Al aire

La luz se enciende, y un letrero desgastado pareciese que fuera a cobrar vida, aunque flaquea, su plástico desgastado, curtido hace que sea imposible mirarlo con algo que no sea lástima, las cortinillas corren, las personas dentro de la cabina acercan o alejan su micrófono, y el escenario se transforma.

Cuando está en silencio es una cabina pequeña, vieja, la decoración delata que ha visto pasar por sus micrófonos alrededor de tres o cuatro generaciones y que está lejos incluso de lograr pasar por vintage, su vestidura es anticuada, seguro estrella en otra época, pero lejana de cualquier atisbo de modernidad, los equipos son contemporáneos salvo algún remplazo, un micrófono último modelo y tres conversores para poder conectarlo a una consola envidiada por los museos, un contraste, un viaje en el tiempo. Pero cuando ese letrero moribundo avisa que se acerca la hora, el ambiente es otro, ella brilla, se llena de magia, de las luces amarillas de las bombillas de la consola, hipnotiza con facilidad a los invitados… se sienten transportados a su edad de oro y embelesados hablan.

Los locutores, las locutoras lo saben, lo aprovechan, la sala sigue en pie porque ellos lo piden, pero no es ruedo para cualquiera, hay quienes no comprenden su poder, su lógica, y se intimidan por el show que ofrece, se incomodan por su falta de ergonomía, por su humedad y olor a moho, los incapaces no viajan, se quedan atascados en su apariencia, en su brusquedad estética y caen sin conocer su gloria.

Hoy no parecía que fuera a ser un día diferente, Gabriela saluda, Jorge contesta, la música de fondo comienza a acompañar sus tonos de voz y las bombillas brillan anaranjadas, con una luz que se transforma, parece un día prometedor, las líneas se abren y las llamadas comienzan, el invitado es medianamente célebre y parece estar en su mejor momento, un activista defensor de las nuevas posturas, un tema de esos difíciles de moda, uno de esos que vive más de los escándalos que de los argumentos.

La sorpresa llega cuando la voz que está detrás de la línea saluda a Gabriela e ignora a Jorge y al invitado, algo ocurre, Jorge lo nota por su mirada, está nerviosa, el invitado intuye que algo está fuera de control, que la atención que busca va a serle negada, faltan 15 minutos para los próximos comerciales, quien llamó lo hizo sabiendo que no es posible interrumpir, que está presa del letrero, de su rol y el de su voz.

-Tienes alguna pregunta para el invitado

-No cambies el tema, responde una voz ronca femenina y familiar, familiar para ella, para los oyentes, incluso Jorge puede entenderla, ahora que la reconoce el escalofrío ya no solo lo intuye, lo siente, quien habla aún los atemoriza

-No por la él, para ustedes

-Su respuesta los pone contra la pared, la magia se escapa, la cabina dorada se oculta, cae por su peso, y los viajeros son devueltos a su línea temporal, hay una pesadilla peor que la de escuchar a tu ex productora en la línea, a la persona a la que moviste cielo y tierra por remover de su posición, por arrebatarle el poder, ser expulsado de la gloria, perder el hilo y volver a sentirse humano.

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