La casa de los espejos

Las épocas cambian, las historias cambian, Mary lo sabía, y el negocio familiar lo resentía, ella había heredado de sus padres y ellos de sus abuelos el negocio del miedo, los  sustos, al comienzo fue fácil, cuando la gente leía imaginaba, se podía usar eso en su contra, la mitad del trabajo la hacía la ignorancia, sus tatarabuelos simplemente contaban historias, basta hablar en cada pueblo de criaturas extrañas, de hombre lobo, vampiros, chupacabras, del Sombrerón, la madre monte o de cualquier bruja, la gente tenía miedo de lo que desconocía y en su cabeza, esas palabras hacían eco y retumbaban, demasiado pueblo y demasiada misa, el mal personificado, el castigo de sus pecados.

Esos eran buenos tiempos, ahora la gente ha olvidado sus temores originales, ahora le temen a sus conversaciones, a su historial de búsqueda, sus demonios tienen otros nombres, Fomo, Ghosting… la última es curiosa ahora nadie le tiene miedo a que algo se aparezca sino a que se desaparezcan, la gente está loca, dice Mary mientras instala otro espejo y un parlante, habla sola, mientras que camina, habla pensando en sus padres, en su abuelo y su abuela, no habla, se queja… pero así va, de unidad en unidad, agregando humo y sonido a cada espejo.

Esta es su última idea, la última posibilidad de salvar el negocio de la familia es volver a lo básico, piensa mientras continúa haciendo los arreglos, los miedos deben venir de adentro, afuera nada asusta, lo artificial no arrebata el sueño, sorprende sí, genera adrenalina, pero no te hace pensar ni cuestionar nada, no te hace dudar de la realidad, el sobresalto se supera con facilidad, pero los miedos deben atormentarte, consumirte, sabes mamá, dice para sí misma mientras trabaja, la agente ya no entiende la diferencia entre una emoción fuerte y el miedo, creen que aman el terror, pero lo que les gusta es la adrenalina, solo que la mayoría son demasiado cobardes para intentar el paracaidismo o el salto en caída libre, buscan un reemplazo que se los brinde, pero no respetan el concepto del miedo, evitan confrontarse así mismo, ver el monstruo que llevan dentro, el abuelo sabía bien que para asustar realmente a alguien se necesitaba cierta complicidad, cierta aceptación de lo que iba a suceder, una historia en la que cada persona pudiera reconocerse tanto en la presa como en el predador, en el científico loco y el monstruo carente de afecto, entre la virgen y el vampiro, entre la soledad y el deseo de ser amado, entre poseer la fuerza bruta para partir en dos a un ser humano y el miedo de ser ese ser humano…

Pero el negocio debe continuar, se dijo a sí misma y siguió instalando uno a uno los parlantes en cada unidad, convencida de que el miedo era necesario, ese pensamiento la había consumido en los últimos año, se había planteado de si su relación con él era lo que la motivaba a que los demás lo sintieran, quizá era solo una venganza personal, quizá si ella tenía miedo de perder su propósito era injusto que las demás personas vivieran sin esos miedos, quizá porque nadie había entendido nunca la esquizofrenia que había llevado a sus padres al suicidio ni a sus abuelos al manicomio, quizá todo este plan validaba su autodiagnóstico, seguía viva porque en ella la locura era discreta, una sociopatía simple, una falta de empatía y emociones que le permitía continuar con su obsesión, pero quería compartirla, expandirla, quería ver los rostros desfigurados por la angustia, palidecer, quería ver el sudor en sus rostros y con esa imagen en su mente iba estación por estación agregando parlantes a cada una, convencida de que iba a funcionar, de que había descubierto un miedo real para una generación llena de mentiras, algo de lo que no podrían correr, ni refugiarse de nuevo.

Durante meses había estudiado a sus vecinos, recopilado las historias que sobre ellos se decían, generado teoría y rumores que se expandían lentamente pero que para esta altura del año ya sin duda alguna cada uno de ellos debía haber escuchado al menos una vez, era simple, ellos mismos, sus inseguridades devaladas, cada uno llevándose a casa una imagen de la que nunca podrían liberarse, un reflejo que se encontrarían cada día frente al espejo.

Sonrió mordiéndose los labios, la idea la excitaba, tecleó en el letrero luminoso: Función de terror en la casa de los espejos, única función.

Cerca

Estar cerca duele más, eso se decía  así mismo, y lo decía con conocimiento de causa, sé de lo que hablo, se decía, he estado ahí muchas veces, sé lo que duele porque lo he vivido, porque la desilusión pesa, porque estar cerca, sentir la respiración cerca de los labios, verlo entre abiertos, tocar lentamente las comisuras y hacer parte y sentirse parte de siembra una duda, estar demasiado cerca crea un pensamiento del que no es fácil desprenderse, qué me falta, nadie que haya estado cerca se pregunta o enorgullece de lo que tiene, es más fácil hacer eso a lo lejos, sentir que quien observa es abiertamente miope, y ah pasado por alto de nosotros entre tantos, ah pero cuando te miran con detalle, cuando sientes que te han olido, saboreado, cuando sientes que han pasado sobre ti con lupa y cinta métrica, prestando atención a los detalles, tocando con la puntal de un lapicero, golpeando con suavidad con los nudillos, extendiendo los brazo mientras murmuran y toman algunas notas, cuando sientes que hablan de ti, sobre ti y no contigo a pesar de tenerte de cerca, es ahí cuando el miedo asoma.

Estando tan cerca debían haberte visto, respirando tan encima de ti debían ser certeros, encontrar tus virtudes, notar tu valor, estando tan cerca debería besarte, elegirte, estando tan cerca el ascenso debería ser tuyo, estando tan cerca no deberían darte la espalda, no deberían poderse ir sin decirte nada, el ghosting… sabe a mierda.

Estando tan cerca, escuchando ese ahí, ahí, ahí, ahí ahí que nunca se convierte en ahhhhhhhhhh, en uñas en tu espalda, en dientes en tu clavícula, escuchando a lo lejos a alguien más gritar BINGO cuando te falta un número, después de escuchar que anuncian la letra en donde te falta el número… mierda si duele más y sabe más a mierda el que pase cuando estés cerca.

—Mi padre solía decírmelo jugando canicas, cerca de ese agujero donde debía llevar la bola para estar seguro, en la puerta del horno se quema el pan decía, y con una puntería criminal, con una precisión quirúirjica lamía la comisura de su boca, se ría entrecerraba los ojos, con la pericia de un topógrafo que se gana la vida midiendo distancias a cientos de kilómetros calculaba el viento, el peso del cristal en los dedos y lanzaba con una fuerza sobrehumana, como la de todo padre enfrente de sus hijos, y golpeaba fuerte y seco, luego se reía, a carcajadas, nunca comprendí la lección jugando canicas, no era sobre un juego, era más sobre la vida, nunca estás a salvo, no del todo, esa sensación es falsa, eso quería decirme, no te confíes, no estás seguro, eso era lo que debía aprender, ni siquiera el padre tendrá piedad del hijo, eso debía haberme quedado claro cada domingo viendo al primero de los cristianos clavado a una cruz.

De cerca muchas cosas pierden su brillo, había entendido ya al crecer, de cerca las mujeres tienen boso, de cerca, hasta a la mejor depilación se le escapan vellos, de cerca todo es distinto, de cerca nada es lo que parece y por eso duele más cuando te has acercado lo suficiente y escuchas —No cuando estás de cerca y ves de cerca la puerta cerrarse justo en frente de tus narices, ahí entiendes, sientes que entiendes, que papá tenía razón, ahí te das cuenta que las excusas no aguantan un portazo en el rostro, que la verdad es otra y prevalece, al menos para los demás parece serlo.

Estuviste cerca, te dicen cerca sin entender lo que se siente, sin reflexionarlo, creyendo que haberse acercado era la meta, como si no supieran, como si ignoraran que en alguno momentos perder, es un tema más de dignidad que de ego, porque cuando todo ha sido tan cerca solo hay una respuesta posible, ser lo que se es, hacer lo que sabe hacerse… no ha sido suficiente.

Una casualidad persistente

La vi a lo lejos y no pude evitarlo, sentí esa gravedad que me llevaba hacia ella, camine despacio tomando un poco de Jack, y cuando estuve frete a ella simplemente comencé a hablarle: Hay algunas cosas en la vida que parecen gravitar a nuestro alrededor, comportamientos, tipos de personas, vicios que atraen, llaman, tienen una afinidad que no puede negarse, sino fuera como soy diría que estamos destinados a toparlos, pero no creo en el destino, y ese es precisamente el problema, me obsesiona el funcionamiento de las cosas, no puedo dejarlo pasar, necesito saber cómo funciona algo, qué lo detona, vivo constantemente en búsqueda de patrones y opciones, y no es voluntario, no puedo, simplemente no puedo pasar por alto algunas cosas, no es natural, y cuando esa fuerza me atrae hacia algo, simplemente no puedo parar. Necesito la explicación.

No puedo negar ni demostrar el porqué, porque no es tan aleatorio como debería… no hay explicación social, filosófica o física, los argumentos flaquean y eso me rompe, me cuesta, me pesa, no puedo dejarlo pasar, no puedo, no quiero; es un poco esa ausencia de sentido que no puedo justificar; sí existen las coincidencias, pero una ausencia de sentido casual, sobre estoy hay algo más, algo que parece intencionado, causal… no es solo una casualidad, son muchas, una casualidad persistente, a eso precisamente a eso se le llama un patrón y no, no es suficiente con encontrar el resultado, no me gusta ser ligero, no puedo serlo, quiero más que estar consciente del suceso es entenderlo, la diferencia podría llegar a ser nula para los pragmáticos, pero entender algo y saber que ocurre son dos cosas muy diferentes.

Tampoco se corresponden por completo entre sí, los físicos y los economistas son la prueba de ella, gente que dice entender algunas leyes universales, planteamientos lógicos de movimientos bursátiles, teorías sobre la oferta y la demanda sobre el valor y la utilidad, gente que conoce pero que no entiende las implicaciones de nada, tienen el instinto dormido o el ego muy despierto, algo hace que pese a que conozcan la información y los datos obvien la humanidad detrás de los comportamientos, demasiadas certezas y pocas dudas, a ellos les basta la simpleza de una complejidad teórica para hacer las paces con el mundo, ciencias exactas, saben que tienen razón porque un libro les dice que tiene razón. Operativos, algorítmicos, eficientes… robóticos, a ellos les basta con decir una anomalía, una casualidad; los envidio profundamente.

Los prefiero sin embargo a los esotéricos y a los hippies hedonistas, tan desprendidos de sí mismos, tan extranjeros en el presente, tan enajenados que no pueden ver siquiera su propia sombra, van por el mundo persiguiendo experiencias que dicen hacerlos sentir vivos, pero han perdido a tal punto la noción de realidad que más que hablar de experiencias, recitan los consensos, hablan de una espiritualidad que nunca han experimentado, de una paz que nunca ven pero que siempre buscan, su propósito no es diferente al de un perro que ladra a las llantas de los carros junto a la avenida. Tienen miedo a estar solos frente al espejo, miedo de las preguntas que los mantienen despiertos en las noches, miedo a su forma y a la realidad que los soporta, intentan huir soltarse, quieren aparentar que levitan, pero la realidad es que no tienen el suelo bajo los pies.

Pero ellos tienen algo que a los pesados, que a mí me falta, la paz de la certeza, la seguridad de la ignorancia, los primeros por omisión, los segundos por temor, para lo otros, para nosotros, para mí, el mundo es más complejo por que aparte de lidiar con el mundo debo lidiar con su falta de interés por él, es como vivir en una pecera, hay quienes no notan que su universo está contenido por un cristal, lo peor de todo es que por eso son felices, hay otros que saben a qué horas llega la comida, a qué horas cambia la temperatura y nada bien con la corriente, y son felices, y están los imbéciles, como yo, los limpiavidrios que no pueden desprenderse del cristal, que saben que existe algo ahí, que sienten y lo atrapan aunque desconozcan bien de qué se trata, pero no dejan de sentir que hay algo que los atrapa, que los contiene.

Al terminar su discurso, levantó su mirada y encontró la de ella, yo sé que ahí dentro del vidrio la felicidad es posible, pero que también sé que fuera está la respuesta, que es mucho más que una coincidencia recurrente encontrarte tan cerquita y de frente.

Ella sonríe me mira a los ojos y dice: Me gusta tanto que encontrés la forma de ser romántico, me besa y susurra, feliz aniversario, yo también tengo un guion para ti, pero ese es encasa y sonríe con esa mirada pícara de quien ha encontrado en menos palabras un regalo perfecto.

Platos rotos

Lo más irónico es que esto le pase a él, decía mientras veía a lo lejos a Arturo, sentado intranquilo sobre la camilla, nunca lo había visto así, tan ausente, los reflejos estaban, golpeaba en la rodilla y se movía su pierna, tocaba su frente y parpadeaba, lo involuntario, cualquier reacción no mediada esta presente, en su cuerpo, en sus terminaciones nerviosas no había nada malo, pero él no parecía estarlo, estaba aturdido pero en alguien como él era extraño, era rápido, dentro y fuera del ring, sus respuestas llegaban a tiempo, bloqueaba bien, atacaba bien, respondía bien, sus ojos solían ser mucho más rápidos, pero hoy, hoy mientras le vendaba las manos, lo notaba diferente.

—Arturo, rey, estás bien, como parte de su equipo era importante saberlo, —Rey bebiste ayer, fumaste algo antes de venir —era incómodo, sé que no le gusta que le pregunten esas cosas, lo aprendí con los años, pero no tenía de otra, o lo despertaba aquí y ahora o lo despertaban o lo dormían a golpes sobre la lona. La mirada era un derechazo, rápido, directo, un mazazo, no habló pero era fácil entender lo que decía —No me toqués los huevos, claro. No tenía ningún viaje, tampoco estaba mareado, era peor, peor para él y para su contrincante, tenía rabia, estaba fúrico, la rabia es más peligrosa que el alcohol la droga, la rabia ciega, prefiero el miedo, como parte de su equipo prefiero cuando tiene miedo, el miedo te hace listo, la rabia te hace imprudente, el miedo te hace estar alerta, la rabia viola cualquier idea sensata, sodomiza cualquier impulso racional.

Estamos en problemas, se levanta rápido de la camilla y camina de un lado al otro, balbucea, aprieta la quijada, aprieta las manos recién vendadas, quiere tener algo en frente, algo o alguien, necesita una catarsis o una revancha, pero no dentro del cuadrilátero, Conoce al bizco López hace mucho, son amigos, profesionales, saben que los golpes son parte del oficio, nada para llevarse a casa, pero hoy podría ser diferente, el bizco no tiene la culpa, pero el Rey no tiene la cabeza en su lugar, si se descuida puede que pierda incluso la corona.

Se nota, se nota a legua que algo lo tiene mal, justo el día de la pelea, el equilibrio alrededor de algo tan grande termina en vilo por alguna tontería, un mesero maleducado, una recepcionista desconsiderada, algún taxista terco, qué fácil es echarlo todo a perder, qué fácil es hacer que alguien pierda fuera del ring, va a entrar a ahí como mucho hemos deseado a veces, simplemente con el ánimo de demostrar que nada puedo tumbarnos, que somos invencibles, más grandes que nuestras aflicciones, con las ganas de convertir la frustración, en jabs, las lágrimas en ganchos, los gritos en golpes al cuerpo, quiere castigar a todos menos al Bizco a su nuevo manager quizá, a su antiguo entrenador, tiene mucha rabia dentro, y muy pronto pagará la consecuencias, des pues de dos o tres golpes perderá el ritmo del ataque, perderá de vista la técnica, el juego de piernas, después de dos o tres golpes se sacudirá la ceguera y será demasiado tarde.

Pienso mientras que camino de un lado a otro viendo como Arturo se pasea intranquilo, sin calentar, sin hacer sparring con su sombra, sino simplemente atacando a sus recuerdos, tensando la quijada, mordiéndose la boca, debe estar ya llena de sangre, al menos de su sabor, mala cosa, ni siquiera sabrá cuando el protector lo haya lastimado…

Su intranquilidad me intranquiliza, me hace pensar en todo lo que no va bien, maldita sea esto era lo único que iba bien, necesitaba esto, pero todo suele arruinarse, salgo del camerino para tranquilizarme, pero estoy nervioso, la presión en el pecho regresa, las ganas de llorar, la ausencia de ella se hace presente, el silencio de los demás hace el eco perfecto, no estoy cómodo, no estoy tranquilo, me abruma, me abruma todo, lo entiendo, entiendo a Arturo, estoy también a un paso de hacer lo mismo, de no ser yo mismo, no puedo, no debo, tengo que recuperar el centro, pero es tan difícil, camino sin ver por donde voy, sin prestar atención a mis pasos, no veo cuando viene el referí, no veo tampoco que tiene un café que más caliente hierve, no veo y tropezamos, el grito me saca del tranza, el calor en cambio sumerge al juez en uno, me mira, mira los colores en mi camisa y resopla como un caballo… deja mi mano extendida y se va, no será un combate justo, Arturo pagará los paltos rotos.

Frío

Toma café sin darse cuenta de lo que toma, lo toma a sorbos largos, sin saborearlo, nada de juegos ni de delites, no empuja el líquido entre sus dientes, no lo usa para mecer la lengua y sus papilas gustativas, no es justo entonces decir que toma café, no sabe hacerlo, no disfruta de su aroma, no lo siente, lo toma casi que sin necesitarlo, no sabe lo que es tomar, lo que significa, no le hace justicia a la posición, al arrebato, a las ganas, no entiende de nada, la sed no paree treparle por la garganta, lo párpados no parecen reclamárselo, no sabe morder, no sabe luchar por lo que quiere, no, es mucho más triste que eso, nisiqueira sabe lo que quiere, cree saberlo, pero duda, en cada sorbo está la duda.

Toma distancia de la taza, la ver un poco agitada y piensa en todo lo que duda, el vacío se torna más grande, vale la pena se pregunta sin encontrar respuesta, sabe que en el fondo lo sabe, pero hay que escarbar mucho, abrir cicatrices e ir más hondo, herirse, nunca le ha gustado ese dolor que no es físico, ese que no se manifiesta, del que no brota sangre, que no se ve, ese que es invisible y que parece eterno, ese dolor da miedo piensa, es más de lo que puede manejar, es inevitable, omnipresente y todo poderoso, si existe dios se parece más por descripción a un recuerdo doloroso que a un ser benévolo, no es cuando estás a punto de morir que ves tu vida pasar delante de tus ojos  es cuando dudas; ahora lo sabe, ahora las decisiones que está por tomar hacen que piense y piense, que tiemble y tiemble, lo hace como si tuviera mucho que perder, como si no supiera que en el fondo la idea de ganar ya perdió toda su fuerza.

La mirada vacía fija en el vacío da la falsa idea de haber hallado algo, pero por dentro la realidad es angustiante y abrumadora, no hay una luz en el fondo del túnel, el ruido a su alrededor se desvanece, es de esos malos chistes que tiene el universo, le gusta dejarte a solas con los miedos, encerrarte con los temores, no hay duda, si existe un dios, es el miedo.

No quiere comenzar a cavar, no tiene sentido, cierra los ojos para buscar ese pequeña memoria muscular que hace que una especie de color rojo y verde se dibuje dentro de los párpados, esa pequeña huella de esperanza que indica que aún en la oscuridad hay luz, mala suerte, al pensarlo aunque ve, ya no reconfortante, anhela, desea quiere que todo acabe, que pase la oportunidad, que se vaya sin que la decisión se tome, que el azar haga su trabajo, que el maldito azar juegue a su favor, pero nada ocurre, el tiempo se detiene para que cada segundo se sienta más y más y más lento.

No sabe cuanto tiempo ha pasado, no está consciente, sabe que es lo que pasa cuando piensa, sabe que nadie más es consciente de todo lo que pesa o lo que le pesa, o cuánto le pesa, ve caras, rostros, recuerda palabras y sonidos, ha estado ahí tantas veces, un prisión mental donde toda duda se graba, los miedos tienen cuadros del tamaño de las meninas, las ventanas solo llevan a otros momentos de duda, no hay una ayuda, un salva vidas, no hay un rayo, un temblor, una mierda de pájaro, no hay un encuentro inoportuno, una llamada de claro de hacer alguna oferta, tampoco alguna esta piramidal que le pregunte si quiere tener tiempo libre y trabajar desde donde quiera sin cumplir horarios, otra señal de que dios es dolor, y además un sádico.

Estira su brazo, toma el café, aunque no sabe lo que es tomarlo, aunque no entiende cómo tomarlo, lo toma, sorbo tras sorbo, lo toma aunque está frío y aunque no conoce el placer de desear el café caliente, de saborear el café caliente, de querer, de satisfacer la necesidad del café caliente, sabe lo básico, lo mínimo, lo horrible que sabe el café que se enfría.

Derivas

Deambular sin rumbo, sin propósito, casi sin intención, caminar como la reacción encadenada de un paso tras otro, aislado inconsciente, desconectado, cuando pensaba Marco camina así, sin notarlo, había escrito un libro de cuentos y necesitaba en un nombre, uno potente uno certero, marco caminaba sin saberlo buscándolo, caminaba y fumaba buscando rastros en la arquitectura, en los rostros, en los rasgos, caminaba viendo el rostro de los carros, visitando por azar creía él viejos lugares, viejos besos, manoseadas, viejos polvos efímeros, viajas casas, o espacios donde habían vivido sus amantes, ex bares hoy academias de baile, masajes exóticos, ex tiendas, caminaba en la ciudad, se movía en el presente con su cuerpo, pero en su cabeza nunca era hoy, era siempre un momento tras otro, una línea temporal en la que toda su vida volvía a vivirse.

La plazotela cerca a su colegio donde tomaba vino alterado con mentas para potenciar su efecto alcohólico, los parqueaderos donde Azul apurada se había corrido la tanga para que él en un ataque de espasmos y vergüenza pudiera también hacerlo, el poste donde vomitaban, la canalización donde había probado la hierba, luego la calle de los bares donde tantas canción había gritado, donde tantos ojos se había cruzado, pensaba en esas miradas sus miradas, siempre tan distintas a las de azul, tan fría tan poco interesante, ninguna como la de Azul, al caminar visitaba fiestas, con y sin ella, niño y joven, lo de línea se desdibujaba con el recorrido, y se transformaba más en una especia de salto inconsciente y caprichoso.

Él yendo a donde Sandra una veterana cincuentona que a sus 18 le mostro que Azul aún palidecía y que en el canela de su piel madura, de su carne madura, de sus tetas maduras, de su sexo maduro, caliente e insaciable era aún muy débil para colorearle la vida como ella podía, luego la pizza italiana donde otra Sandra, esta más joven y más ingenua lo había llevado alguna vez un poco contra su voluntad a escuchar una tarde de chicas y mercurio retrógrado, aunque siempre quiso a esa Sandra nunca pudo regarle un poco de la vida que ella despreciaba, pero que siempre había estado un poco también dispuesta a probar, tenía miedo, de encontrarse y él de perderse, eran el uno para el otro, por fortuna lograron evitarse, habría sido catastrófico para ambos.

Luego él niño caminando sobre un viaducto en construcción, el jugando con agujas y basura de hospital en un despoblado… esa imagen solía recordarla de manera recurrente, 6 años, tontos e ingenuos, 6 años en medio de bolsas de suero, de soluciones, de mangueras y bolsas, de agujas, agujas sin romper, agujas afiladas, agujas quizá infectadas, agujas que habrían podido matarlo, enfermarlo diezmarlo, más de 20 o 30 posibilidades de haberse evitado el crecer y hacerse mayor, y todas habían fallado, que caprichoso puede ser el azar.

Así caminaba Marco sin rumbo y sin destino cuando pensaba, en cada una de esas caminatas y en esos recuerdos había encontrado siempre la inspiración suficiente; un olor, un color, un calor, un sabor, un dolor, un escozor, un rencor, una flor… siempre algo siempre una miga de pan desde los recuerdos para sus cuentos y hoy caminaba así, en búsqueda de un trozo más grande, del tiempo, del cuerpo, del cuero, hoy buscaba eso que delimitaba y encerraba, eso que contenía, eso que definía qué era lo que quería o tenía, sin saberlo, sin entender que lo que hacía era eso que siempre resultaba, eso que por alguna razón daba siempre un resultado, él quería, necesitaba buscaba crear un nuevo lugar para que todo existiera aunque no era consiente de estar allí, es cierto eso de que a veces lo que buscamos está justo en frente, se daba cuenta siempre al irse, Azul, Sandra, Sandra, Las agujas, siempre tantas cosas que hubieran podido hacerlo feliz, o lo habían hecho feliz, siempre algo tan simple, tan presente en medio de su ausencia, siempre un recuerdo tan próximo de convertirse en cuento, siempre su vida salvando su vida, y el simplemente caminando sin rumbo e inconsciente.

­Hola saluda ella sin lograr hacerlo volver, hola dice asomando su rostro, hola responde él y sigue ahora consiente de que camina, de que camina sin rumbo, de que camina hace mucho rato sin buscar un lugar, que caminaba en su cabeza y se frena, derivas dice, derivas, sonríe y vuelve a casa, derivas, termina de escribir las 8 letras, derivas lee y se dice a sí mismo es cuento y libro.

Sal al gusto.

Te tiene que gustar mucho la mierda para disfrutar lo que haces, me reclamó de frente y mirándome a los ojos, me lo dijo con la cara roja, con las lágrimas corriéndole por las mejillas, me lo dijo como un grito ahogado de la libertad derrotada, como lo que era, un reclamo tardío, la impotencia hecha palabra, palabras vacía además porque llegaba tarde y cuando algo llega tarde pierde fuerza.

Su ira no era real, era la memoria de una ira guardada, una ira envejecida, mal cosechada, su ira era una rabieta caprichosa, sin sentido vacía y banal, todo lo que llega tarde es así, las ganas que se quitan tardes son más rencor que ganas, las alegrías tardías menguan, tarde, nada vale, ni la palabra indicada es del todo certera, cuando algo llega tarde aunque sea fuerte no puede nunca borrar su demora, la razón de su tardanza, las excusas, las despedidas, si algo llega tarde llega maltrecho.

Y aunque estuviera mala en el fondo, tenía razón, me gustaba mucho, había algo en el trabajo que me gustaba, que siempre me había gustado, hay algo en esos trabajos simples que me cautiva, el hombre avaluado por el músculo, el hombre con fecha de caducidad, la utilidad funcional en venta, el hombre comprado por peso y talla, por cuanto puede cargar y por cuánto tiempo puede cargarlo, sí era fácil y sencillo, sin caprichos, sin mediadores, sin cerebritos ni antojos, en la vida real reina el pragmatismo, el burdo, rústico, directo y esencial. Sí tiene que gustarte y eso es lo que más me gustan.

Sin pleitesías, sin condescendencias clasistas ni morales, todos en el fondo saben que son iguales, que se tienen a ellos, no hay un dios, ni un creo que los soporte, para los pobres diablos como ellos no hay capitalismo, ni socialismo, no hay futuro, pasado, no hay jubilación ni desempleo, solo un eterno trabajo, el retiro es una chaza, una tienda, pero no gloria en el futuro, te tiene que gustar tanto como morirte de hambre escribiendo, pienso pero no se lo digo, me tiene que gustar tanto como le tiene que gustar a un cantante de ópera cantar en bautizos y matrimonios, tanto como al pintor que hace murales comerciales para una alguna marca en alguna publicidad, tanto como a los chef lavar platos, pero cada uno tiene una droga diferente, es esclavo de un gusto distinto, ella no lo entiende, nació después de la pandemia, no sabe lo que es perderlo, cree que gusto es vestir chic y descubrir que hace 20 años lo coquette estuvo de moda.

Me gusta asiento, no lo digo pero asiento, sin presiones, sin medios ni mediadores, sin nada y sin nadie, sí me gusta, solo frente al espejo, solo en medio de las cuerdas, solo como en los viejos tiempos, solo contra la página en blanco, solo con el miedo en frente, solo con el presente, sin reconocer ningún pasado, desconociendo cualquier futuro, sí me tiene que gustar y mucho, pero no puedo explicárselo, algunas cosas se enseñan pienso, otras se aprenden, no es la primera vez que lo pienso, lo pensé antes, lo pensé y lo dije antes, para ella lo que me queda es poco, aunque desconoce lo mucho que vale, me gusta tano que no puedo dejarlo, ella me mira, sabe que estoy pensando porque guardo silencio, lo sabe porque mientras crecía muchas veces me vio hacer lo mismo para luego contestarle algo que la dejaba pensativa, perdida, sí eso le gustaba pero ahora lo odia, me reclama y me odia un poco porque ella apenas empieza a odiarlo y yo no pude nunca aprender a hacerlo, porque las pasiones son así, enfermedades terminales, entonces la miro, la abrazo y le digo, yo siempre te dije que la sal es cuestión de gustos, ella no entiende que jamás fue un gusto por lo que más dijeran, no entiende el gusto que no alaban los que tienen buen gusto, le falta sal para mi gusto. Pienso, pero no se lo digo, hay cosas que se enseñan y otras que se aprenden.

Duelo

Estoy en duelo, he perdido, he tenido que perder, tuve que irme, no poque no pudiera quedarme, sino porque ya no tenía hacia donde moverme, ese duelo duele, duele porque al irme mi presente le dice a mi pasado que su futuro no será lo que soñaba, incluso que hizo sacrificios en vano, para mí, en mi presente, son valiosos, enseñaron otras cosas, mostraron otros caminos, pero para él, es decir para mí, para mi pasado, espejismos, visiones borrosas, mi presente es su futuro fracaso.

Temo, temo profundamente que mi futuro yo deba escribir algo similar, aunque eso supongo que es algo que tienen en común, el futuro siempre hará que el pasado tenga ganas de arrepentirse, pero ya na puede hacer, otro hubiera, otro futuro abortado, otra vida no vivida, los seguros deberían asegurar sueños, pero siendo el negocio de los seguros está precisamente en asegurar a lo seguro, donde el que pierda sea el asegurado.

Lo digo con rabia, lo escribo con tristeza, lo repito en mi cabeza en la calle con una actitud triste, perdí, al final perdí, y todo lo que diga ahora para negarlo no cambia la idea con la que mi yo del pasado tomó las decisiones a su tiempo, en su presente, el objetivo era otro, perdí, aunque ahora pueda decir que mucho se ha ganado, aunque ahora el ahora responda a otras necesidades, a otros condicionales, el pasado ha perdido y un futuro ha muerto, no queda mucho de lo que pudo haber sido, incluso algunas cosas que creí eternas se han perdido en un momento…

El pasado siempre pierde, dicho de otra manera, el tiempo siempre gana, no hay planes que importen, que le importen, no hay nada tan relevante, no hay nada, no quedó nada, es lo que el tiempo tiene siempre para dar, lo que entrega siempre como un regalo, una ausencia, tenía razón Chinanski, siempre tuvo razón estarás a solas con los dioses, y ese será el regalo.

A tras se mira siempre con nostalgia, con los ojos présbicos, sin los dolores, solo con los recuerdos, el tiempo sana y anestesia, por eso al mirar atrás no nos parece tan malo, por eso se ve con cariño el dolor, se rescata lo aprendido, es fácil hacerlo cuando ya no duele, cuando se recuerdan más las risas que la soledad, cuando se piensa en los abrazos y no en la rabias, somos afortunados de poder olvidar, cuánto compadezco al pobre Funes, cuando temo a su maldición, tiene lógica que un pueblo no la tenga, es un mecanismo de defensa el olvido.

Estoy en duelo, me he perdido un poco, mi presente decepcionó al pasado y hoy aquí temo que el futuro piense lo mismo de mí, y va a pasar, es lógico que pase, pero el futuro nunca es lógico, solo cuando se mira desde el presente hay lógica en cómo se llegó a algún lado, desde aquí, desde el plan, desde el hoy, sin dar el primer paso, al menos no conscientemente, al menos no en esa dirección, desde aquí es difuso, una luz al final de una niebla que esconde caídas, giros, valles, me bato en duelo conmigo, con mis miedos, mis decepciones, y mientras lo hago comienzo a escribir.

A quien corresponda.

Agradezco la oportunidad, cada tecla duele, cada palabra duele, que la oficina esté sola duele y entonces me levanto, lloro y salgo por una puerta que crucé muchas veces y el duelo comienza, duele, duele mucho irse de los lugares donde uno ya no puede quedarse, duele el duelo de dejarse a uno, a unos sueños, a unas versiones, duele y por eso hay que irse, aunque el pasado quiera quedarse, el presente tenga pánico y haya que ir tras ese espejismo de un mejor futuro.

Un ducha fría

Afuera hay ruido, uno fuerte y ensordecedor, afuera hay gritos salvajes y airados, pero dentro del camerino es solo un murmullo, dentro del camerino el ruido no está afuera sino adentro de cada uno, allí es cada uno con su propio mundo gritando, dentro está cada uno repasando las palabras de los del frente, las peleas con las novias, o con los papás, los más asustados se escuchan a sí mismos, siempre es igual, necesitan algo fuerte, algo que los haga volver, que los saque del calor del juego, del fuego del juego, por suerte les tengo una sorpresa.

Vengan, los reúno, vengan acá les digo y los miro a la cara, a los ojos, la culpa es de ustedes digo y todos callan, esperaban algo más seguro, pero no hay mentiras dentro del camerino les digo, es por eso que, aunque el estadio es un murmullo sus cabezas están llenas de reclamos peores que los que les gritan de las gradas, sí, no están dando el 100% y no lo están haciendo porque han perdido el norte.

Entre más silencio se hace más dolor se siente, más miedo, más ausencia, más distancia, ellos callan, no entienden, esperaban otras palabras, pero no hay más palabras, saben que dentro del camerino no se miente, son pocas reglas, porque son reglas simples, solo 3, la primera regla del camerino es no se habla de lo que se habla en el camerino, lo sé un cliché, pero ellos no han visto el club de la pelea y estoy seguro que tampoco lo han leído, así que venía bien, la segunda regla es dentro del camerino no se miente, y la tercera es dentro del camerino el hubiera no existe… no están concentrado les digo después de pensar, no están conectados ni presentes, están fuera del camerino, están fuera de ustedes, se quedaron en sus casas, con sus novias, novios, se quedaron con sus problemas, con sus ausencias, se quedaron solos, se quedaron sin capitán y el capitán sin equipo, los digo recorriendo con la mirada cada par de ojos atentos, no es una regla pero es sentido común, al que habla se le mira a los ojos, todos me sostienen la mirada, saben que no miento, lo saben porque dentro del camerino no se miente, y saben que es verdad, que se han estado mintiendo, algunos ojos se empiezan a llenar de lágrimas, duele, pero eso es bueno, la verdad duele y dentro del camerino no se miente.

Quedan 15 minutos, no todo está perdido les digo, y muchos creen que miento, pero dudan porque saben que yo sé que dentro del camerino no se miente, no todo está perdido repito, vamos a bajo por 30 puntos, en un cuarto de tiempo parece imposible y por eso algunos creen que miento, pero dentro del camerino no existen los hubiera así que creo en lo que digo, y no miento al decirlo, aún hay algo por hacer, aún hay algo por sacar digo, hay que sacar la basura, su basura, esta basura, les falta convicción y creer en ustedes les digo mirándolos ojos, podría decirlo distinto, más suave, más amable, pero no existen hubieras dentro del camerino y había que decirlo, creo en eso, creo en ustedes les digo mirándolos a los ojos, viendo lágrimas en sus ojos, y de repente dentro de esos ojos irritados y llorosos dentro de esas pupilas, se ve algo diferente, algo de esperanza, hago la seña y cortan el agua el caliente, a las duchas, grito, a las duchas, quedan 15 minutos, vocifero y todos corren a las duchas…

El discurso les ha hecho bien, pero no es suficiente, creo que no es suficiente, necesitan algo que los saque del fuego, y entonces gritan todos en un vibrato espantoso. Me gusta ser redundante, y el agua fría.

Antes de salir

La imagen es recurrente, la cama está hecha, sin muchas arrugas, podría decirse que está incluso bien hecha, todavía hay sol aunque ya no amarillo como lo es al nacer si no más naranja, casi rojo, así se pone él después de un día largo de trabajo, parece que se cansara de estar allí eructando ráfagas solares, no hace calor, no calienta, no hace sudar a nadie, pero no lo necesita, ahí está presente. Igual está la maleta, sobre la cama casi bien hecha, dentro de ella también hay orden, el suficiente, y queda espacio, siempre queda espacio, yo estoy parado a unos tres pasos de la cama, no puedo ver todo lo que hay dentro, pero sí que hay lugar, no parece que haya algo esperando a ser empacado y frente a esa imagen experimento un vacío tremendo, no hay angustia, pero el estómago está inquieta, las piernas cosquillean… es miedo, pero no angustia, si hay miedo está bien, si da nervios de los que hacer reír está bien, me digo en medio de la imagen tratando de convencerme, está todo bien me digo, lo malo de ser agnóstico es que muy rápido aprende uno a dudar de uno mismo, no sé si creerme.

Paseo los ojos de arriba abajo, de un lado al otro, el armario está abierto, 3 cajones ordenados y uno para el desorden como debe de ser, como el lugar donde se secan los platos, como la canasta donde se apila la ropa sucia, es muy nuestro eso de tener un lugar permitido para el desorden, una calle roja, una zona de tolerancia para las medias nonas, las pantalonetas, una que otra toalla pequeña, de esas que se usan para las manos, está en todo lado, todo casi ordenado, siempre tan cerquita del peso, siempre tan ausentes los cinco centavos, siempre la maleta vacía sobre la cama casi bien hecha, siempre el cajón del armario donde el orden no es ley.

Algo me falta, o va a faltarme, es la sensación traducida, el recado de la intuición, es casi ese: algo muy malo va a pasar en este pueblo de mamá grande al desayuno, no sé si malo, no sé si grave, pero es esa certeza anticipada, eso que ha dado nacimiento a pitonisas y brujos, esa sensibilidad casual y a veces afortunada que se interpreta como predictiva, como don de clarividencia… suerte solo suerte me repito, mala suerte la de creer que tiene uno el poder de ver con cierta precisión el futuro, que aburrida sería la vida, si algo va a matarnos que sea la duda, no la certeza, pienso, o mejor piensa ese yo que no soy yo sino mi representación en ese espacio, en ese sueño, estúpido sueño que me hace consciente de estar soñando, la cuarta pared onírica hecha trizas y la maleta intacta, casi lista sobre la cama casi bien hecha.

No viajo pronto, pero estoy tomando decisiones, no viajo pronto pero sí me muevo, me voy, y habrá despedidas, estúpida forma de decirme a mí mismo todo lo que ya me digo despierto, qué tan pesado tengo que ser para no dejarme dormir repitiéndome las mismas cosas con las que me atormento despierto, de verdad que cuando me lo propongo soy simplemente un pesado.

 También hay tristeza, la boca me sabe a tristeza, es un sueño y la tristeza tiene un sabor súper reconocible, a cáscara de fruta, la melancolía de la fruta pienso y afirmo, tenían razón los abuelos, apago el foco, después de todo soy el último en salir, y ahí queda la maleta, esperando al próximo viajero.