Toma café sin darse cuenta de lo que toma, lo toma a sorbos largos, sin saborearlo, nada de juegos ni de delites, no empuja el líquido entre sus dientes, no lo usa para mecer la lengua y sus papilas gustativas, no es justo entonces decir que toma café, no sabe hacerlo, no disfruta de su aroma, no lo siente, lo toma casi que sin necesitarlo, no sabe lo que es tomar, lo que significa, no le hace justicia a la posición, al arrebato, a las ganas, no entiende de nada, la sed no paree treparle por la garganta, lo párpados no parecen reclamárselo, no sabe morder, no sabe luchar por lo que quiere, no, es mucho más triste que eso, nisiqueira sabe lo que quiere, cree saberlo, pero duda, en cada sorbo está la duda.
Toma distancia de la taza, la ver un poco agitada y piensa en todo lo que duda, el vacío se torna más grande, vale la pena se pregunta sin encontrar respuesta, sabe que en el fondo lo sabe, pero hay que escarbar mucho, abrir cicatrices e ir más hondo, herirse, nunca le ha gustado ese dolor que no es físico, ese que no se manifiesta, del que no brota sangre, que no se ve, ese que es invisible y que parece eterno, ese dolor da miedo piensa, es más de lo que puede manejar, es inevitable, omnipresente y todo poderoso, si existe dios se parece más por descripción a un recuerdo doloroso que a un ser benévolo, no es cuando estás a punto de morir que ves tu vida pasar delante de tus ojos es cuando dudas; ahora lo sabe, ahora las decisiones que está por tomar hacen que piense y piense, que tiemble y tiemble, lo hace como si tuviera mucho que perder, como si no supiera que en el fondo la idea de ganar ya perdió toda su fuerza.
La mirada vacía fija en el vacío da la falsa idea de haber hallado algo, pero por dentro la realidad es angustiante y abrumadora, no hay una luz en el fondo del túnel, el ruido a su alrededor se desvanece, es de esos malos chistes que tiene el universo, le gusta dejarte a solas con los miedos, encerrarte con los temores, no hay duda, si existe un dios, es el miedo.
No quiere comenzar a cavar, no tiene sentido, cierra los ojos para buscar ese pequeña memoria muscular que hace que una especie de color rojo y verde se dibuje dentro de los párpados, esa pequeña huella de esperanza que indica que aún en la oscuridad hay luz, mala suerte, al pensarlo aunque ve, ya no reconfortante, anhela, desea quiere que todo acabe, que pase la oportunidad, que se vaya sin que la decisión se tome, que el azar haga su trabajo, que el maldito azar juegue a su favor, pero nada ocurre, el tiempo se detiene para que cada segundo se sienta más y más y más lento.
No sabe cuanto tiempo ha pasado, no está consciente, sabe que es lo que pasa cuando piensa, sabe que nadie más es consciente de todo lo que pesa o lo que le pesa, o cuánto le pesa, ve caras, rostros, recuerda palabras y sonidos, ha estado ahí tantas veces, un prisión mental donde toda duda se graba, los miedos tienen cuadros del tamaño de las meninas, las ventanas solo llevan a otros momentos de duda, no hay una ayuda, un salva vidas, no hay un rayo, un temblor, una mierda de pájaro, no hay un encuentro inoportuno, una llamada de claro de hacer alguna oferta, tampoco alguna esta piramidal que le pregunte si quiere tener tiempo libre y trabajar desde donde quiera sin cumplir horarios, otra señal de que dios es dolor, y además un sádico.
Estira su brazo, toma el café, aunque no sabe lo que es tomarlo, aunque no entiende cómo tomarlo, lo toma, sorbo tras sorbo, lo toma aunque está frío y aunque no conoce el placer de desear el café caliente, de saborear el café caliente, de querer, de satisfacer la necesidad del café caliente, sabe lo básico, lo mínimo, lo horrible que sabe el café que se enfría.