muele piensa, recuerda, revive esos momentos donde el peligro era evidente, donde para acabar el miedo bastaba con encender una luz, cuando lo malo estaba afuera y no adentro, esos tiempos donde un helado lo arreglaba todo, incluso solo la promesa de uno. Ahora es diferente, el miedo está adentro, se siente perdido, 38 piensa, muele, recuerda, sufre.

Saca dos cucharadas y las pone en la cafetera, agrega una taza de agua y camina hacia al baño, toma la toalla acaricia los gatos y sigue pensando, entra a la ducha por inercia, abre la llave con una costumbre pesada, el agua helada cae sobre él y recuerda, revive los días en que todo era más simple, los 38 lo tienen contra la pared y no dejan de lanzar golpes, cuando pensaba le gustaba pensarse como un boxeador, recibiendo golpes, ya no puede evadirlo, ya mamá no puede decirle que se amarre los cordones, que se cambie la ropa, nadie le avisa de los peligros a los que corre, Andrea, su mamá siempre tuvo miedo de verlo correr con tijeras, los niños que corren con tijeras se sacan los ojos, le decía su madre, los niños corren con tijeras se las entierran en el cuello y se desangran, era normal ser educado bajo el miedo, aprenden a respetar el peligro… de grande las tijeras cambian, son personas manipuladoras que se afilan en cada paso, son las personas que mienten, que no sienten ni intentar sentir algo de empatía, los dueños de la verdad los egocéntricos y egoístas.

No se ven peligrosos, pero cuando te caes, sientes el filo de sus acciones enterrándose despacio en pecho, lo piensa mientras sale de la ducha, mientras está desnudo frente al armario viendo el espacio donde antes ella tenía su ropa, nunca aprendí a correr sin tijeras las manos, piensa mientras que ya vestido camina a la cafetera, mientras toma su café, mientras lee el mensaje. Feliz cumpleaños.