Sal al gusto.

Te tiene que gustar mucho la mierda para disfrutar lo que haces, me reclamó de frente y mirándome a los ojos, me lo dijo con la cara roja, con las lágrimas corriéndole por las mejillas, me lo dijo como un grito ahogado de la libertad derrotada, como lo que era, un reclamo tardío, la impotencia hecha palabra, palabras vacía además porque llegaba tarde y cuando algo llega tarde pierde fuerza.

Su ira no era real, era la memoria de una ira guardada, una ira envejecida, mal cosechada, su ira era una rabieta caprichosa, sin sentido vacía y banal, todo lo que llega tarde es así, las ganas que se quitan tardes son más rencor que ganas, las alegrías tardías menguan, tarde, nada vale, ni la palabra indicada es del todo certera, cuando algo llega tarde aunque sea fuerte no puede nunca borrar su demora, la razón de su tardanza, las excusas, las despedidas, si algo llega tarde llega maltrecho.

Y aunque estuviera mala en el fondo, tenía razón, me gustaba mucho, había algo en el trabajo que me gustaba, que siempre me había gustado, hay algo en esos trabajos simples que me cautiva, el hombre avaluado por el músculo, el hombre con fecha de caducidad, la utilidad funcional en venta, el hombre comprado por peso y talla, por cuanto puede cargar y por cuánto tiempo puede cargarlo, sí era fácil y sencillo, sin caprichos, sin mediadores, sin cerebritos ni antojos, en la vida real reina el pragmatismo, el burdo, rústico, directo y esencial. Sí tiene que gustarte y eso es lo que más me gustan.

Sin pleitesías, sin condescendencias clasistas ni morales, todos en el fondo saben que son iguales, que se tienen a ellos, no hay un dios, ni un creo que los soporte, para los pobres diablos como ellos no hay capitalismo, ni socialismo, no hay futuro, pasado, no hay jubilación ni desempleo, solo un eterno trabajo, el retiro es una chaza, una tienda, pero no gloria en el futuro, te tiene que gustar tanto como morirte de hambre escribiendo, pienso pero no se lo digo, me tiene que gustar tanto como le tiene que gustar a un cantante de ópera cantar en bautizos y matrimonios, tanto como al pintor que hace murales comerciales para una alguna marca en alguna publicidad, tanto como a los chef lavar platos, pero cada uno tiene una droga diferente, es esclavo de un gusto distinto, ella no lo entiende, nació después de la pandemia, no sabe lo que es perderlo, cree que gusto es vestir chic y descubrir que hace 20 años lo coquette estuvo de moda.

Me gusta asiento, no lo digo pero asiento, sin presiones, sin medios ni mediadores, sin nada y sin nadie, sí me gusta, solo frente al espejo, solo en medio de las cuerdas, solo como en los viejos tiempos, solo contra la página en blanco, solo con el miedo en frente, solo con el presente, sin reconocer ningún pasado, desconociendo cualquier futuro, sí me tiene que gustar y mucho, pero no puedo explicárselo, algunas cosas se enseñan pienso, otras se aprenden, no es la primera vez que lo pienso, lo pensé antes, lo pensé y lo dije antes, para ella lo que me queda es poco, aunque desconoce lo mucho que vale, me gusta tano que no puedo dejarlo, ella me mira, sabe que estoy pensando porque guardo silencio, lo sabe porque mientras crecía muchas veces me vio hacer lo mismo para luego contestarle algo que la dejaba pensativa, perdida, sí eso le gustaba pero ahora lo odia, me reclama y me odia un poco porque ella apenas empieza a odiarlo y yo no pude nunca aprender a hacerlo, porque las pasiones son así, enfermedades terminales, entonces la miro, la abrazo y le digo, yo siempre te dije que la sal es cuestión de gustos, ella no entiende que jamás fue un gusto por lo que más dijeran, no entiende el gusto que no alaban los que tienen buen gusto, le falta sal para mi gusto. Pienso, pero no se lo digo, hay cosas que se enseñan y otras que se aprenden.

Un poco de todo

La clase comenzó puntual como lo habían advertido. Era aterrador el escenario, pasó al frente de todos, una hoja como escudo, y la vida escrita en ella, el dolor, el miedo, uno a uno leían con la garganta cerrada y con el miedo en los ojos. Había de todo, desde lo normal hasta lo extraordinario y en medio de ese pánico cinematográfico, de esa tensión consciente que genera conocer la lista, sabía que se acercaba mi turno, y lento pero preciso el tiempo correría hasta alcanzar mi apellido; allí no habría escapatoria.

Y entonces sucedió, mi apellido resonó fuerte. Me levanté temblando y caminé deseando haber omitido algunas frases, deseando haber escrito algo más, haberles contado sobre cómo fantaseaba con alguien, o hablarles de mi primer viaje, no debí abrir esta puerta, no quiero que nadie se asome, que nadie lo lea, ni mucho menos leerlo, quiero recuperar mi privacidad; pero es tarde, estoy ya frente al grupo y mi voz ya ha empezado a narrar:

El 20 de julio de 2016 Leila Guerrero escribió «¿Les pasa?» Una pregunta que se respondía a sí misma, una conversación silenciosa con la que puedo asentir en silencio.  —Contantemente, Leila, constantemente. Quisiera conocerla para decirle sí me pasa. Quisiera tenerla en frente para decirle algo que ella seguramente ya sabía incluso antes de escribir, que no estaba sola y había un montón de gente sintiéndose igual, adolorida, con más anzuelos clavados en el corazón, que su pregunta intencional y subversiva no solo iba a entrar a confirmar un estado sino a explicar un montón de cosas para mi vida, en especial que estaba bien.

Quizá la pregunta nunca fue para sí misma, quizá era para los demás, para los que estábamos frente a la pantalla, de espaldas al mundo. Quizá fuera para nosotros, la hoja temblaba en mis manos, estoy contando demasiado, sabrán de mi soledad y mi dolor, están viéndome todo, no me siento empelota, no, me siento traslúcido, no solo ven dentro, ven a través, pienso mientras leo, creo que piensan mientras cuento.

Hay silencio, mucho silencio. Seguro no me oyen, seguro se aburren, seguro piensan en alguien más, en algo más, seguro no están aquí conmigo sufriendo este momento tenso, los otros textos han sido superficiales, anécdotas divertidas, adolescentes enfrentando su desamor, su insomnio, despechos juveniles, dolorosos, pero nada trascendentales. Y a mí viene y me da por hablar de que nada está bien, aunque todo esté bien, de esos días donde todo me hastía, de esos momentos en los que yo me pierdo, de ese silencio que aturde, de ese espasmo emocional que me contrae las ganas. Por qué, por qué.

Continúo leyendo, y hablo sobre como me gustaría ver a Leila a los ojos y ver mi reflejo en ellos, sentirme parte de ella como cuando la leí por primera vez, como cuando asentí entre lágrimas y le dije sí, sí me pasa, a una pantalla, como cuando vi el día pasar recordando que un día, un 26 de julio de 2017 leí por primera vez a Leila y nunca pude dejar sus palabras, que siguen allí, atravesadas en el corazón junto al anzuelo que me la recuerda, junto a la vida que pasa sin a veces tocarme. Sí Leila, a mí me pasó, a mí no ha dejado de pasarme.

Escucho aplausos, es mi profesor, me mira riendo. He sufrido, lo sabe, le gusta, sádico hijo de perra.

Hoja de vida

—No lo entiendo, dijo mientras miraba a la secretaria.

—La hoja de vida, debe traer una hoja de vida para la entrevista —He dicho que no lo entiendo, no que no la haya escuchado —Pues sinceramente joven, no sé en qué se pierde, qué es lo que se le escapa, usted me dice que vienen a aplicar al departamento de investigación creativa, pues si es así creo que no debería ser tan difícil de deducir que la entrevista requiere de una hoja de vida que le permita a nuestro personal de selección inspeccionarlo, conocerlo, y luego lo llaman a la entrevista.

—Sé como va el proceso, Dora, le puedo decir Dora? —Em sí, dígame dora —Gracias dorita —Dora, no dorita —Está bien Dora, le decía que entiendo perfectamente, pero me genera cierta curiosidad, de porqué no hacerme las preguntas directamente, ya estoy aquí, he venido porque me han llamado y mi amigo el canoso, el de lentes gruesos, lo conoce usted? —Ah el señor Jorge, sí lo conozco —Así es Jorge me ha pedido que venga, que les vendría bien alguien con mis habilidades, y ahora resulta que quieren que me vaya a casa, les escriba y les diga todo lo que podrías decirles en persona.

—Permítame llamar a gestión humana, quizá tenga razón y puedan recibirlo

—Dora tomó el teléfono marco y convencida por el discurso decía que tenía a un candidato que venía recomendado por Jorge, el mismísimo Director en Investigación Creativa, que había pasado para facilitar el proceso y realizar la entrevista. Todo esto lo hizo con una voz que parecía indicar que esa era su propia idea, no, no, no necesita hoja de vida querida, puede preguntarle todo a él de primera mano, le dijo mientras le guiñaba el ojo al candidato, el nombre, —Julián, dijo él mientras también le guiñaba un ojo

—Julián No conocía a Jorge, pero sí conocía a Dora, o mejor, a las personas como ellas, 37 años solteras, tanto hombres como mujeres en esos puestos subordinados se comportan igual, intentan satisfacer, y eso los lleva a convertirse en filtros, presionan al visitante, pero si este manifiesta conocimiento de un cargo superior e influyente y dan a entender de alguna manera que pueden haberse sentido maltratados o desatendidos por ellas, si intuyen que pueden presentar una queja, sus papeles se invierten, ahora no intentan filtrarte, o descartarte, intentan por el contrario congraciarse con el visitante, extraerle la mayor cantidad de información porque necesitan cumplir su segunda misión, conectar, simplifican la data, quién es uno, a qué viene, con quién debe hablar, todo esto sin saberlo lo coteja en su base de datos con visitas anteriores, acude a sus recuerdos sin percatarse y eso hace que se fijen en forma de hablar, palabras que usan, postura, vestimenta, el reconocimiento facial busca en una base de datos, el reconocimiento de Dora y de las secretarias, secretarios asistentes, es mucho mejor, pero también es vulnerable, si sabes donde presionar, por eso ahora dorita le conseguía lo que Jorge quería.

La gente olvida que hay personas como Julián ahí fuera, y se piensan preparados, así como a dora también conoce a los oprimidos, y a los opresores, sabe cómo hablarle a los celadores, a los policías, si no fuera estafador, seguro sería publicista, pero es más astuto, por eso juega solo, por eso no trabaja para nadie más que para sí mismo, y cuando Ángela de recursos humanos lo ve, cuando lo tiene en frente, él se da cuenta que no tiene anillo, que tiene casi cuarenta, que tiene unas piernas a la que los tacones le combinan perfectamente, unos labios gruesos, y algunas canas que se distinguen solo en las raíces, que su vientre no ha dado a luz, que en su dedo anular hay una sombra, un color de piel que no empareja, y piensa una divorciada, una persona divorciada es, al contrario de lo que muchos piensan un peligro, fue herida y sobrevivió, ha descubierto algo de ella que no sabía, se ha hecho consciente que si había una vida después de, y en ese momento se sienten invencibles, la novedad los renueva, como el alcohólico que deja de tomar, o el que deja de fumar, se llenan de un orgullo bárbaro, al menos las primeras semanas, por la mancha de la argolla, ella ya va quizá en la séptima o la octava, para fortuna de Julián en esa semana comienzan a flaquear y él lo sabe.

En la entrevista es condescendiente y considerado, atento, la escucha, la hace sentir parte de la entrevista, es cercano, ella olvida qué debe preguntarle, le gusta estar junto a él, las personas creativas deben ser empáticas piensa Ángela, para el área de creatividad sería un gran elemento, se miente así misma, la verdad es que quiere tenerlo cerca, quiere intentar seducirlo, como la ha visto Julián, le recuerda que aún es muy mujer para andar peleando, la actitud inofensiva que ha mostrado, la complacencia, la hace soñar con un amante considerado y dispuesto a esforzarse, terminan, le dice que el empleo es suyo en cuanto le mande la hoja de vida, que la necesita para el papeleo, Julián le dice que el lunes sin falta.

Julián sale sonriendo, ella sale sonriendo, adiós dorita le dice él al despedirse, chau juli, le dice ella, ahora quiere ser íntima. Es viernes 5 pm, todos se van sonrientes. El lunes al llegar al estudio la sorpresa es devastadora, no queda nada, lo robaron todo, y en el video de la seguridad vuelve a parecer Julián, el policía se enfurece, otra vez este hijo de puta, —30 robos en el último año, qué hoja de vida la que tiene.