Correo

El correo siempre llega

Una hoja en blanco, cada que trataba de responder sus cartas, se encontraba con un inmenso vacío que le impedía hacerlo, había miedo y exceso de reflexión en él, tanto que no tardaba en convertirse en tedio.

En esos momentos corría a leer las cartas recibidas, buscaba tan arduamente como podía alguna pregunta, algo específico que ella le hubiera preguntado, algo sencillo que le diera pie a la narración de su propia vida, pero no recordaba nada especial, sus ojos estaban demasiado enfocados en la meta y comenzaba a sentir que había abandonado la realidad.

Comenzó disculpándose: te ruego me perdones, la demora no ha sido fácil, he vivido muchas vidas en los últimos meses, me he fragmentado, cercenado pieza a pieza, emoción a emoción y hallar algo de mí que no haya ya separado de mi vida es difícil, espero que me entiendas y sepas que esto es una metáfora, mi cuerpo está intacto, pero mi cabeza es ya muchas partes.

A través de tus cartas he recuperado una vieja pasión, la posibilidad de crear mundos distintos, todos ellos habitan en el cuaderno y el tintero que olvidaste al partir, es mi único diario, fuiste muy amable al olvidarlos intactos.

Hay allí historias de hombres salvajes, ermitaños y sucios, hay desesperación, odio, miedo, desamor de la misma oscuridad y densidad que la tinta en el tintero de donde nacen, cada uno al nacer se ha bañado con algo de mi propio ser, han requerido ese soplo, esa transmutación de mis propias emociones para vivir. El cinismo es su lengua común, creo que al fin he tenido los hijos a los que siempre temí.

Los cuentos son oscuros, he decidido llamar a ese pequeño compendio Literatura Desesperada, ha sido difícil desprenderme de ellos, permitir que otros los conozcan me provoca un miedo terrible, debo sonar como uno de esos sobreprotectores de los que siempre me quejé, quizá es miedo a destruir mi propio orgullo, a que los juzguen demasiado fuerte o a que sean aceptados demasiado fácil.

La poesía la he puesto en pausa, los versos han empezado a abundar en cantidades y su calidad parece no estar mejorando y he considerado que era el momento de silenciarla por un tiempo. Pero no he sido yo culpable de toda esta tinta derramada, las novelas que dejaste antes de partir también son autoras de este desastre, de alguna manera me han dado otros ojos, otros autores me han permitido ver su mundo, habitar en su cuerpo, sentir de otra manera, he sido un polisón de sus aventuras y ha sido inevitable soñar con una propia, o con muchas.

Comprendo que es un acto terrible el guardar silencio tanto tiempo, pero como he tratado de explicarte, no he sido yo, hay ya muchos a quien culpar, confío en que entiendas…

En ese momento alejó la tinta del papel, mano alzada y con tristeza arrugó su carta y la despedazó.

Tomó una postal y en su reverso escribió su nombre, bebió la tinta y la escupió sobre la postal. Al otro día la envió por correo.

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