Las épocas cambian, las historias cambian, Mary lo sabía, y el negocio familiar lo resentía, ella había heredado de sus padres y ellos de sus abuelos el negocio del miedo, los sustos, al comienzo fue fácil, cuando la gente leía imaginaba, se podía usar eso en su contra, la mitad del trabajo la hacía la ignorancia, sus tatarabuelos simplemente contaban historias, basta hablar en cada pueblo de criaturas extrañas, de hombre lobo, vampiros, chupacabras, del Sombrerón, la madre monte o de cualquier bruja, la gente tenía miedo de lo que desconocía y en su cabeza, esas palabras hacían eco y retumbaban, demasiado pueblo y demasiada misa, el mal personificado, el castigo de sus pecados.
Esos eran buenos tiempos, ahora la gente ha olvidado sus temores originales, ahora le temen a sus conversaciones, a su historial de búsqueda, sus demonios tienen otros nombres, Fomo, Ghosting… la última es curiosa ahora nadie le tiene miedo a que algo se aparezca sino a que se desaparezcan, la gente está loca, dice Mary mientras instala otro espejo y un parlante, habla sola, mientras que camina, habla pensando en sus padres, en su abuelo y su abuela, no habla, se queja… pero así va, de unidad en unidad, agregando humo y sonido a cada espejo.
Esta es su última idea, la última posibilidad de salvar el negocio de la familia es volver a lo básico, piensa mientras continúa haciendo los arreglos, los miedos deben venir de adentro, afuera nada asusta, lo artificial no arrebata el sueño, sorprende sí, genera adrenalina, pero no te hace pensar ni cuestionar nada, no te hace dudar de la realidad, el sobresalto se supera con facilidad, pero los miedos deben atormentarte, consumirte, sabes mamá, dice para sí misma mientras trabaja, la agente ya no entiende la diferencia entre una emoción fuerte y el miedo, creen que aman el terror, pero lo que les gusta es la adrenalina, solo que la mayoría son demasiado cobardes para intentar el paracaidismo o el salto en caída libre, buscan un reemplazo que se los brinde, pero no respetan el concepto del miedo, evitan confrontarse así mismo, ver el monstruo que llevan dentro, el abuelo sabía bien que para asustar realmente a alguien se necesitaba cierta complicidad, cierta aceptación de lo que iba a suceder, una historia en la que cada persona pudiera reconocerse tanto en la presa como en el predador, en el científico loco y el monstruo carente de afecto, entre la virgen y el vampiro, entre la soledad y el deseo de ser amado, entre poseer la fuerza bruta para partir en dos a un ser humano y el miedo de ser ese ser humano…
Pero el negocio debe continuar, se dijo a sí misma y siguió instalando uno a uno los parlantes en cada unidad, convencida de que el miedo era necesario, ese pensamiento la había consumido en los últimos año, se había planteado de si su relación con él era lo que la motivaba a que los demás lo sintieran, quizá era solo una venganza personal, quizá si ella tenía miedo de perder su propósito era injusto que las demás personas vivieran sin esos miedos, quizá porque nadie había entendido nunca la esquizofrenia que había llevado a sus padres al suicidio ni a sus abuelos al manicomio, quizá todo este plan validaba su autodiagnóstico, seguía viva porque en ella la locura era discreta, una sociopatía simple, una falta de empatía y emociones que le permitía continuar con su obsesión, pero quería compartirla, expandirla, quería ver los rostros desfigurados por la angustia, palidecer, quería ver el sudor en sus rostros y con esa imagen en su mente iba estación por estación agregando parlantes a cada una, convencida de que iba a funcionar, de que había descubierto un miedo real para una generación llena de mentiras, algo de lo que no podrían correr, ni refugiarse de nuevo.
Durante meses había estudiado a sus vecinos, recopilado las historias que sobre ellos se decían, generado teoría y rumores que se expandían lentamente pero que para esta altura del año ya sin duda alguna cada uno de ellos debía haber escuchado al menos una vez, era simple, ellos mismos, sus inseguridades devaladas, cada uno llevándose a casa una imagen de la que nunca podrían liberarse, un reflejo que se encontrarían cada día frente al espejo.
Sonrió mordiéndose los labios, la idea la excitaba, tecleó en el letrero luminoso: Función de terror en la casa de los espejos, única función.