¡Feliz año!

La semana había sido lenta, pero finalmente el día que tratábamos de evitar llegó, como sabíamos que sucedería, podías ver a los novatos, su rostro había cambiado, el lunes estaban radiantes y en solo 3 días de historias habían obtenido ese semblante pálido y asustado que los caracterizaba cada que debían enfrentar algo nuevo, pero hoy, hoy hacen bien en estar asustados, la angustia crece y los carcome a medida que a medida que se acerca la hora de empezar el turno.

—Es hoy, comenzó su discurso el líder del día, y sé que muchos de ustedes han estado escuchando historias, chismes, sobre lo que está por suceder, quiero que tengan algo presente, hoy todo se trata de una sola cosa, nostalgia y melancolía, es normal, quiero que lo entiendan, nadie va a culparlos y quiero que ustedes tampoco lo hagan.

—Cuando terminó de hablar, la cafetería, que hacía también las veces de sala de juntas, quedó sumida en una tensión aún mayor, los primíparos, que aún no sabían si creer o no habían entendido que era en serio, que todos sus miedos iban a hacerse realidad, que la realidad estaba por devorarlos, que mañana, iba a ser difícil que no iban a tener la voluntad de salir de la cama.

—A veces hablamos de extrañar, continuó el líder de turno, sentimos que nos hace falta algo, alguien, sentimos su ausencia, como cuando vuelve a practicarse un deporte que hace mucho tiempo no se realizaba, y sientes al día siguiente que usaste partes de tu cuerpo nuevas, músculos que no sabías que podían dolerte, de repente duelen, joden, de repente nacen doliendo en el dorso, en la zona lumbar, en la cadera, así duele también la abstinencia, la pausa, el adiós, muchas personas van a llorar, prepárense, en las fechas importantes, ese dolor se nota, escucharán voces adoloridas, tendrán que lidiar con no solo con el estrés, sino con la culpa, el dolor, y de nuevo las ausencias, hoy no se angustien por aquellos que tienen algún vicio, si alguno les dice está tentado a volver beber, a fumar, a caer en el sexo, en la masturbación… les repito, no se preocupen por ellos, porque se aferrarán a él, es más intenten insinuarles que un trago no hace daño, que a veces se necesita adormilar el cuerpo, el corazón, el cerebro, díganles que sí pueden, que es solo uno, ya sé que todos sabemos que no va a ser solo uno pero necesitan llevarlos a algo que los encadena a la vida, qué importa si es a un vicio.

Estarán los enfermos de siempre, los que llaman a masturbarse, las llamadas de broma, si les toca una de esas llamadas, piénsenlo bien antes de colgarla, el próximo podría ser alguien que ha perdido toda esperanza y esos serán los más difíciles, los que de verdad serán dolorosos, son los nostálgicos, no hay forma real de prepararlos para atenderlos a ellos, serán un desafío y deberán hablarles descifrarlos uno a uno, a todos les duelen esas cosas que no recordaban que tenían, van a tener llamadas desesperanzadoras, algunos de ustedes no recordarán qué hacer, y la verdad es que no hay mucho por hacer, si encuentran a uno que ha tomado el salto es posible que incluso los llamen después de haber tomado las pastillas, o de haber usado la cuchilla, bebido el veneno, les repito no hay nada que hacer, pero recuerden no deben colgar, no podrán hacerlo, su voz es hipnótica, su tono de voz es suave y sentirán una tristeza que es casi suya, el dolor podrán compartirlo y no los abandonará por semanas.

No es fácil de olvidar el sonido del último suspiro antes de un disparo, o una voz que se apaga perdida en balbuceos, no lo es…

—Lo que dice es cierto? Le preguntó Violeta a Andrés mientras el líder terminaba su discurso, que a esta altura ya no tenía punto de retorno y era obvio que su objetivo no se cumpliría, —Lo es y no lo es, esas cosas pasan, sí, pero no de la forma en como él lo cuenta, piénsalo de esta manera, y si fueras tú al otro lado de la línea, no te gustaría que hubiera alguien a este lado, alguien dispuesto a escuchar tus últimas palabras, para que no te sientas sola, para que tu último contacto con este mundo tenga sentido.

Con un doble dolor, Violeta se sentó frente a su monito, encendió el equipo aún ensordecida, se puso los audífonos y con una voz apagada escuchó una voz que la saludaba.

—Buenas noches, línea de atención al suicida con quién hablo, —El silencio se vio interrumpido por una respiración pausada, lenta,

—Hola, feliz año. —El silencio volvió a llenar el canal, y una respiración pesada empezó a apagarse.

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