“En un mundo donde vivir es obligación, la muerte es un lujo”
El Flaco
De todos sus cuentos, al flaco le gustaba hablar siempre de este que no había podido nunca terminar de escribir, comenzaba con un chico porteño de una familia venida a menos en Madrid, le gustaba siempre resaltar esos pequeños detalles, primero porque eran un espejismo, el había vivido en Buenos Aires, lo habían tratado como a uno más, sabía por experiencia propia que el porteño no es frío, sino que es melanco, necesitan profundidad para conectar, son como un buzo, la superficie simplemente no es lo suyo, sabía además también que todas las familias del mundo estaban venidas a menos, porque la inflación siempre crecía y los sueldos llevaban ya congelados 10 años en casi todo el continente, finalmente que un latino con esas características se sentiría menos en España, un hombre así como Cristo, Cristobal, no se sentía menos ante nadie, porque estaba incómodo donde estuviera, su problema no era geográfico ni económico, sino simplemente humano, era humano y por desgracia, frente al espejo se reconocía y se dolía.
Cristo tiene 28 años, su padrastro es evanista su madre. exmonja, se conocieron en el convento donde ella estaba internada, una chica española en su misión al tercer mundo, Pepe, padre cristo era muy bueno con la madera, y yendo a organizar algunas cosas al convento cuando supo que el cura iba a echar a la novicia porque no quería tomarse un bebedizo que era medicina para sus problemas, al notarlo confrontó a Ángel, el sacerdote y terminó por hacer echar a Mar del recinto, ambas familias les habían dado la espalda ante el suceso, pero con la responsabilidad del impertinente decidió que tenía que hacerse responsable y se devolvió con ella al antiguo continente.
Cristo conocía la historia y la detestaba, se hijo de un “Angel” con un padrastro evanista lo hacía blanco de chistes fáciles, pero a sus 29 ya a nadie le importaba mucho, el flaco mencionaba siempre estos elementos del cuento con el único propósito de establecer lo común que puede ser una circunstancia extraña, la falacia del cumpleaños la llamaba, basada en una teoría que habla sobre cuántas personas pueden cumplir años el mismo día, el caso es que en esta Madrid donde ocurre el cuento, a los 30 las personas tienen que tomar una decisión: el día de su muerte, en un gran calendario debe marcar día y hora en el que los basureros han de pasar a recogerte para convertirte abono. La situación llegó a ese punto, decía siempre el flaco porque al sobrepasar 5 de los 9 límites para salvar al planeta no había más solución, tenías hasta los 30 para ahorrar, luego comprabas un par de años, o establecías un contrato a cuotas pensando en los años que quisieras vivir y luego el contrato simplemente se ejecutaba.
Jude, un amigo inglés de Cristo había quedado mal en algunas cuotas y él le había prestado poco más de una década, mucho tiempo si se tiene en cuenta que Cristo quería vivir hasta los 50 años, lamentablemente a Jude lo había atropellado un carro antes de que le pagara y como las deudas entre personas naturales no se aseguraban nadie había respondido por su tiempo, con lo ahorrado Cristo tenía suficiente para 10 años o 3 si realizaba el viaje que había deseado, y recordando una frase que solía decir su mamá optó por el viaje, nadie me quita lo bailado, dijo, y firmó el documento, tres años, tres años le quedaban a Cristo al cumplir sus 30, nadie sabía solo él era dueño de su tiempo.
Se rehusó a hacer la fiesta que se acostumbraba donde las personas solían dar como un regalo esa información a los demás, he decidido pagar 50 años más a su lado, quiero verlos crecer, cuidarlos, quiero darles lo que ustedes me han dado a mí… papanatas, odiaba el hecho de que la vida se pagara a cuotas, de que la gente estuviera orgullosa de hacerlo, se creían especiales, presumían su longevidad, atrás habían quedado el tiempo de las casas y los carros, Cristo tenía claro que no quería eso, había en cambio siempre soñado con vivir hasta los 50, le gustaba el número, era suficiente y digno, le molestaba demasiado la idea de envejecer, la gente que tenía para pagar 100 años tenía que tener para el suero, los cuidados, los enfermeros, sus seguros no eran tampoco baratos, y sobretodo eran inoficioso, para qué vivir hasta los 100 años, ¿solo por presumir su poder?, ¿Su dinero? tanto tiempo reclamándole a los escritores por clichés para pasársela viviéndolos, así que no hubo fiesta, ni comunicado, Cristo vivía pero su contador estaba en marcha.
Magda su casi algo favorito, le preparó una celebración especial, la malas lenguas decían que de especial no tenía nada porque a todos sus hombres al llegar a los 30 les daba lo mismo, una faena imperdible que los acercaba a la muerte en medio de su renacimiento, pero a Cristo no le importaba, y más si era con Magda, la insaciable, Magda encima, abajo, de lado, gimiendo, gritando, arañando, mordiéndolo en la clavícula, en el cuello, rasguñándole la espalda, en lencería y con juguetes, Magda desatada… si algo hacía bien Magda era vivir, porque la faena que daba te mataba un poquito y si hubiera podido escoger un solo regalo, seguro hubiera sido a Magda.
El flaco contaba esto sonriendo, de verdad lo pensaba, vivir es un lujo muy caro y cada vez más, algún día él también iba a escuchar la alarma, la última alarma y a sentir que estaba pagando la vida a cuotas. No era un mal cuento, tampoco era el mejor, pero a él si le daban oportunidad de hablar de un cuento, siempre le gustaba hablar de ese, siempre pendiente, aún en el tintero y lejos del papel.