Papanatas

Sudaba, era evidente que no tenía idea de lo que hacía, y por eso sudaba más de lo que podría llamarse normal, su ropa también lo demostraba, la imprecisión de sus movimientos, la torpeza tímida con la que se aproximaba a cada acción, la postura tosca; mecánica, era un indicador claro de que más que tenso, era un inexperto, aún así comenzó a hablar:

—Los principiantes, no importa el campo, ni el tiempo son siempre una atracción, nadie pude evitar el verlos, les recuerdan siempre a ellos mismos, pero algunos no son conscientes, suelen creer que son solo siempre su último resultado, su mejor versión, pero quien es siempre su resultado es un fracaso constante, lo importante es ser siempre el proceso, esa sutil diferencia lo cambia todo.

Quien es siempre su resultado, está siempre nervioso, está a un fracaso del fracaso, de una avalancha de un precipicio sin red, quien está en cambio siempre en proceso, se permite errar, e incluso lo hace con cierta alegría, quien se juzga por el resultado al fallar comienza a temer, el temor evita el riesgo, sin riesgo hasta la monotonía se aburre, y lo pero que puede pasarle a alguien es eso, porque ya no importa lo que lo diga, porque se marchita, porque se vuelve artificial, seco.

Imitadores, simple imitadores, no saben patear la pelota, ni donde apoyar el lápiz, no saben agarrar una teta, ni dónde lamer, ni cuando chupar, ni morder, no es delito, pero ninguno lo acepta, la suerte del principiante es mala, solo que no tan mala como ellos creen, y sí, el mundo es hostil con ellos pero únicamente con los que han confundido el comienzo con el merecimiento, esos que aparte de ser torpes, de lucir inseguros, intentan convencernos de que es su derecho estar no solo frente al reto, sino de pensar que este no está a su altura.

El mundo está lleno de ellos y si no quieren desaprovechar su oportunidad tendrán que reconocer sus pequeños impulsos, son condescendientes, toman un objeto, y buscan en él una señal, la aprobación de un tercero, la reacción del universo frente al encuentro, ¡Dénselas!, sean ustedes esa manifestación clara y precisa de que el universo ha predestinado a ese hombre o mujer para ese encuentro, háganlos soñar con que su nueva vida comienza justo cuando toman la decisión de comprar lo que tienen en las manos, no importa si es un lapicero, un balón, una rueda de gimnasio para hacer abdominales, no importa si el hombre parece una carreta, no importa que ustedes sepan que va a fracasar, vendan el caballete, el alargador de penes, el sostén mágico, el jean que horma, el dvd, la licuadora, no son nadie para destruir ese sueño, anímenlos a soñar, búsquenlos, abran bien los ojos porque ahí están ellos, esperando, y serán suyos, o serán míos.

Ya ni sudaba, ya no se temía, era diferente, no es encogía de hombros ante el micrófono, ni evadía los ojos de Raquelita, la asistente administrativa que lo había dejado por Álvaro, no pensaba ni siquiera en su nombre, que nunca le había gustado, ya no era José, el precoz que arruinó su primera vez, el que no supo lamer y mordió, NO, ya no era ese que se cansó de arrancar hojas de apuntes, olvidó su fracaso en las artes y se aferró a sus triunfos aritméticos, olvidó su terror escénico, y no era más ese a quien había descrito, no era la orina que le corría pierna abajo y a la que ni siquiera determinaba, ya no era nada ni nadie de lo que había sido, era solo el 1, el # 1 el mejor, era septiembre y sus días, era sus hazañas; sus tretas, era el vendedor del mes hablando frente a toda la cadena, era el súper numerario, el verdugo de los presupuestos, era el imperio de los créditos, era, estaba seguro, la mejor noche de su vida.

A lo lejos otros vendedores inseguros lo miraban extasiados y excitados, quienes lo habían logrado antes que él, recordaban el momento, quienes aún no lo lograban soñaban con su discurso, su noche sus 15 minutos, su fama.

Siempre bajan así, agotados, sienten que han cambiado, que son otros, se vuelven adictos a esa sensación, a ese momento, y estarán dispuestos a todo por volver a sentirlo. Papanatas.

Un brindis exquisito

Existe una costumbre en Vietnam, en la que al beber, con el último trago, se debe realizar un brindis deseando que algo cambie, un último trago para y esa una carta abierta, siempre una esperanza perdida, la caja de Pandora hecha botella de licor, de nada guardar una ilusión borracha, un ojalá. No es más que la exaltación de una causa perdida.

Existe otra en Colombia, en la que con el primer trago se rinde tributo a los ausentes, a los muertos, por las ánimas se reza y se derrama sobre el suelo, la tierra, la mesa.

La propia costumbre brindar es un acto de confianza, se juntaban las copas como un gesto en el que se declaraba, en ti confío y no necesito verter mi trago en tu trago, no creo que quieras matarme, simbolizaba.

Pero en el club de la cola de serpiente, un pequeño club literario donde norte, sur, este y oeste u oriente u occidente se reúnen quiero proponer una dinámica, dijo oriente exaltado, quiero un brindis exquisito, una cadena de ideas, de deseos pero inicial, un anhelo que crezca en cada reunión y se lea siempre al comenzar.

Los únicos sabios, actualmente: Los borrachos, y brindo por ellos, los buenos borrachos, los que beben por la sangre y por la duda.

Era un buen brindis sin duda, tenía gracia, tono, y pese a la valentía evidente en el grito exclamado, no había alteración en la dicción, era un hombre sobrio contra todo pronóstico, ningún brindis se queda sin contestar, continuarían brindando por todo, entre todos, los nuevos integrantes deberían preparar un brindis y decirlo como aquel primero, sin duda, ni miedo.

Salud entonces por los niños, los únicos filósofos que siguen preguntando por qué sin importar la respuesta, a quienes nunca de cansar, a los suicidas de la ingenuidad, que anhelan crecer pensando que la libertad llega con la cédula.

Salud por los torpes, los idiotas y los valientes, por los tontos, por nosotros, que creemos aún que hay esperanza en la esperanza.

Los vasos chocaron como campanas, y al igual que ellas atestiguaron que las horas morían, el sonido se tornó agudo, repicaba ensordecedor al otro día, norte, sur, este y oeste tenían resaca, los personajes habían guardado silencio, y también ellos brindaron.

Salud por los libros; excusas para seguirnos encontrando.

Líneas de tiempo

Aprendí en el colegio -le dijo Juanjo a Laura- que la vida podemos contarla de la manera en que queramos, no solo en años, ni en mundiales, ni en dictadores en el poder. Podemos contarlas en inventos, batallas, descubrimientos, libros, canciones… a eso se le llama línea de tiempo, ahí entendí Laura que no vale la pena contarlas de una sola manera.

Laura era la abuela de Juanjo, y su piel estaba llena de esas líneas, arrugas, desde que el alzhéimer la había secuestrado. Juanjo la visitaba cada que podía, pasaban a veces meses en los que nunca faltaba, luego de repente la ausencia, y volvía, cuestiones del trabajo, ocupaciones fuera de la ciudad, pero si estaba, estaba con su abuela.

No te sientas mal, no te recuerda -le decía siempre Dora-, una enfermera que había acompañado a Arturo, su abuelo y que había logrado contra todo pronóstico grabarse en su memoria, no recordaba su nombre, ni su profesión, pero la gratitud, cuando es sincera, es permanente como los tatuajes, se vuelve difusa, pero siempre deja marca.

Igual era con Juanjo, le sonreía, incluso en sus días más malos le sonreía, quizá recordaba su aroma, o la temperatura de su piel al tacto, algo había en él que cuando lo sentía cerca, Laura sonreía. Y en los días buenos, si la historia de Juanjo era buena, hablaba, así había aprendido que Laura creció correteando gallinas, marranos, hijos e hijas, que ella, estratega nata había recurrido a férrea defensa sicológica al verse superada en números, y aunque le partiera el alma ocultar que era noble, cariñosa, sus diez hijos no necesitaban solo mimos, así que había sabido adoptar una disciplina militar para su formación. Sin embargo, pobres como eran no había la posibilidad de enviarlos a un lugar a recibirla, así que zurriago bajo el brazo, correa en cintura, había decidido que ella misma lo haría. Logró que le contara su vida a través de los castigos que sus tíos habían, ante todo, merecido y luego recibido.

Y si había podido disimular su asco al cambiar a diez hijos, y quién sabe cuántos nietos, era una muestra clara de que estaba comprometida con verlos crecer. La rutina era sencilla, a primera hora de la mañana Juanjo entraba en el asilo, con el desayuno favorito de Laura, y durante las visitas largas le contaba novelas, le cantaba canciones y si tenía día libre y podía extenderse, le hablaba de las líneas de tiempo y lograba que ella le contará algo.

Era buena hablando de sus hijos, incluso de los no tan buenos, era buena al recordarlos, ellos también habían sido buenos con ella a su manera, lo más difícil, era a veces escucharla hablar de sí misma. Un día trató de convencerla de hablar de su vida en los momentos felices, dijo que serían muy pocos y guardó silencio, otro había logrado que ella le hablara de sus bailes, y notó que todos eran en un tiempo de viuda, y antes de que él pudiera preguntarle, ella le contó que su papá, el bisabuelo de Juanjo nunca se lo había permitido, que su abuelo nunca lo había pedido, y que cuando sus nietos se lo pidieron, siempre lo rechazó, porque no sabía cómo hacerlo, solo sé bailar sola, como una loca decía con esa sonrisa triste y llena de dolor con la que suelen confesarse las almas rotas.

Líneas de tiempo e historias, así vivían Laura y Juanjo sus domingos. Un día Laura al terminar de escuchar la historia, tomó la palabra, como otras veces, mi vida podría contarse en aporriones, dijo con el aliento cansado, aporriones, preguntó Juanjo sin vacilar, sí mijo sí, aporriones, golpes. Y mientras que Juanjo se acomodaba para escuchar sus historias sintió que el corazón se le arrugaba, que la garganta se le cerraba y como los ojos le ardían antes de inundarse, porque al verla supo, de alguna manera que no eran físicos sino de la vida. Y le contó de la muerte de Arturo, y de la muerte de su padre, y le habló sobre sentirse inútil tras ambas pérdidas, sin destino ni propósito, le habló sobre sus miedos, sobre el temor con el que había sido educada, bajo el que había crecido, le habló sobre la envidia que sentía por los personajes de las novelas, por las vidas en las que sale todo bien, por los dolores que evitaban, le habló de los olvidos de los que se sentía parte, de las ausencias que consideraba injustas, de la alegría negada. Ese día al dejar a Laura dormir agotada por el llanto, Juanjo llegó a su casa apurado, agobiado, acorralado por los dolores ajenos, era domingo, debía trabajar al día siguiente y tenía un viaje de dos semanas, no podía verla y hacerla sonreír a la mañana siguiente, y la tarde y la noche habían infligido tanto dolor en él que tenía miedo de lo que hubieran podido haberle hecho a ella revivir sus recuerdos.

Nada Juanjo, ninguno -le había asegurado Dora en ocasiones anteriores-, su alma es imperturbable ante los recuerdos, es la vida que vivió, ella la conoce, sabe lo que ha hecho, aunque no lo recuerde, le había dicho, pero el dolor era tan palpable que llamó a Dora a pesar de la noche.

Líneas de tiempo Juanjo, le dijo Dora a él, la vida puede contarse de las formas que se quiera, esos aporriones, las cicatrices, las canas, las pecas, todas esas excusas externas son solo pistas, las líneas de tiempo, las profundas, están el alma. Ella ha sobrevivido a su vida, a pesar de su vida, tené cuidado vos, porque sos el que se me puede morir de la tristeza.

Cuando la llanta del avión tocó pista, el llamado a las azafatas fue simple, puede decirle al gordo que se despierte y se mueva, tengo prisa, pero ninguna enfermera pudo despertarlo. Eran las 10:50 y Dora tuvo que darle la noticia a Laura, el corazón de Juanjo, había colapsado y aunque ella no estuviera en buen día, y no supiera bien quien era Juanjo sus ojos se apagaron un poco, y tras un mes de no sentir su calor, de escuchar su voz, el suyo también había perdido las ganas de seguirse moviendo.

¡Feliz año!

La semana había sido lenta, pero finalmente el día que tratábamos de evitar llegó, como sabíamos que sucedería, podías ver a los novatos, su rostro había cambiado, el lunes estaban radiantes y en solo 3 días de historias habían obtenido ese semblante pálido y asustado que los caracterizaba cada que debían enfrentar algo nuevo, pero hoy, hoy hacen bien en estar asustados, la angustia crece y los carcome a medida que a medida que se acerca la hora de empezar el turno.

—Es hoy, comenzó su discurso el líder del día, y sé que muchos de ustedes han estado escuchando historias, chismes, sobre lo que está por suceder, quiero que tengan algo presente, hoy todo se trata de una sola cosa, nostalgia y melancolía, es normal, quiero que lo entiendan, nadie va a culparlos y quiero que ustedes tampoco lo hagan.

—Cuando terminó de hablar, la cafetería, que hacía también las veces de sala de juntas, quedó sumida en una tensión aún mayor, los primíparos, que aún no sabían si creer o no habían entendido que era en serio, que todos sus miedos iban a hacerse realidad, que la realidad estaba por devorarlos, que mañana, iba a ser difícil que no iban a tener la voluntad de salir de la cama.

—A veces hablamos de extrañar, continuó el líder de turno, sentimos que nos hace falta algo, alguien, sentimos su ausencia, como cuando vuelve a practicarse un deporte que hace mucho tiempo no se realizaba, y sientes al día siguiente que usaste partes de tu cuerpo nuevas, músculos que no sabías que podían dolerte, de repente duelen, joden, de repente nacen doliendo en el dorso, en la zona lumbar, en la cadera, así duele también la abstinencia, la pausa, el adiós, muchas personas van a llorar, prepárense, en las fechas importantes, ese dolor se nota, escucharán voces adoloridas, tendrán que lidiar con no solo con el estrés, sino con la culpa, el dolor, y de nuevo las ausencias, hoy no se angustien por aquellos que tienen algún vicio, si alguno les dice está tentado a volver beber, a fumar, a caer en el sexo, en la masturbación… les repito, no se preocupen por ellos, porque se aferrarán a él, es más intenten insinuarles que un trago no hace daño, que a veces se necesita adormilar el cuerpo, el corazón, el cerebro, díganles que sí pueden, que es solo uno, ya sé que todos sabemos que no va a ser solo uno pero necesitan llevarlos a algo que los encadena a la vida, qué importa si es a un vicio.

Estarán los enfermos de siempre, los que llaman a masturbarse, las llamadas de broma, si les toca una de esas llamadas, piénsenlo bien antes de colgarla, el próximo podría ser alguien que ha perdido toda esperanza y esos serán los más difíciles, los que de verdad serán dolorosos, son los nostálgicos, no hay forma real de prepararlos para atenderlos a ellos, serán un desafío y deberán hablarles descifrarlos uno a uno, a todos les duelen esas cosas que no recordaban que tenían, van a tener llamadas desesperanzadoras, algunos de ustedes no recordarán qué hacer, y la verdad es que no hay mucho por hacer, si encuentran a uno que ha tomado el salto es posible que incluso los llamen después de haber tomado las pastillas, o de haber usado la cuchilla, bebido el veneno, les repito no hay nada que hacer, pero recuerden no deben colgar, no podrán hacerlo, su voz es hipnótica, su tono de voz es suave y sentirán una tristeza que es casi suya, el dolor podrán compartirlo y no los abandonará por semanas.

No es fácil de olvidar el sonido del último suspiro antes de un disparo, o una voz que se apaga perdida en balbuceos, no lo es…

—Lo que dice es cierto? Le preguntó Violeta a Andrés mientras el líder terminaba su discurso, que a esta altura ya no tenía punto de retorno y era obvio que su objetivo no se cumpliría, —Lo es y no lo es, esas cosas pasan, sí, pero no de la forma en como él lo cuenta, piénsalo de esta manera, y si fueras tú al otro lado de la línea, no te gustaría que hubiera alguien a este lado, alguien dispuesto a escuchar tus últimas palabras, para que no te sientas sola, para que tu último contacto con este mundo tenga sentido.

Con un doble dolor, Violeta se sentó frente a su monito, encendió el equipo aún ensordecida, se puso los audífonos y con una voz apagada escuchó una voz que la saludaba.

—Buenas noches, línea de atención al suicida con quién hablo, —El silencio se vio interrumpido por una respiración pausada, lenta,

—Hola, feliz año. —El silencio volvió a llenar el canal, y una respiración pesada empezó a apagarse.

Química

El fuego respira, en la oscuridad puede verse, está vivo, tiene ese toque que podríamos llamar soplo divino, inhala bosques, césped, carne… es insaciable; exhala humo, cenizas, muerte.
El fuego arde, y se transforma, convierte la madera en brasas las hace gritar al despedazarse, el fuego es sangre y vientre, semen todo y nada.

El fuego avisa y aún así marca, quema y consume, “Crack” estallaba otra rama, el chisporroteo amenizaba el dulce monólogo y distraía lo suficiente como para pasar por alto la mirada perdida, sin foco sumergida en las llamas, —Suena como lluvia, casi susurro —Sí, un poco lo hace —Te gusta el fuego —Es más que eso, respondió él sin siquiera levantar la vista, me absorbe, no puedo evitarlo, el fuego tiene algo, la calidez, el ambiente, sabe crear, bueno no, no sabe, no lo hace de manera consciente, pero es su naturaleza, entiendes, me atrapa –Lo entiendo, lo he sentido, pero me pasa con la lluvia, con el agua —Algo místico también tiene, pero me da miedo la pregunta que trae consigo el agua —Cuál es, preguntó ella —Qué hay debajo, respondió él, el fuego no tiene nada dentro, vacío, dentro del fuego solo llamas, y fuerza, todo lo que entra al fuego da fuerza, en el agua no sabes qué hay, nunca sabes que hay.

—En el fuego y en el agua hay vida, y hay todo, dijo ella viendo hacia la oscuridad profunda de la represa, nada es nada, todo tiene algo, por más simple que parezca, por más sencillo o dominable, tiene algo, en el fuego no lo ves, pero está ahí —No me hice entender, si entras al fuego estás vos, y sabes lo que va a pasar, si no entras igual estás vos, entre las llamas, en el agua, hay dudas, en el fuego certezas, en el agua hay miedos, en el fuego bueno, si están en el fuego es porque todo miedo lo dejaste atrás.

Ella sonreía, pero no hablaba ya, ¿—No crees?, preguntó —No, respondió sin vacilar, a mí me gustan las sorpresas, no saber, me gusta el dejarlo todo al azar, cualquier cosa puede llevarme, tomarme, morderte, empujarte, el agua es todopoderosa y se permite algo que la vida a veces no puede cumplirte —Qué preguntó él por primera vez levantando su mirada del fuego, encandilado como estaba notó su lunar sobre el labio, la tinta que le cubría las manos, las piernas, encandilado como estaba solo pensó que ella era ardiente, —Libertad —Libertad dijo él pensando, dijo él saboreando la palabra, tratando de degustarla para entenderla, pausadamente y sílaba a sílaba —Sí, libertad dijo ella entre risas, te sumerges y el universo entero es una posibilidad, el mundo entero carece de certezas, y todos afuera se preguntan después de un momento, dónde estás, estás bien, se rompe la realidad, si te sumerges en el agua, el mundo colapsa.

Él reía, ya no importaba el agua o el fuego, los labios gruesos, eran ahora lo que lo quemaba, las pequeñas gotas de sudor en el cuello, el brillo húmedo en su piel la duda a la que temía, la carpa estaba al fondo, y ellos dos caminaban hacia ella, nerviosos, sintiendo el calor de las brasas, el miedo de sumergirse sin saber si iban a salir de nuevo a la superficie intactos, porque algo no podía negarse entre ellos había algo, algo que une al fuego y el agua: química.

Hoja de vida

—No lo entiendo, dijo mientras miraba a la secretaria.

—La hoja de vida, debe traer una hoja de vida para la entrevista —He dicho que no lo entiendo, no que no la haya escuchado —Pues sinceramente joven, no sé en qué se pierde, qué es lo que se le escapa, usted me dice que vienen a aplicar al departamento de investigación creativa, pues si es así creo que no debería ser tan difícil de deducir que la entrevista requiere de una hoja de vida que le permita a nuestro personal de selección inspeccionarlo, conocerlo, y luego lo llaman a la entrevista.

—Sé como va el proceso, Dora, le puedo decir Dora? —Em sí, dígame dora —Gracias dorita —Dora, no dorita —Está bien Dora, le decía que entiendo perfectamente, pero me genera cierta curiosidad, de porqué no hacerme las preguntas directamente, ya estoy aquí, he venido porque me han llamado y mi amigo el canoso, el de lentes gruesos, lo conoce usted? —Ah el señor Jorge, sí lo conozco —Así es Jorge me ha pedido que venga, que les vendría bien alguien con mis habilidades, y ahora resulta que quieren que me vaya a casa, les escriba y les diga todo lo que podrías decirles en persona.

—Permítame llamar a gestión humana, quizá tenga razón y puedan recibirlo

—Dora tomó el teléfono marco y convencida por el discurso decía que tenía a un candidato que venía recomendado por Jorge, el mismísimo Director en Investigación Creativa, que había pasado para facilitar el proceso y realizar la entrevista. Todo esto lo hizo con una voz que parecía indicar que esa era su propia idea, no, no, no necesita hoja de vida querida, puede preguntarle todo a él de primera mano, le dijo mientras le guiñaba el ojo al candidato, el nombre, —Julián, dijo él mientras también le guiñaba un ojo

—Julián No conocía a Jorge, pero sí conocía a Dora, o mejor, a las personas como ellas, 37 años solteras, tanto hombres como mujeres en esos puestos subordinados se comportan igual, intentan satisfacer, y eso los lleva a convertirse en filtros, presionan al visitante, pero si este manifiesta conocimiento de un cargo superior e influyente y dan a entender de alguna manera que pueden haberse sentido maltratados o desatendidos por ellas, si intuyen que pueden presentar una queja, sus papeles se invierten, ahora no intentan filtrarte, o descartarte, intentan por el contrario congraciarse con el visitante, extraerle la mayor cantidad de información porque necesitan cumplir su segunda misión, conectar, simplifican la data, quién es uno, a qué viene, con quién debe hablar, todo esto sin saberlo lo coteja en su base de datos con visitas anteriores, acude a sus recuerdos sin percatarse y eso hace que se fijen en forma de hablar, palabras que usan, postura, vestimenta, el reconocimiento facial busca en una base de datos, el reconocimiento de Dora y de las secretarias, secretarios asistentes, es mucho mejor, pero también es vulnerable, si sabes donde presionar, por eso ahora dorita le conseguía lo que Jorge quería.

La gente olvida que hay personas como Julián ahí fuera, y se piensan preparados, así como a dora también conoce a los oprimidos, y a los opresores, sabe cómo hablarle a los celadores, a los policías, si no fuera estafador, seguro sería publicista, pero es más astuto, por eso juega solo, por eso no trabaja para nadie más que para sí mismo, y cuando Ángela de recursos humanos lo ve, cuando lo tiene en frente, él se da cuenta que no tiene anillo, que tiene casi cuarenta, que tiene unas piernas a la que los tacones le combinan perfectamente, unos labios gruesos, y algunas canas que se distinguen solo en las raíces, que su vientre no ha dado a luz, que en su dedo anular hay una sombra, un color de piel que no empareja, y piensa una divorciada, una persona divorciada es, al contrario de lo que muchos piensan un peligro, fue herida y sobrevivió, ha descubierto algo de ella que no sabía, se ha hecho consciente que si había una vida después de, y en ese momento se sienten invencibles, la novedad los renueva, como el alcohólico que deja de tomar, o el que deja de fumar, se llenan de un orgullo bárbaro, al menos las primeras semanas, por la mancha de la argolla, ella ya va quizá en la séptima o la octava, para fortuna de Julián en esa semana comienzan a flaquear y él lo sabe.

En la entrevista es condescendiente y considerado, atento, la escucha, la hace sentir parte de la entrevista, es cercano, ella olvida qué debe preguntarle, le gusta estar junto a él, las personas creativas deben ser empáticas piensa Ángela, para el área de creatividad sería un gran elemento, se miente así misma, la verdad es que quiere tenerlo cerca, quiere intentar seducirlo, como la ha visto Julián, le recuerda que aún es muy mujer para andar peleando, la actitud inofensiva que ha mostrado, la complacencia, la hace soñar con un amante considerado y dispuesto a esforzarse, terminan, le dice que el empleo es suyo en cuanto le mande la hoja de vida, que la necesita para el papeleo, Julián le dice que el lunes sin falta.

Julián sale sonriendo, ella sale sonriendo, adiós dorita le dice él al despedirse, chau juli, le dice ella, ahora quiere ser íntima. Es viernes 5 pm, todos se van sonrientes. El lunes al llegar al estudio la sorpresa es devastadora, no queda nada, lo robaron todo, y en el video de la seguridad vuelve a parecer Julián, el policía se enfurece, otra vez este hijo de puta, —30 robos en el último año, qué hoja de vida la que tiene.

Confesionario

Debido a lo retirado del pueblo, el cura iba solo una vez cada dos meses y la cantidad de fieles que atendían la cita dominical hacían imposible prestar todo los servicios en un solo día y requerían de un día exclusivo de confesiones y uno por uno los feligreses llegaban sin falta en el transcurso del día, uno a uno, sin encontrarse en las puertas, sin hacer fila para no reconocerse ni verse a los ojos.

Clemencia como era habitual llegó primero a la cita del confesionario, de hecho lo odiaba, ella amaba el chisme y desde que un nuevo párroco había sido asignado aunque fuese de manera esporádica las personas preferían callar y cargar la culpa esperándolo a él y la cantidad de rumores en el pueblo se veía reducida a una cifra absurda, ya nadie hablaba de adulterio, envidias, robos, toda la información se la llevaba el enano de la sotana, eso la carcomía.

Como todo pueblo, cuando algo pasa con suficiente frecuencia se transformaba en costumbre y por ende en ley, al salir clemencia de su cita con el párroco esperó al próximo que llegara.

—Hola Martica, el padre quedó muy afectado por las ceremonias de ayer, se ha quedado sin voz, pero igual se realizará la jornada de confesión, la penitencia será entregada por escrito a través de la rejilla, me ha pedido que esperara a la próxima persona que viniera y le informara que siguiera al confesionario y que él le golpeara dos veces la misma a través de la madera para informarle que ya puede empezar a hablar, sígase, espérelo ahí en el confesionario mientras que voy a despertarlo ya que quería descansar un momento.

Ah y por favor cuando termine espere en el atrio al siguiente y explíquele la situación. Gracias querida—

Martica desconfiaba, pero obedeció, entró en el confesionario, puso la señal de ocupado y se sentó. Aunque era un mueble antiguo y casi completamente cerrado podían verse los pies de las personas que se acercaban y cuando vio el par de zapatos negros y la sotana casi arrastrándose, se tranquilizó.

Sonaron los dos golpes en la madera comenzó:

—Discúlpeme padre porque he pecado, soy humana—… y tras justificarse, evadiendo toda culpa, dio rienda suelta a sus cargas.

—Padre, desconfío muchísimo de mis vecinos, incluso ahora estuve a punto de irme, a esa lengua suelta de la Clemencia no puede creérsele nada, si no hubiera visto su sotana o si usted hubiera tardado 1 minuto más me habría ido sin mirar atrás.

Pero bueno ya está usted aquí, he vuelto a tener esos sueños padre, en los que el alcalde llega a mi casa a hurtadillas y tras levantarme de mi cama me lleva a los corrales en el patio y como en la épocas de juventud caemos en pecado, como animales padre, como animales y aunque me revuelvo en aguamasa y estiércol el placer que se siente padre, el maldito placer hace que me calle y le oculte estos sueños a mi esposo, sé que está mal pero es que él sigue igual, ya son 8 meses en los que no cumple sus deberes maritales y yo, soy humana padre—

La confesión de Martica se extendió en banalidades, mentiras, omisiones, pequeños robos a su marido, pero nada que fuera aumentar drásticamente su penitencia, cuando por fin se calló  un papel se asomaba por la rejilla, allí aparecía las penitencias que debía cumplir, padres nuestros, avemarías, servicio comunitario y baños con agua fría cada día después de los sueños, era un castigo conocido pero poco aplicado y a regaña dientes aceptaba cumplirlo, al final decía, si cumples con esta penitencia serás absuelta y perdonada.

Al salir martica espero en el atrio cerca de treinta minutos y paso una a una las instrucciones y las causas de las mismas.

Uno a uno pasaron al confesionario y uno a uno sus pecados fueron escuchados, incesto, fraude, homosexualismo y sodomías fueron confesadas durante la jornada, pérdidas de virginidad con hombres casados, con viajeros y blasfemias, todos con un dulce estribillo, lo siento padre mis pecados son los mismos de la última vez…

Los desfalcos de la alcaldía, en los cuales tanto el Tesorero como el Alcalde, manifestaban una buena intención al invertir dinero del presupuesto en la retribución a sus auspiciantes y el pequeño porcentaje del 15% recordándole que el 10% de ese 15 iba para la iglesia como agradecimiento…

Clemencia cerró la iglesia a las 8 de la noche como cada lunes y el pueblo descansaba en paz, sus pecados les habían sido perdonados. Todos iban a dormir tranquilos hasta que la radio dio el aviso, el cura había fallecido, su chofer lo había encontrado muerto en su dormitorio al momento de recogerlo, el parte médico anunciaba que había fallecido en la noche del domingo.

Clemencia reía al escuchar la noticia, la jornada de confesiones había resultado agotadora pero el premio era suculento, su lengua jamás había tenido tanto para contar…

Ganarse la vida

—No es tan difícil de entender, la vida es, a veces todo y nada, y a veces más nada que todo, pero no hay más, sí, era más fácil antes, es cierto, pero no nuestra vida, no hace 10 ni 20 años, no, la vida fue fácil al comienzo, en las tribus: peleas o mueres, entiendes, animales, la vida era ser una animal.

Nunca verás a un perro deprimido porque lo tiene todo, ni a un gato asomarse a la ventana con ganas de lanzarse, saltan, por distracción, por cazar una polilla, una paloma pero no porque estén cansados de levantarse cada mañana. Y sí sienten, tienen carácter, pero no tienen tiempo para sentirse abajo o tener lástima de sí mismos, la tristeza es humana, me refiero a la sin sentido, la melancolía repentina, los animales no saben fingir la tristeza. Y por ende tienen una vida fácil, nuestra existencia en cambio, está condenada al fracaso, pensar es fatal, lo sé créame. No siempre he estado aquí sabe. —Dijo finalmente el hombre aún sin levantar la cara, ni asomarse a la luz, lo dijo refugiado aún en la ssombras y la mala iluminación que le proveía el lugar.

Claro, claro, “asentí sin saber muy bien dónde más podría haber estado un tipo como él, tan desalineado, insípido, todos los ocupas tienen un comportamiento errático propio de ellos, personas, con él paladar atrofiado sin gusto por la vida, ni por nada, ese sería un buen bocadillo, pensé: a los insípidos, la no les sabe a nada, citando a Aguilar, un crítico culinario que hace años había desaparecido de la escena pública y a quien siempre disfruté leer; los grandes, solo los mejores habían probado su comida y decían que era magnífico, que ellos trabajaban porque algún día querían ser como él, se esfumó después de una gira por el mundo. No sé porque viene él a mi mente.”

—Cuénteme, qué más ha visto, le pregunté de una manera en que, estoy seguro, se sintió burlona y despectiva, —Conocí muchos lugares, y en todos vi lo mismo, somos incapaces, insufribles, hablo de los seres humanos, la gente quiere cosas, tener cosas, pero nadie sabe ganarse nada, irresponsables de sí mismo, antes era fácil porque nadie tenía nada, si querías algo tenías que crearlo, no había tampoco nadie a quien envidiárselo, lo querías o no, no podíuas copiarlo, ni robarlo, si querías un traje fino buscabas un sastre fino, si no había, te convertías en un sastre fino, pero no ibas a buscarlo a un outlet porque se lo viste a famoso. “Dijo mirando mi ropa que aunque de marca, era de una colección de hace 4 años, la tela dejaba verlo, 4 años de abandono se notan en la tela, no solo en la personas” —Trabajabas por ello, pero todo el mundo cuestiona lo que otro tiene, lo critica, lo embarra, y lo envidia y aunque estoy de acuerdo en que nadie merece tanto ni nadie tan poco: ni el que poco tiene gana algo con los reparos, ni el que lo tiene lo pierde.

“De repente ese hombre derrotado perdía simpleza, en el canal me habían dicho que el lugar al que iba era de fracasados y así lo había creído, a todos los que había hablado, los había menospreciado, ninguno era digno, ninguno cuerdo, pero también era cierto que ninguno había dicho algo que lo defendiera, salvo este, la forma en que me había hablado, reconocer que mi traje era fino pero viejo, aunque nuevo, y esa mirada mitad compasión, mitad rencor, ahí había una historia.”

—La gente, continuó él, ha olvida el valor de las cosas y solo sabe de precios, quiero que piense un poco en la comida, la cocina, el que cocina, en su abuela, o en mi tátara abuela; la mía se despertaban con una vela en la mano y caminaban a tientas en medio de la oscuridad del campo, molía maíz, café, amasaban arepas, y cuando mi padre despertaba junto a sus hermanos, comían sin siquiera entender el valor de la comida servida, el pan recién horneado, fresco, tomaban y repetían chocolate recién batido; alguna vez pensó en eso, en su propia abuela, en que el valor de la comida, no estaba ni siquiera en los ingredientes, sino en ese silencio placentero con que los cocineros contemplan a los comensales, le aseguro que más de una vez tanto mi tàtarabuela como su abuela olvidaron apartar su ración, o la donaron de buen agrado porque ellas se alimentaban del mismo amor con el que habían cocinado.

“Cuando dijo esto no puede dejar de evitar notar los dos lunares que habían debajo de su barba, ni la marca de nacimiento en la mano derecha, era él, Aguilar, 4 años desaparecido, y aquí estaba en él” —Ese es parte del problema, la gente no entiende que el trabajo que toma una preparación, es en si misma parte del deleite. Yo no pude más, en todas las cocinas donde fui invitado, noté que nadie lo notaba, en todas las cocinas donde fui dueño, noté que a nadie le importaba, no pude más —Y entonces, ¿qué tomó señor Aguilar? le dije por fin cuando su guardia estuvo baja —Nada, yo ya no quería tomar nada.

—¿Y el trabajo, señor Aguilar?, —No se trata de trabajar, es sobre cómo ganarse la vida, de querer hacerlo, por desgracia en la cocina ya no quedaba nada para mí, al menos no en la alta cocina, nadie valora mi sacrificio ni el de los animales, los bien vestidos, como vos no piensan en eso, en cambio ellos son diferentes, usted podría servirles un reportero engreído y ellos lo considerarían un manjar, ahora si me permite, dijo él mientras se levantaba, afilando su cuchillo, es hora de ganarse la vida…

Vicios

Hay un juego que todos conocemos y hemos jugado, es una de esas actividades adolescentes que nos llaman la atención, quizás porque el espejo nos hace la misma pregunta cada mañana después de los treinta: verdad o reto. Si bien es un juego que le permite a los niños incomodarse para enfrentarse a sus miedos, para vencer la timidez y aprender, de mala manera, que la vida enseña siempre de mala manera y que la ingenuidad después de los 12 años es casi una discapacidad; a veces, aunque mayores, se vuelve jugar.

Así empezó la noche; no, no, empezó antes, con un porro de esos que no nublan los pensamientos sino los músculos, esos que de alguna manera tienen la capacidad de generar una tensión interna en los nudos de los omoplatos y hacerte sentir que te están afinando como un piano, llevando cada tendón a su punto indicado, dejándote lista para decirle que sí a todo. Por eso cuando en medio de esa sensación increíble de estar siendo reorganizada y acomodada en cada lugar necesario al tiempo, me preguntaron que si ese era mi vicio favorito señalando el porro, dije que NO, seca y rotundamente creo, realmente. creo, que algunas cosas no se desarrollan, simplemente vienen con una, es como una carga electromagnética que impide que te alejes de ciertas situaciones, sensaciones, sabores y demás evocaciones en el momento oportuno, que por el contrario, te atraen, te llaman y te atrapan sin remedio… lo creo, sinceramente lo creo, es una pulsión, pasa con otras cosas pero no se nota tanto con las demás, y dije, con la elocuencia que dan par de plones.
 

A mí, a Rulos, porque otro vicio es hablar de mí en tercera persona cuando siento que no soy yo misma, me fascinan los granos, las espinillas, me obsesiona, desde que siento el dolor punzante en las piernas, en los brazos o la espalda, pienso en cómo extirparlas, si bastará una leve presión alrededor, o si deberé recurrir a las dos manos, si saldrá en un pequeño hilo o si por el contrario convertirá mi piel y una fracción de mi cuerpo en un cráter sanguinoliento, tendré que esperar o podré arrancarla de la piel, me da un “aaaaaaaghhhhh”, un placer increíble.

Es el sonido, el sonido dije, pensando en él, ese sonido que genera la piel al romperse, no es un sonido cualquiera, se siente, más que escucharse, cómo se rasga, capa a capa; puedes experimentar la sensación de cómo se abre paso liberando la presión alrededor del poro, porque a veces, dependiendo su origen, verás si un poro se obstruye y se cierra pero sobresale en la superficie de la piel, es lo que le decimos barro o grano a mi gusto son los mejores porque pueden acumularse más, la presión que generan es más grande y cuando la aplastas puedes sentir el ardor alrededor, cómo se acumula la sangre y luego, el tan anhelado final, el estallido… el desgarro, la liberación.

Si en cambio lo que hay es un punto negro, el placer es la imagen, una forma ovalada emerge de la piel, a veces trae consigo algún vello delgado, que es el que ha dado nacimiento a su vida como punto negro, otras es solo un trozo firme que deja tras de sí un agujero perfecto, no sangra siquiera, pero se ve abierto, se siente abierto, lo ves y piensas que puedes descender por él adentro de tu propio cuerpo, un portal a tu sistema circulatorio, como en esas películas donde un grupo de científicos se encoge para combatir una enfermedad… Así tal cual. “Es solo piel muerta”, pensé, pero nada es solo una cosa y para mí es un vicio increíble.

Cuando terminé de hablar sonreía, ese es otro vicio, cuando digo algo que me gusta sonrío como si fuera también espectadora de mí misma, y para romper el silencio, me troné los dedos, la espalda y el cuello, otro vicio que tengo y con el que suelo ponerle punto final a las ideas. 

Mientras lo hacía, el jovencito no me quitaba los ojos de encima: brillaban. Al menos 12 años de diferencia habría entre él y yo, él tendría unos 24, pero era grande, alto y gordo, barbado por demás, disimulaba la diferencia, nadie sospecharía que era más de una década. ¡Rulos!, el grito me sacó del letargo, a veces divago entre mis pensamientos cuando me excito, otro vicio mío, muy mío, ¿qué? respondí por fin.


Dejá de intimidar al polluelo. Él se sonrojó y eso no hizo más que alterarme y humedecerme. Me gusta que la comida sea tímida y tierna, suelen estar a una bofetada de querer devolver la hostilidad con la que el mundo suele embestirlos, jajajaja, pensándolo bien, dije, con otro vicio tan propio como irritante, cambié de opinión, mi vicio más viejo es, dije mientras caminaba hacia el polluelo, jugar con la comida, y lo besé mordiéndole los labios. Otro vicio al que nunca pude negarme. Ah y el último, el mayor de todos, irme por las ramas.

Ocasos

—Antes caminaba con la cabeza erguida, la frente en alto, pero quién carajos puede andar así por la vida con la realidad explotándole en la cara, quién puede lucir orgulloso viendo que todo arde alrededor. Nadie se convierte en perdedor, los fracasados nacen con los mismos sueños que los demás pero son menos ingenuos, realistas, por eso no pueden ir por ahí sonriendo y mucho menos sobrios.

Los borrachos, los fumadores, los que se ahogan en café por miedo al alcohol, los locos, son, aquellos que prestan demasiada atención como para ignorar que el mundo se pudre a su alrededor, son a quienes más les duele porque en el fondo saben que no tiene salvación, por eso se tratan como ratas, viven entre mierda y lo saben, viven entre basura y lo saben, no hay escapatoria y lo saben y eso lo justifica todo.

Son un síntoma, el temblor del adicto, el vómito del borracho, ellos son las ojeras decrépitas de esta sociedad, entiendo la preocupación de los demás ante ellos, pero ellos, esos que se creen tan limpios, tan acordes a cada momento, consumen como droga algo mucho más fuerte y no se limitan a dosis personales: por la aceptación y el dinero, lo han dado todo, sin siquiera sentir un viaje placentero, han inyectado su individualidad, y trabado su capacidad de razonamiento, y van por ahí con el razonamiento ebrio, atrofiado.

Ellos, nosotros, los locos, se los recordamos, no somos una afronta a su orden, ni a su credo, pero son el pecado, el fruto del consumismo y la estandarización, aquellos que son diferentes deben caer porque les pesa la conciencia y por eso ahora nos persiguen.

Y nosotros solo podemos correr en medio todo, hijo mío, agredirse con sus silencios, evitarles las miradas. Nosotros, solo nosotros lo vemos tan claro, los resignados estamos benditos, podemos acoplarnos sin ningún arrepentimiento, no tenemos que escoger bando, lo mismo nos da que ganen aquellos que veneran el dinero como aquellos que idolatran el pensamiento.

A fin de cuentas pequeño, ninguno nos alimenta, creo que si nos pagaran la balanza se inclinaría pero ambos bandos son tan narcisistas que se niegan a ganar esta disputa con ayuda de un tercero. Míralos pequeño, allá van corriendo, allá van armados de dudas y seguros de nada, continúan corriendo, sedientos, gimiendo entre sueños.

¡Ah!, qué monótono es todo mi pequeño…

—¿A este qué le pasa?– preguntó de pronto un médico.

—Nada extraordinario, todas las mañanas es lo mismo, le traes algo que lo entretenga, un paquete de cigarrillos, una pinta de whisky a su café y obtendrás las mejores historias de todo el lugar, la verdad es que ni le prestábamos atención hasta hace unas semanas que se rompió la televisión

Continuó:

—Es famoso además, llegó con esa manta en brazos hace un tiempo, ¿no lo reconoces?, su cara llenó todos los periódicos hace 5 años, un genio de la literatura decían, la verdad es que el tipo está cuerdo, pero se ha quebrado, ha cedido ante la presión, ya no tiene ideas, o al menos eso dice, para mí sigue siendo un genio