Elecciones

Cualquier otro día elegir un café hubiera sido algo fácil, se hubiera limitado a lo que le parecía un precio conveniente, una simple transacción de cuánto creía que debía valer un café. Sin embargo, hoy no era cualquier otro día, realmente no era una semana normal; pero la pregunta de la promotora, ¿cómo le gusta?, le recordó lo que le había dicho su ex mientras lo abandonaba: no sabes nada de la vida, ni siquiera sabés lo que te gusta. No puedo ni quiero estar con alguien que ha vivido la vida sin encontrarle gusto.

La promotora no entendía porque una persona podía sentirse tan afectada por eso. No tiene nada de malo no saber cómo te gusta el café, yo te puedo ayudar, dijo con una confianza mentirosa, repetitiva, recitando el guion que algún creativo publicitario había redactado sin pensar mucho en las consecuencias de sus líneas carismáticas, en sus juegos de palabras, en su pesadez y nostalgia.

Ella no entendía que nada tenía que ver con el café, que esa persona no estaba así porque había descubierto que no sabía nada de las notas ácidas o frutales que podía tener un café, ni de la diferencia en sus variedades a causa de la altura o el terreno. Era irrelevante. Lo importante es que esa persona estaba confirmando algo que desde afuera se sospechaba, no tenía gusto, pese a su dinero, y a su estatus, era una persona que no sabía cómo disfrutar de sí misma.

Prefiere el pan dulce o salado. Como no obtenía respuesta dijo no importa y continuó. Lo toma con azúcar o lo endulza, depende respondió, y a cada pregunta sentía una punzada entre pecho y espalda. Prefiero… pero nunca podía terminar, así que respondía por vergüenza, no sé, quizá, depende, pero nunca nada concreto, ni la forma de hacer los huevos, ni la hora, ni si asolas o en compañía.

Al final, sonriente, la promotora estiró su brazo y le entregó una tarjetica en la que le sugerían tres nombres. Principiante decía la postal. Se acercó a la góndola y en su carrito agregó cada café que le llamó la atención, cada tipo de pan, de lo que iba a comprar llevó uno de cada uno que notó.

Y condujo, condujo pensando en todo, en su vida, en los sabores, en los colores. Pensando si sabía realmente cuál era su favorito, en las comidas, en los vinos, incluso en los polvos, los trabajos, y no sabía elegir, no podía recordar cuál era su favorito.

Al llegar a casa lo puso todo sobre la mesa; los miró y no sabía si de allí podría encontrar algo que pudiera considerar como preferido. Y en cada sorbo, cada mordisco, cada prueba había emoción; ser consciente de intentar descifrar los sabores, y si valía la pena, el tiempo, el dinero y al terminar comprendió algo.

Saber, saber valía la pena, aunque no supiera si el anterior o el próximo sería el favorito, o el mejor; pero entendió, le quedó claro porque no la habían elegido.

Resonancia

—Una mujer sonríe con picardía en la barra de un bar, lame su dedo y lo aprieta con sus labios gruesos sin quitarle los ojos de encima a un hombre que está cerca de ella.

—¿Vos sos creyente cierto? —Le dice descaradamente al hombre que la miraba de reojo mientras hacía lo del dedo.

—¿Perdón?, no entiendo la pregunta, ¿a qué se debe? —Responde él que ha visto claramente toda la acción que ha hecho ella, que ha sentido como la velocidad de su circulación ha aumentado y se ha extendido por su cuerpo, e incluso le ha provocado una leve erección haciendo que deba cambiar su postura para disimularla, aprovecha para hacerlo y voltea por completo hacia ella, mientras ella con su dedo aún húmedo ponía la yema en el borde de la copa y comienza a recorrerla suavemente; mientras lo hace, provocando un pequeño sonido zumbante.

—Lo digo porque se nota —Dijo ella notando que las pupilas de él se dilataban, y que pese a tenerla en frente, los ojos de la habían visto a los ojos, luego se había concentrado en sus labios, y en su escote, y finalmente en su dedo. —Solo quien cree en algo, además de sí mismo se toma el tiempo de ver las cosas antes de hacerse a una idea.

—Ah es eso, ha visto que la miraba, discúlpeme, no era mi intención incomodarla, —dijo él, sintiéndose un poco atrapado, pensando que quizá no había sido tan cuidadoso, que quizá su erección era evidente pero aún sin entregarse y renunciar había decidido hacerle frente.

—No me molestó, para nada, respondió ella de inmediato, es solo que es lo único que me explicaría su timidez, he tenido que ser yo quien te hable, pese a que no has dejado de mirarme, estoy segura que has visto los lunares de mi pantorrilla en forma de corazón, y la cicatriz en mi tobillo, que has notado el color de la tinta subiendo hacia mis muslos y que no tengo problema en usar vestido con tenis. También que debajo de esta camiseta escotada hay un bralette que combina con el color de mis uñas, y mientras le decía todo esto, él se sonrojó, sintió que la sangre que le inundaba la entrepierna aumentaba su ritmo, y se extendía ahora también a sus orejas que ardían, y a sus mejillas ahora, totalmente enrojecidas, su respiración cambió de ritmo, sus labios se entreabrían sus manos había se aferraban a la cerveza que tenían con fuerza, como aferrándose al mundo antes de caer por completo en la fantasía de levantarla de esa silla y llevarla a otro lugar, tragó saliva lentamente, estaba en apuros y salió como pudo.

—Mucho gusto, José

—Un placer, —Y cuando terminó de decir esto se mordió el labio inferior con una sutiliza tan provocativa que pudo ver como las pupilas de José crecían, e imaginaba que también el bulto entre sus piernas lo harían, añadió y luego le dijo: María

—Es cierto maría, es cierto, me gusta creer, encuentro necesario el tener algo a lo que a ferrarse, en este momento por ejemplo puedo asegurarle que lo único que me sostiene es esta cerveza, que cuando la vi el mundo se movió un poco, pero no es una sacudida, no, le aseguro que está unos 17 o 18 centímetros más abajo, que mis pies ya no lo tocan, que cuando tragué saliva, también tragué un poco de miedo, no mucho, pero sí el suficiente para hablar, también tragué un poco de miedo, no mucho, pero sí el suficiente para hablarle, sí creo, tengo que creer porque es la solución más sencilla a lo inexplicable, la única forma en la que puedo no pensar que quizá está aquí no dispuesta sino herida, y quiero creer que es tu voluntad las que se hace, libre, completamente libre. Creo, quiero creer que incluso puedo decirle más cosas, que sí, que no té cada uno de esos detalles, menos el de la tinta de sus muslos, supongo que el tatuaje es menos visible de lo que crees, y algo más, que su piel es provocativamente blanca, lo cual siempre me ha gustado, porque creo que resalta mucho más el color de los labios de las mujeres, que contrasta muy bien con pelo y el vello.

—Ahora era María la que tragaba saliva, y se animó a decir —Tengo una teoría José, los cuerpos, las almas son como emisoras, hay que tocarlas para sintonizarlas, y cuando funciona, resuenan, como esta copa, al contacto con mi mano.

—José la miro, se acerco a su oído y le dijo, qué curioso, tengo el presentimiento que, si me lamo mi dedo, y la repitiera el movimiento que estás haciendo sobre esa copa en tí María, también puedo hacer que vibres como el cristal…

Oportunidades

Mientras marcaba los números Hernán repasa mentalmente sus palabras, su discurso, el orden, debe ser concreto, —pensaba, —no debo dejar nada al azar, no debo exponerme, —se repetía, era consciente de que llamada era inevitable, la decisión no era repentina, aunque lo pareciera, y lentamente recordaba todo lo que lo llevaba a hacerlo.

Lo había considerado todo, y simplemente, no alcanzaba, lo que le ofrecían no alcanzaba, nunca había sido un tema de dinero, sino de pasión, y con los cambios recientes era imposible continuar, no podía trabajar con alguien que se negaba a reconocer sus errores, no podía, no había suficiente dinero para pasarlo por alto, y en el fondo no era un tema de dinero, sino de principios, a la mierda el dinero, a su edad ya no lo preocupaba tener para aparentar, y contaba con la soltería y la falta de paternidad de su parte, nada lo obligaba a estar donde no quería, su credo era la pasión, y se la estaban matando.

Pensar en eso le daba coraje, y necesitaba coraje, porque libertad significa poder elegir, y nunca iba a elegir estar a disposición de una persona tan frívola capaz de pasar por encima de las personas, de atacar su obra y pisotearla hasta convertirla en una herramienta práctica, NO, si esa era su visión, no la compartía y si nadie iba a ponerlo en su lugar, a decirle que hiciera bien su trabajo, pues por lo menos iba a asegurarse de que él no pudiera decirle nunca más nada sobre él.

Nunca más, se repetía como un cuervo, nunca más, mientras recordaba a su primer jefe un comerciante gordo y maltrecho, enfermo, un tipo angustiado e imponente que hablaba pausado, pero sin filtro ni tono. Un muerto, su actitud numérica y la idea de que solo la venta importaba, le recordaba al nuevo, podía imaginar su mal aliento, su hedor, la incomodidad visual de tenerlo en frente, le recordaba las palabras que ya una vez le habían dicho: Yo no entiendo qué es lo que usted hace, ni porqué le pago, no sé de que habla ni mi importa, pero sé que yo le pago, y por eso tiene que hacer lo que yo le diga. —Viejo Malparido —pensó, y recordó también a Fernando, otro jefe que tuvo en la capital que llegó a insinuarle: renuncie a su indemnización, al fin y al cabo no es tanta plata y yo podría cerrarle muchas puertas. —Jefe hijo de puta —Dijo en voz alta justo en el momento que su jefe contestaba.

Después de ese incidente no pudo exponer su caso, ofreció disculpas, quiso explicarle lo que sucedía, de su lucha contra los mediocres en puestos de poder, pero que no era con él, que a él lo respetaba, pero que no podía trabajar más ahí, donde tenían ese imbécil, pero nada de lo que decía era coherente, las ideas se le atropellaban unas a otras y era imposible, darle sentido al discurso. Estaba nervioso, y eso lo hacía torpe, no ayudó el hecho de que en la mañana habían discutido, que se había opuesto a una decisión y había terminado la conversación con un seco: Bueno usted es el jefe, como mande.

Su lucha por la dignidad y la pasión ahora se veía opacada, nada de lo que había pasado ese día tenía que ver con la decisión, aún así ya no había nada qué hacer, su renuncia que debía haber sido una protesta contra las personas en puesto de poder, había terminado por convertirse en una rabieta. No hubo despedida, ni palabras entre ellos, eran amigos antes, y si alguien le hubiera dicho que iban a terminar mal, no lo hubiera creído, pero así son las oportunidades, aparecen y se toman, él necesitaba que no le pidieran que se quedara porque tenía miedo de aceptar y el jefe no necesitaba a alguien que no estuviera dando su 100%.

Última Hora

El cuarto estaba en silencio, ambos ausentes y era perfecto, cada uno había entrado en esos “tiempos perdidos” en los que el mundo puede terminarse y uno ser feliz con el final, esos que se sienten al estirarse cuando estamos despertando, o los breves segundos que le siguen al primer beso del encuentro, al primer mordisco, la reacción a una comida deliciosa, al buen sexo, a una buena noche de sueño, al deber cumplido, al finalizar un proyecto; y por eso parecía que todo iba bien.

Él ya no recordaba al atorrante que lo mortificaba en el trabajo y frente al que nadie haría nada porque estaba mejor conectado que el resto, ella no tenía que lidiar con la mirada de sus compañeros de trabajo, ni colegas, siempre condescendientes y burlonas, y por eso estaban felices, por el olvido, no tenía nada que ver con el sexo, ni olor a sexo, tampoco con el licor, ni la piscina fuera de su cabaña, no tenía ni siquiera que ver con estar ahí, era precisamente el no estar lo que los hacía felices.

Habían olvidado también que era momentáneo y eran lo suficientemente maduros para no arruinar el momento indagando sobre su causa, ni sobre como perpetuarlo, eran inteligentes y el trato era simple, no preguntar nunca nada, ese era el truco perfecto, verse como quien ve una película, entenderse como un instante, después de todo, nada es más eterno que eso.

Así que en silencio y aún con la sangre palpitándoles en los oídos continuaban acostados, desnudos, agotados, ella acompañaba su silencio con una respiración profunda, con hacerle cosquillas rosando la yema de sus dedos alrededor de sus senos, y recorriéndola por el vientre hasta lo alto del pubis, donde los vellos cortos resistían al contacto, con firmeza y cedían con delicadeza ante cualquier presión.

La última hora era esta, la más íntima y la mejor, no importaban las otras cinco que pasaban arrancándose la ropa, ni rasgándose la piel, no se comparaban a ese momento, ninguno era tan íntimo como esos donde ambos se ausentaban en compañía del otro a disfrutar de sí mismos, y no lo sabían, pero no necesitaban saberlo para disfrutarlo, la ignorancia es felicidad y es intrascendente, además porque ser consciente de un olvido, lo transforma en recuerdo y culpa.

Por eso seguían ahí explayados, con las cosquillas bajo la piel, con el leve mareo que inundaba sus mentes, en ese vaivén de endorfinas, el futuro fuera de misterioso era ignorado, el pasado irrelevante, solo una gran ola de presente, sobre la que los dos flotaban.

El sonido del teléfono siempre inoportuno, los despertó

Sí, no, entiendo, sí, está bien, muchas gracias.

¿Qué querían?

Deseaban saber si íbamos a postergar la estadía, de lo contrario debemos realizar el check out en la próxima hora.

¿Crees que lo saben?

¿Qué cosa?

Que esa llamada lo arruina todo… que lo que cuenta no es el comienzo, ni el final, ni el viaje, sino esos momentos donde no hay nada más.

No, si lo supieran comenzarían a cobrar mucho más por la última hora.

Factores Comunes

La clave, como siempre, será la de la detección de los puntos de encuentro, todo en la vida tiene puntos en común, los hombres exitosos y los fracasados, los buenos equipos, los grandes descubrimientos, patrones de comportamiento y procedimiento, y sobre todas las cosas algo muy relevante, consciencia sobre cada uno de esos factores, no existe nada por fuera del método.

El factor común nos permite identificar las problemáticas, sus causantes, estudiar las condiciones que los propician, y cómo responden al condicionamiento el resultado de esos estudios suele encontrar las particularidades que hacen a un individuo uno prometedor y otro descartable.

Piensen en esas pequeñas vocecitas que les hablan a ustedes cuando toman una prueba de falso y verdadero, y empiezan a pensar: noooooo tres falsas seguidas, eso no puede ser; igual pasa con todo, hemos identificado en el mundo por medio de factores comunes que algunas cosas no son posibles, que son impensables e inimaginables, Pavlov lo utilizó en el relacionamiento conductual y en el entrenamiento con animales, sus padres lo intentan con ustedes cuando les dicen: que la consola, la bicicleta, el celular, la tablet sí, pero a fin de año después de aprobar los cursos.

Eso es el factor común, lo entienden, no solo un método de factorización, aprendan el concepto, no solo su aplicación teórica sino su abstracción conceptual, los gobiernos lo usan determinar las velocidades de las carreteras, los programas de cultura y deporte, el factor común puede ser también una herramienta de control, de condicionamiento. Analizado desde su concepto claro está.

La policía lo usa como insumo de sus perfilaciones criminales, saber que tipo de ropa usan, si llevan una camiseta de un equipo de fútbol, con un estilo particular, pueden tener más opciones de ser seleccionados “aleatoriamente” para un control policial. Las empresas los van a ver y sin saberlo están viendo elementos relacionados con personas previas, nadie los ve como dolo un individuo, ninguno de ustedes está fuera de esta ecuación, incluso sus singularidades tienen patrones pensamiento y formación.

Hasta para los deportistas, sabían por ejemplo que un técnico de fútbol logró deducir que hay solo 10 formas de jugar al fútbol, un deporte que se estableció y configuro hace más de 150 años, 158 años para hacer exactos, y después de analizar sus factores comunes ha deducido que solo existen 10 formas, y pequeñas variantes, es fácil entenderlo no, que un lateral izquierdo como Ruiz sienta en décimo de bachillerato que su vida será correr detrás de una pelota sin tener en cuenta que lo que lo hace el mejor del colegio, es una suma de factores que pueden tener unos 30 jóvenes más y que si un ojeador lo ve tendrá en cuenta no solo su habilidad, que es un factor, sino también, su disciplina, su vida, su estatura, cómo se comporta, qué tan respetuoso fue con sus profesores… qué cree contestaríamos Ruiz… no importan no lo piense tanto, no se obsesione, hay muchos otros factores que considerar.

Su vida chicos, su vida va a estar controlada por esos factores, al listillo que le gusta la velocidad y decide acelerar en una curva porque “sabe” dijo mientras hacía las comillas en el aire, cómo funciona su carro, sus ruedas, el control de tracción, como si controlara también al mecánico de su última revisión, como si tuviera control también sobre las reacciones ajenas… no tener control sobre los factores comunes, no poder reconocerlos hará su vida social, personal y laboral estén en riesgo, y usted me pregunta con esa cara de campeón de la champions. Para qué me sirve a mí saber qué es un factor común si yo voy a ser jugador fútbol…

Todo eso le vino a la mente un día después, en la noche, mientras se duchaba, porque claro, es un factor común que las mejores respuestas en medio de una discusión, llegan cuando la discusión se ha terminado.

La sabana: Casino

Se requiere cierta actitud especial, cierta habilidad para ser un buen dealer, hay que saber apreciarlo, porque de lo contrario es un trabajo soso y fácil, pero si se hace bien, si se cuenta con la disposición correcta, es el paraíso.

No se necesita como muchos piensan habilidad con las cartas o los dedos, el trabajo no tiene truco, no requiere de engaños, por el contrario, necesita de intuición, de sangre fría, solo algo comparte con la magia, la observación, hay que saber mirar, dónde mirar.

Los dedos tiemblan, pero solo en los primerizos, a los que la suerte les viene con adrenalina, si ves a uno que tiembla, puedes reírte un poco, es como ver un video de un panda torpe en youtube, no sabe cómo apostar ni cuando retirarse, no entiende el juego, pero lo juega, como los pandas bebes que hay en internet y que caminan torpemente o trepan sobre algún obstáculo, solo para caer, son ingenuos, y eso te hará sonreír, pero, al igual que con los pandas, no hay mucho más para ver, una vez se caen, se levantan nerviosos, un poco asustados y se van.

Luego están los intrépidos, suertudos, similares a los roedores y marsupiales que hay en internet: ardillas, hámsters, nutrias, ratas, nunca apuestan de más, y tienen una agilidad destacable, aunque parezca imposible, a final de mes no han ganado ni perdido un peso más allá de lo normal, como extraviar 10 dólares o encontrarlos en un viejo bolsillo del pantalón, no lo saben, pero tienen un don, el del equilibrio, caminan por la cuerda floja sin percatarse del peligro, sobre cables de alta tensión sin sentir una pizca de vértigo, te llena de adrenalina verlos, sufres con ellos, y quieres que lo logren pero al final caen, y se levantan, la clave con ellos es que debes verlos de manera frecuente, así que son mucho más divertidos de observar.

Luego están los carroñeros, cazadores furtivos, letales si quieren, y no juegan bajo las reglas, persiguen, olfatean a los heridos, a los moribundos, los tientan y luego los llevan a algún lugar clandestino a desplumarlos, son dealers de casinos clandestinos, muchos de ellos pagaran con sus vidas la adicción que los corroe, cuando llegan a ese estado, la verdad es que ninguno tiene ya mucho que perder, pero aún así ellos vienen a llevarse lo que queda.

Y luego están los que hacen que todo sea interesante, los cazadores, ellos nos buscan a nosotros, sin saberlo, y no a todos nosotros obvio, tienen también ese deseo de fingir, mentir, de asustarse y de acorralarnos, bueno no a nosotros, nosotros no apostamos nada, es el casino el que pierde, pero sientes cuando estás en frente de ellos que juega contra ti, que te acorrala, a los demás los ves sudar, sufrir, ves las argollas guardadas de los que intentan esconder la traición a sus promesas maritales, ves a los desesperados, que acuden acá en búsqueda de una señal divina, ternuritas, aquí la señal solo viene de abajo, ellos vienen queriendo duplicar sus soluciones y lo único que logran es una escalera real problemas.

Pero los cazadores, ah, gloria bendita, vienen te miran a los ojos, se ríen y entonces lo sabes, quien suda eres tú, no sabés él que está jugando, no sabes nada de su vida, no sabes si quiera si es su dinero, parece que no lo fuera, apuestan con fuerza, y sientes que te desgastan, pescadores, sí, te atrapan y te llevan de un lugar a otro, menguan tus fuerza, quebrantan tu espíritu y de repente estás nervioso, ya no sabes que preguntas hacer, ya no les animas a doblar sus apuestas, o a plantarse, olvidas tu libreto y sin saber cómo cierras con números en rojo, hay que aprender a reconocerlos si quieres durar en un lugar así, si te pillan tres veces seguidas, en un mismo mes, estás liquidado.

Una pista más, no los verás nunca en la ruleta, ni en los dados, a las tragamonedas ni si quiera se acercan, su vida y la nuestra está en las cartas.

La mala sangre

Mientras agitaba el pequeño tubo de ensayo podía ver que la sangre que allí se movía no era roja, sino que se acercaba a un color más oscuro, entintada, un rojo profundo que le indicaba que la circulación no había sido la adecuada, quizá, ennegrecida, como estaba siempre pensaba que esas muestras estaban llenas de algo, cargadas de mucho más que glóbulos y plaquetas, es sangre enferma pensaba, y la verdad es que no había ninguna relación y ella lo sabía, pero hay cosas que se saben y no por eso dejan de creerse.

Pensaba mientras la sangre se adhería al vial, que solo así podía imaginarse la circulación de los mezquinos, negra y pegajosa, como el fin del ciclo menstrual, con un olor más cercano a la muerte que a la vida, morados de la historia, hematomas imposibles de olvidar que requerían de una sanguijuela para ser extirpados.

Por eso no podía nunca dejar de ver las muestras de sangre de los criminales a los que estudiaba, trataba de buscar un indicio, algo que los predispusiera en su genética, en su fisionomía, pero nada había que los uniera, la sangre de víctimas y victimarios era igual, ninguno contaba con un rasgo más fuerte o más débil no había rastro de ninguna cadena de genes que explicará porqué uno estaba siempre vulnerable ante el otro. Nada, absolutamente nada.

En los animales, un rasgo distintivo, recordaba explicándose a sí misma, los predadores tienen los ojos en frente, lo que les brinda una mirada telescópica para enfocar a sus presas, mientras que las presas tienen una mirada panorámica, para evadir a los predadores, genéticamente, están diseñados para cazar y huir, pero en nosotros no hay un solo rasgo, un solo hueso, y dado que las formaciones esqueléticas están descartadas, la {única esperanza era la sangre, pero después de dos años, aún no había nada concreto, solo la intuición, que le recordaba que algo no iba bien, que esa sangre no lucía bien, que había algo raro.

Había intentado con la temperatura, por aquello de los asesinatos a sangre fría, pero no había una diferencia ni en medio de la circulación, ni en una muestra la sangre era normal, perfecta y abrumadoramente normal, su viscosidad y su densidad, su contenido en proteínas, incluso su pH entraba en los rangos normales. Cada muestra le confirmaba con terror que en los 250 ml de un recién nacido ni en los 5.5 litros promedio de un ser humano adulto de 70 kg había algo anormal, ni el aproximadamente un litro que se encuentra en los pulmones, ni en los 3 litros en la circulación ni en el restante se repartía entre el corazón, las arterias las arteriolas y los capilares NADA.

El aroma tampoco era diferente, un olor metálico, que francamente no tenía para ella ninguna diferencia, salvo una pequeña excitación que le generaba, pero era solo en la percepción y no en su composición… y eso fue lo único que necesitó para darse cuenta de lo errados que habían estado, dos años 724 días enfrascados y enceguecidos buscando algo genético, gestacional que generara una predisposición disociativa en los seres humanos, habían terminado por concluir lo que ya se sabía, que la composición química, morfológica y genética entre seres humanos no tiene diferencias notables, todo, lo bueno o la malo, viene después su leve excitación le recordó que ella no era normal, entendiendo la normalidad como la convención estadística de respuestas promedio frente a un estímulo, porque cada que olía sangre recordaba la excitación que le producía recordar los besos de su amante cuando este le bajaba comenzando o finalizando el periodo, que ella se humedecía frente a la sangre únicamente por su relación y experiencia personal y que el programa no debía invertir más en la búsqueda científica de diferencias entre cargas de proteína, o estados genéticos, la mala sangre, continuaba siendo solo una forma de actuar de los también llamados hijos de puta, sobre estos últimos se había realizado un estudio también hace unos años un estudio sobre su disposición a ser árbitros de fútbol, guardas de tránsito, policías de las fuerzas de contención social políticos y recepcionistas en puestos de control del gobierno, pero al igual que ahora, se había concluido que era también una simple manera de hablar.

¡Feliz año!

La semana había sido lenta, pero finalmente el día que tratábamos de evitar llegó, como sabíamos que sucedería, podías ver a los novatos, su rostro había cambiado, el lunes estaban radiantes y en solo 3 días de historias habían obtenido ese semblante pálido y asustado que los caracterizaba cada que debían enfrentar algo nuevo, pero hoy, hoy hacen bien en estar asustados, la angustia crece y los carcome a medida que a medida que se acerca la hora de empezar el turno.

—Es hoy, comenzó su discurso el líder del día, y sé que muchos de ustedes han estado escuchando historias, chismes, sobre lo que está por suceder, quiero que tengan algo presente, hoy todo se trata de una sola cosa, nostalgia y melancolía, es normal, quiero que lo entiendan, nadie va a culparlos y quiero que ustedes tampoco lo hagan.

—Cuando terminó de hablar, la cafetería, que hacía también las veces de sala de juntas, quedó sumida en una tensión aún mayor, los primíparos, que aún no sabían si creer o no habían entendido que era en serio, que todos sus miedos iban a hacerse realidad, que la realidad estaba por devorarlos, que mañana, iba a ser difícil que no iban a tener la voluntad de salir de la cama.

—A veces hablamos de extrañar, continuó el líder de turno, sentimos que nos hace falta algo, alguien, sentimos su ausencia, como cuando vuelve a practicarse un deporte que hace mucho tiempo no se realizaba, y sientes al día siguiente que usaste partes de tu cuerpo nuevas, músculos que no sabías que podían dolerte, de repente duelen, joden, de repente nacen doliendo en el dorso, en la zona lumbar, en la cadera, así duele también la abstinencia, la pausa, el adiós, muchas personas van a llorar, prepárense, en las fechas importantes, ese dolor se nota, escucharán voces adoloridas, tendrán que lidiar con no solo con el estrés, sino con la culpa, el dolor, y de nuevo las ausencias, hoy no se angustien por aquellos que tienen algún vicio, si alguno les dice está tentado a volver beber, a fumar, a caer en el sexo, en la masturbación… les repito, no se preocupen por ellos, porque se aferrarán a él, es más intenten insinuarles que un trago no hace daño, que a veces se necesita adormilar el cuerpo, el corazón, el cerebro, díganles que sí pueden, que es solo uno, ya sé que todos sabemos que no va a ser solo uno pero necesitan llevarlos a algo que los encadena a la vida, qué importa si es a un vicio.

Estarán los enfermos de siempre, los que llaman a masturbarse, las llamadas de broma, si les toca una de esas llamadas, piénsenlo bien antes de colgarla, el próximo podría ser alguien que ha perdido toda esperanza y esos serán los más difíciles, los que de verdad serán dolorosos, son los nostálgicos, no hay forma real de prepararlos para atenderlos a ellos, serán un desafío y deberán hablarles descifrarlos uno a uno, a todos les duelen esas cosas que no recordaban que tenían, van a tener llamadas desesperanzadoras, algunos de ustedes no recordarán qué hacer, y la verdad es que no hay mucho por hacer, si encuentran a uno que ha tomado el salto es posible que incluso los llamen después de haber tomado las pastillas, o de haber usado la cuchilla, bebido el veneno, les repito no hay nada que hacer, pero recuerden no deben colgar, no podrán hacerlo, su voz es hipnótica, su tono de voz es suave y sentirán una tristeza que es casi suya, el dolor podrán compartirlo y no los abandonará por semanas.

No es fácil de olvidar el sonido del último suspiro antes de un disparo, o una voz que se apaga perdida en balbuceos, no lo es…

—Lo que dice es cierto? Le preguntó Violeta a Andrés mientras el líder terminaba su discurso, que a esta altura ya no tenía punto de retorno y era obvio que su objetivo no se cumpliría, —Lo es y no lo es, esas cosas pasan, sí, pero no de la forma en como él lo cuenta, piénsalo de esta manera, y si fueras tú al otro lado de la línea, no te gustaría que hubiera alguien a este lado, alguien dispuesto a escuchar tus últimas palabras, para que no te sientas sola, para que tu último contacto con este mundo tenga sentido.

Con un doble dolor, Violeta se sentó frente a su monito, encendió el equipo aún ensordecida, se puso los audífonos y con una voz apagada escuchó una voz que la saludaba.

—Buenas noches, línea de atención al suicida con quién hablo, —El silencio se vio interrumpido por una respiración pausada, lenta,

—Hola, feliz año. —El silencio volvió a llenar el canal, y una respiración pesada empezó a apagarse.