Química

El fuego respira, en la oscuridad puede verse, está vivo, tiene ese toque que podríamos llamar soplo divino, inhala bosques, césped, carne… es insaciable; exhala humo, cenizas, muerte.
El fuego arde, y se transforma, convierte la madera en brasas las hace gritar al despedazarse, el fuego es sangre y vientre, semen todo y nada.

El fuego avisa y aún así marca, quema y consume, “Crack” estallaba otra rama, el chisporroteo amenizaba el dulce monólogo y distraía lo suficiente como para pasar por alto la mirada perdida, sin foco sumergida en las llamas, —Suena como lluvia, casi susurro —Sí, un poco lo hace —Te gusta el fuego —Es más que eso, respondió él sin siquiera levantar la vista, me absorbe, no puedo evitarlo, el fuego tiene algo, la calidez, el ambiente, sabe crear, bueno no, no sabe, no lo hace de manera consciente, pero es su naturaleza, entiendes, me atrapa –Lo entiendo, lo he sentido, pero me pasa con la lluvia, con el agua —Algo místico también tiene, pero me da miedo la pregunta que trae consigo el agua —Cuál es, preguntó ella —Qué hay debajo, respondió él, el fuego no tiene nada dentro, vacío, dentro del fuego solo llamas, y fuerza, todo lo que entra al fuego da fuerza, en el agua no sabes qué hay, nunca sabes que hay.

—En el fuego y en el agua hay vida, y hay todo, dijo ella viendo hacia la oscuridad profunda de la represa, nada es nada, todo tiene algo, por más simple que parezca, por más sencillo o dominable, tiene algo, en el fuego no lo ves, pero está ahí —No me hice entender, si entras al fuego estás vos, y sabes lo que va a pasar, si no entras igual estás vos, entre las llamas, en el agua, hay dudas, en el fuego certezas, en el agua hay miedos, en el fuego bueno, si están en el fuego es porque todo miedo lo dejaste atrás.

Ella sonreía, pero no hablaba ya, ¿—No crees?, preguntó —No, respondió sin vacilar, a mí me gustan las sorpresas, no saber, me gusta el dejarlo todo al azar, cualquier cosa puede llevarme, tomarme, morderte, empujarte, el agua es todopoderosa y se permite algo que la vida a veces no puede cumplirte —Qué preguntó él por primera vez levantando su mirada del fuego, encandilado como estaba notó su lunar sobre el labio, la tinta que le cubría las manos, las piernas, encandilado como estaba solo pensó que ella era ardiente, —Libertad —Libertad dijo él pensando, dijo él saboreando la palabra, tratando de degustarla para entenderla, pausadamente y sílaba a sílaba —Sí, libertad dijo ella entre risas, te sumerges y el universo entero es una posibilidad, el mundo entero carece de certezas, y todos afuera se preguntan después de un momento, dónde estás, estás bien, se rompe la realidad, si te sumerges en el agua, el mundo colapsa.

Él reía, ya no importaba el agua o el fuego, los labios gruesos, eran ahora lo que lo quemaba, las pequeñas gotas de sudor en el cuello, el brillo húmedo en su piel la duda a la que temía, la carpa estaba al fondo, y ellos dos caminaban hacia ella, nerviosos, sintiendo el calor de las brasas, el miedo de sumergirse sin saber si iban a salir de nuevo a la superficie intactos, porque algo no podía negarse entre ellos había algo, algo que une al fuego y el agua: química.

Hoja de vida

—No lo entiendo, dijo mientras miraba a la secretaria.

—La hoja de vida, debe traer una hoja de vida para la entrevista —He dicho que no lo entiendo, no que no la haya escuchado —Pues sinceramente joven, no sé en qué se pierde, qué es lo que se le escapa, usted me dice que vienen a aplicar al departamento de investigación creativa, pues si es así creo que no debería ser tan difícil de deducir que la entrevista requiere de una hoja de vida que le permita a nuestro personal de selección inspeccionarlo, conocerlo, y luego lo llaman a la entrevista.

—Sé como va el proceso, Dora, le puedo decir Dora? —Em sí, dígame dora —Gracias dorita —Dora, no dorita —Está bien Dora, le decía que entiendo perfectamente, pero me genera cierta curiosidad, de porqué no hacerme las preguntas directamente, ya estoy aquí, he venido porque me han llamado y mi amigo el canoso, el de lentes gruesos, lo conoce usted? —Ah el señor Jorge, sí lo conozco —Así es Jorge me ha pedido que venga, que les vendría bien alguien con mis habilidades, y ahora resulta que quieren que me vaya a casa, les escriba y les diga todo lo que podrías decirles en persona.

—Permítame llamar a gestión humana, quizá tenga razón y puedan recibirlo

—Dora tomó el teléfono marco y convencida por el discurso decía que tenía a un candidato que venía recomendado por Jorge, el mismísimo Director en Investigación Creativa, que había pasado para facilitar el proceso y realizar la entrevista. Todo esto lo hizo con una voz que parecía indicar que esa era su propia idea, no, no, no necesita hoja de vida querida, puede preguntarle todo a él de primera mano, le dijo mientras le guiñaba el ojo al candidato, el nombre, —Julián, dijo él mientras también le guiñaba un ojo

—Julián No conocía a Jorge, pero sí conocía a Dora, o mejor, a las personas como ellas, 37 años solteras, tanto hombres como mujeres en esos puestos subordinados se comportan igual, intentan satisfacer, y eso los lleva a convertirse en filtros, presionan al visitante, pero si este manifiesta conocimiento de un cargo superior e influyente y dan a entender de alguna manera que pueden haberse sentido maltratados o desatendidos por ellas, si intuyen que pueden presentar una queja, sus papeles se invierten, ahora no intentan filtrarte, o descartarte, intentan por el contrario congraciarse con el visitante, extraerle la mayor cantidad de información porque necesitan cumplir su segunda misión, conectar, simplifican la data, quién es uno, a qué viene, con quién debe hablar, todo esto sin saberlo lo coteja en su base de datos con visitas anteriores, acude a sus recuerdos sin percatarse y eso hace que se fijen en forma de hablar, palabras que usan, postura, vestimenta, el reconocimiento facial busca en una base de datos, el reconocimiento de Dora y de las secretarias, secretarios asistentes, es mucho mejor, pero también es vulnerable, si sabes donde presionar, por eso ahora dorita le conseguía lo que Jorge quería.

La gente olvida que hay personas como Julián ahí fuera, y se piensan preparados, así como a dora también conoce a los oprimidos, y a los opresores, sabe cómo hablarle a los celadores, a los policías, si no fuera estafador, seguro sería publicista, pero es más astuto, por eso juega solo, por eso no trabaja para nadie más que para sí mismo, y cuando Ángela de recursos humanos lo ve, cuando lo tiene en frente, él se da cuenta que no tiene anillo, que tiene casi cuarenta, que tiene unas piernas a la que los tacones le combinan perfectamente, unos labios gruesos, y algunas canas que se distinguen solo en las raíces, que su vientre no ha dado a luz, que en su dedo anular hay una sombra, un color de piel que no empareja, y piensa una divorciada, una persona divorciada es, al contrario de lo que muchos piensan un peligro, fue herida y sobrevivió, ha descubierto algo de ella que no sabía, se ha hecho consciente que si había una vida después de, y en ese momento se sienten invencibles, la novedad los renueva, como el alcohólico que deja de tomar, o el que deja de fumar, se llenan de un orgullo bárbaro, al menos las primeras semanas, por la mancha de la argolla, ella ya va quizá en la séptima o la octava, para fortuna de Julián en esa semana comienzan a flaquear y él lo sabe.

En la entrevista es condescendiente y considerado, atento, la escucha, la hace sentir parte de la entrevista, es cercano, ella olvida qué debe preguntarle, le gusta estar junto a él, las personas creativas deben ser empáticas piensa Ángela, para el área de creatividad sería un gran elemento, se miente así misma, la verdad es que quiere tenerlo cerca, quiere intentar seducirlo, como la ha visto Julián, le recuerda que aún es muy mujer para andar peleando, la actitud inofensiva que ha mostrado, la complacencia, la hace soñar con un amante considerado y dispuesto a esforzarse, terminan, le dice que el empleo es suyo en cuanto le mande la hoja de vida, que la necesita para el papeleo, Julián le dice que el lunes sin falta.

Julián sale sonriendo, ella sale sonriendo, adiós dorita le dice él al despedirse, chau juli, le dice ella, ahora quiere ser íntima. Es viernes 5 pm, todos se van sonrientes. El lunes al llegar al estudio la sorpresa es devastadora, no queda nada, lo robaron todo, y en el video de la seguridad vuelve a parecer Julián, el policía se enfurece, otra vez este hijo de puta, —30 robos en el último año, qué hoja de vida la que tiene.

Confesionario

Debido a lo retirado del pueblo, el cura iba solo una vez cada dos meses y la cantidad de fieles que atendían la cita dominical hacían imposible prestar todo los servicios en un solo día y requerían de un día exclusivo de confesiones y uno por uno los feligreses llegaban sin falta en el transcurso del día, uno a uno, sin encontrarse en las puertas, sin hacer fila para no reconocerse ni verse a los ojos.

Clemencia como era habitual llegó primero a la cita del confesionario, de hecho lo odiaba, ella amaba el chisme y desde que un nuevo párroco había sido asignado aunque fuese de manera esporádica las personas preferían callar y cargar la culpa esperándolo a él y la cantidad de rumores en el pueblo se veía reducida a una cifra absurda, ya nadie hablaba de adulterio, envidias, robos, toda la información se la llevaba el enano de la sotana, eso la carcomía.

Como todo pueblo, cuando algo pasa con suficiente frecuencia se transformaba en costumbre y por ende en ley, al salir clemencia de su cita con el párroco esperó al próximo que llegara.

—Hola Martica, el padre quedó muy afectado por las ceremonias de ayer, se ha quedado sin voz, pero igual se realizará la jornada de confesión, la penitencia será entregada por escrito a través de la rejilla, me ha pedido que esperara a la próxima persona que viniera y le informara que siguiera al confesionario y que él le golpeara dos veces la misma a través de la madera para informarle que ya puede empezar a hablar, sígase, espérelo ahí en el confesionario mientras que voy a despertarlo ya que quería descansar un momento.

Ah y por favor cuando termine espere en el atrio al siguiente y explíquele la situación. Gracias querida—

Martica desconfiaba, pero obedeció, entró en el confesionario, puso la señal de ocupado y se sentó. Aunque era un mueble antiguo y casi completamente cerrado podían verse los pies de las personas que se acercaban y cuando vio el par de zapatos negros y la sotana casi arrastrándose, se tranquilizó.

Sonaron los dos golpes en la madera comenzó:

—Discúlpeme padre porque he pecado, soy humana—… y tras justificarse, evadiendo toda culpa, dio rienda suelta a sus cargas.

—Padre, desconfío muchísimo de mis vecinos, incluso ahora estuve a punto de irme, a esa lengua suelta de la Clemencia no puede creérsele nada, si no hubiera visto su sotana o si usted hubiera tardado 1 minuto más me habría ido sin mirar atrás.

Pero bueno ya está usted aquí, he vuelto a tener esos sueños padre, en los que el alcalde llega a mi casa a hurtadillas y tras levantarme de mi cama me lleva a los corrales en el patio y como en la épocas de juventud caemos en pecado, como animales padre, como animales y aunque me revuelvo en aguamasa y estiércol el placer que se siente padre, el maldito placer hace que me calle y le oculte estos sueños a mi esposo, sé que está mal pero es que él sigue igual, ya son 8 meses en los que no cumple sus deberes maritales y yo, soy humana padre—

La confesión de Martica se extendió en banalidades, mentiras, omisiones, pequeños robos a su marido, pero nada que fuera aumentar drásticamente su penitencia, cuando por fin se calló  un papel se asomaba por la rejilla, allí aparecía las penitencias que debía cumplir, padres nuestros, avemarías, servicio comunitario y baños con agua fría cada día después de los sueños, era un castigo conocido pero poco aplicado y a regaña dientes aceptaba cumplirlo, al final decía, si cumples con esta penitencia serás absuelta y perdonada.

Al salir martica espero en el atrio cerca de treinta minutos y paso una a una las instrucciones y las causas de las mismas.

Uno a uno pasaron al confesionario y uno a uno sus pecados fueron escuchados, incesto, fraude, homosexualismo y sodomías fueron confesadas durante la jornada, pérdidas de virginidad con hombres casados, con viajeros y blasfemias, todos con un dulce estribillo, lo siento padre mis pecados son los mismos de la última vez…

Los desfalcos de la alcaldía, en los cuales tanto el Tesorero como el Alcalde, manifestaban una buena intención al invertir dinero del presupuesto en la retribución a sus auspiciantes y el pequeño porcentaje del 15% recordándole que el 10% de ese 15 iba para la iglesia como agradecimiento…

Clemencia cerró la iglesia a las 8 de la noche como cada lunes y el pueblo descansaba en paz, sus pecados les habían sido perdonados. Todos iban a dormir tranquilos hasta que la radio dio el aviso, el cura había fallecido, su chofer lo había encontrado muerto en su dormitorio al momento de recogerlo, el parte médico anunciaba que había fallecido en la noche del domingo.

Clemencia reía al escuchar la noticia, la jornada de confesiones había resultado agotadora pero el premio era suculento, su lengua jamás había tenido tanto para contar…

Ganarse la vida

—No es tan difícil de entender, la vida es, a veces todo y nada, y a veces más nada que todo, pero no hay más, sí, era más fácil antes, es cierto, pero no nuestra vida, no hace 10 ni 20 años, no, la vida fue fácil al comienzo, en las tribus: peleas o mueres, entiendes, animales, la vida era ser una animal.

Nunca verás a un perro deprimido porque lo tiene todo, ni a un gato asomarse a la ventana con ganas de lanzarse, saltan, por distracción, por cazar una polilla, una paloma pero no porque estén cansados de levantarse cada mañana. Y sí sienten, tienen carácter, pero no tienen tiempo para sentirse abajo o tener lástima de sí mismos, la tristeza es humana, me refiero a la sin sentido, la melancolía repentina, los animales no saben fingir la tristeza. Y por ende tienen una vida fácil, nuestra existencia en cambio, está condenada al fracaso, pensar es fatal, lo sé créame. No siempre he estado aquí sabe. —Dijo finalmente el hombre aún sin levantar la cara, ni asomarse a la luz, lo dijo refugiado aún en la ssombras y la mala iluminación que le proveía el lugar.

Claro, claro, “asentí sin saber muy bien dónde más podría haber estado un tipo como él, tan desalineado, insípido, todos los ocupas tienen un comportamiento errático propio de ellos, personas, con él paladar atrofiado sin gusto por la vida, ni por nada, ese sería un buen bocadillo, pensé: a los insípidos, la no les sabe a nada, citando a Aguilar, un crítico culinario que hace años había desaparecido de la escena pública y a quien siempre disfruté leer; los grandes, solo los mejores habían probado su comida y decían que era magnífico, que ellos trabajaban porque algún día querían ser como él, se esfumó después de una gira por el mundo. No sé porque viene él a mi mente.”

—Cuénteme, qué más ha visto, le pregunté de una manera en que, estoy seguro, se sintió burlona y despectiva, —Conocí muchos lugares, y en todos vi lo mismo, somos incapaces, insufribles, hablo de los seres humanos, la gente quiere cosas, tener cosas, pero nadie sabe ganarse nada, irresponsables de sí mismo, antes era fácil porque nadie tenía nada, si querías algo tenías que crearlo, no había tampoco nadie a quien envidiárselo, lo querías o no, no podíuas copiarlo, ni robarlo, si querías un traje fino buscabas un sastre fino, si no había, te convertías en un sastre fino, pero no ibas a buscarlo a un outlet porque se lo viste a famoso. “Dijo mirando mi ropa que aunque de marca, era de una colección de hace 4 años, la tela dejaba verlo, 4 años de abandono se notan en la tela, no solo en la personas” —Trabajabas por ello, pero todo el mundo cuestiona lo que otro tiene, lo critica, lo embarra, y lo envidia y aunque estoy de acuerdo en que nadie merece tanto ni nadie tan poco: ni el que poco tiene gana algo con los reparos, ni el que lo tiene lo pierde.

“De repente ese hombre derrotado perdía simpleza, en el canal me habían dicho que el lugar al que iba era de fracasados y así lo había creído, a todos los que había hablado, los había menospreciado, ninguno era digno, ninguno cuerdo, pero también era cierto que ninguno había dicho algo que lo defendiera, salvo este, la forma en que me había hablado, reconocer que mi traje era fino pero viejo, aunque nuevo, y esa mirada mitad compasión, mitad rencor, ahí había una historia.”

—La gente, continuó él, ha olvida el valor de las cosas y solo sabe de precios, quiero que piense un poco en la comida, la cocina, el que cocina, en su abuela, o en mi tátara abuela; la mía se despertaban con una vela en la mano y caminaban a tientas en medio de la oscuridad del campo, molía maíz, café, amasaban arepas, y cuando mi padre despertaba junto a sus hermanos, comían sin siquiera entender el valor de la comida servida, el pan recién horneado, fresco, tomaban y repetían chocolate recién batido; alguna vez pensó en eso, en su propia abuela, en que el valor de la comida, no estaba ni siquiera en los ingredientes, sino en ese silencio placentero con que los cocineros contemplan a los comensales, le aseguro que más de una vez tanto mi tàtarabuela como su abuela olvidaron apartar su ración, o la donaron de buen agrado porque ellas se alimentaban del mismo amor con el que habían cocinado.

“Cuando dijo esto no puede dejar de evitar notar los dos lunares que habían debajo de su barba, ni la marca de nacimiento en la mano derecha, era él, Aguilar, 4 años desaparecido, y aquí estaba en él” —Ese es parte del problema, la gente no entiende que el trabajo que toma una preparación, es en si misma parte del deleite. Yo no pude más, en todas las cocinas donde fui invitado, noté que nadie lo notaba, en todas las cocinas donde fui dueño, noté que a nadie le importaba, no pude más —Y entonces, ¿qué tomó señor Aguilar? le dije por fin cuando su guardia estuvo baja —Nada, yo ya no quería tomar nada.

—¿Y el trabajo, señor Aguilar?, —No se trata de trabajar, es sobre cómo ganarse la vida, de querer hacerlo, por desgracia en la cocina ya no quedaba nada para mí, al menos no en la alta cocina, nadie valora mi sacrificio ni el de los animales, los bien vestidos, como vos no piensan en eso, en cambio ellos son diferentes, usted podría servirles un reportero engreído y ellos lo considerarían un manjar, ahora si me permite, dijo él mientras se levantaba, afilando su cuchillo, es hora de ganarse la vida…

Vicios

Hay un juego que todos conocemos y hemos jugado, es una de esas actividades adolescentes que nos llaman la atención, quizás porque el espejo nos hace la misma pregunta cada mañana después de los treinta: verdad o reto. Si bien es un juego que le permite a los niños incomodarse para enfrentarse a sus miedos, para vencer la timidez y aprender, de mala manera, que la vida enseña siempre de mala manera y que la ingenuidad después de los 12 años es casi una discapacidad; a veces, aunque mayores, se vuelve jugar.

Así empezó la noche; no, no, empezó antes, con un porro de esos que no nublan los pensamientos sino los músculos, esos que de alguna manera tienen la capacidad de generar una tensión interna en los nudos de los omoplatos y hacerte sentir que te están afinando como un piano, llevando cada tendón a su punto indicado, dejándote lista para decirle que sí a todo. Por eso cuando en medio de esa sensación increíble de estar siendo reorganizada y acomodada en cada lugar necesario al tiempo, me preguntaron que si ese era mi vicio favorito señalando el porro, dije que NO, seca y rotundamente creo, realmente. creo, que algunas cosas no se desarrollan, simplemente vienen con una, es como una carga electromagnética que impide que te alejes de ciertas situaciones, sensaciones, sabores y demás evocaciones en el momento oportuno, que por el contrario, te atraen, te llaman y te atrapan sin remedio… lo creo, sinceramente lo creo, es una pulsión, pasa con otras cosas pero no se nota tanto con las demás, y dije, con la elocuencia que dan par de plones.
 

A mí, a Rulos, porque otro vicio es hablar de mí en tercera persona cuando siento que no soy yo misma, me fascinan los granos, las espinillas, me obsesiona, desde que siento el dolor punzante en las piernas, en los brazos o la espalda, pienso en cómo extirparlas, si bastará una leve presión alrededor, o si deberé recurrir a las dos manos, si saldrá en un pequeño hilo o si por el contrario convertirá mi piel y una fracción de mi cuerpo en un cráter sanguinoliento, tendré que esperar o podré arrancarla de la piel, me da un “aaaaaaaghhhhh”, un placer increíble.

Es el sonido, el sonido dije, pensando en él, ese sonido que genera la piel al romperse, no es un sonido cualquiera, se siente, más que escucharse, cómo se rasga, capa a capa; puedes experimentar la sensación de cómo se abre paso liberando la presión alrededor del poro, porque a veces, dependiendo su origen, verás si un poro se obstruye y se cierra pero sobresale en la superficie de la piel, es lo que le decimos barro o grano a mi gusto son los mejores porque pueden acumularse más, la presión que generan es más grande y cuando la aplastas puedes sentir el ardor alrededor, cómo se acumula la sangre y luego, el tan anhelado final, el estallido… el desgarro, la liberación.

Si en cambio lo que hay es un punto negro, el placer es la imagen, una forma ovalada emerge de la piel, a veces trae consigo algún vello delgado, que es el que ha dado nacimiento a su vida como punto negro, otras es solo un trozo firme que deja tras de sí un agujero perfecto, no sangra siquiera, pero se ve abierto, se siente abierto, lo ves y piensas que puedes descender por él adentro de tu propio cuerpo, un portal a tu sistema circulatorio, como en esas películas donde un grupo de científicos se encoge para combatir una enfermedad… Así tal cual. “Es solo piel muerta”, pensé, pero nada es solo una cosa y para mí es un vicio increíble.

Cuando terminé de hablar sonreía, ese es otro vicio, cuando digo algo que me gusta sonrío como si fuera también espectadora de mí misma, y para romper el silencio, me troné los dedos, la espalda y el cuello, otro vicio que tengo y con el que suelo ponerle punto final a las ideas. 

Mientras lo hacía, el jovencito no me quitaba los ojos de encima: brillaban. Al menos 12 años de diferencia habría entre él y yo, él tendría unos 24, pero era grande, alto y gordo, barbado por demás, disimulaba la diferencia, nadie sospecharía que era más de una década. ¡Rulos!, el grito me sacó del letargo, a veces divago entre mis pensamientos cuando me excito, otro vicio mío, muy mío, ¿qué? respondí por fin.


Dejá de intimidar al polluelo. Él se sonrojó y eso no hizo más que alterarme y humedecerme. Me gusta que la comida sea tímida y tierna, suelen estar a una bofetada de querer devolver la hostilidad con la que el mundo suele embestirlos, jajajaja, pensándolo bien, dije, con otro vicio tan propio como irritante, cambié de opinión, mi vicio más viejo es, dije mientras caminaba hacia el polluelo, jugar con la comida, y lo besé mordiéndole los labios. Otro vicio al que nunca pude negarme. Ah y el último, el mayor de todos, irme por las ramas.

Ocasos

—Antes caminaba con la cabeza erguida, la frente en alto, pero quién carajos puede andar así por la vida con la realidad explotándole en la cara, quién puede lucir orgulloso viendo que todo arde alrededor. Nadie se convierte en perdedor, los fracasados nacen con los mismos sueños que los demás pero son menos ingenuos, realistas, por eso no pueden ir por ahí sonriendo y mucho menos sobrios.

Los borrachos, los fumadores, los que se ahogan en café por miedo al alcohol, los locos, son, aquellos que prestan demasiada atención como para ignorar que el mundo se pudre a su alrededor, son a quienes más les duele porque en el fondo saben que no tiene salvación, por eso se tratan como ratas, viven entre mierda y lo saben, viven entre basura y lo saben, no hay escapatoria y lo saben y eso lo justifica todo.

Son un síntoma, el temblor del adicto, el vómito del borracho, ellos son las ojeras decrépitas de esta sociedad, entiendo la preocupación de los demás ante ellos, pero ellos, esos que se creen tan limpios, tan acordes a cada momento, consumen como droga algo mucho más fuerte y no se limitan a dosis personales: por la aceptación y el dinero, lo han dado todo, sin siquiera sentir un viaje placentero, han inyectado su individualidad, y trabado su capacidad de razonamiento, y van por ahí con el razonamiento ebrio, atrofiado.

Ellos, nosotros, los locos, se los recordamos, no somos una afronta a su orden, ni a su credo, pero son el pecado, el fruto del consumismo y la estandarización, aquellos que son diferentes deben caer porque les pesa la conciencia y por eso ahora nos persiguen.

Y nosotros solo podemos correr en medio todo, hijo mío, agredirse con sus silencios, evitarles las miradas. Nosotros, solo nosotros lo vemos tan claro, los resignados estamos benditos, podemos acoplarnos sin ningún arrepentimiento, no tenemos que escoger bando, lo mismo nos da que ganen aquellos que veneran el dinero como aquellos que idolatran el pensamiento.

A fin de cuentas pequeño, ninguno nos alimenta, creo que si nos pagaran la balanza se inclinaría pero ambos bandos son tan narcisistas que se niegan a ganar esta disputa con ayuda de un tercero. Míralos pequeño, allá van corriendo, allá van armados de dudas y seguros de nada, continúan corriendo, sedientos, gimiendo entre sueños.

¡Ah!, qué monótono es todo mi pequeño…

—¿A este qué le pasa?– preguntó de pronto un médico.

—Nada extraordinario, todas las mañanas es lo mismo, le traes algo que lo entretenga, un paquete de cigarrillos, una pinta de whisky a su café y obtendrás las mejores historias de todo el lugar, la verdad es que ni le prestábamos atención hasta hace unas semanas que se rompió la televisión

Continuó:

—Es famoso además, llegó con esa manta en brazos hace un tiempo, ¿no lo reconoces?, su cara llenó todos los periódicos hace 5 años, un genio de la literatura decían, la verdad es que el tipo está cuerdo, pero se ha quebrado, ha cedido ante la presión, ya no tiene ideas, o al menos eso dice, para mí sigue siendo un genio

A las puertas de

—Era de noche y estaba cansado, era de noche y estaba muy cansado, pero no le pesaba el cuerpo, el esfuerzo había sido mental y emocional, vacío, la vida era vacío y aunque en el vacío no hay nada, el vacío pesa.

Las noticias esa semana no habían sido fáciles, el Alzheimer prematuro, como todo en su vida, al igual que la fama y el dinero le llegaba demasiado pronto, ahora se enfrentaba a una idea, su idea se perdía, su vida, la posibilidad de vivir, o de ganarse la vida que para un hombre acostumbrado a hacerlo es tan fatal como el cáncer.

Con todo eso en su cabeza, con cada dolor, y cada angustia en su mente, caminó pateando una piedra, una piedra que a su vez era una idea, la idea de él mismo; caminó pateándose, para recordar que la vida lo estaba haciendo, pateaba con furia, como la vida lo estaba pateando y por primera vez, decidió que debía ceder al vicio, la virtud lo abandonaba y esa era la única señal posible.

Cuando terminó de patear la roca, frente a él estaba el gran anuncio: Jardín de Las Delicias, sí el vicio era lo opción, la señal estaba clara, sacó su celular y buscó el nombre en internet, “pub erótico” show temático, las reseñas eran positivas, y mientras pensaba si entrar o no, la chica del show pasó a su lado —No lo piense tanto, aunque la verdad adentro no pasa mucho, todos se acobardan, hace unos días vino uno, lo sacamos al escenario, podía masturbarme con un dildo, si hubiera sido realmente un hombre hubiera hundido su cara entre mis tetas, o me hubiera hecho sexo oral delante de todos, por lo menos se hubiera animado a tocarme las tetas, pero el imbécil solo me sobaba el tobillo, aunque tenía iniciativa, era torpe y tierno, pero es casi ofensivo, no soy una mujer para dejar pasar, no busco lástima, ni perritos lastimeros, me gustan los hombres que pueden someterme, y vos tenés cara de ser, aunque tenés los ojos llenos de angustia y de dudas —No son dudas, bueno no sobre lo que propone, coincido no es una mujer para dejar pasar, quizá por eso él no la tocó más, porque cuando una mujer es muy fuerte, el brío tiembla, el animal se doma, quizá era un gran amante, quizá solo un cobarde.

—Los susurradores, son unos Indios de la Pampa, que doman a través de la caricia, jamás le sacude un golpe, porque lo trata con paciencia sin igual, hasta que al final se le entrega dócil el animal, pero no viene al caso, los que vienen acá tienen pinta de entenderlo; —De repente notó que ella lo veía, que le hablaba, y la saludó —Hola, perdón, dice que no vale la pena, pero eres el show central —Ella lo interrumpió de inmediato —Me refiero a que no es lo que se espera, no es lo que suele buscarse, no vas a encontrar sexo gratis, no es una orgía romana, no es Sodoma ni Gomorra, aquí no hay un circo de perversiones, la mayoría nunca se deshace lo suficiente de los miedos, se temen, así que si buscas vicio, porque tenés ojos de hacerlo, no vale la pena —Entiendo, sí estoy en búsqueda de dejarme caer en algo, húmedo, en un sexo eléctrico, un sexo que parezca una ventosa, empapada, que succione de mi la vida que he vivido, la esperanza del futuro con el que soñaba, busco donde naufragar, simplemente, no tengo ánimo para nada más —Así son los rotos, sin esperanza los hombres son atrevidos, pierden el pudor, la fe, el miedo, los hombres vencidos, son mis favoritos —Es una invitación —No cariño, es una posibilidad, vos no entrás con nada asegurado, aquí no venís a hacer lo que querés, la esperanza da un ahínco innecesario, me gustan los derrotados, así que si no podés asumirlo no crucés esa puerta.

— Él sacó un cigarro y lo puso en sus labios, ella se lo encendió, y durante toda la noche llevó con paciencia el cigarro a sus labios, con calma pensaba “sería tan malo perder la memoria”, mientras que fumaba la gente a su alrededor entraba y salía, salía oliendo a sexo, salía cansada, agotada, salía y sonreía, adentro había vida, él no quería más, había una trampa, “si entraba y no iba por la gloria de su carne, sería como el cobarde que le acariciaba el tobillo, pero si entraba airoso y con fuerza en su búsqueda, sería rechazado porque le habría arrebatado su poder a ella”.

“Había otra opción”, pensaba, mientras fumaba al lado de la puerta, “ella era peli roja, alta y delgada, así que podría entrar y buscar una mujer diferente, opuesta, voluptuosa, de piel morena, podría entrar y hacer amigos, invitarla a subir al segundo piso del que hablaban en la reseña, convencerla de subir con ellos, ser ese macho brioso que ella quería, pero no con ella, caminar desnudo por todo el lugar, penetrarla a ella a la otra y no a ella delante de todos los ojos, incluso de los delante de ella la de fuego, robarle su fiesta, su show y hacerlo suyo”, podría, podría hacerlo.

Sonreía pensándolo, sonreía frente a una pared blanca, sonreía con una erección en sus pantalones, sonreía mientras la enfermera, los doctores, y los pacientes pasaban a su lado. Tenía 38 años, hacía solo 8 que de manera prematura un cáncer en su cerebro se había desarrollado y afectado su memoria, Alzheimer pensaron en un comienzo, era mucho peor, ahora hablaba, sin saber de que hablaba, vivía o revivía constantemente su pasado, y el antes memorioso profesor, ahora vivía en una ruleta donde el presente nunca era una opción.

Una pelirroja delgada lo visitaba, alta, hermosa, con una sensualidad vulgar pese a sus cuarenta y tantos, lo acompañaba y se encargaba de él.

—Disculpe—le preguntó una enfermera,—¿Cómo se conocieron? —Aunque ella sabía que en verdad preguntaba: qué hacía allí, una mujer hermosa, joven, vital,  al lado de un cuerpo sin cerebro, que en su pregunta había un reclamo, una advertencia, ¡Aléjese ahora, aún está a tiempo, no se quede con él que está averiado! —Este hombre, ja, digamos que demostró que sabía robarse el show, y después de eso, nunca pude dejar de verlo, lo conocí así, como lo ve hoy, ensimismado— y luego dijo pícaramente mientras con sus ojos guiaba a la enfermera a su entrepierna —lo conocí así, ¡pero lleno de vida por dentro!

Carne de mi carne

—¿Lo que me define me contiene? ¿Estamos de acuerdo? —Preguntó con desgano el esteta, sabía que venía el silencio, sabía que alimentaría su tedio… La mayoría de las preguntas eran retóricas, pero no era esa la razón para que el salón guardara silencio, la mayoría no eran conscientes de esto, y la verdad es que la única razón por la que el auditorio estaba lleno no eran las agudas reflexiones, que siendo sinceros, tampoco lo eran tanto y desde que algún progre de gobierno había decido, de manera bastante autoritaria por demás, salvar la ciencias sociales y el pensamiento crítico eliminando los parámetros evaluativos de sus clases, ahora los imbéciles llenaban las aulas, pero eran sillas llenas y cabezas huecas.

Suele suceder, lo curioso es que no lo hayan ya aprendido, a nadie puede obligársele a aprender, la voluntad de un estúpido es indomable, temeraria y sobre todo peligrosa si es secundada además, por políticas de estado, suele ser fatal.

El silencio abucheaba, era así, la ley premiaba la mediocridad y el esteta arremetía de nuevo —Lo saben, las cosas existen porque ocupan un lugar en el universo, y debido al lugar que ocupan reciben un nombre, ese nombre ratifica su existencia y determina su contorno, por ende los define, ¿estamos de acuerdo? —De nuevo sabía que no iba a haber respuesta, todos estaban allí solo porque era imposible reprobarlos, porque se escondían de su incapacidad bajo la idea de merecer algo solo por ser, el esteta estaba agotado, mano abajo, defensa baja.

Durante un rato divagó sin rumbo en medio de oraciones explicativas sobre cómo y por qué había una necesidad en la representación de nosotros mismos para la convalidación de la existencia, sobre el por qué el hecho de que ellos no hablaran hacía que fueran más silla que personas, y sobre como su inactividad frente a la vida misma los convertía no solo en material explotable sino en un vacío, y cuando dijo vacío su voz hizo eco.

—El círculo es el vacío, y el vacío está lleno de todo, ellos no tienen nada, pero no desean solucionarlo, implica acción, si fuera una clase de meditación serían yoguis expertos, llenos de nada, su pensamiento en la nada, su vida en la nada, en la quietud, en la puta quietud… Bukowski tenía razón,  la vida solo se conoce en una pensión de mala muerte, la humanidad, la naturaleza humana sin fuerza es solo vacío, definición por el contrario posición, establecimiento de mi yo a través del distanciamiento ajeno —El esteta estaba como loco, gritaba de un lado a otro, quería correr, tenía fuerza, energía, necesitaba desahogarla, en medio de ese vacío había sido posible plantear la idea de una generación tan abrumada con el yo que estaba ciega ante el otro, no había contraposición y por ende no existía la virtud, ni fracaso, su salón era la pensión de mala muerte, la filosofía la literatura, a eso se refería, el vaho de la humanidad visceral recorriéndolo, la energía desbordándolo.

 —Ustedes, ustedes, gritaba mientras se agarraba la cabeza y acto seguido estiraba los brazos tratando de implorar comprensión para lo que acaba de ocurrir, rogándoles que abrieran los ojos, que se dieran cuenta que frente a ellos estaban ellos, pero nada los afectaba, de hecho, pese a su errático actuar, ninguno parecía inmutarse, y entonces la imagen se diluyó, el rojo sobre su piel se volvió evidente, y las manos antes activas cayeran pesadamente, mientras un calor sobrecogedor comenzaba a recorrerlo, intentaba pedir ayuda, pero sentía que la boca estaba llena de arena, y pudo recuperar su realidad cuando notó la aguja aún colgada del brazo, sintió el acto reflejo de su cuerpo doblegándose ante el vómito que salía de su boca.

—Qué pesadilla, dijo finalmente el forense que cubría el cuerpo. Tiene la cara desconfigurada por el horror, nada se compara al pánico de los que mueren malviajados, ven el infierno que llevan en sus propias venas, se liberan de la prisión de su cuerpo, carne de mi carne, dijo el enfermero que le cerraba los ojos, mientras veía el tatuaje con el que ocultaba sus venas, mientras recordaba el sabor de los buenos viajes.

Hombre Gato

Salvaje

Siempre había estado al tanto de su problema, era grotesco, había algo en lo visceral que le parecía digno de atención. De niño jugaba a apretar la nariz de los mayores para ver cómo la grasa brotaba de la piel como gusanos, pensaba que los seres humanos eran una capa de piel que retenía toda clase de cosas asquerosas… cagar confirmaba su teoría.

Con el paso del tiempo, su sentimiento crecía, el olor de su cuerpo cambiaba y también el de aquellos que estaban a su alrededor, la peste quería salir, destruirlo todo a su paso, aprendió a disfrutar rápidamente de todo aquello que revelaba la naturaleza del hombre, el salvaje olor que bañaba el cuerpo de sudor, la sutileza le parecía innecesaria y postiza.

Escupía en la calle, lo hacía sentirse hombre, la pulcritud la consideraba femenina, débil, no se peinaba y evitaba la ducha cuanto pudiera, a solas con su aroma se pasaba horas, lo disfrutaba y poco le importaba que estuviera fuera de toda convención, el olor detrás de sus orejas, sus axilas o sus genitales lo alegraba.

Le parecía que para el hombre el mal olor era esencial, los perfumes, las cremas, todo aquello que era artificial lo desconcertaba, a él no le importaba hacerle sexo oral a una mujer durante su menstruación, lo prefería, le gustaba el aliento a semen con el que quedaban después de una felación, lo excitaba más y más, era un buen amante, solo que uno sucio.

Había encontrado una forma de sobrellevar su vida, se anunciaba como actor para juegos específicos, generalmente para satisfacer la fantasía de una violación o la de sexo por caridad con un mendigo, poco le importaba, simplemente deseaba impregnar su barba del olor de un sexo húmedo, un recuerdo que lo acompañaría por dos o tres días.

Izaba su ropa interior blanca y manchada como bandera, no tenía un solo par que no estuviera percudido, ni una sola prenda libre de manchas y por supuesto menos de olores, sus excesos en este tema lo hacían correr de cada pensión tras algunos meses.

Con el tiempo la ciudad empezó a aburrirlo, los olores artificiales empezaron a  cansarlo y poco a poco se adentró en las montañas, acostumbrarse le llevó poco tiempo, pasó sus primeras semanas sin problema, revolcándose en lodo, comiendo frutos y marcando su territorio.

No era un gran naturalista, aunque creía que su instinto era tan fuerte como el olor que tenía, grave error, no comprendió que su hedor, esa prenda de aroma que tanto disfrutaba sería su peor enemigo, sentía los aullidos cada vez más cerca, sentía el hedor de otros seres a su alrededor y sentía miedo.

Corrió desesperado, los gruñidos estaban cada vez más cerca, corría, caía y se lastimaba, pero no había tiempo para lamentarse o cuidarse las heridas, tenía que seguir corriendo. El miedo le impedía hablar y pronto las balas empezaron a silbar sobre su cabeza, defecaba mientras corría a cuatro patas, estaba aterrado y no podía reaccionar, no podía ponerse sobre sus dos piernas y gritar: ‘‘soy un hombre’’, y aunque hubiera podido no estaba convencido de serlo.

Los disparos lo atizaban, el ladrido de los perros ya cargaban con su aliento, la sangre le hervía, estaba desesperado, corría, corría sin voltear a ver dónde venían sus perseguidores, corría sin importarle nada. Aunque fue herido, no pudieron encontrar el cuerpo, la bestia había sobrevivido y los rumores no tardaron en propagarse, un monstruo habitaba cerca de la villa, la temporada de caza sería entretenida.

Juego de Palabras

Mientras la veía tomarse la cerveza, y sonreír, con sus labios gruesos brillantes por la saliva, su pelo corto y su risa asincrónica y estridente, punk como ella, no dejaba de pensar en cuáles serían las palabras correctas. Verán, Mark Twain solía decir algo similar a esto: la diferencia entre la palabra correcta y casi la palabra correcta, es la misma que hay entre decir luciérnaga o relámpago para describir una luz en medio de la oscuridad, entienden, ABISMAL, por eso quería elegir bien, después de todo, ella era inteligente, mucho, intimidantemente inteligente.

–Mago —Por alguna razón me decía mago —qué pensás mago.

—En palabras, confesé, con esa verdad que solo la sorpresa revela, que solo un distraído o un mal jugador suele admitir.

—Palabras, —repitió ella sonriendo; es filóloga, en el fondo lo es, aunque haya estudiado piscología —Todos pensamos en palabras, bueno no, los disléxicos como vos piensan en imágenes.

No lo decía con crueldad, más con cierta torpeza, ella puede noquearte, no solo es buena con la cabeza, es fuerte, tiene músculos atrofiados, pero no teme dar un golpe ni usar fuerza, así que lo hace, pero es cuidadosa, no rompe nada cuando es ruda, emocionalmente, me refiero, solo que es tosca, lo natural es así.

—¿En qué palabra pensás?

—Para ser preciso —dije— en un juego de letras o de palabras, no lo sé, pero hay palabras que son mucho más que su significado, palabras que no pueden ser contenidas por las letras que la componen, que incluso parecen indicar cómo deben usarse.

Era sábado en la tarde, el trabajo en la editorial había terminado, se aproximaban unas vacaciones merecidas y largas, no más “Pappers” ni tesis doctorales, no más libros ni productos académicos, era libertad lo que teníamos frente a las narices y, de alguna manera, había logrado que las ganas de decirle todo sonara más a trabajo que el mismo trabajo.

—¿Cómo cuáles? —dijo ella con cara de: a lo bien parce, en un sábado a la tarde, en un sábado de pola, en un sábado donde no has dejado de mirarme las piernas o la boca, el día en que tengo puesta la lencería verde oliva que te gusta, con el brallette de encaje, come mucha mierda.

—Amable —dije, —amable significa una persona agradable, servicial, dispuesta a escucharte, o ayudarte, alguien que saluda con genuina gentileza es amable, alguien que da su silla es amable, alguien que te ayuda a buscar lo que necesitas, o que se toma el tiempo para explicarte algo que no entiendes, es amable, pero amable no es solo gentileza, amable también es aquello que es posible amar, amable también es la persona con la que es fácil conectarse, hablar, amable es proclive al amor, amable dije por última vez mirándola a los ojos.

Sonrió, no dijo nada pero sonreía, con cara de haber entendido, sonreía con cara de saber que ella era amable para mí, que había mucho más en lo que decía, que lo decía con las mismas ganas que le había quitado esa tanguita y ese bralette la primera vez, con las mismas ganas que la había besado con torpeza e imprudencia la primera vez que lo hice, con las mismas ganas que la había llevado contra la pared, sujetándole las manos sobre la cabeza, mientras que con la otra le manoseaba las tetas, con esas ganas impulsivas, hormonales, sabía que le decía que era amable, como amante, sí, eso era, amable como amante, que quería sentir de nuevo sus manos en mí, su humedad en mi boca, en mis dedos.

Eso era lo que quería decirle, y ella sonreía con cara de haberlo entendido y luego habló con un tono cómplice en la voz.

—Amable— repitió

—sí, —dijo.

—Sos bueno jugando con las palabras —continuo, mientras jugaba con la cerveza, mientras se mordía la boca, —pero sos muy ciego, el truco, no es la palabra, ni la conjugación, es la intención con la que decimos, tenés razón en algo, por si sola la palabra no basta, yo puedo decirte: yo te luna y sabrías que digo que te quiero, podrías decir oye, te aguacate, y podría significar mucho más, no es lo que digo, es lo que quiero que entiendas.

—Y tenía razón, porque cuando ella dijo eso, yo entendí: sacame de acá, quitame la ropa, meteme a un cuarto, y sacame las ganas, los gemidos, la rabia… los orgasmos.