Ocasos

—Antes caminaba con la cabeza erguida, la frente en alto, pero quién carajos puede andar así por la vida con la realidad explotándole en la cara, quién puede lucir orgulloso viendo que todo arde alrededor. Nadie se convierte en perdedor, los fracasados nacen con los mismos sueños que los demás pero son menos ingenuos, realistas, por eso no pueden ir por ahí sonriendo y mucho menos sobrios.

Los borrachos, los fumadores, los que se ahogan en café por miedo al alcohol, los locos, son, aquellos que prestan demasiada atención como para ignorar que el mundo se pudre a su alrededor, son a quienes más les duele porque en el fondo saben que no tiene salvación, por eso se tratan como ratas, viven entre mierda y lo saben, viven entre basura y lo saben, no hay escapatoria y lo saben y eso lo justifica todo.

Son un síntoma, el temblor del adicto, el vómito del borracho, ellos son las ojeras decrépitas de esta sociedad, entiendo la preocupación de los demás ante ellos, pero ellos, esos que se creen tan limpios, tan acordes a cada momento, consumen como droga algo mucho más fuerte y no se limitan a dosis personales: por la aceptación y el dinero, lo han dado todo, sin siquiera sentir un viaje placentero, han inyectado su individualidad, y trabado su capacidad de razonamiento, y van por ahí con el razonamiento ebrio, atrofiado.

Ellos, nosotros, los locos, se los recordamos, no somos una afronta a su orden, ni a su credo, pero son el pecado, el fruto del consumismo y la estandarización, aquellos que son diferentes deben caer porque les pesa la conciencia y por eso ahora nos persiguen.

Y nosotros solo podemos correr en medio todo, hijo mío, agredirse con sus silencios, evitarles las miradas. Nosotros, solo nosotros lo vemos tan claro, los resignados estamos benditos, podemos acoplarnos sin ningún arrepentimiento, no tenemos que escoger bando, lo mismo nos da que ganen aquellos que veneran el dinero como aquellos que idolatran el pensamiento.

A fin de cuentas pequeño, ninguno nos alimenta, creo que si nos pagaran la balanza se inclinaría pero ambos bandos son tan narcisistas que se niegan a ganar esta disputa con ayuda de un tercero. Míralos pequeño, allá van corriendo, allá van armados de dudas y seguros de nada, continúan corriendo, sedientos, gimiendo entre sueños.

¡Ah!, qué monótono es todo mi pequeño…

—¿A este qué le pasa?– preguntó de pronto un médico.

—Nada extraordinario, todas las mañanas es lo mismo, le traes algo que lo entretenga, un paquete de cigarrillos, una pinta de whisky a su café y obtendrás las mejores historias de todo el lugar, la verdad es que ni le prestábamos atención hasta hace unas semanas que se rompió la televisión

Continuó:

—Es famoso además, llegó con esa manta en brazos hace un tiempo, ¿no lo reconoces?, su cara llenó todos los periódicos hace 5 años, un genio de la literatura decían, la verdad es que el tipo está cuerdo, pero se ha quebrado, ha cedido ante la presión, ya no tiene ideas, o al menos eso dice, para mí sigue siendo un genio

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