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Accidente Literario

Un reguero de tinta, un daño colateral a la literatura. Un nuevo post cada jueves

Etiqueta: Monólogo

Sin punto final

septiembre 12, 2024septiembre 15, 2024 AccidenteLiterario2 comentarios

Martilleo con una especie de rencor cada tecla de la máquina, letra tras letra imprimo en la hoja un poco furia, no estoy molesto con ella, tampoco con la hoja, no es ira lo que de verdad me domina, es el miedo, tengo miedo de no llenarla, siento angustia y creo, desde hace mucho creo que, si el ritmo de las teclas no cesa, las letras se llaman unas a otras como notas musicales, establecen un ritmo de escritura inconsciente que provoca con algo de suerte algo no tan malo, quizá incluso algo bueno.

Lo hago pensando en todas las cosas con las que fantasean lo escritores para escribir, con las amantes a las que dejó correr libres, e intento establecer imágenes paralelas para buscar las palabras, una amante que escapa, una presa que está a tiro pero a la que no se le dispara, un trago de wishkey que no se sirve, un carrito electrónico que se vacía, me relamo los labios, esos casi, son excitantes, la apuesta adivina, el don desaprovechado, la palabra punzante y certera que no se lanza pero se piensa… sonrío, sonrío pensando que es suficiente que la música cobra sentida, que los acordes encajan, un pensamiento para el personaje, un recuerdo, una metáfora, va por buen camino, ahora podré hacer lo que quiero, que ese viejo frente a la máquina siga escribiendo, ya no soy yo, es él, es un poco ese mundo que nos une, el viejo escribe, camina, se desentume las piernas y echa a andar, estira los brazos, mueve la cintura y se recoge el cabello, vive, vive, grita el Dr Frankenstein en mi cabeza al ver al flaco hacerse cargo, sonríe y piensa en ellas, sonríe amargado, perdió, adolorido, sonríe y piensa, he vuelto, lo dice mientras enciende un cigarrillo sin filtro, la boca le sabe malta, sonríe, se siente bien, es un buen día para volver, cualquier día es un buen día para escapar del mojigato que lo escribe, para recorrer la ciudad que nunca lo abandona, la calle, la madrugada, para oler a cigarrillo, para escupir, para echarse un polvo, él sabe que la vida no es la que se dice debe ser vivida, que no existe como tal una buena vida, ni el buen vivir.

Sonríe porque puede volver a vomitarlo todo, a embriagarse de ideas y arrancarlo todo mordiscos, a arrebatarle al mundo lo que le quita, no sabe cuanto tiempo estará presente, mientras que las teclas suenen piensa, mientras que ellas canten yo bailo, y lo hace con una gracia aporreada, entristecida, pero gracia al fin y al cabo, visita sus bares, los que ya no existen pero donde cogió calle, vicio, donde besó bocas y perdió la cordura, las conoce, las recorre, su lengua inquieta da cuenta de ello, siempre se toca el colmillo superior izquierdo con la punta de la lengua cuando recuerda, vive y es suficiente, no para crear recuerdos sino para recordarlos, son los principios grita intentando que las palabras no solo se graben en la hoja sino en la yema de los dedos, grita para intentando que el martilleo obre también al sentido inverso, se cuele por las huellas dactilares, se transmita por los huesos, y se apodere de los brazos mientras se extiende por el cuerpo, contagiar las papilas gustativas y al olfato, intenta incitarlo, seducirlo convocarlo, somo amigos quiere que escriba, somos amigos quiere que viva, somos amigos quiere que ría.

Grita el flaco grita, nunca es silencioso, nunca se guarda lo que opina, el flaco grita y sabe que el martilleo no flaquea, que se enciende, que el corazón se le prende, huele a vino, huela pola, huele a calle, está cerca la hora, está cerca el día, y el final de la página, pero el martilleo continúa, las fronteras se pierden el límite desaparece, y entonces comienza de verdad a escribir la noche, dejando atrás la máquina, dejando empezada la hoja, y saliendo del cuarto, del edificio con una sonrisa macabra, comienza escribir la noche, y sabe que ha ganado, que ahora viene la milonga, el tango, el porro, que le viene bien un sombrero, una salsa, una Leona entre los brazos, entre las piernas, camina tranquilo con el alma cargada seguro de poder terminar de escribir mañana.

Ausencias

marzo 23, 2023marzo 24, 2023 AccidenteLiterarioDeja un comentario

Torpe, llamarlo así a secas sería injusto, no era su coordinación lo que fallaba, podía con facilidad agarrar con una sola mano algo que le arrojaras, o bailar incluso lo hacía con cierta elegancia, nunca se ha cortado picando cebolla ni se tropieza de manera recurrente o notoria al caminar o correr, su motricidad no es el problema, y por eso torpeza no le hace justicia a lo suyo.

Le faltaba otra cosa, algo distinto, qué curioso que siempre se sabe cuando a alguien le falta algo, incluso si no sabes bien lo que es, hay algo que grita su ausencia, quizá por eso son tan difíciles de ocultar, porque se sienten, se presienten, porque siempre están presentes y son notorias.

No era imprudencia tampoco, no todo lo que salía de su boca carecía de tacto, ni tampoco ingenuamente ofensivo, no lastimaban sus palabras, no siempre, no lo suficiente como para que fuera eso lo que faltaba. Para que se sintiera como su identidad.

La astucia no le sobraba, pero tampoco era su punto más débil, es decir, tenía sus momentos, te agarraba con la guardia baja y te robaba una sonrisa de forma intencionada, no era que tropezara o abriera la boca y dijera algo fortuito, era evidente la intención, la planeación, así que no era eso, iba a su ritmo y definitivamente no era uno veloz, pero tampoco necesitaba que le azuzaran.

Era un poco de puntería porque sus observaciones, sus acciones incluso sus intenciones nunca caían demasiado lejos del blanco, era cerca, era muy cerca, rozaba con lo correcto, con lo adecuado, con lo justo y necesario, pero era evidente que no sabía como llegar hasta allí, que no reconocía las fronteras ni los límites, miope socialmente, sufría de astigmatismo moral y así iba por la vida a tientas, incapaz de leer un auditorio o de entender una indirecta, sin saber si quiera que algo le faltaba y haciendo que todos los demás simplemente sospecháramos.

Algo le falta, algo no está bien, haciendo que el instinto nos gritara al oído lo evidente, pero sin poder definirlo ni escucharlo, si se piensa de esa manera, algo también nos falta a nosotros, a su entorno, algo que solo nos hace sospechar, que nos hermana y al mismo tiempo nos distancia, carecemos de ideas o conceptos para definirlo, carecemos también nosotros de instinto para detectarlo.

Quizá sea eso, solo eso lo que nos permite no sentirnos del todo incómodos a su lado, lo que no nos ahuyenta, incluso lo que nos atrae, como dos perros oliéndose las colas, ambos pensando con la nariz a un par de milímetros de un culo ajeno. Algo no huele bien acá…

Quizá él piensa lo mismo y con la misma extraña precaución se acerca, sin saber, pensando quizá que lo imagina, imaginando quizá que lo sabe aunque no pueda expresarlo, al vernos quizá también se ve a sí mismo, y quizá también piensa que nosotros también sospechamos de él, que no está solo en su desconfianza ni solo en su pregunta, y por eso se queda, familiarmente incómodo como nosotros, porque su presencia, un poco distinta a la nuestra, le dice que todo está bien, que quizá eso es lo normal, que la gente vaya por ahí acompañada de extraños, de gente curiosamente rara, que hacen que uno se sienta anormal y que declare cotidiana esas ausencias indescifrables, que hagan que uno acepte que por dentro todos estamos rotos, a la espera de algo que quizá no llegue, de una palabra, un día una idea que siempre le será esquiva, que siempre permanecerá ausente.

—Pensaron un apodo para mí ya? Pregunta al fin el chico nuevo

—Sí respondo en nombre del grupo, el ausente, porque a ratos no sabemos siquiera si estás con nosotros.

Monólogo compartido

agosto 15, 2019agosto 29, 2021 AccidenteLiterarioDeja un comentario

Desde que tengo catorce años, sucede lo mismo, me paso de tragos, voy a un baño, busco un espejo y tras lograr enfocarme me encaro de manera descarada

– Vos qué estás haciendo –

Algunas veces me respondo, y en ocasiones estoy tan ebrio que trato de convencerme de que todo va bien, mientras que yo, también en el espejo, sé que es todo mentira, es como tratar de disuadirme a mí mismo de que no hay razón para angustiarse, es un ritual entendés, yo estoy acostumbrado a mi molesta presencia cuando estoy ebrio, pero decime:

– Qué haces aquí, hoy no me he tomado ni un trago, déjame en paz, sobrio no te tolero –

– Ese es el problema, yo tampoco te soporto sobrio, sin licor sos tan aburrido, me muero del tedio –

– Exageras, no estamos tan mal –

– ¿No podrías escribir algo al menos? –

– que buena idea, ¿se te ocurrió a vos solito?, ¿crees que no he pensado en escribir, en mover tu culo y el mío frente al teclado y empezar a escribir algo? –

– Bueno y entonces porque llevas días, sin tocar un libro, ni empezar a escribir algo –

– Y bueno ya que vos estás tan avivado, por qué no me decís cuál es tu teoría al respecto, contame porque ni vos, ni yo estamos ahí escribiendo sobre algo-

– Porque sos un vago, preferís estar todo el día en el balcón entre café y café, entre mate y mate, y de darle las teclas poco –

– Ah, ahora la culpa es mía, quiero que sepas que no se me ocurre nada bueno, o nuevo, nada interesante como para empezar eso es todo –

– Y cómo se te va a ocurrir algo, sino te expones a nada, llevas días sofocándonos, no hablás con nadie, no salís, no bebés, dios solo estás ahí todo el día con la bragueta abajo y la verga arriba, no podés por lo menos encontrar otra solución ante el aburrimiento que la masturbación, no podrías hacer algo de provecho, algo por vos, estás por terminar todo el repositorio de porno de youporn-

– No creo que eso sea humanamente posible –

– Vas en la página 37 de la búsqueda de pecosas y ya terminaste con las 25 de crespas, no podrías al menos usar tu imaginación para eso, capaz así al menos te sale uno de esos cuentos de viejo verde, y mirá que al final no te salen tan mal –

– Por eso no te soporto, sobrio, echas más cantaleta que tía solterona –

– Pero sabés que ya sé que hacer, voy a escribir sobre vos, sobre lo molesto que sos, voy a destruirte, igual como planeo destruir literariamente a todo lo que me molesta, empezaré diciendo algo como: desde que tengo 14 años, cada que me paso de tragos, busco un baño con espejo y tras lograr contacto visual… Es más sabés que, lo voy a llamar Monólogo Compartido-

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