Pandora

Bitácora del Galaxista:

Conclusiones

Nave Pandora, intento 25/25

La suerte está echada, no se puede engañar a los números, sin importar cuántas veces se repita, pasa de nuevo, quizá el tonto Nietzsche tenga razón, quizá es un eterno retorno, pese a que creamos el lenguaje, y que pudimos de alguna manera transmitir medianamente bien comportamientos sociales de generación en generación no logramos nunca conservar lo esencial.

Siempre ocurre lo mismo, somos la tierra 25, el mayor de los problemas es que individualmente somos inteligentes pero fácilmente manipulables en masa, ese viene desde la tierra 0, lo leemos, lo aprendemos, pero no lo concebimos, no todos, es cíclico, el poder, las ganas de poder, el deseo, nos reduce a tan poco, no llevamos año, es irrelevante, el hombre se consume a sí mismo en cada periodo histórico.

Cada tierra ha sido brevemente mejor que la anterior, sin embargo esta podría bien significar el final de todos, trató de evitarse en la tierra 11, se creía que con la gran purga histórica, así le llamaron a la destrucción del registro de todo linaje y legado, y funcionó algunos años, pero es sistemático, solo los Galaxistas, nos hemos tomado el tiempo de buscar los patrones, de establecer los mapas, de buscar las salidas de emergencia…

Se repite, el conocimiento se concentra, pero tarde o temprano el poder lo corrompe, un pequeño salto, una pequeña regla alterada sin consecuencias, luego otra y otra, se aprende a manipular, se deja de buscar el bienestar colectivo, se comienza a buscar una valoración diferente, estatus, las desigualdades siempre vuelven, cambian las formas, los métodos, pero no los resultados, en tierra 18 lo notaron, trataron de acceder a toda la información, recrear un mito antiguo sobre una red semántica que conectaba los pensamientos de todos, un mito quizá producto de un clásico: Sueñan los androides con ovejas eléctricas, la idea es ridícula, una caja en cada casa permite acceder a la información personal, emocional, intelectual de otro ser… si algo nos ha permitido este viaje es entender que nada aprendemos de nosotros mismos.

Esta cápsula lleva un nombre interesante, Pandora, la dueña de los dones, se lanzaron 25 y cada una tenía suficiente para 25 siglos, en tierra cero tenían 12 meses, aquí tenemos 25 siglos, 25 bitácoras, 25 Galaxistas, no conocí a los otros 24, tampoco sé si son reales, es uno de los problemas de ser el último, la esperanza se pierde, aunque el mito diga que Pandora siempre la tuvo, cada siglo las conciencias hibernan, y al despertar un algoritmo cambia de lugar nuestras posiciones, creyeron de manera equivocada en tierra uno que era el deseo de una grandeza transcendental lo que corrompía, hay muchos registros de cómo intentaron siempre alterar el algoritmo, pero es infalible, una consciencia colectiva solo se rinde ante una cosa, la idiotez colectiva, y por desgracia en cada siglo esa época se repite.

Aquí ya ha empezado, la fama condiciona la existencia, nuestras granjas de hormigas colapsan, principalmente porque no somos hormigas, las pantallas han empezado a apagarse, el pánico ha empezado a correr, demasiados mitos, demasiadas trampas, demasiadas pistas, el hombre siempre sueña con recordarse, con permanecer, nos dimos cuenta muy tarde de que ciertos hombres, ciertas mujeres han escondido dinero, armas, consejos para su nueva consciencia, se han tatuado planes y mapas, y llevan años logrando salirse con la suya.

La gran purga del 11 nos advirtió sobre el carácter egoísta del hombre, y solo hasta tierra 20 nos percatamos que habían logrado burlarla, al parecer los últimos tres siglos han sido iguales, y todo solo empeora, el interés del hombre en su especie decae, el sexo, la procreación… todo carece de sentido, el hombre engaña a su descendencia en busca de un legado que ni el recuerda, el hombre ha firmado su destino hace mucho, porque sin esperanza nadie resiste, nosotros lo sabemos mejor que nadie.

Fin de la bitácora, fin de la vida.

Temporada de Caza

—Basta un poco de humanidad para entender, una gota, por desgracia hace unos años que ese poco, esa insignificancia ha pasado a ser un lujo, las personas se creen buenas, racistas pero buenas, clasistas pero buenos, misóginas, egocéntricas, pero buenas, ellas trabajan, producen, tributan, no roban, ni rompen la ley, aunque constantemente la estiran, conocen las reglas del hombre, pero no las humanas, me refiero a las humanísticas, no a las impuestas, sino a las consensuadas, las implícitas, gritan, vociferan, los buenos somos más, aunque cada vez son más pocos.

Así que quiero que sepas que no, no soy un hombre bueno, es m{as me acojo a sentencia anticipada, elijo ser un monstruo, un Hombre Lobo, tengo algo, esa gota de humanidad, pero también tengo demasiados deseos, mi pecado capital favorito es la combinación de dos de ellos LUGULA o GULURIA, siempre quiero un poco más de vos caperucita, morderte un poco más, lamerte un poco más, pero incluso siendo este quien soy, este depravado depredador, me enternece tu dulzura, y pienso que quizá no deba alzarte y tirarte a la cama, o apoyar tu rostro contra la pared mientras te meto mano bajo el ombligo… quizá no de abofetearte el rostro o escupirte, ni ahorcarte… alcanzo a pensarlo con esa gota de humanidad, imagino tu sonrisa cuando lo haga en tu sorpresa, cuando veas que debajo de esta gota de humanidad, de formalidad, debajo de los chistes, y la compostura cotidiana, hay un animal que quiere beber insaciable de tus piernas, de tu boca, un animal con brazos fuertes, —no sabría decirte qué es exactamente, dices, pero hay algo animal en vos a veces, en la forma como me mirás, sé que te gusto, es evidente que me deseas, y quiero que sepas que lo sé. —Quiero decirle que no se equivoca, que quiero agarrarla del cabello, asfixiarla un poco mientras le beso en un café lleno de gente, justo como ese en el que estamos, pero sé que debo ser prudente, aunque ceda a mi instinto, aunque me relama los labios cuando ella se sonroja, cuando se ríe, huelo su perfume, se me acelera el pecho, es luna llena adentro, y la visión se nubla un poco, veo sus labios carnosos, pienso en sus labios carnosos… siento sus labios carnosos.

Me besa, es ella quien me besa, o yo quien me he arrojado, no lo sé, a veces me nublo, a los animales pequeña caperucita hay que temerles, son impredecibles, a los Hombres Lobo en cambio puedes entregárteles, cuando te devore no pretendo lastimar más de lo necesario, aunque quizá te deje marcas, confieso que a veces simplemente pierdo el control, muerdo de más, succiono un poco más fuerte de lo debido, y zas una placa dental debajo de la nalga o en el trapecio, quizá al interior de los muslos, blancas, morenas, confieso que a todas por error las he marcado un poco.

Sonríes, no tienes idea de lo que pasa, no te culpo, yo tampoco, pero comprendo, basta un poco de humanidad pera entender, una gota… la sangre acelerada, los cachetes enrojecidos, estás caliente, y quieres jugar, no sabes aún hasta donde pretendes llegar, no importa, mientras que se sienta bien, te lleva hasta el borde la curiosidad, abajo estoy yo, hecho una bestia, sediento de tu entrepierna, puedo olerte caperuza, siento el olor de tu humedad, respiro lento, la clave siempre está en conservar la cordura, dejar que se acerque, soy un hombre lobo viejo, estoy cansado y no puedo correr tras de ti, aunque la edad es solo un pretexto, en realidad odio el juego, odio tener que convencerte, odio la indecisión y la falta arrojo, la cobardía, quiero decirte todo eso, pero me basta con mirarte, para saber que mi mirada te está diciendo algo parecido, respiro lento y pesadamente, tu sonríes.

—¿Qué muchas ganas?

—Yo sonrío.

Casi algo

No sé qué tienen esas cosas que nunca ocurren del todo, la magia del romanticismo es sin duda esa tensión creciente que nunca deja de acumularse, me gusta, me gusta y sabe que me gusta, me gusta y sé que le gusto, pero no pasa nada, llevamos años así, cerca y no tanto, si nos vemos en la calle sonreímos, así como se sonríe cuando de la nada, en el metro o en el bus se acaba la carga de los audífonos y se sube un músico callejero, uno bueno, uno que de verdad es músico y callejero, uno que tiene algo, ese algo que no se aprende, ese duende gitano que le rompe la garganta al cantar y a uno el corazón, la vida, los sueños… así con esa sorpresa melancólica de que ser bueno podría no ser suficiente, de que gustarse podría no bastar, una risa que duele, una risa que además se irá transformando, vernos es una señal de que sé que quizá pase y sí no, al menos nos acechamos, a veces nos decíamos pendajas así, un solo whats app inútil pero poderoso, te vi hoy, te queda bien el rojo, estabas en?, qué linda te queda esa camisa… fueron tantos, tantas veces, y no desaparece nunca.

Pero verte, aunque me encanta me jode, me saca, me quita la paz cuando tu ausencia es de nuevo la que ronda, y me muero de ganas de verte y no besarte, de abrazarte y continuar sin quitarte la ropa, cuando pasan más días, el dolor se intensifica, se vuelve irracional y ya solo grita:

Vos te me aparecés y empiezo a recordar tantas conversaciones 3:16

tantos momentos cercanos 3:16

íntimos 3:16

tanta historia 3:16

es como un panal de abejas zumbándome 3:16

la deseo 3:16

la deseo mucho Fer 3:16

y me muero de ganas de recorrerle la piel 3:16

de morderla detrás de las rodillas 3:16

cerca de las nalgas 3:16

de tomar su cabello y presionar su cara contra mi almohada 3:16

quiero verla sobre mí, debajo de mí, a mi lado 3:16

quiero verla durmiendo con la piel brillante por el sudor 3:16

quiero sentir el olor de su sexo en mi barba al despertar 3:16

lamer despacio la punta de sus pezones y sus labios 3:16

besarla después de bajarle 3:16

acurrucarla 3:16

arruchármela 3:16

así, así todo el día, como abejas zumbando 3:16

Los envío continuos, pero no simultáneos, los envío de una manera obsesiva y constante, los envío con las ganas susurrándome al oído, mordiéndome la boca, las envío sin pensar en la respuesta, sin importarme la respuesta, las envío porque estoy cansado de verte a lo lejos, fatigado de esperar a que quizá pase, aterrado de que quizá no, pero estoy jugado.

Pienso eso y también pienso en sus ojos verdes, en que no le gustaban sus ojos verdes, en que de niña la hicieron sentir diferente, es curioso ese sentimiento, el sentirse extraño por primera vez, es saber que no se encaja, que existe el otro como concepto, que no se hace parte de algo, es curioso porque de grande ser mayoría generalmente significa estar equivocado, pero en la niñez ser diferente es oler diferente, es la segregación el miedo a la soledad que aún no se ha vuelto buena compañera.

Recuerdo sus llamadas a media noche, a menudo después de follar con alguien más, quizá un poco high, ahora que lo recuerdo, quizá también esas llamadas eran un poco como los mensajes que yo acabo de disparar, un grito de guerra, un reclamo airado, ¿por qué no fuiste vos? Por qué no estás aquí acurrucándome, por qué no es tu sudor el que me llena la boca, por qué no fue tu carne la que me dejó temblando las piernas, quizá también esas llamadas eran un no te soporto más tu ausencia presente, quizá, también podría ser que no sea nada, que fuera tan solo parte del viaje, ganas de hablar y de conectarte con alguien más para no sentirte atada, quizá.

Vuelvo a pensar con ternura, menos lascivamente y de repente un recuerdo, un dije colorido en medio de su saco desabrochado, no se ven sus tetas, no del todo, pero la forma, el tamaño se realzan, su cabello arrebolado, fuerte, revuelto como el mar rompiente, y luego otro recuerdo, a contraluz su piel blanca casi se funde, con ella, sus pezones casi imperceptibles pero presentes, y luego otra, de espalda, su vientre expuesto…

No voy a parar en esta montaña rusa, su recuerdo me tiene secuestrado y postrado ante él, no puedo y no quiero huir de él, tampoco sé si quiero que sea recuerdo o si prefiero que siga siendo anhelo, casi algo, casi mía, casi suyo, casi juntos, no me molesta, casi casi no me molesta.

Clasificados

El trabajo de escribir clasificados es aburrido, por lo general lo es, así muchos redactores no quieran asumirlo, las descripciones son vagas, sosas, los objetos que vendemos son patéticos, sobretodo en los últimos años. Otrora fue diferente, éramos el internet de los 50, quienes aquí escribían eran personas capaces de emocionarte con un sombrero, un zapato, una corbata, una licuadora… Ahora, ahora somos solo dealers de los pervertidos.

Para la muestra un botón: “Se buscan mujeres mayores, abuelas que se dejen hacer cosas ricas, entre más mayores mejor, pago en efectivo y discreción.” Antaño aquí empezaban los escritores de cuentos, por aquí pasaban novelistas, periodistas, escritores buenos para la prosa, y algunos poetas buenos para el verso, después vino el verso libre, después internet, y después ya nadie nos leía.

Hubo una época, lejana en la que se anunciaban grados, bodas, encuentros, en las que las personas leían los clasificados buscando sueños, trabajos, ahora, es distinto, no tenemos fotos, ni videos, no podemos usar más que palabras y la gente, ya no lee ni imagina, está ausentes en su propia idea, seguros de sí mismos, demasiado seguros como para notar que están equivocados.

Los que quedamos, aquellos que esperamos solo sumar un poco más de semanas sabemos que todo está mal, que no hay futuro, los que llegan, los que ocupan filas sueñan poco, era esto o un call center, aunque se parecen, recibes llamadas, escuchas descripciones y tratas de redactarlo bien, aunque a veces no hay caso, el cliente es terco, ingenuo, piensa que ser específico es el único camino “Se venden moto amarilla, estado 9 de 10, falla batería y luces por choque que afectó el chasis” no escuchan razones, fijan el precio como los primerizos sueldo, pensando en lo que deseen y no en lo que merecen.

Hubo buenas épocas, “If you like piña coladas And gettin’ caught in the rain, If you’re not into yoga If you have half a brain If you like makin’ love at midnight In the dunes on the cape Then I’m the love that you’ve looked for Write to me and escape” puse esa canción los últimos cinco años para darme ánimo, para recordar ese momento mágico, fui ingenuo, creí que pasaría de nuevo, creí que estaría ahí yo para contestar el teléfono, o el mail, que podría hablar con esos adoradores del azar que anunciaban al mundo que estaban vivos, pero no, mi trabajo cada vez más parece el de un operador de beeper, pocas palabras, nada de historias…

Dejé pasar oportunidades por esperar, rechacé el puesto de cronista, el de corrector de estilo, rechacé todo, y ahora estoy aquí, esperando la llamada, a que pase el tiempo, a que termine la espera, pero cada día es más largo que el anterior, cada mensaje más soso.

Inserto la hoja de papel en la máquina, sigo escribiendo a máquina, hay algo en el sonido, en taque taque taque, en la presión que requiere cada tecla, en la coordinación mano ojo, idea dedo, es mejor así, me distrae el sonido, fumo mientras lo hago, bebo también, recursos humanos solo nos mira para reemplazarnos, para colmo los sueldos no suben, no para nosotros, y los nuevos ganan ahora más que nosotros, una vida a este negocio y cada vez en cuenta una nueva forma de abofetearte la cara, no solo con los mensajes, también con sus posiciones burocráticas, es su sistema, te engancha y te dejan morir con el anzuela en la boca, una vez fijas tu precio, estás enganchado.

Comienzo a teclear, taque taque, taque, Redactor de segunda, bien cuidado y mal tenido busca empleo, redacto esquelas, manifiestos, cartas de amor, escribo ensayos y composiciones, busco historias para contar, quiero tener algo para decir aunque no me pertenezca… cada día escribo esa primera hoja, la contemplo y digo: lo merezco, sigo siendo un escritor de segunda mano. La dejo a un lado, enciendo un cigarro y contesto el teléfono.

—Clasificados, Sí dígame—

Títulos

Nacieron con los nobles, para denominar su posición y su valor, para diferenciar a los hombres, para separarlo incluso de su nombre, quien ostenta un título, es a menudo despojado de su propia personalidad, carece de libertad y de esperanza.

Con el tiempo dijo él mirándola a lo lejos, luego migraron, se transformaron, quienes más lo entendían o lo entienden son las sociedades tribales, allí te ganas tu nombre, tus proezas, tus características, la noche en que naciste, la forma en qué naciste… el nombre es una consecuencia, en las sociedades civilizadas es más un deseo, una imposición al destino, una demanda ridícula a la historia, incluso una usurpación, ahí van Facundos, nombrados así por cantantes, Pablos que no saben ni agarrar un pincel, Alejandros que no conquistan ni en una orgía…

Luego cambiaron más, llegaron para reivindicarnos los apodos, abreviaciones, asociaciones, narrativas propias que nos permiten apropiarnos de lo ajeno, él tiene nombre, dicen las mamás atormentadas, no le diga así, yo ya lo he nombrado, dicen ellas autoritarias, pero sus nombres no importan, no tienen peso, son nomenclatura vacía.

Los amigos, los amantes, nombran y dan vida y significado, se apropian de algo nuestro, de una forma de ser de la que muchas veces ellos son evocadores, hay a quienes incluso en su propia casa ya no se les reconoce por su nombre, su apodo es más sonoro, tiene fuerza, sonoridad…

Dio una calada larga mientras la miraba fijamente a lo lejos, sus labios rojos, sus ojos pequeños, su tez pálida, sus tatuajes… agitó su vaso, olió su escoses, como un oráculo mirando al cielo, ella por ejemplo no se llama Margarita, no es mía bajo ese nombre, ella es una copa de vino, una damita, una boquita coqueta, pero no Margarita, ella es RedVelvet, Primavera… no una flor más.

—Y ella lo sabe, preguntó por fin uno de los que disfrutaba la conversación, —No, no todavía, quizá nunca lo sepa, pero es un arrebolito, un verdemar, una alegoría estética, ella es orgasmo y ganas, ella es, podría llegar a ser.

Quizá no lo sepa, repitió y entonces yo seré cobarde, miedoso, pureta, fracasado, quién sabe, yo confirmaré muchas dudas ya en mí depositadas y tampoco seré las posibilidades que su boca me brinda, ni el hablador, ni el profe, ni el relator, no contaré nada, así que tampoco seré el cuentero, mis títulos no serán nobles sino condenatorios, una lápida caminante con la palabra: Miedoso

—Y por qué no le dices

—Evitando el miedo al rechazo como factor obvio, también está la adicción a lo probable, el juego de lo azaroso, el gato de Schrödinger, que es y no es, el que recibe el coqueteo, al que tientan y al que intentar tentar.

Quizá porque sigo disfrutando de la posibilidad de que ella sea, más que de la seguridad que traiga con ella su voz, de ser o no ser, tenía razón el inglés, esa parece ser la cuestión, qué titulo ostentar, que ganarse o qué perder.

—Estás cagado del susto

—Sí, por lo menos por otro par de escoses así será.

Último minuto

Falta poco, lo presiento, estoy cansado, los golpes son menos certeros, más lentos y aunque siguen siendo pesados, ya no se comparan, la campana puede sonar en cualquier momento, quiero ver a entrenador, quiero ver si alza el dedo y me anuncia que el fin está cerca, dos minutos no parecen mucho en el primer round, pero en el décimo es una eternidad, adentro siempre es diferente, se siente diferente, se vive diferente, el tiempo es relativo, un minuto dentro de la mujer que te gusta, es diferente a un minuto recibiendo golpes en la cara…

Siempre ha sido así, el último minuto es adrenalina, es un cohete despegando, todo se quema, la vida es combustible, el último minuto es el orgasmo a punto de partirte en dos la voluntad, es el último trago con el que los vietnamitas brindar para pedirle a dios que aprenda de sus errores y cree en una próxima oportunidad un mundo más justo, es el llanto de la madre, el orgullo del padre, la risa de los amigos.

Pero llegar a él no es fácil, más en el décimo round, más con las costillas rotas, pero no hay vuelta atrás ya se han recorrido muchos minutos, mueve los pies, esquiva, un jab y mantenlo a distancia, 7 segundos, un gancho, un golpe al cuerpo, 5 segundos más, restan solo 48, puedo lograrlo, creo que puedo lograrlo, quiero lograrlo.

No solo es mi último minuto, es el de mi carrera, Méndez lo sabe, ese viejo loco me preparó siempre para este minuto, no hay forma de perder, aunque voy abajo por puntos, solo tengo que resistir, el momento llegará, siempre lo ha dicho, calma, calma, espera, la defensa baja, en el último minuto la mente se nubla, aguanta, aguanta, respira, la respiración es clave.

Evita las cuerdas, esquiva, llévalo al centro, por la derecha, en el último round hay que ir siempre por el otro lado, y en el último minuto hay que salirse del juego, ya no importa el juego, tiene la derecha atrofiada, cansada, defendió con ella 10 round, tampoco puede atacar con ella, así que si lo ataco por la izquierda no podrá recortar distancia, gancho al cuerpo, esquiva, avanza, 15 segundos, quedan 33 segundos, es suficiente, con eso es suficiente.

Méndez sufre, el gringo se repliega, no entiende el cambio, está perdido, él solo sabe jugar el juego, sin sus reglas se desorienta, falla los golpes, pierde puntos, golpea el aire con una mano cansada, le duele atacar y defender, retrocede, se aleja de las cuerdas, está incómodo.

10 segundos más, quedan 27, intenta mirar a su entrenador, quiere hacer señas, no, hoy no, avanzo, lo atropello, pierde la esperanza de encontrar las indicaciones, titubea, por fin está fuera de sí.

La gente lo nota, es el último minuto, solo en los últimos 15 segundos vuelven a gritar, la gente y su quedarán podrían despertarlo, así que debo aprovechar, finjo un gancho al cuerpo, baja la guardia y golpeo, un golpe seco, violento, un golpe final, un golpe de último minuto, el orgasmo, la sonrisa, el llanto, el orgullo, lleva consigo todo, el último golpe, en el último minuto, la sorpresa, pienso en la tarea de último minuto, en la impotencia que sentí tantas veces cuando perdí la oportunidad, en todos los otros minutos donde no mantuve la calma, la boca me sabe a sangre y a revancha, por fin tengo la palabra adecuada, el poder suficiente, el aire necesario, pienso en eso mientras que cae contra la lona, con la mirada perdida, valió la pena pienso… y la campana suena.

7 Rojo

Voy al casino como quien va al psicólogo, sabiendo desde ya que nada pueden hacer ellos por mí y que, aunque conozco mis problemas no puedo encontrar una solución, pienso esto mientras me preparo para asistir. Es jueves así que debe estar Mariana, Nico y Zhang, en realidad Zhang nunca falta, es gracias a Zhang que a veces intento convencerme de que no tengo un problema, que no soy él, cuando lo hablo con alguien más siempre digo, bueno no tengo un problema como Zhang.

Es curioso pienso mientras me subo a la moto, ellos no conocen a Zhang, pero al escuchar su nombre siempre dicen que es cultural, cuando lo pienso no sé si todos tenemos esa idea de asiáticos ludópatas por culpa de las películas, pero como lo busco es alivianar las culpas pienso: Racistas, ustedes son el problema, no Zhang ni yo.

La semana no va bien, las cuentas aprietan y vengo con esa sensación de sentir que la apuesta es todo o nada, podría abonar la plata que tengo y seguro conseguiría tiempo, lograría pagar el resto en la próxima cuota, pero cuando se es un apostador hay dos cosas que no se toleran, jugar solo a la segura, y tener todo planeado, si se hace así se es un mal jugador, y nosotros Zhang y yo, más él que yo, somos ludópatas de los buenos.

Pienso esto mientras parqueo la moto, Zhang ya está, no puedes madrugar lo suficiente, es un decir pienso, nadie madruga a un casino, pero no importa que tan temprano llegues, él siempre está ahí, caminando enfrente de las traga monedas, fumando, busca un poco de suerte, dice que es como una pulsión, que se siente cuando una máquina puede darte amor.

Por eso me cae bien Zhang, ha pensado en su vicio, en su disfrute, no solo es una pulsión, hay también una decisión reflexionada, una aceptación clara, el juego lo define, o por lo menos hace parte de su definición, a mí también me pasa, no tanto como a él, yo puedo dejar de venir algunos días y aunque el resto no podrían darse cuenta, Zhang sí lo hace, y lo hace porque él siempre está.

Camino hacia el Casino, veo los autos, todos tienen algo que habla de sus dueños, reparaciones que aún no se han hecho, espejos pegados con cinta, esos son malos jugadores, vienen acá como los irreflexivos van al psicólogo o a las brujas, esperan que les solucionen la vida, son ingenuos, junkys, no saben aún qué es lo que les gusta de jugar, y no entienden qué es lo que no les gusta de vivir, están aquí porque están confundidos, porque piensan que un golpe de suerte llega en cualquier momento, da lo mismo a donde vayan, siempre estarían botando su dinero. De la terapia esperan manuales, de las brujas señales, del casino una fuente de dinero que les solucione la vida… Me dan asco y lástima.

Entro y saludo a Raúl, hace poco es abuelo, desde que lo es está un poco más triste de tener que trabajar a su edad, pero fue la única forma en que el juez condonó su deuda con el casino, trabajando para él al menos 20 años, es el gerente, el Casino ha reducido mucho sus costos así y además les tiene prohibido jugar, la mayoría de su sueldo está embargado y ellos solo comen y trabajan, perdieron, la casa siempre gana y ellos lo sabían.

Al fondo está Zhang, sonríe frente a su máquina, es esta Cris dice mientras sonríe, mientras la soba, me agrada verlo, es feliz acá, mientras tanto camino a la ruleta, saco un par de fichas, me siento y saludo.

Hola Sebas, todo al 7 rojo, él suelta la bola y la ruleta gira.

Ocupa

Llueve y no es normal, se cae el cielo, el Uber avanza lento, está enojado, no es mi culpa, él preguntó, quería tanquear pero tengo prisa así que le dije que no puedo, que tengo que llegar pronto a donde voy, él no lo sabe, no le importa y después de mi respuesta no le interesa tampoco pero Isabela me espera, es una artesana que siempre he querido tener cerquita, y hoy está cerca, necesito llegar en los próximos 20 minutos, necesito este polvo, el mes no ha sido fácil. Han pasado 30 días desde que una gotera hizo estragos en mis ahorros. Encontrarla dejó el baño listo para una remodelación y me obligó a parar la que ya estaba haciendo.

Mi casa ya no me pertenece, es del polvo, del ruido, así que necesito ese polvo, la necesito a ella a sus senos grandes, a su boca de fuego, necesito sacarme esta incomodidad de encima, estas cuatro semanas de baños a paños, de repente el carro se detiene, solo se ven luces difuminadas, el Uber dice que no puede manejar así, que no ve, que es peligroso. Es su venganza pienso, solo desea que yo no llegue a mi cita, pasan 15 minutos y no avanzamos ni un centímetro, envío un mensaje de voz que me sabe a mierda: —No voy a llegar, lo lamento Isa, se me quiebra la voz, quería verte, pero la ciudad no está de acuerdo.

El carro se enciende, quizá se ha conmovido, aunque lo dudo, debe ser culpa, un ser que se comporta de esa manera lo hace porque cree en una justicia egoísta, mezquina, en el ojo por ojo y ahora que ha escuchado la despedida con dolor y desesperación sabe que el equilibrio está roto, cree en el karma y tiene miedo, por eso se mueve aunque ya es tarde y no llegaremos, el terminará la noche con su tanque vacío y yo con el mío lleno.

Llegamos y aún llueve, Isabela no está, así que camino desanimado, el cuerpo me pesa, el agua me empapa y no tengo como bañarme al llegar, solo como secarme, no tengo nada donde calentar algo para comer o tomar y con la lluvia así de fuerte, un domicilio sería someter a otro ser humano a mi misma desesperación, la garganta se me hace un nudo, es un nudo que lleva haciéndose semanas, que empezó a nacer cuando picaron tanta baldosa que fue necesario remodelar, uno que se agudizó cuando después de terminado el trabajo hubo que volver a romper porque la gotera persistía, uno que con cada viaje de cerámica, de pegante, de mezcla se apretaba más y más, que estuvo a punto de estallar cuando vio que ya no quedaba el mismo color de piso y que ahora yo tendría que vivir viendo un parche en el suelo, un tono ligeramente más oscuro, menos óxido… —No hay más dijo el vendedor, hay paro en los fabricantes, si no se la lleva hoy, ya no quedará nada que se le parezca.

—La llevo a regaña dientes, la veo y me rechinan, pensando en ese nudo apretándose subo las escalas, tengo frío, abro la puerta, los gatos corren, maúllan tienen hambre, intento prender la luz y chispea el interruptor…

La energía desaparece, no solo de los circuitos eléctricos, sino también de mi vida, me desplomo, sobre los escombros de la cocina, estoy emparamado y el polvo se me pega a la ropa… tampoco tengo lavadora para lavarlo, no tengo nada, Isabela está lejos, también lo está la esperanza, la vida lo único que da a manos llenas es tristezas y angustias.

Soy un ocupa en mi propia casa, estoy desterrado de mí mismo, de mi sueño, ya nada importa pienso, y me acuesto sobre los escombros, los gatos notan que estoy en el piso, se acercan, ronronean y me siento en casa.

Vicio

El niño nuevo no deja de llorar, dice, justificándose que todo lo que hizo fue porque quería otra vida, diferente, no es tan grave dice, si alguien lo supiera, si el juez y el jurado hubiera escuchado a su mamá gemir cada noche para subsistir, si hubiera visto los hombres que la golpeaban, si hubieran entendido lo humillado que me sentía cada noche, si tan solo hubieran vivido mi vida, me perdonarían.

El jurado no perdona a nadie niño, lo han visto todo, escuchado todo, no a tu madre, bueno quizá sí, quizá a la tuya sí, pero ellos no necesitan escuchar gemir a tu madre, ellos han escuchado a otros cientos que como tú nunca escucharon a su madre gemir, no busque simpatías inexistentes, tu vida fue dura, y no estuviste a la altura. Al jurado, nada más importa. Sos culpable, siempre lo ha sido las decisiones las tomaste vos, manipulado o no, vos decidiste y entre más rápido la aceptés mejor.

Yo tenía 17 años cuando mi suerte se jugó, era nuevo en un colegio católico, así que si algo sabía es que había depravados. Siempre los hay entre los curas, lo contagian como una epidemia, es divertido que les digan curas, son realmente infección, una enfermedad, solapados.

Éramos 8, teníamos quince, éramos niños, yo aunque me veas aquí, aunque me digan dealer, estoy aquí por amor y no por droga, tenía todo lo que vos querés niño pobre, tenía la plata, los carros, el poder, mi abuela era gobernador, pero no me bastaba, no lo quería, no era importante, sé que te jode, para mí ser no bastaba y vos querías tener lo que yo era, pero te aseguro que no vale el precio que estás pagando, tampoco lo hace el turo, yo quería a una mujer experta en hacerme sentir deseado, quería una puta gimiente, a una loca alborotada, yo quería todo eso que tu mamá fingía ser y la verdad me bastaba.

Cada fin de semana juntábamos los algos, e inventábamos trabajos extracurriculares cada viernes, el primo de Cris era door man, nos dejaba entrar por 15 lucas, ver cucas, depiladitas y no tanto, verlas cambiarse, era un show especial, tonto, vago, como nosotros, era un show que se compartía con el último juego de supernintendo, los últimos tenis o tablas, no teníamos para culiar, a duras penas pagamos por ver nos inventamos los putiaderos pay per view pero nada de regalías, dije sonriendo, en fin, yo renuncié a todo, mi familia tenía nombre, podía hacer a cualquiera mi perra, pero domesticar una era interesante, lamentablemente me mordió, me sembró una hectárea de droga en la pieza que vivíamos y ese tombo que ella decía que era gay, llegó a registrarnos el cuarto el único día de la semana que estaba solo.

Me entendés las mujeres como tu mamá, solo quieren una cosa, verde, un vil metal, pero vos soñá con una mujer buena, no hay tantas por cierto, soñala y sobretodo merecela, porque ellas las otras, las de pegaito a la paré, no valen la pena aunque cobren el intento.

El niño lloraba, su madre, el único día que lo dejaba solo, un exnovio policía llegaba para requisarla, ni una llamada, ni un visaje, me entendés las mujeres como tu mamá te siembran, s{i es normal que estés aquí, sabes qué, yo la quería, pero ella solo quería mi billete, fue duro, 35 años me metieron… me gasté la herencia en hierba pa vender y ella en 30 millones de mierda convirtió mi entrega, nunca importé.

Así que deja de llorar, porque a ese negro, a Germán, le encantán lo llorones de 1.50 cm.

Los tercos

Hay pocas cosas que molestaban tanto a Antonia como los tercos, no hay razones con ellos, no sirve la evidencia ni la astucia, un terco es en cierta medida también un fanático, aunque creía firmemente en que los segundos eran mucho perores los que solo eran tercos, el fanático pensaba mientras Jose, sin tilde, le contaba de su vida son seres ingenuos, miedosos e inseguros, algo debe existir afirman, algo más grande, más importante, más sabio, alguien más controla su vida, les da esperanza, les promete una recompensa por la que ni siquiera deben trabajar, esos que alimentan a los fanáticos son ideas astutas, pensadas para explotarlos, son víctimas pensaba, no tienen escapatoria, ah pero los tercos puros, eso pura sangre de la razón eran una pesadilla.

Por lo general saben mucho de una sola cosa, su mundo es lineal, su mundo piensan es el único posible, seguros de todo… nada debería ser peor para un hombre que estar seguro de algo, están seguros de sus decisiones, de sus preguntas, no ven nada malo nunca en ellos, a los demás les falta un poco razón, a los demás les falta astucia, no son como yo piensan, pobres dicen, nunca se responsabilizan de sus acciones sobre los demás, son como los malos amantes o las malas amantes, egoístas, incapaces de entregarse a la situaciones, ponen reglas, siempre reglas y excusas.

No me toques así, haz así, ven aquí, toca allí… bailan solo si aprenden en academia, no tienen imaginación, todo deben aprenderlo, son repetitivos, secuenciales… los peores de todos son los que además crea la academia, personas que se llaman a sí mismos científicos, qué oxímoron tan grande pensar en un hombre de ciencia incapaz de dudar y falto de imaginación, nunca investigan, ni crean, son simples y llanos aplicadores, no hay diferencia alguna entre ellos y una máquina, debe ser por eso que suelen estar obsesionados con los estándares, la ley de los números grandes piensan, si la mayoría piensa algo pues esa es la verdad… eufemismo tan tonto.

Jose continúa hablando, habla de sus relaciones fallidas, de cómo los demás son incapaces de seguir procesos lógicos, habla de sus necesidades, de la ausencia de su padre, de su obsesión por la sistematización, de su deseo desaforado, este se mira al espejo y no es capaz de reconocer ni una fisura, se consideran la solución y solo por eso incapaces de ver sus errores. Intento ser mejor dice Jose, quince veces en treinta minutos, se lo dice a sí mismo, necesita reforzar su patrón de comportamiento, memorizarlo, y finalmente, creérselo, piensa que no es un mal tipo, aunque engañó a su ex esposa, a su novia y a su amante, es una necesidad de objetivación, sé que tengo un problema, lo reconozco, dice, lo reconozco porque quiero ser mejor… son tan buenos siempre los tercos en las teorías, son  impecables, alumnos de memoria, incapaces de aplicar, dígame qué hacer, cómo mejorar, deme el secreto para que todo esté bien… una pérdida de tiempo, se los digo siempre con frecuencia, si no sos capaz de imaginar un escenario diferente no podés llegar a él, si no puedes ver a través del problema, seguirás encerrado en él, pero insisten, dicen que sienten que han mejorado, que notan cambios, van al gimnasio, intentan leer, algunos son tan divertidos que luego de un tiempo dicen, leí este autor que me recomendó, ya había pensado yo algo similar, el libro es de hace 200 años y el piensa que no es sorprendente porque él pudo pensar algo parecido. No puede ver su reflejo, su propio ego lo opaca, no entiende que se lee para darse cuenta que no somos nada originales, ni especiales ni únicos, que se lee para saber que los humanos somos muy parecidos, que la grandeza es circunstancial, temporal y sobre todo aleatoria, no, no entienden, están seguros de su autorealización, a nadie le deben nada, la suerte nunca ha estado de su lado, ellos son los únicos, los héroes…

—¿Qué cree doctora? Le pregunta y le interrumpe sus pensamientos.

—Que usted está mal Jose, que mientras que no sea capaz de darse cuenta, lo seguirá estando.

—Pero dígame cómo mejorar, yo quiero ser mejor dice, y aunque ella lo escucha, sabe que es incapaz de aplicarlo, no hay caso Jose, —usted es terco dice, y los tercos solo escuchan su propia voz, estudie sicología, ayúdese usted mismo, si es que es capaz de graduarse, si es que es capaz de escribir.