Química

El fuego respira, en la oscuridad puede verse, está vivo, tiene ese toque que podríamos llamar soplo divino, inhala bosques, césped, carne… es insaciable; exhala humo, cenizas, muerte.
El fuego arde, y se transforma, convierte la madera en brasas las hace gritar al despedazarse, el fuego es sangre y vientre, semen todo y nada.

El fuego avisa y aún así marca, quema y consume, “Crack” estallaba otra rama, el chisporroteo amenizaba el dulce monólogo y distraía lo suficiente como para pasar por alto la mirada perdida, sin foco sumergida en las llamas, —Suena como lluvia, casi susurro —Sí, un poco lo hace —Te gusta el fuego —Es más que eso, respondió él sin siquiera levantar la vista, me absorbe, no puedo evitarlo, el fuego tiene algo, la calidez, el ambiente, sabe crear, bueno no, no sabe, no lo hace de manera consciente, pero es su naturaleza, entiendes, me atrapa –Lo entiendo, lo he sentido, pero me pasa con la lluvia, con el agua —Algo místico también tiene, pero me da miedo la pregunta que trae consigo el agua —Cuál es, preguntó ella —Qué hay debajo, respondió él, el fuego no tiene nada dentro, vacío, dentro del fuego solo llamas, y fuerza, todo lo que entra al fuego da fuerza, en el agua no sabes qué hay, nunca sabes que hay.

—En el fuego y en el agua hay vida, y hay todo, dijo ella viendo hacia la oscuridad profunda de la represa, nada es nada, todo tiene algo, por más simple que parezca, por más sencillo o dominable, tiene algo, en el fuego no lo ves, pero está ahí —No me hice entender, si entras al fuego estás vos, y sabes lo que va a pasar, si no entras igual estás vos, entre las llamas, en el agua, hay dudas, en el fuego certezas, en el agua hay miedos, en el fuego bueno, si están en el fuego es porque todo miedo lo dejaste atrás.

Ella sonreía, pero no hablaba ya, ¿—No crees?, preguntó —No, respondió sin vacilar, a mí me gustan las sorpresas, no saber, me gusta el dejarlo todo al azar, cualquier cosa puede llevarme, tomarme, morderte, empujarte, el agua es todopoderosa y se permite algo que la vida a veces no puede cumplirte —Qué preguntó él por primera vez levantando su mirada del fuego, encandilado como estaba notó su lunar sobre el labio, la tinta que le cubría las manos, las piernas, encandilado como estaba solo pensó que ella era ardiente, —Libertad —Libertad dijo él pensando, dijo él saboreando la palabra, tratando de degustarla para entenderla, pausadamente y sílaba a sílaba —Sí, libertad dijo ella entre risas, te sumerges y el universo entero es una posibilidad, el mundo entero carece de certezas, y todos afuera se preguntan después de un momento, dónde estás, estás bien, se rompe la realidad, si te sumerges en el agua, el mundo colapsa.

Él reía, ya no importaba el agua o el fuego, los labios gruesos, eran ahora lo que lo quemaba, las pequeñas gotas de sudor en el cuello, el brillo húmedo en su piel la duda a la que temía, la carpa estaba al fondo, y ellos dos caminaban hacia ella, nerviosos, sintiendo el calor de las brasas, el miedo de sumergirse sin saber si iban a salir de nuevo a la superficie intactos, porque algo no podía negarse entre ellos había algo, algo que une al fuego y el agua: química.

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