Fantasmas

El peso de su silueta en la cama aún no se borra, tampoco su aroma, y eso la hace estar presente, no sabía aunque ya lo había leído que la ausencia era también una forma de estar, eso es lo más desesperante, el recuerdo, el recuerdo hace sentir que la ausencia es solo momentánea, aunque en realidad sea frecuente. El hecho de poder recordarla presente, es devastador, sería diferente si no estuvieras disponible, al alcance de una llamada, porque aunque dispuesta, tu ausencia me sigue acechando cuando doblo la esquina, cuando me levanto a media noche, cuando en un cielo arrebolado a las cuatro de la tarde te imagino con tus botas sobre el borde de tu balcón, con tu copa de vino en la mano, con tu embriagada mirada… tranquila, impasible.

Intento convencerme de que no, no me haces tanta falta, pero fracaso, mientras cocino recuerdo sus nalgas sobre la barra, mientras me baño, la dolorosa temperatura a la que le gusta el agua, no entiendo como una piel tan delicada donde mis dientes y mis labios dejan tan fácil huella puede seguir intacta en esa ducha de agua hirviendo, a esa temperatura mi abuela desplumaba gallinas, y sin embargo ella sale sonriente de la ducha abrazada por una cortina de vapor; he visto saunas menos cálidos…

No está mal que eso pase, no está mal que la recuerde, ni que sea en cualquier momento o a cualquier hora, lo difícil es saber que está tan cerquita que odio un poco su ausencia, ya sé, ya sé, hay obligaciones y vida que vivir, pero que difícil es, sobretodo en las madrugadas de sábado, salir de su cama, y llegar a la mía que no huele a vos, ni a tu sudor, ni a tus orgasmos, ni a tus cremas inodoras, que, aunque en etiqueta digan que no, a mí me huelen.

Cuando llego a casa entiendo mejor a tu perro, tan desterrado de su comodidad, extrañando la atención, el roce, la caricia… no te conté, a veces no entiendo porque no le cuento las cosas tontas en las que pienso, pero son muchas y frecuentes, la próxima ves  que la vea voy a hacerlo, voy a decirle que hay más probabilidades en el mundo de ser una consciencia flotante que imagina el universo, a que este de verdad exista, y que ese cerebro accidental es un genio porque logró darle forma a sus labios gruesos, a su tetas grandes y redondas, a sus nalgas y a ese sexo ardiente con el que hace que pierda cualquier estribo. Ese cerebro merece una medalla, me gustaría dársela, agradecerle, porque imaginarla así como es, es toda un proeza.

Este tipo de estupideces pienso, sin razón alguna, ahora mismo yo escribo mientras ella duerme, plácidamente cogida, un poco fumada, y despertará sin saber que he pasado el día queriendo agradecer a un cerebro flotante por entretenerse pensándome pensándola.

Pensándolo mejor, tanto ese cerebro como ella son lo mismo, fantasmas que rondan mi distraído consciente que lo embelesan y lo llevan a divagar, su ausencia, su presencia ambas constantes en mí y ausentes la una en presencia de la otra, no hacen más que brindarme una solución posible, la misma existencia no es más que un eco de lo que queremos ser y de lo que fuimos, todos somos fantasmas, anhelándolos cuando no estamos frente al otro.

Le doy una fuerte calada a la pipa, el aroma a picadura de tabaco desprende una nube pesada, fantasmas, repito mientras extiendo mis dedos al humo.

Temporada de Caza

—Basta un poco de humanidad para entender, una gota, por desgracia hace unos años que ese poco, esa insignificancia ha pasado a ser un lujo, las personas se creen buenas, racistas pero buenas, clasistas pero buenos, misóginas, egocéntricas, pero buenas, ellas trabajan, producen, tributan, no roban, ni rompen la ley, aunque constantemente la estiran, conocen las reglas del hombre, pero no las humanas, me refiero a las humanísticas, no a las impuestas, sino a las consensuadas, las implícitas, gritan, vociferan, los buenos somos más, aunque cada vez son más pocos.

Así que quiero que sepas que no, no soy un hombre bueno, es m{as me acojo a sentencia anticipada, elijo ser un monstruo, un Hombre Lobo, tengo algo, esa gota de humanidad, pero también tengo demasiados deseos, mi pecado capital favorito es la combinación de dos de ellos LUGULA o GULURIA, siempre quiero un poco más de vos caperucita, morderte un poco más, lamerte un poco más, pero incluso siendo este quien soy, este depravado depredador, me enternece tu dulzura, y pienso que quizá no deba alzarte y tirarte a la cama, o apoyar tu rostro contra la pared mientras te meto mano bajo el ombligo… quizá no de abofetearte el rostro o escupirte, ni ahorcarte… alcanzo a pensarlo con esa gota de humanidad, imagino tu sonrisa cuando lo haga en tu sorpresa, cuando veas que debajo de esta gota de humanidad, de formalidad, debajo de los chistes, y la compostura cotidiana, hay un animal que quiere beber insaciable de tus piernas, de tu boca, un animal con brazos fuertes, —no sabría decirte qué es exactamente, dices, pero hay algo animal en vos a veces, en la forma como me mirás, sé que te gusto, es evidente que me deseas, y quiero que sepas que lo sé. —Quiero decirle que no se equivoca, que quiero agarrarla del cabello, asfixiarla un poco mientras le beso en un café lleno de gente, justo como ese en el que estamos, pero sé que debo ser prudente, aunque ceda a mi instinto, aunque me relama los labios cuando ella se sonroja, cuando se ríe, huelo su perfume, se me acelera el pecho, es luna llena adentro, y la visión se nubla un poco, veo sus labios carnosos, pienso en sus labios carnosos… siento sus labios carnosos.

Me besa, es ella quien me besa, o yo quien me he arrojado, no lo sé, a veces me nublo, a los animales pequeña caperucita hay que temerles, son impredecibles, a los Hombres Lobo en cambio puedes entregárteles, cuando te devore no pretendo lastimar más de lo necesario, aunque quizá te deje marcas, confieso que a veces simplemente pierdo el control, muerdo de más, succiono un poco más fuerte de lo debido, y zas una placa dental debajo de la nalga o en el trapecio, quizá al interior de los muslos, blancas, morenas, confieso que a todas por error las he marcado un poco.

Sonríes, no tienes idea de lo que pasa, no te culpo, yo tampoco, pero comprendo, basta un poco de humanidad pera entender, una gota… la sangre acelerada, los cachetes enrojecidos, estás caliente, y quieres jugar, no sabes aún hasta donde pretendes llegar, no importa, mientras que se sienta bien, te lleva hasta el borde la curiosidad, abajo estoy yo, hecho una bestia, sediento de tu entrepierna, puedo olerte caperuza, siento el olor de tu humedad, respiro lento, la clave siempre está en conservar la cordura, dejar que se acerque, soy un hombre lobo viejo, estoy cansado y no puedo correr tras de ti, aunque la edad es solo un pretexto, en realidad odio el juego, odio tener que convencerte, odio la indecisión y la falta arrojo, la cobardía, quiero decirte todo eso, pero me basta con mirarte, para saber que mi mirada te está diciendo algo parecido, respiro lento y pesadamente, tu sonríes.

—¿Qué muchas ganas?

—Yo sonrío.

Casi algo

No sé qué tienen esas cosas que nunca ocurren del todo, la magia del romanticismo es sin duda esa tensión creciente que nunca deja de acumularse, me gusta, me gusta y sabe que me gusta, me gusta y sé que le gusto, pero no pasa nada, llevamos años así, cerca y no tanto, si nos vemos en la calle sonreímos, así como se sonríe cuando de la nada, en el metro o en el bus se acaba la carga de los audífonos y se sube un músico callejero, uno bueno, uno que de verdad es músico y callejero, uno que tiene algo, ese algo que no se aprende, ese duende gitano que le rompe la garganta al cantar y a uno el corazón, la vida, los sueños… así con esa sorpresa melancólica de que ser bueno podría no ser suficiente, de que gustarse podría no bastar, una risa que duele, una risa que además se irá transformando, vernos es una señal de que sé que quizá pase y sí no, al menos nos acechamos, a veces nos decíamos pendajas así, un solo whats app inútil pero poderoso, te vi hoy, te queda bien el rojo, estabas en?, qué linda te queda esa camisa… fueron tantos, tantas veces, y no desaparece nunca.

Pero verte, aunque me encanta me jode, me saca, me quita la paz cuando tu ausencia es de nuevo la que ronda, y me muero de ganas de verte y no besarte, de abrazarte y continuar sin quitarte la ropa, cuando pasan más días, el dolor se intensifica, se vuelve irracional y ya solo grita:

Vos te me aparecés y empiezo a recordar tantas conversaciones 3:16

tantos momentos cercanos 3:16

íntimos 3:16

tanta historia 3:16

es como un panal de abejas zumbándome 3:16

la deseo 3:16

la deseo mucho Fer 3:16

y me muero de ganas de recorrerle la piel 3:16

de morderla detrás de las rodillas 3:16

cerca de las nalgas 3:16

de tomar su cabello y presionar su cara contra mi almohada 3:16

quiero verla sobre mí, debajo de mí, a mi lado 3:16

quiero verla durmiendo con la piel brillante por el sudor 3:16

quiero sentir el olor de su sexo en mi barba al despertar 3:16

lamer despacio la punta de sus pezones y sus labios 3:16

besarla después de bajarle 3:16

acurrucarla 3:16

arruchármela 3:16

así, así todo el día, como abejas zumbando 3:16

Los envío continuos, pero no simultáneos, los envío de una manera obsesiva y constante, los envío con las ganas susurrándome al oído, mordiéndome la boca, las envío sin pensar en la respuesta, sin importarme la respuesta, las envío porque estoy cansado de verte a lo lejos, fatigado de esperar a que quizá pase, aterrado de que quizá no, pero estoy jugado.

Pienso eso y también pienso en sus ojos verdes, en que no le gustaban sus ojos verdes, en que de niña la hicieron sentir diferente, es curioso ese sentimiento, el sentirse extraño por primera vez, es saber que no se encaja, que existe el otro como concepto, que no se hace parte de algo, es curioso porque de grande ser mayoría generalmente significa estar equivocado, pero en la niñez ser diferente es oler diferente, es la segregación el miedo a la soledad que aún no se ha vuelto buena compañera.

Recuerdo sus llamadas a media noche, a menudo después de follar con alguien más, quizá un poco high, ahora que lo recuerdo, quizá también esas llamadas eran un poco como los mensajes que yo acabo de disparar, un grito de guerra, un reclamo airado, ¿por qué no fuiste vos? Por qué no estás aquí acurrucándome, por qué no es tu sudor el que me llena la boca, por qué no fue tu carne la que me dejó temblando las piernas, quizá también esas llamadas eran un no te soporto más tu ausencia presente, quizá, también podría ser que no sea nada, que fuera tan solo parte del viaje, ganas de hablar y de conectarte con alguien más para no sentirte atada, quizá.

Vuelvo a pensar con ternura, menos lascivamente y de repente un recuerdo, un dije colorido en medio de su saco desabrochado, no se ven sus tetas, no del todo, pero la forma, el tamaño se realzan, su cabello arrebolado, fuerte, revuelto como el mar rompiente, y luego otro recuerdo, a contraluz su piel blanca casi se funde, con ella, sus pezones casi imperceptibles pero presentes, y luego otra, de espalda, su vientre expuesto…

No voy a parar en esta montaña rusa, su recuerdo me tiene secuestrado y postrado ante él, no puedo y no quiero huir de él, tampoco sé si quiero que sea recuerdo o si prefiero que siga siendo anhelo, casi algo, casi mía, casi suyo, casi juntos, no me molesta, casi casi no me molesta.

Vicio

El niño nuevo no deja de llorar, dice, justificándose que todo lo que hizo fue porque quería otra vida, diferente, no es tan grave dice, si alguien lo supiera, si el juez y el jurado hubiera escuchado a su mamá gemir cada noche para subsistir, si hubiera visto los hombres que la golpeaban, si hubieran entendido lo humillado que me sentía cada noche, si tan solo hubieran vivido mi vida, me perdonarían.

El jurado no perdona a nadie niño, lo han visto todo, escuchado todo, no a tu madre, bueno quizá sí, quizá a la tuya sí, pero ellos no necesitan escuchar gemir a tu madre, ellos han escuchado a otros cientos que como tú nunca escucharon a su madre gemir, no busque simpatías inexistentes, tu vida fue dura, y no estuviste a la altura. Al jurado, nada más importa. Sos culpable, siempre lo ha sido las decisiones las tomaste vos, manipulado o no, vos decidiste y entre más rápido la aceptés mejor.

Yo tenía 17 años cuando mi suerte se jugó, era nuevo en un colegio católico, así que si algo sabía es que había depravados. Siempre los hay entre los curas, lo contagian como una epidemia, es divertido que les digan curas, son realmente infección, una enfermedad, solapados.

Éramos 8, teníamos quince, éramos niños, yo aunque me veas aquí, aunque me digan dealer, estoy aquí por amor y no por droga, tenía todo lo que vos querés niño pobre, tenía la plata, los carros, el poder, mi abuela era gobernador, pero no me bastaba, no lo quería, no era importante, sé que te jode, para mí ser no bastaba y vos querías tener lo que yo era, pero te aseguro que no vale el precio que estás pagando, tampoco lo hace el turo, yo quería a una mujer experta en hacerme sentir deseado, quería una puta gimiente, a una loca alborotada, yo quería todo eso que tu mamá fingía ser y la verdad me bastaba.

Cada fin de semana juntábamos los algos, e inventábamos trabajos extracurriculares cada viernes, el primo de Cris era door man, nos dejaba entrar por 15 lucas, ver cucas, depiladitas y no tanto, verlas cambiarse, era un show especial, tonto, vago, como nosotros, era un show que se compartía con el último juego de supernintendo, los últimos tenis o tablas, no teníamos para culiar, a duras penas pagamos por ver nos inventamos los putiaderos pay per view pero nada de regalías, dije sonriendo, en fin, yo renuncié a todo, mi familia tenía nombre, podía hacer a cualquiera mi perra, pero domesticar una era interesante, lamentablemente me mordió, me sembró una hectárea de droga en la pieza que vivíamos y ese tombo que ella decía que era gay, llegó a registrarnos el cuarto el único día de la semana que estaba solo.

Me entendés las mujeres como tu mamá, solo quieren una cosa, verde, un vil metal, pero vos soñá con una mujer buena, no hay tantas por cierto, soñala y sobretodo merecela, porque ellas las otras, las de pegaito a la paré, no valen la pena aunque cobren el intento.

El niño lloraba, su madre, el único día que lo dejaba solo, un exnovio policía llegaba para requisarla, ni una llamada, ni un visaje, me entendés las mujeres como tu mamá te siembran, s{i es normal que estés aquí, sabes qué, yo la quería, pero ella solo quería mi billete, fue duro, 35 años me metieron… me gasté la herencia en hierba pa vender y ella en 30 millones de mierda convirtió mi entrega, nunca importé.

Así que deja de llorar, porque a ese negro, a Germán, le encantán lo llorones de 1.50 cm.

La dictadura de las sábanas

Era una mujer jovial, de una risa continua y estridente, alborotada como su cabello y a todas luces encantadora, le gustaba decir que era una sorpresa constante, y en verdad lo era, incluso para ella, cada día encontraba su propio camino y a cada hora un nuevo viento para ir hacia algún lugar o hacia otro, la vida era una posibilidad irresistible, un antojo, un deseo… un arrebato, como su peinado.

De repente llega un mensaje, hace cosquillitas en la entrepierna, de la nada otro no quiero que vengás hoy a dormir, boté tu libro, se me olvidó subir el mercado, salimos de viaje a las 6… así súbitos, sin pistas, inminentes, toda su vida diurna transcurre en un movimiento imposible de predecir o seguir. Ella baila sola, la compañía le viene bien para una o dos canciones, pero después cambia el ritmo, la cadencia, los pasos, solo quiere moverse, desbordarse y entonces no hay pareja que le sirva.

Él era astuto había aprendido con el tiempo que el agua tiene un flujo que no puede controlarse, que los caudales encausados suelen matar la vida, que canalizarla sería lo mismo que perderla porque ya no habría arrollo, ni rápidos, ni cambios, nada de torbellinos ni de piscinas naturales, nada de ella, así que no procuraba cambiarla, y se sentaba a lo lejos cuando ella cambiaba el paso, ya volverá pensaba él si ha devolver se decía a si mismo. A él le gustaba pensarse como un gato, cariñoso cuando se le antojaba, pero cauteloso, cariñoso en la seguridad de la intimidad pero apenas perceptible delante de los demás, así que su relación iba bien sobretodo cuando nadie los veía.

Eran casi exiliados voluntarios, haciéndose compañía en los lugares adecuados, abrazándose, besándose, y curándose las heridas más profundas, con la fuerza justa, con el ritmo justo hasta que llegaba la noche, ahí ambos perdían la guerra contra sí mismos, ella queriendo desconectarse del mundo, apagar pantallas, aislar sonidos, él extendiendo el día, golpeando teclas, jugando y corriendo como un gato a la media noche de un lugar para otro, queriendo leer, cocinar, escuchar música o ver televisión, deseando robarle al día un poco de su vida como lo había hecho la oficina con él y entonces en ese ying y yang que en el día encontraba el equilibrio, en la noche se transformaba en la guerra, y como toda guerra tenía daños colaterales.

Platos, ollas, cenas, botellas de vino sin empezar o sin terminar volaban, cada noche peor, cada noche más oscura, más larga… al final ambos sucumbían al cansancio, y dormían, eso y el aceite de CBD que él usaba para cocinar, eso y el vino que ella tomaba siempre con la cena, eso sumado a las pastillas que ambos tomaban ya en su habitación.

Al despertar, era extraño, el sol a ella le dibujaba una sonrisa, el café a él le despertaba las ganas, follaban cada mañana hasta sacarse la rabia, se mordían, se escupían, se castigaban por su comportamiento del día anterior y al mismo tiempo se complacían a un nivel que siempre los dejaba extrañándose, su intimidad cómplice, su pacto secreto lo sellaban cada mañana viniéndose el uno sobre el otro.

Dictadores de las sábanas, se miraban, se reían, veían la cama desajustada, lejos de donde había empezado la faena, la estamos torturando, pensaban deberíamos pasarla a mejor vida… bromeaban, y cansados se alejaban el uno del otro.

Goteras

Toda gotera es discreta hasta que ya nada puede detenerla. El agua sabe ser paciente, no tiene prisa, se acumula, suma fuerzas, y entonces, emerge, primero imperceptible, luego molesta y finalmente caótica.

Es metódica, constante, una gota de talento puede hacer la diferencia, basta una gota de algo, lo que sea para cambiar radicalmente todo, una gota de suerte, una gota de hambre, una gota, que cae continuamente duele en los lugares correctos, fractura, destruye, solo necesita tiempo…

Las primeras gotas después de un beso, se acumulan y no tardan en convertirse en un caudal de ganas que no deja nada seco a su paso, nada tieso a su paso, nada en orden… es igual en la comida, gota a gota los jugos de un limón, de aceite, de sangre invaden el resto y lo dominan.

Una gota de esmegma o de semen atraviesa un pequeño orificio en un condón y es suficiente para que dos vidas cambian y una más nazca, una gota de sudor corriendo por un brazo ajeno en un sistema de transporte público se acerca a tu mano y el asco se convierte en desesperación, te mueves, intentas huir pero es imposible, el sudor te toca y sientes las náuseas apoderarse de ti.

Un gota de licor toca la lengua de un atormentado y de inmediato se abre un océano de culpa, un deseo intenso de ahogarse en él, una gota, una sola maldita gota puede acabar con el hombre, con la humanidad, con todo, una gota de locura en el hombre que aprieta el botón, que gira la llave y bastaría para que el tiempo deje de correr.

‑¿Lo entiende?

‑Sí, lo entiendo, ya le dije que lo entiendo, como fontanero lo tengo claro, tiene una gotera y eso le molesta, pero no tiene que decirme todo esto, solo donde tiene la gotera, la puta gotera para que vea lo que es una fuerza caótica, solo señale donde tengo que golpear y romper, para canchar, impermeabilizar y sellar esa gotera que lo tiene en un estado tan lamentable.

‑­El hombre mira al fontanero, lo hace como quien ve a una especie de dios, a uno capaz de librarlo de la ira de sus vecinos, de la culpa de su torpeza, de su falta de interés, lo mira como quien encuentra la paz a su sosiego.

-Allá señala al fin

‑El fontanero toma su martillo y lo estrella contra el piso, una y otra y otra vez, consistente, paciente, como una gotera.  

Amaneceres

El sol sale siempre sin muchas variaciones, puede hacerlo un poco antes o un poco después dependiendo de la latitud, más intenso dependiendo de la estación, pero nunca realmente sorprende, y no me malinterpretes, sigue siendo hermoso y fascinante, pero cotidiano, y sin embargo, a veces, con una taza de chocolate de mesa, no café instantáneo, sino ese que sabe a al que preparaba mamá, esos que ella espumaba haciendo bailar el molinillo de madera, ya sé que yo no lo preparo así, la tecnología se ha encargado de que pueda hacerlo hundiendo solo un botón con una chocolatera… y aunque no es lo mismo, es lo mismo.

-Carlos le habla desde la cama, ella lo escucha sonriente, sabe que los días donde se toma el tiempo para hablar antes de salir de la cama es porque está despierto, presente, sabe que está ahí con ella, atento y eso le gusta, no le dice nada pero sabe que cuando piensa en algo tanto queda en un estado en el que lo ve todo.

Ella sabiéndolo comienza su ritual de cada día, pero sabiendo que aunque nada ha cambiado hoy todo es distinto, elige su ropa interior sabiendo que mientras sigue hablando de chocolate la mira, que mientras le cuenta del queso derretido dentro de la taza no le saca mirada de encima y por eso escoge un bralette que le hace juego, y sonríe, sonríe con malicia, con ganas, sabe que el aún en cama la mira y se muerde la boca, aunque ella no lo está viendo lo sabe, sabe que debajo de las cobijas los músculos se tensan y toma la crema y se acaricia las piernas mientras que el habla de arreboles en el balcón, del chocolate espumoso y del valor de los momentos, los pequeños, los simples, del registro que deja el aroma en el tiempo, en él.

Y Ella entonces camina, dando saltitos pequeños, abre su repisa y comienza a mirar a los colores, los cristales, a destaparlos y olerlos, ummm piensa Fantasía floral para generar ese ambiente con el que lo deja en un estado tierno y apacible, o quizá esa madera sexy, esa que cuando el trata de describir lo que siente, habla de la sumisión a la que se siente llamado, a cómo le cambia su visión de ella, a como su 1.60 cm se transforman en una figura imponente, capaz de domarlo, de su deseo de obedecerla y complacerla para que esté contenta, también está ese otro con el que se siente provocativa y dulce, caprichosa y divertida y de repente nota el silencio, huele dulce, no es ella, no ha tenido tiempo de usar ningún perfume, él se ha levantado de la cama, ha cocinado, huele a chocolate, a pan caliente, a mantequilla de perejil, a fruta fresca…

Ella elige dispara en las clavículas y detrás de las orejas, nunca en las muñecas, solo un poco detrás de las rodillas, suspira, poderosa, sexy, dominante, se viste para la ocasión y sonríe porque cuando él cocina ella sabe que él es consciente de que ella no es suya, cuando habla del sol, del chocolate, de los arreboles, de la vida, recuerda que está vivo y se entrega a los pequeños momentos, si todo sale bien, esta noche amanecerá en medio de orgasmos, que lindos son los amaneceres distintos piensa y se sienta a la mesa sonriendo.

Al límite

Son las 8 de la noche y siento ganas, quiero sentirte aquí, cerquita, como un vicio te necesito, sé que es mentira, pero te quiero cerca, hago equilibrio y camino por tus deseos y los míos, sabes, no somos tan distintos, los opuestos se tocan en los bordes, y por eso vos y yo caminamos sobre la misma línea, al menos en una o dos cosas importantes.

Si lo entendieras sabrías donde conectar, pero insistes en irte al otro polo, en repelerme, no te das cuenta, pero estamos al límite, en ese borde, pero está bien, a veces pareciera que no solo caminamos en bordes diferente sino también en sentido contrario, pareciera que solo así me vieras, como esas personas que solo se ven cuando es inevitable, como el carro que solo ve una dirección e invade un carril en un giro prohibido para encontrarse de frente el karma, el destino, el castigo e impacta a un motociclista que avanza sin cometer infracciones, como esa gente que va tan pegada al celular que choca de frente con alguien que camina tranquilo conversando y tras recibir el golpe, ambos perplejos miran desconcertados a los causantes ausentes.

Al límite como los escritores que terminan sus noticias viendo en el reloj la cuenta regresiva de la imprenta consumirse, vos no lo sabés, ellos no lo saben, yo tampoco, no tengo ni idea de que estamos tan distantes porque en proximidad nos vemos frente a frente, pero los caminos tienen rumbos distintos… es como ese boxeador que va ganando por puntos, pero está a punto de perder por nocaut, vamos así sin saberlo corriendo con el sombrero en la mano para deslizarnos por debajo de la puerta, el balón en el aire rumbo al aro con el reloj en cero.

No hay otra forma de vivir pienso, no vale la pena de otra manera, pero lo cierto es que no lo creo, es tonto ser terco cuando los límites se marcan, cuando las distancias se establecen, vos y yo vamos a lugares diferentes, así que al carro le hará falta acelerar un poco más para crear la ventana de tiempo adecuada para que la moto pase sin problemas y la estrella, el reloj de la imprenta lanzará la alarma y el escritor acelerado verá partir su oportunidad de sacar primero la nota, porque una llamada para confirmar la información no llegó a tiempo, tras tres jabs consecutivos el boxeador bajará la guardia y un uper cut de derecha lo dejará inconsciente en el suelo, el balón golpeará el tablero, el aro, bailará sobre él y al final cuando todos creen que sí, la fuerza será demasiada y saldrá por el lado derecho del tablero, e Indiana Jhones no lo logra, no es la escena final, sino cualquier ensayo, uno malo, tropezaremos, o quizá no podremos agarrar el sombrero al deslizarnos, nadie dice corte, no se imprime y la escena se repite.

Al límite del entendimiento, pero aún así despiertos, enfrentamos la duda, la enfrento yo, tú no sabes qué estoy pensando, no conoces este límite, esta idea, nunca pude contártela, somo una casa tomada, ruidos y presencias nos expulsan el uno del otro, nos alejamos sintiendo la presión, es un movimiento similar a una prensa hidráulica, algo nos desplaza, algo externo creemos, pero no somos nosotros, que no nos vemos al borde, en el último extremo, al límite de nuestras decisiones, y continuamos entonces yéndonos sin saber lo que hacemos, sin entender que desde antes de empezar a notarlo fuimos siempre solo una línea paralela acercándose hasta casi tocarse.

Pero para los límites, casi no vale, tenemos límites que nos fijan a un espacio en el tiempo, y desde cerca nos vemos partir. Son las 8:15 ya no pienso en verte, ni en tenerte cerca, el gato vomita debajo de la cama.