Clasificados

El trabajo de escribir clasificados es aburrido, por lo general lo es, así muchos redactores no quieran asumirlo, las descripciones son vagas, sosas, los objetos que vendemos son patéticos, sobretodo en los últimos años. Otrora fue diferente, éramos el internet de los 50, quienes aquí escribían eran personas capaces de emocionarte con un sombrero, un zapato, una corbata, una licuadora… Ahora, ahora somos solo dealers de los pervertidos.

Para la muestra un botón: “Se buscan mujeres mayores, abuelas que se dejen hacer cosas ricas, entre más mayores mejor, pago en efectivo y discreción.” Antaño aquí empezaban los escritores de cuentos, por aquí pasaban novelistas, periodistas, escritores buenos para la prosa, y algunos poetas buenos para el verso, después vino el verso libre, después internet, y después ya nadie nos leía.

Hubo una época, lejana en la que se anunciaban grados, bodas, encuentros, en las que las personas leían los clasificados buscando sueños, trabajos, ahora, es distinto, no tenemos fotos, ni videos, no podemos usar más que palabras y la gente, ya no lee ni imagina, está ausentes en su propia idea, seguros de sí mismos, demasiado seguros como para notar que están equivocados.

Los que quedamos, aquellos que esperamos solo sumar un poco más de semanas sabemos que todo está mal, que no hay futuro, los que llegan, los que ocupan filas sueñan poco, era esto o un call center, aunque se parecen, recibes llamadas, escuchas descripciones y tratas de redactarlo bien, aunque a veces no hay caso, el cliente es terco, ingenuo, piensa que ser específico es el único camino “Se venden moto amarilla, estado 9 de 10, falla batería y luces por choque que afectó el chasis” no escuchan razones, fijan el precio como los primerizos sueldo, pensando en lo que deseen y no en lo que merecen.

Hubo buenas épocas, “If you like piña coladas And gettin’ caught in the rain, If you’re not into yoga If you have half a brain If you like makin’ love at midnight In the dunes on the cape Then I’m the love that you’ve looked for Write to me and escape” puse esa canción los últimos cinco años para darme ánimo, para recordar ese momento mágico, fui ingenuo, creí que pasaría de nuevo, creí que estaría ahí yo para contestar el teléfono, o el mail, que podría hablar con esos adoradores del azar que anunciaban al mundo que estaban vivos, pero no, mi trabajo cada vez más parece el de un operador de beeper, pocas palabras, nada de historias…

Dejé pasar oportunidades por esperar, rechacé el puesto de cronista, el de corrector de estilo, rechacé todo, y ahora estoy aquí, esperando la llamada, a que pase el tiempo, a que termine la espera, pero cada día es más largo que el anterior, cada mensaje más soso.

Inserto la hoja de papel en la máquina, sigo escribiendo a máquina, hay algo en el sonido, en taque taque taque, en la presión que requiere cada tecla, en la coordinación mano ojo, idea dedo, es mejor así, me distrae el sonido, fumo mientras lo hago, bebo también, recursos humanos solo nos mira para reemplazarnos, para colmo los sueldos no suben, no para nosotros, y los nuevos ganan ahora más que nosotros, una vida a este negocio y cada vez en cuenta una nueva forma de abofetearte la cara, no solo con los mensajes, también con sus posiciones burocráticas, es su sistema, te engancha y te dejan morir con el anzuela en la boca, una vez fijas tu precio, estás enganchado.

Comienzo a teclear, taque taque, taque, Redactor de segunda, bien cuidado y mal tenido busca empleo, redacto esquelas, manifiestos, cartas de amor, escribo ensayos y composiciones, busco historias para contar, quiero tener algo para decir aunque no me pertenezca… cada día escribo esa primera hoja, la contemplo y digo: lo merezco, sigo siendo un escritor de segunda mano. La dejo a un lado, enciendo un cigarro y contesto el teléfono.

—Clasificados, Sí dígame—

Títulos

Nacieron con los nobles, para denominar su posición y su valor, para diferenciar a los hombres, para separarlo incluso de su nombre, quien ostenta un título, es a menudo despojado de su propia personalidad, carece de libertad y de esperanza.

Con el tiempo dijo él mirándola a lo lejos, luego migraron, se transformaron, quienes más lo entendían o lo entienden son las sociedades tribales, allí te ganas tu nombre, tus proezas, tus características, la noche en que naciste, la forma en qué naciste… el nombre es una consecuencia, en las sociedades civilizadas es más un deseo, una imposición al destino, una demanda ridícula a la historia, incluso una usurpación, ahí van Facundos, nombrados así por cantantes, Pablos que no saben ni agarrar un pincel, Alejandros que no conquistan ni en una orgía…

Luego cambiaron más, llegaron para reivindicarnos los apodos, abreviaciones, asociaciones, narrativas propias que nos permiten apropiarnos de lo ajeno, él tiene nombre, dicen las mamás atormentadas, no le diga así, yo ya lo he nombrado, dicen ellas autoritarias, pero sus nombres no importan, no tienen peso, son nomenclatura vacía.

Los amigos, los amantes, nombran y dan vida y significado, se apropian de algo nuestro, de una forma de ser de la que muchas veces ellos son evocadores, hay a quienes incluso en su propia casa ya no se les reconoce por su nombre, su apodo es más sonoro, tiene fuerza, sonoridad…

Dio una calada larga mientras la miraba fijamente a lo lejos, sus labios rojos, sus ojos pequeños, su tez pálida, sus tatuajes… agitó su vaso, olió su escoses, como un oráculo mirando al cielo, ella por ejemplo no se llama Margarita, no es mía bajo ese nombre, ella es una copa de vino, una damita, una boquita coqueta, pero no Margarita, ella es RedVelvet, Primavera… no una flor más.

—Y ella lo sabe, preguntó por fin uno de los que disfrutaba la conversación, —No, no todavía, quizá nunca lo sepa, pero es un arrebolito, un verdemar, una alegoría estética, ella es orgasmo y ganas, ella es, podría llegar a ser.

Quizá no lo sepa, repitió y entonces yo seré cobarde, miedoso, pureta, fracasado, quién sabe, yo confirmaré muchas dudas ya en mí depositadas y tampoco seré las posibilidades que su boca me brinda, ni el hablador, ni el profe, ni el relator, no contaré nada, así que tampoco seré el cuentero, mis títulos no serán nobles sino condenatorios, una lápida caminante con la palabra: Miedoso

—Y por qué no le dices

—Evitando el miedo al rechazo como factor obvio, también está la adicción a lo probable, el juego de lo azaroso, el gato de Schrödinger, que es y no es, el que recibe el coqueteo, al que tientan y al que intentar tentar.

Quizá porque sigo disfrutando de la posibilidad de que ella sea, más que de la seguridad que traiga con ella su voz, de ser o no ser, tenía razón el inglés, esa parece ser la cuestión, qué titulo ostentar, que ganarse o qué perder.

—Estás cagado del susto

—Sí, por lo menos por otro par de escoses así será.

Último minuto

Falta poco, lo presiento, estoy cansado, los golpes son menos certeros, más lentos y aunque siguen siendo pesados, ya no se comparan, la campana puede sonar en cualquier momento, quiero ver a entrenador, quiero ver si alza el dedo y me anuncia que el fin está cerca, dos minutos no parecen mucho en el primer round, pero en el décimo es una eternidad, adentro siempre es diferente, se siente diferente, se vive diferente, el tiempo es relativo, un minuto dentro de la mujer que te gusta, es diferente a un minuto recibiendo golpes en la cara…

Siempre ha sido así, el último minuto es adrenalina, es un cohete despegando, todo se quema, la vida es combustible, el último minuto es el orgasmo a punto de partirte en dos la voluntad, es el último trago con el que los vietnamitas brindar para pedirle a dios que aprenda de sus errores y cree en una próxima oportunidad un mundo más justo, es el llanto de la madre, el orgullo del padre, la risa de los amigos.

Pero llegar a él no es fácil, más en el décimo round, más con las costillas rotas, pero no hay vuelta atrás ya se han recorrido muchos minutos, mueve los pies, esquiva, un jab y mantenlo a distancia, 7 segundos, un gancho, un golpe al cuerpo, 5 segundos más, restan solo 48, puedo lograrlo, creo que puedo lograrlo, quiero lograrlo.

No solo es mi último minuto, es el de mi carrera, Méndez lo sabe, ese viejo loco me preparó siempre para este minuto, no hay forma de perder, aunque voy abajo por puntos, solo tengo que resistir, el momento llegará, siempre lo ha dicho, calma, calma, espera, la defensa baja, en el último minuto la mente se nubla, aguanta, aguanta, respira, la respiración es clave.

Evita las cuerdas, esquiva, llévalo al centro, por la derecha, en el último round hay que ir siempre por el otro lado, y en el último minuto hay que salirse del juego, ya no importa el juego, tiene la derecha atrofiada, cansada, defendió con ella 10 round, tampoco puede atacar con ella, así que si lo ataco por la izquierda no podrá recortar distancia, gancho al cuerpo, esquiva, avanza, 15 segundos, quedan 33 segundos, es suficiente, con eso es suficiente.

Méndez sufre, el gringo se repliega, no entiende el cambio, está perdido, él solo sabe jugar el juego, sin sus reglas se desorienta, falla los golpes, pierde puntos, golpea el aire con una mano cansada, le duele atacar y defender, retrocede, se aleja de las cuerdas, está incómodo.

10 segundos más, quedan 27, intenta mirar a su entrenador, quiere hacer señas, no, hoy no, avanzo, lo atropello, pierde la esperanza de encontrar las indicaciones, titubea, por fin está fuera de sí.

La gente lo nota, es el último minuto, solo en los últimos 15 segundos vuelven a gritar, la gente y su quedarán podrían despertarlo, así que debo aprovechar, finjo un gancho al cuerpo, baja la guardia y golpeo, un golpe seco, violento, un golpe final, un golpe de último minuto, el orgasmo, la sonrisa, el llanto, el orgullo, lleva consigo todo, el último golpe, en el último minuto, la sorpresa, pienso en la tarea de último minuto, en la impotencia que sentí tantas veces cuando perdí la oportunidad, en todos los otros minutos donde no mantuve la calma, la boca me sabe a sangre y a revancha, por fin tengo la palabra adecuada, el poder suficiente, el aire necesario, pienso en eso mientras que cae contra la lona, con la mirada perdida, valió la pena pienso… y la campana suena.

Ocupa

Llueve y no es normal, se cae el cielo, el Uber avanza lento, está enojado, no es mi culpa, él preguntó, quería tanquear pero tengo prisa así que le dije que no puedo, que tengo que llegar pronto a donde voy, él no lo sabe, no le importa y después de mi respuesta no le interesa tampoco pero Isabela me espera, es una artesana que siempre he querido tener cerquita, y hoy está cerca, necesito llegar en los próximos 20 minutos, necesito este polvo, el mes no ha sido fácil. Han pasado 30 días desde que una gotera hizo estragos en mis ahorros. Encontrarla dejó el baño listo para una remodelación y me obligó a parar la que ya estaba haciendo.

Mi casa ya no me pertenece, es del polvo, del ruido, así que necesito ese polvo, la necesito a ella a sus senos grandes, a su boca de fuego, necesito sacarme esta incomodidad de encima, estas cuatro semanas de baños a paños, de repente el carro se detiene, solo se ven luces difuminadas, el Uber dice que no puede manejar así, que no ve, que es peligroso. Es su venganza pienso, solo desea que yo no llegue a mi cita, pasan 15 minutos y no avanzamos ni un centímetro, envío un mensaje de voz que me sabe a mierda: —No voy a llegar, lo lamento Isa, se me quiebra la voz, quería verte, pero la ciudad no está de acuerdo.

El carro se enciende, quizá se ha conmovido, aunque lo dudo, debe ser culpa, un ser que se comporta de esa manera lo hace porque cree en una justicia egoísta, mezquina, en el ojo por ojo y ahora que ha escuchado la despedida con dolor y desesperación sabe que el equilibrio está roto, cree en el karma y tiene miedo, por eso se mueve aunque ya es tarde y no llegaremos, el terminará la noche con su tanque vacío y yo con el mío lleno.

Llegamos y aún llueve, Isabela no está, así que camino desanimado, el cuerpo me pesa, el agua me empapa y no tengo como bañarme al llegar, solo como secarme, no tengo nada donde calentar algo para comer o tomar y con la lluvia así de fuerte, un domicilio sería someter a otro ser humano a mi misma desesperación, la garganta se me hace un nudo, es un nudo que lleva haciéndose semanas, que empezó a nacer cuando picaron tanta baldosa que fue necesario remodelar, uno que se agudizó cuando después de terminado el trabajo hubo que volver a romper porque la gotera persistía, uno que con cada viaje de cerámica, de pegante, de mezcla se apretaba más y más, que estuvo a punto de estallar cuando vio que ya no quedaba el mismo color de piso y que ahora yo tendría que vivir viendo un parche en el suelo, un tono ligeramente más oscuro, menos óxido… —No hay más dijo el vendedor, hay paro en los fabricantes, si no se la lleva hoy, ya no quedará nada que se le parezca.

—La llevo a regaña dientes, la veo y me rechinan, pensando en ese nudo apretándose subo las escalas, tengo frío, abro la puerta, los gatos corren, maúllan tienen hambre, intento prender la luz y chispea el interruptor…

La energía desaparece, no solo de los circuitos eléctricos, sino también de mi vida, me desplomo, sobre los escombros de la cocina, estoy emparamado y el polvo se me pega a la ropa… tampoco tengo lavadora para lavarlo, no tengo nada, Isabela está lejos, también lo está la esperanza, la vida lo único que da a manos llenas es tristezas y angustias.

Soy un ocupa en mi propia casa, estoy desterrado de mí mismo, de mi sueño, ya nada importa pienso, y me acuesto sobre los escombros, los gatos notan que estoy en el piso, se acercan, ronronean y me siento en casa.

Vicio

El niño nuevo no deja de llorar, dice, justificándose que todo lo que hizo fue porque quería otra vida, diferente, no es tan grave dice, si alguien lo supiera, si el juez y el jurado hubiera escuchado a su mamá gemir cada noche para subsistir, si hubiera visto los hombres que la golpeaban, si hubieran entendido lo humillado que me sentía cada noche, si tan solo hubieran vivido mi vida, me perdonarían.

El jurado no perdona a nadie niño, lo han visto todo, escuchado todo, no a tu madre, bueno quizá sí, quizá a la tuya sí, pero ellos no necesitan escuchar gemir a tu madre, ellos han escuchado a otros cientos que como tú nunca escucharon a su madre gemir, no busque simpatías inexistentes, tu vida fue dura, y no estuviste a la altura. Al jurado, nada más importa. Sos culpable, siempre lo ha sido las decisiones las tomaste vos, manipulado o no, vos decidiste y entre más rápido la aceptés mejor.

Yo tenía 17 años cuando mi suerte se jugó, era nuevo en un colegio católico, así que si algo sabía es que había depravados. Siempre los hay entre los curas, lo contagian como una epidemia, es divertido que les digan curas, son realmente infección, una enfermedad, solapados.

Éramos 8, teníamos quince, éramos niños, yo aunque me veas aquí, aunque me digan dealer, estoy aquí por amor y no por droga, tenía todo lo que vos querés niño pobre, tenía la plata, los carros, el poder, mi abuela era gobernador, pero no me bastaba, no lo quería, no era importante, sé que te jode, para mí ser no bastaba y vos querías tener lo que yo era, pero te aseguro que no vale el precio que estás pagando, tampoco lo hace el turo, yo quería a una mujer experta en hacerme sentir deseado, quería una puta gimiente, a una loca alborotada, yo quería todo eso que tu mamá fingía ser y la verdad me bastaba.

Cada fin de semana juntábamos los algos, e inventábamos trabajos extracurriculares cada viernes, el primo de Cris era door man, nos dejaba entrar por 15 lucas, ver cucas, depiladitas y no tanto, verlas cambiarse, era un show especial, tonto, vago, como nosotros, era un show que se compartía con el último juego de supernintendo, los últimos tenis o tablas, no teníamos para culiar, a duras penas pagamos por ver nos inventamos los putiaderos pay per view pero nada de regalías, dije sonriendo, en fin, yo renuncié a todo, mi familia tenía nombre, podía hacer a cualquiera mi perra, pero domesticar una era interesante, lamentablemente me mordió, me sembró una hectárea de droga en la pieza que vivíamos y ese tombo que ella decía que era gay, llegó a registrarnos el cuarto el único día de la semana que estaba solo.

Me entendés las mujeres como tu mamá, solo quieren una cosa, verde, un vil metal, pero vos soñá con una mujer buena, no hay tantas por cierto, soñala y sobretodo merecela, porque ellas las otras, las de pegaito a la paré, no valen la pena aunque cobren el intento.

El niño lloraba, su madre, el único día que lo dejaba solo, un exnovio policía llegaba para requisarla, ni una llamada, ni un visaje, me entendés las mujeres como tu mamá te siembran, s{i es normal que estés aquí, sabes qué, yo la quería, pero ella solo quería mi billete, fue duro, 35 años me metieron… me gasté la herencia en hierba pa vender y ella en 30 millones de mierda convirtió mi entrega, nunca importé.

Así que deja de llorar, porque a ese negro, a Germán, le encantán lo llorones de 1.50 cm.

Los tercos

Hay pocas cosas que molestaban tanto a Antonia como los tercos, no hay razones con ellos, no sirve la evidencia ni la astucia, un terco es en cierta medida también un fanático, aunque creía firmemente en que los segundos eran mucho perores los que solo eran tercos, el fanático pensaba mientras Jose, sin tilde, le contaba de su vida son seres ingenuos, miedosos e inseguros, algo debe existir afirman, algo más grande, más importante, más sabio, alguien más controla su vida, les da esperanza, les promete una recompensa por la que ni siquiera deben trabajar, esos que alimentan a los fanáticos son ideas astutas, pensadas para explotarlos, son víctimas pensaba, no tienen escapatoria, ah pero los tercos puros, eso pura sangre de la razón eran una pesadilla.

Por lo general saben mucho de una sola cosa, su mundo es lineal, su mundo piensan es el único posible, seguros de todo… nada debería ser peor para un hombre que estar seguro de algo, están seguros de sus decisiones, de sus preguntas, no ven nada malo nunca en ellos, a los demás les falta un poco razón, a los demás les falta astucia, no son como yo piensan, pobres dicen, nunca se responsabilizan de sus acciones sobre los demás, son como los malos amantes o las malas amantes, egoístas, incapaces de entregarse a la situaciones, ponen reglas, siempre reglas y excusas.

No me toques así, haz así, ven aquí, toca allí… bailan solo si aprenden en academia, no tienen imaginación, todo deben aprenderlo, son repetitivos, secuenciales… los peores de todos son los que además crea la academia, personas que se llaman a sí mismos científicos, qué oxímoron tan grande pensar en un hombre de ciencia incapaz de dudar y falto de imaginación, nunca investigan, ni crean, son simples y llanos aplicadores, no hay diferencia alguna entre ellos y una máquina, debe ser por eso que suelen estar obsesionados con los estándares, la ley de los números grandes piensan, si la mayoría piensa algo pues esa es la verdad… eufemismo tan tonto.

Jose continúa hablando, habla de sus relaciones fallidas, de cómo los demás son incapaces de seguir procesos lógicos, habla de sus necesidades, de la ausencia de su padre, de su obsesión por la sistematización, de su deseo desaforado, este se mira al espejo y no es capaz de reconocer ni una fisura, se consideran la solución y solo por eso incapaces de ver sus errores. Intento ser mejor dice Jose, quince veces en treinta minutos, se lo dice a sí mismo, necesita reforzar su patrón de comportamiento, memorizarlo, y finalmente, creérselo, piensa que no es un mal tipo, aunque engañó a su ex esposa, a su novia y a su amante, es una necesidad de objetivación, sé que tengo un problema, lo reconozco, dice, lo reconozco porque quiero ser mejor… son tan buenos siempre los tercos en las teorías, son  impecables, alumnos de memoria, incapaces de aplicar, dígame qué hacer, cómo mejorar, deme el secreto para que todo esté bien… una pérdida de tiempo, se los digo siempre con frecuencia, si no sos capaz de imaginar un escenario diferente no podés llegar a él, si no puedes ver a través del problema, seguirás encerrado en él, pero insisten, dicen que sienten que han mejorado, que notan cambios, van al gimnasio, intentan leer, algunos son tan divertidos que luego de un tiempo dicen, leí este autor que me recomendó, ya había pensado yo algo similar, el libro es de hace 200 años y el piensa que no es sorprendente porque él pudo pensar algo parecido. No puede ver su reflejo, su propio ego lo opaca, no entiende que se lee para darse cuenta que no somos nada originales, ni especiales ni únicos, que se lee para saber que los humanos somos muy parecidos, que la grandeza es circunstancial, temporal y sobre todo aleatoria, no, no entienden, están seguros de su autorealización, a nadie le deben nada, la suerte nunca ha estado de su lado, ellos son los únicos, los héroes…

—¿Qué cree doctora? Le pregunta y le interrumpe sus pensamientos.

—Que usted está mal Jose, que mientras que no sea capaz de darse cuenta, lo seguirá estando.

—Pero dígame cómo mejorar, yo quiero ser mejor dice, y aunque ella lo escucha, sabe que es incapaz de aplicarlo, no hay caso Jose, —usted es terco dice, y los tercos solo escuchan su propia voz, estudie sicología, ayúdese usted mismo, si es que es capaz de graduarse, si es que es capaz de escribir.

La dictadura de las sábanas

Era una mujer jovial, de una risa continua y estridente, alborotada como su cabello y a todas luces encantadora, le gustaba decir que era una sorpresa constante, y en verdad lo era, incluso para ella, cada día encontraba su propio camino y a cada hora un nuevo viento para ir hacia algún lugar o hacia otro, la vida era una posibilidad irresistible, un antojo, un deseo… un arrebato, como su peinado.

De repente llega un mensaje, hace cosquillitas en la entrepierna, de la nada otro no quiero que vengás hoy a dormir, boté tu libro, se me olvidó subir el mercado, salimos de viaje a las 6… así súbitos, sin pistas, inminentes, toda su vida diurna transcurre en un movimiento imposible de predecir o seguir. Ella baila sola, la compañía le viene bien para una o dos canciones, pero después cambia el ritmo, la cadencia, los pasos, solo quiere moverse, desbordarse y entonces no hay pareja que le sirva.

Él era astuto había aprendido con el tiempo que el agua tiene un flujo que no puede controlarse, que los caudales encausados suelen matar la vida, que canalizarla sería lo mismo que perderla porque ya no habría arrollo, ni rápidos, ni cambios, nada de torbellinos ni de piscinas naturales, nada de ella, así que no procuraba cambiarla, y se sentaba a lo lejos cuando ella cambiaba el paso, ya volverá pensaba él si ha devolver se decía a si mismo. A él le gustaba pensarse como un gato, cariñoso cuando se le antojaba, pero cauteloso, cariñoso en la seguridad de la intimidad pero apenas perceptible delante de los demás, así que su relación iba bien sobretodo cuando nadie los veía.

Eran casi exiliados voluntarios, haciéndose compañía en los lugares adecuados, abrazándose, besándose, y curándose las heridas más profundas, con la fuerza justa, con el ritmo justo hasta que llegaba la noche, ahí ambos perdían la guerra contra sí mismos, ella queriendo desconectarse del mundo, apagar pantallas, aislar sonidos, él extendiendo el día, golpeando teclas, jugando y corriendo como un gato a la media noche de un lugar para otro, queriendo leer, cocinar, escuchar música o ver televisión, deseando robarle al día un poco de su vida como lo había hecho la oficina con él y entonces en ese ying y yang que en el día encontraba el equilibrio, en la noche se transformaba en la guerra, y como toda guerra tenía daños colaterales.

Platos, ollas, cenas, botellas de vino sin empezar o sin terminar volaban, cada noche peor, cada noche más oscura, más larga… al final ambos sucumbían al cansancio, y dormían, eso y el aceite de CBD que él usaba para cocinar, eso y el vino que ella tomaba siempre con la cena, eso sumado a las pastillas que ambos tomaban ya en su habitación.

Al despertar, era extraño, el sol a ella le dibujaba una sonrisa, el café a él le despertaba las ganas, follaban cada mañana hasta sacarse la rabia, se mordían, se escupían, se castigaban por su comportamiento del día anterior y al mismo tiempo se complacían a un nivel que siempre los dejaba extrañándose, su intimidad cómplice, su pacto secreto lo sellaban cada mañana viniéndose el uno sobre el otro.

Dictadores de las sábanas, se miraban, se reían, veían la cama desajustada, lejos de donde había empezado la faena, la estamos torturando, pensaban deberíamos pasarla a mejor vida… bromeaban, y cansados se alejaban el uno del otro.

Gol en contra

Benjamín piensa que el fútbol es sagrado, la pelota y el potrero no se manchan repite de manera constante, fuera de esas líneas, a veces imaginarias, a veces no, el mundo es caos, pero dentro, es terreno sagrado, es su religión y su filosofía, por eso aunque no logró vestir oficialmente una camiseta las tiene todas, colecciona banderines, balones, álbumes y láminas, puede hablar de la estructura ofensiva de Holanda y sus marcas escalonadas, o de los bloques defensivos de los italianos, sabe en qué año se inventaron las reglas y debido a qué, recuerda los campeonatos, los guayos, los nominados a balón de Oro, y los que nunca estuvieron pero merecieron…

Ese hombre no solo transpira fútbol, lo vive, por eso para nadie fue una sorpresa que su cumpleaños lo celebrara con un partido, que invitara a sus amigos a un cotejo, a que se pusieran la 10, ese día todos jugaron con la 10, la del Diego, la del Pibe, la de Diño, todas eran suyas, por fortuna además del fútbol amaba el RAP y siempre las compraba XL así que a nadie le quedaba pequeña la suya.

Había logrado lo que pocos, vivir de su pasión, organizaba torneos en los barrios y le cumplía el sueño a más de uno de colgarse una medalla, de vestir un uniforme, de celebrar un gol con una gradería que coreaba sus nombres, y contaba con ese cariño de vuelta, y cada uno de los que había ido aunque no fuese necesario le había llevado algo. La cancha misma había sido un regalo, iban a inaugurar el césped, era una cancha semiprofesional, medidas reglamentarias, iluminación decente, césped natural, ese era el presente de la dueña del lugar, camisetas originales firmadas por jugadores profesionales que habían alguna vez jugado en sus torneos, él estaba chocho.

-El fútbol todo lo puede todo lo hermano, el potrero y la pelota no se manchan decían, feliz con cada regalo… siempre había sido así, incluso cuando la ciudad y las balas le desarmaban los equipos hace 10 años, muchos de los que estaban ahí podían hacerlo gracias a él, a sus torneos, que los hizo estar en una cancha a las 8 y no en una esquina y solo por eso habían escuchado un pito y no un estallido fatal.

Su novia decoraba el camerino mientras todos calentaban, a lo lejos otro partido, otra gente… les falta alguien para jugar preguntan -Vea la solidaridad del fútbol dice Benjamín, hermana, sana. -Nada ya estamos responde alguien, los otros no se van siguen ahí, y todos vuelven a ver sonreír al cumpleañero, guarda sus regalos en el bolso, un bolso deportivo, lo pone azul gastado, nada llamativo, se acercan a la mitad, lanzan la moneda y comienzan a elegir.

Corren, sudan, ríen, hay goles, hay juego, hay gambeta, nada del otro mundo, pero para los 22 que estamos allí es la final del mundo, corremos y sentimos que nos escapamos por la banda como lo hacía el 7 de Portugal, cabeceamos sintiendo que somos el 9 de la selección, los que patean al arco creen que rompen mallas y celebran saltando e imitando las celebraciones de los jugadores que idolatran.

Los otros se van, mientras los ven jugar, mientras pasan por detrás de la portería, cerca de los bolsos, de ese azul desgastado y nada llamativo con un bolso casi idéntico.

El partido termina 9-7 como solo las finales del mundo de barrio terminan, recogen las cosas, llegan a celebrar al camerino y la novia quiere ver los regalos, Benjamín está emocionado, pide su maleta, le pasen una azul roída, casi idéntica a la suya, pero no es la suya, no pesa como la suya, no tiene sus regalos, él sonríe, la pelota y el potrero no se manchan piensa, véalos ahí dice, son todos ellos que vinieron.

Se muerde la lengua, le hicieron el cambiazo, esos que se ofrecieron a jugar, esos que usó de ejemplo para hablar de la solidaridad… lo robaron ahí donde siempre se sintió a salvo, por confiado… siente que ha hecho un gol en contra.

Renacimiento

Cuando despertó lucía confundido, la verdad es que le pasa a todos… —Nos pasa a todos querrás decir —No, les pasa a todos, yo soy una futura presente, es decir, nací aquí concebida por futuros pasados, —Esa era la forma en cómo se referían a los hijos de quienes habían viajado en el tiempo y se reproducían allí, eran, como los mismo viajeros irregularidades, anormalidades espacio temporales, los presentistas, hombres y mujeres de la época se habían visto en la necesidad de nombrarlos y de ocuparlos en algo porque con el descubrimiento del viaje en el tiempo y su desafortunado resultado habían tenido que tomar cartas en el asunto.

25 años atrás en el 2987, Adrián, una joven promesa de las ciencias había hecho la primera abducción espacio temporal, el viaje era solo posible hacia el futuro y su tripulantes debían ser personas que habían roto su cadena espacio temporal, en otras palabras suicidas, personas que habían decidido acabar con su vida antes de tiempo, sus intenciones eran buenas y egoístas como casi todas las buenas intenciones, Adrián había quedado huérfano y él se vio obligado a crecer añorando el amor de una familia que había preferido dejar de existir, en el presente futuro, es decir en nuestro futuro y en el presente de Adrián ya no hay religiones monoteístas que condenen el suicidio, los estados tampoco se angustian por eso, la muerte se compra a cuotas, el procedimiento es costoso y muchas personas pasan 20 años trabajando reuniendo el dinero suficiente para poder costearlo.

Cada cuerpo está modificado, en el presente futuro, los cuerpo cuentan con un kit de primeros auxilios, las muertes accidentales han desaparecido, la última real registrada data de 2530, el resto se comprobó que habían sido suicidios, el caso es que con la NanoUCIS es muy difícil morirse, y los resultados de intentarlo son las deformidades, la pérdida de conciencia, y el perdón de los pecados en este nuevo tiempo, ser considerado improductivo. Cuando mis padres escaparon, apenas empezaba la década de las pandemias, el planeta alcanzaba el punto de no retorno y la economía estaba enferma, decidieron suicidarse juntos, quizá por eso sus padres habían sido salvados. El punto es que la NanoUCIS está programada para evitar más suicidas, tenemos miedo de lo que pueda hacer la máquina de Adrián en el futuro.

Pese a que muchos de los problemas que agobiaban a los suicidas en el pasado han sido erradicados en el futuro, sigue allí su miedo irracional y latente, después de 1 siglo sin ellas parece que hemos importado a través del espacio a una enfermedad, por eso existe este departamento, el departamento de dilemas.

—Di-le-más respondió el nuevo recién nacido, el nombre los tomaba por sorpresa a todos, el diálogo de Diana, no estaba ni implantado ni trabajado, sino moldeado. Después de todo ella entendía que la vida iba a un lugar mejor, que no había perdido nada, que sí, que claro, que sin dudarlo ella era hija del futuro, pero no hacía parte de él, pero eso no le impedía disfrutarlo ni tampoco se negaba al placer de la melancolía de no pertenecer, entendía ambas partes, era un sistema limpio, funcional, incluso justo, con tiempo para todos y para todo, sí, claro ella entendía, no era la primera vez en la historia que creía entender al final era el futuro el que decidía qué verdades queremos contarnos. El pasado es un fantasma poderoso, un dolor inacabable…

Bienvenido al futuro, el dilema está en que puede vivirlo o viajar de nuevo.

Goteras

Toda gotera es discreta hasta que ya nada puede detenerla. El agua sabe ser paciente, no tiene prisa, se acumula, suma fuerzas, y entonces, emerge, primero imperceptible, luego molesta y finalmente caótica.

Es metódica, constante, una gota de talento puede hacer la diferencia, basta una gota de algo, lo que sea para cambiar radicalmente todo, una gota de suerte, una gota de hambre, una gota, que cae continuamente duele en los lugares correctos, fractura, destruye, solo necesita tiempo…

Las primeras gotas después de un beso, se acumulan y no tardan en convertirse en un caudal de ganas que no deja nada seco a su paso, nada tieso a su paso, nada en orden… es igual en la comida, gota a gota los jugos de un limón, de aceite, de sangre invaden el resto y lo dominan.

Una gota de esmegma o de semen atraviesa un pequeño orificio en un condón y es suficiente para que dos vidas cambian y una más nazca, una gota de sudor corriendo por un brazo ajeno en un sistema de transporte público se acerca a tu mano y el asco se convierte en desesperación, te mueves, intentas huir pero es imposible, el sudor te toca y sientes las náuseas apoderarse de ti.

Un gota de licor toca la lengua de un atormentado y de inmediato se abre un océano de culpa, un deseo intenso de ahogarse en él, una gota, una sola maldita gota puede acabar con el hombre, con la humanidad, con todo, una gota de locura en el hombre que aprieta el botón, que gira la llave y bastaría para que el tiempo deje de correr.

‑¿Lo entiende?

‑Sí, lo entiendo, ya le dije que lo entiendo, como fontanero lo tengo claro, tiene una gotera y eso le molesta, pero no tiene que decirme todo esto, solo donde tiene la gotera, la puta gotera para que vea lo que es una fuerza caótica, solo señale donde tengo que golpear y romper, para canchar, impermeabilizar y sellar esa gotera que lo tiene en un estado tan lamentable.

‑­El hombre mira al fontanero, lo hace como quien ve a una especie de dios, a uno capaz de librarlo de la ira de sus vecinos, de la culpa de su torpeza, de su falta de interés, lo mira como quien encuentra la paz a su sosiego.

-Allá señala al fin

‑El fontanero toma su martillo y lo estrella contra el piso, una y otra y otra vez, consistente, paciente, como una gotera.