Tinta hecha polvo

Catalina esta sobre la cama, bueno para ser más exacto estaba sobre una verga argentina saltando desesperada y Facundo le pidió que gritara que quería sexo, la idea no le pareció mala, tampoco mentira, quería, necesitaba sexo, deseaba seguir siendo penetrada, deseaba que esa verga fuera más gorda, más larga, quería aumentar la fricción y la velocidad, en ese momento Catalina era deseo vivo así que gritó, gritó que quería sexo, gritó que quería más, gritó que quería ser follada, gritó fuerte, gritó mientras se corría, gritó mientras los músculos de su abdomen se contraían, mientras los dedos de sus pies se le tensionaban, gritó mientras sentía que su cerebro estallaba, gritó a través de sus labios, de los pezones tensionados, Catalina gritó a través de sus ojos cerrados hasta que sintió que se materializaba su deseo.

Una voz en su espalda la hizo sonreír, cabalgaba gozosa, cabalgaba complacida, porque dos manos fuertes le apretaban ahora las tetas.

‑Ahora sí vas a gozar

‑le susurraron al oído, mientras que ella complacida se dejaba ir hacia adelante dejando expuesto y en su puesto el culo del cual orgullosa presumía.

‑Sí gritabas era una señal, le decía ahora su amante, mientras que el nuevo integrante enfilaba hacia su trasero, mientras sentía el roce de una nueva verga en sus nalgas.

Catalina le contaba la escena a un mal amante que había llegado borracho y no era lo suficientemente digno para aceptar su fracaso e irse, así que se había quedado adormir en su apartamento, y para colmo de males tras mal polvo era curioso, por eso había decidido humillarlo, decirle el polvo que había decepcionado, mencionarles las oportunidades que se había perdido por su mal desempeño, abrirle la ventana al circo erótico al que nunca tendría acceso, esa sería su venganza, lo pasearía por cada una de sus perversiones, le hablaría de lo que otros hombres, verdaderos hombres sí habían hecho por complacerla, lo que su curiosidad la había llevado a hacer en soledad, en público, en un cine, en un avión, con unas amigas en una noche de copas, le contaría de esas noches donde el sol había salido demasiado temprano para su gusto, de esos fines de semana en los que nunca hubiera deseado volver.

Pero el borracho la miraba extasiado, le pedía detalles, le suplicaba por más historias, el libido le hervía en los ojos, estaba jadeante, no tenía un orgasmo, era el orgasmo, la tortura no surgía efecto, el hijo de puta la disfrutaba más que a sus tetas, sus hermosas tetas, sus deliciosas tetas, sus recién retocadas tetas, el estrechamiento vaginal que recién había recibido tampoco parecía haberlo impresionado tanto, y aunque su oral lo consideraba exquisito, al parecer lo más excitante que podía hacer con su boca para ese ebrio despreciable era hablar.

Ella por vil morbo y por puro ego siguió hablando, la noche de sexo se convirtió en una noche de historias, donde revivió cada orgasmo que recordaba, al terminar por fin los dos durmieron con una sonrisa en el rostro, una noche placentera.

Esa sonrisa le duró semanas a catalina, y quizá hubiera sido eterna sino se hubiera nunca encontrado con un cuento que empezaba diciendo: Catalina esta sobre la cama, bueno para ser más exacto estaba sobre una verga argentina saltando desesperada y Facundo le pidió que gritara que quería sexo, la idea no le pareció mala, tampoco mentira, quería, necesitaba sexo, deseaba seguir siendo penetrada, deseaba que esa verga fuera más gorda, más larga, quería aumentar la fricción y la velocidad, en ese momento Catalina era deseo vivo así que gritó, gritó que quería sexo, gritó que quería más, gritó que quería ser follada, gritó fuerte, gritó mientras se corría, gritó mientras los músculos de su abdomen se contraían, mientras los dedos de sus pies se le tensionaban, gritó mientras sentía que su cerebro estallaba.

Sofá-Cama

—Existe el amor como emoción independiente y el sexo como acción independiente, la felicidad puede vivir sin el amor, podes ser feliz sin amar, podes estar triste sin amar, incluso puedo amar sin sexo y tener sexo sin amor, elevo mi apuesta y te digo que lo disfruto más de esa manera—

Ella lo miraba con los ojos vacíos, cada palabra que decía le confirmaba que aquel hombre que podía despertar tantos sentimientos a través de sus cuentos no comprendía el poder ni la dimensión de los mismos, para él todos eran parte de su ficción, era eso o que tenía miedo afrontarlos, era bien o cobarde o ciego. Su reflexión le parecía tan alejada de aquel hombre de ojos abiertos y con la boca tan grande que parecía podía comerse al mundo.

No podía ser de esa manera, no podes escribir de lo que desconoces, aunque puede emularse. Entonces, era un insensato o un manipulador, no había maldad en él, pero carecía de bondad, era un tipo raro, primitivo, tan frío y racional que reducirlo a palabras se tornaba confuso.

—Vos estás un poco loco, no es nostalgia, es demencia creer que todo carece de magia al perder la novedad, tengo que decirte que desaprovechas los momentos, que no los disfrutas en su totalidad por ese miedo a perderlos, es como ver una vela consumiéndose y no alegrarse con la flama si no entristecerse con la cera que se derrama y se agota. —

Podría tener razón, pero lo creía improbable, no hay una moral que se amolde al individuo, y por ende dos personas no pueden estar bien o mal con base a ella, son diferentes, pero sus elecciones y visiones no los hacen estar acertados o equivocados, solo diferentes. ¿Era tan difícil de comprender?, era tan extraño que él, jadeante, sudoroso y después de haber disfrutado de una cama tan ardiente como había sido ese sofá se le negara el placer sentido simplemente porque pensaba que de existir otro encuentro nunca podría igualar en deseo y furia el que se había desatado…

¡No!, su visión del mundo no podía ser desacreditada simplemente porque otra fuera diferente, sin duda el encuentro era enriquecedor, y en eso estaba la magia, pero como todo truco, una vez develado el secreto, solo era una acción mecánica y repetitiva, su belleza era fatalista, la de ella esperanzadora, era solo eso, eran diferentes.

—Quédate—, —Vamos a la cama y dormí— le dijo ella al notar que sus ojos se cerraban y ver que no conseguía la siguiente erección que ella necesitaba, soñar seguro lo convertiría de nuevo en un orgasmo, recuperar sus fuerzas, era lo único que él necesitaba para acallar sus diferencias.

—No puedo— dijo él secamente, no era que no quisiera comerse de nuevo su entrepierna, no era ausencia de deseo, él había devorado su cuerpo teniendo presente que quizá nunca volvería a verlo de la misma manera, que una vez levantado el telón no podría de nuevo imaginar el tamaño o el color de sus pezones, el olor o el sabor de su coño empapado, el sonido de un jadeo o un gemido, él había lamido cada centímetro que deseaba, mordido cada rincón que le apetecía y su orgasmo era prenda de su palabra, pero para ella era insuficiente, su deseo de ser devorada una y otra vez con la misma pasión, era una demanda que estaba lejos de poder cumplir.

Había aceptado que sus diferencias no necesitaban una tregua de sábanas, él debía apartarse del camino, recorrían sentidos diferentes, se habían cruzado por casualidad y si se quedaban su encuentro podría retrasarlos, sumergirlos en una burbuja de insatisfacciones que tarde o temprano explotaría, llevándolos a los dos a sentir que todo lo sucedido o había sido mentira, o digno de arrepentimiento, y eso no lo permitiría.

Él estaba seguro de haber disfrutado el ver como al igual que la cera de la vela su esperma se desparramaba por el abdomen sudoroso de ella, y sabía que ella había disfrutado como la flama que al consumirse devora el pabilo hasta extinguirse… 

Raquelita Regia

La noche avanzaba en la misma medida que esa mujer se me metía en el cuerpo, ella toda aroma, toda feromona… iba invadiéndome con sus palabras, con sus risotadas estridentes y de fondo Jazz, fluido y articulado, la conversación: literatura, relaciones, posturas, ideologías, credos… las preguntas: ¿qué onda con los argentinos?, ¿placer o academia?, ¿una o dos Jarras?, ¿qué horas son?

Cerca de ella empecé a temblar a temer, a caer, el contacto con su piel tímido de mi parte fue electrificante, tenía razón pensé, si la toco con ganas me electrocuto… mientras que el estómago se hacía un paracaídas y brincaba al vacío.

Croquetas de queso, ágave con naranja, sus labios… el dedo en sus labios, sus labios mientras que habla, necesito concentrarme, sus ojos, su piel, su aroma… carajo están todas aquí… Matriushka mujeres, mujercitas, mujerzotas… Lacaniano repite, no recuerdo porqué, de nuevo estoy perdido en ella, no puedo ni recordar el nombre de Igatus Reilly… La beso ya o en un rato… carajo ya o en un rato, pero no hay forma de NO morderle la boca, prefiero caerme, estrellarme, hundirme en el intento, carajo es cuestión de tiempo, ya o en un rato.

Este maizal me embota la cabeza, caminamos por buenos aires, ella en una catedral de jazz, yo mi vereda favorita entre Borges, Cortazar y Macondo hilando mi camino a eterna cadencia, cadencia de sus piernas, de sus caderas, el corazón se me quiere salir por la boca, carajo ya o en un rato no hay más remedio.

Muñeca rusa, mujer partida, desenmascarada, me acerco más a su aroma, a su cuerpo, quiero besarle desde la punta de los pies hasta la punta de sus orejas de conejo, quiero lamerla, chuparla, morderla… estoy por perder el control, con su permiso filósofos, astrólogos y estrellas, ex amantes suyos y mías, no me aguanto más, y clavo mies labios en los suyos… repostería vegetariana lo mejor del mundo, no has probado tus labios querida, esponjosos, húmedos, tu lengua explotándote en la boca… mundo de sabores, estaré besando a todas las Matriushkas, me queda alguna por fuera, pierdo el sentido de la orientación, se me corren las gafas, me estrello contra su cuerpo, droga del amor, vos, tu cuerpo, tu lengua, droga del amor tus palabras…

La noche termina, el jazz termina, la madre ojalá esto no, no todavía.

Una chica divertida

Me divierte siempre, en una mujer, encontrar a la que se viste con su propia piel, a pesar del dolor, del olor y del sabor; la que se masturba, la que no me necesita. Es un afrodisíaco, un placer, sentirse elegido. No sé, podrías decir que me gustan las que perfectamente podrían dejarme pasar de largo, las que no se apegan, las que saben que sin mí habrá otro día…

—¡Qué disparates dices tío! Una mujer está hecha para ser follada, nada más importa —respondería Jerry, un moreno de pelo largo y ensortijado al que la vida solo le palpitaba en la verga.

—Pulsiones, hombre, pulsiones. La vida responde a pulsiones. La monogamia y la selectividad son mariconadas dignas solo de afeminados. Gente despreciable, con gustos blandos. De una mujer no importan más que dos cosas: que no pese más que tú, siempre y cuando no mida menos que tú, porque si una pigmea pesa lo que tú pesas, no es una mujer, es una bomba. Y dos, que no esté menstruando.

Lo decía siempre con la cabeza en alto. En verdad así lo creía. Y sí, era un follador. Si pudiéramos describir a las personas por sus pasiones, la de Jerry era follar. No la música, a pesar de que tocaba bien la guitarra; no el dinero, aunque fuera un buen corredor de bolsa. Únicamente follar.

Por eso le divertían nuestros encuentros. No entendía cómo podía perderme un polvo por corregir una falta ortográfica. —Un hombre lo soporta todo con tal de follar. Un follador es un cazador —decía.

—Nada importaba más que la verga empapada y los gemidos, los jadeos. Que un buen follón lo vale todo. Hay que follarlas a todas. Follar es poder, y el poder es para poder, así que hay que follar porque se puede y mientras se pueda.

Aunque hablara de poder, él solo pensaba en follar. —El poder no existe, no es definible. Pero una vagina empapada, húmeda, caliente, tiene cuerpo, olor, sabor, temperatura. No es un concepto, es un coño. Un sexo dispuesto y perfecto. El gemido tiene sonido, y el cuerpo, temblores.

Lo tuyo y tus miedos es fragilidad, falta de carácter. Tu temor es casi mariconada. Tus libros son fríos, tus ideas absurdas. Pero un coño, es un coño. Y aún así, bien podrías pensar lo que pensás y follar, tío.

Quizá Jerry tenga razón, pero esa ley es solo suya. El sexo, en general, me parece divertido siempre y cuando sea deseable. El sexo es deseo. Su importancia, sin embargo, es relativa. Pero tiene razón en algo: sin folle no hay nada. Con cualquier mujer… puede gustarte cómo piensa, pero debe gustarte cómo folle, cómo hable, pero aún más cómo gime y jadea. Porque un cuerpo sin deseo es solo fábrica de excrementos. Nada más.

Jummm. Sonrío. La mesera es una chica interesante, me regala cigarros. ¿Querrá ser follada? Se ve que es una chica divertida. De esas que dejan la luz encendida y piensan: disfrutá del hembrón que te estás follando. De esas que, cuando se masturba, el placer no lo obtiene del vibrador, sino de imaginar el placer que debería sentir aquel en quien piensa que disfrutaría follarla. Su placer, entonces, es el de imaginar el placer que siente quien tiene la fortuna de verla indomable, moviéndose a un ritmo frenético. Sus gemidos vienen de sentir el gemido ajeno. Su orgullo es su sexo.

Seguro, grita su rostro. Tiene cara de haber visto tanto porno como yo, y de disfrutarlo de la misma manera. De masturbarse frente a un espejo, no para verse, sino para ensayar sus expresiones frente a él. Cómo puede provocar más, evocar más. Es una perrita en celo, una puta que merece y necesita ser follada. Me la pone dura solo verla. Jerry estaría orgulloso. Soy un animal igual que él. Y mi debilidad son ellas, las chicas divertidas, de las que no se guardan nada, de esas que en la primera noche la viven como si fuera la última, al igual que la segunda, y la tercera.

Sí, Jerry estaría orgulloso. No dejo de imaginarla desnuda. No dejo de imaginar su boca entreabierta dejando escapar un gemido entrecortado, su voz pidiendo más, sus orgasmos egoístas y al mismo tiempo generosos. Se viene para provocar más placer. Porque, como ya dije, ella es de las que no te necesitan, de las que te ven y dicen: me lo quiero comer, sin pensar en quiero tenerlo junto a mí; pero que, si decide quedarse, no lo hace porque necesite quedarse.

Una pulsión, diría Jerry. Una pulsión. La vida es una pulsión. Y sí, es una pulsión. La de ella, la de su sexo, la que me dice que sí, que ella es una chica divertida, con una selva tropical jugosa y pegajosa, un mar de fluidos, una sensación térmica que quema. Ah… debería pedirle la cuenta o un beso… ¿La cuenta, un beso o quizá su teléfono?

Significados

−No es verdad−

−¿Qué cosa?−

−Eso de que a nadie le gustan los diccionarios, bueno, no, eso no es del todo cierto, más bien podríamos decir: ya a nadie le gustan los diccionarios, aún así, esta declaración también sería falsa, más precisa sería, a los pocos a quienes aún les gustan los diccionarios suelen tener la mala suerte de no encontrarse, y así con su pasión alfabética buscan de la a la z las palabras que les permitan justificar su tristeza por la falta de pasión por los significados. –

−Podría ser cierto pero y cuál es la diferencia−

−Toda, porque no es lo mismo que des por sentada que sos la única, la elegida, líder de una cruzada sin soldados, la cursi, la romántica…−

−¿y qué tiene de malo? –

−¿De malo?, nada, solo que es mentira y viniendo de una persona que está proclamando el amor por más que las palabras, sino la esencia misma de las palabras, su paladín y defensora, pues esperaría uno un poco más de coherencia−

−la coherencia no puede ir contra la fuerza expresiva y las definiciones tácitas−

−De verdad crees que la fuerza expresiva es más fuerte que la verdad, o que una mentira es tan débil−

−Pues funciona cuando se fingen los orgasmos−

−Qué tienen que ver los orgasmos en todo esto−

−Los seguís fingiendo y no se lo has dicho a Marlos−

−Para qué voy a decírselo, es incapaz de generar uno, y además eso no tiene nada que ver con las palabras−

−Con las palabras menos, si la virilidad le mengua, en los pensamientos no llega muy lejos tampoco, porque en la cama, ha tenido sus días, pero en el púlpito, sus intervenciones no llegan ni a una erección, es célibe en el aplauso, no es capaz de incendiar ni un alma, el pobre no solo no enciende, es más ni brilla, pero y eso qué importa, estamos hablando de las palabras−

−Vos sabes que las palabras, no son más que palabras, representaciones semánticas de ideas, emociones, que a veces si se ponen en el orden adecuado generan una cadencia agraciada y que si además estas se conocen, pueden moldearse, adquirir resistencia, color… vos sabes que las palabras no son tan importantes y que no siempre dicen lo que quieren decirse−

−Ahora estás diciendo entonces que yo de lo que quiero hablar es de la impotencia del…−

−No te atrevés ni a nombrarlo, o capaz y querés llamarlo de otra forma, déjate llevar que son solo palabras−

−Del enano ese−

−Bien muy bien, pero aclaremos algo, yo, yo no puedo querer nada, pero sé lo que vos querés, soñás con una verga de verdad, una que haga sentir un poco de dolor y el triple de placer, una que te haga esas pequeñas cortaditas que arden pero que te recuerdan los gemidos y los jadeos… esas que te humedecen, que te hagan olvidar por un rato que sentís que no vale la pena, porque para ser claras, y poner los puntos sobre las ies, vos podés soportar solo un mal a la vez, y podes dejar pasar a un impedido mental o a un impotente, pero nunca a ambos, la falta de consideración intelectual y sexual solo puede ser superada por la falta de consideración económica−

−Pará, pará, puede oírnos−

−Creo que quieres que te oiga, sino por qué más estaríamos teniendo esta conversación−

−Por que necesitaba decírselo en voz alta a alguien, a algo, porque las palabras, son más, mucho más que solo palabras, son decisiones−

Dijo ella mientras dejaba los títeres en el suelo, mientras en el estómago se le formaba un nudo de rabia, un nudo de llanto, un nudo de mierda, sabía lo que significaba todo lo que había dicho, sabía que iba a quedarse sola de nuevo, y sabía además que el siguiente, si había un siguiente, sería el que pudiera levantar la verga y sino por lo menos, un libro, por lo menos una idea, claro una buena, una buena verga, un buen libro y una buena idea, sonrió para ella, las palabras si son más que palabras, son significados y con esa idea caminó hasta la ventana donde encendió un cigarrillo y fumó su noche.

Aberraciones

Para gustarle a Gabriel bastaba con que la mujer tuviera dos tetas, un culo y un coño, si tenía pelo negro y una boca de labios gruesos le era indiferente a si era rubia y de boca delgada, eso sí, ayudaba si contaba con una sonrisa pícara y no le molestaban que el rostro antes que bello fuera endemoniadamente sexy.

No había mujer perfecta, él lo sabía, por eso le gustaban por partes, las tetas regordetas lo atraían, redondas, jugosas, de esas que no solo abarcan el pecho, que se escapan por los costados, esas le provocaba olerlas y morderlas, bañarlas en semen… también le gustaban los pies, las uñas arregladas, dedos proporcionados ni muy largos ni delgados, le encantaba masturbarse con ellos, descargarse en ellos y luego lamerlos.

El cabello le gustaba largo para halarlo, para enredarlo en sus dedos mientras penetraba con fuerza un coño empapado, esos coños le gustaban de dos formas, rasurados o con un puñado de vello que pudiera halar mientras lo devoraba con la boca o mientras lo penetraba con su miembro tieso.

Adoraba los traseros, tomarlos a nalgadas, poner las mujeres boca abajo, sujetar las manos con una de las suyas y empujar su miembro de un solo tirón dentro de ellas, le excitaba sentirse poderoso, arrancar en gritos mudos halagos e insultos, creía dominar el juego con facilidad.

Y entonces en la multitud la divisó, era pequeña, parecía carente de malos pensamientos, ah pero los había, en sus ojos brilla con fuego propio la lujuria, ella era tentadora y a la distancia lucía inmóvil y letal, sabía que desearía cogerla para arrancar de sus labios gemidos y jadeos…

Contrario a lo que esperaba, ella caminó hacia él.

−Te he visto a menudo aquí, te he escuchado, he reído con tus bromas y me has hecho mojar la entrepierna al escuchar de manera furtiva tus conversaciones, hoy quiero que pruebes lo que me has hecho sentir−

Estaba mudo, no sabía si había imaginado las palabras que habían salido de esa pequeña y sucia boca, así que preguntó:

−¿Segura que es a mí a quién buscas?, no aprecio mucho las bromas que me dejan con una erección entre las manos−

Ella rió por lo bajo y contestó −Estoy segura, no es casualidad que lleve tacones y una falda, que traiga las tetas desnudas bajo la camisa, ni el coño al aire libre. ¿Sabes?, no aprecio mucho el frío, aunque el roce me excita−

Pese a su declaración, su osadía no era su mejor arma. Su mejor secreto, es su aroma, la forma como su cuerpo olía haría que las piernas te tiemblen, que la voz se te ahogue, que la respiración te falte, a Gabriel el pantalón le restringía la erección que las palabras le habían causado, así que bebió de un golpe el trago que sostenía y dio una calada a su último cigarrillo, la tomó de la mano y empezó a descender lejos de la vista de las personas. Otro parque estaba cerca, uno silencioso, cómplice, solitario, durante el camino manoseó sus tetas, y cuando descendió se encontró con un coño húmedo y caliente.

No resistía la tentación, para su fortuna la oscuridad le favorecía, además era día de partido y tras el pitido inicial minutos atrás las calles estaban desiertas. la llevó hacia él de un jalón, la besó con fuerza y luego la giró, la tomó del cuello y presionó su rostro contra el capó de un carro, levantó la falda y entró con tanta fuerza como era posible, ella gemía, jadeaba y su respiración agitada empañaba el capó encerado sobre el que se encontraba, él apretaba sus senos, y amasaba sus nalgas con furia, la giró y nuevamente, tras subirla al capo, penetró ese pequeño coño con facilidad, subió su camisa hasta desnudar las tetas y las tomó entre sus manos, ella continuaba jadeando, y de repente le clavó las uñas en el culo y lo ayudaban a aumentar la fuerza de sus arremetidas, él tomó sus piernas levantó el tacón hasta su rostro y empezó a oler sus pies, a lamerlos, las uñas se aferraban a él con más fuerza y en un grito silencioso pero desesperado descargó su semen dentro de ella, mientras ella vibraba como en un ataque epiléptico que revelaba que al igual que él había terminado.

Lo Besó con fuerza y hasta hacerlo sangrar.

−Ha sido un placer−, dijo mientras encendía los dos cigarrillos antes de partir.

−Espero verte otro día− y caminando sin ritmo, falta de fuerzas desapareció entre las sombras.

El volvió a su parque, trago en mano, sonrió como un idiota durante toda la noche, mientras daba vueltas y vueltas a ese cuerpo endemoniado que había arrebatado de él más que un orgasmo y que había avivado sus aberraciones.

Hombre follándose a una mujer sobre el capó de un auto

Gusto

A Alberto, y confieso que utilizo este nombre solo porque el artículo a, seguido de un nombre iniciado en la misma vocal me causa gracia, le gustaban los monólogos, más leer, escribía, porque podía siempre poner sus palabras y su cuerpo en otros labios, veía en la hoja en blanco la misma felicidad que un adolescente encuentra en que ahora el porno sea accesible desde el celular.

Alberto tiene sus años, sus canas, y ganas, siempre tiene sus ganas y solía escribirlas en medio de la jornada laboral, porque además de escribir, robar también lo estimulaba, mantenía entonces una especie de diario grotesco sobre el cual desparramaba sus manos untadas de tinta y mientras fumaba con un tinto denso al que casi podía vérsele y sentírsele una textura viscosa se dejaba llevar, escribía siempre en primera persona y siempre escribía confesándose así mismo. Este día en particular no tenía realmente nada de particular, salvo lo mismo que todos los días, tiempo y por eso comenzó a escribir.

Siempre me ha gustado todo lo que me deja un tufo de placer, un sabor con buen olor, de esos recuerdos que juegan tanto con mis papilas gustativas como con los pelitos de la nariz, es mi credo y mi única regla, si te gusta acábatelo, sin pensar en guardar para otro día, sin lamentarse al otro día.

Si sabe bien, si gusta, si cala hondo… adelante, no concibo por demás un placer menguado o a medias, un resistirse, un castigarse o un postergar, para qué, si todo va a pasar, pues que pase, pero que no se pase.

Eso me decía cada vez la veía pasar, 1,75 m de antojo, un cuerpo alargado, elegante y prometedor, no hay en ella demasiado de nada, solo lo justo de todo, esa imagen que te hace salivar de más,  guepardo, caminando con cadencia pausada. Sé que existe y sabe que existo, nada más sabemos el uno del otro al menos de manera consciente, yo sé un poco más de ella, he preguntado por ella, la he visto a lo lejos y en silencio, y el ego, el ego que no deja de ser tonto conserva la esperanza que al menos a alguien le ha preguntado también ella de mí, vístome pasar y acompañado con su mirada.

Cuando sonríe su labio superior sobrepasa las encías, cuando camina su pelo ondulado se revuelve un poco más, en su estilo sobrio, hay una apuesta casi segura de lucir fría y calculadora, ejecutiva y ejecutante, parece gritar, puedo si quiero, tomar decisiones fuertes de manera simple, estoy en control de todo lo que me involucre. Sé que es falso, que nadie lo está, que incluso cuando escribo muchas veces las cosas siguen su propio rumbo, y las voces encuentran sus propios tonos, sé que es una mentira, pero me gusta escribir, me gustan las mentiras bien contadas, así que me miento, me lo creo y me divierto.

Es quijotesco sin duda escribir de recuerdo un pensamiento que nunca se ha elaborado como recuerdo, que no ha acontecido sino simplemente imaginado, Dulcinea, jamás te diré que este caballero de la triste figura te ha visto como un ensueño, muchísimo menos que una oración tan mala me he comparado con él, el loco del manco, más teniendo en cuenta que estoy mucho más cerca ser Sancho Panza.

Cuando la veo, te veo, aprovechemos,  para tutear a quien no es consciente de que se le está hablando, estás congelada, y con la mirada lentamente te trazo, la comisura de los labios, los ojos casi siempre entrecerrados, el cuello elongado, separándose siempre de los hombros, inclinado levemente hacia arriba… me saboreo, las papilas gustativas se inundan y la boca se inunda, se represa y se desborda, que gusto cogerte el gusto.

Sonrío, ignoras que te veo de manera lasciva, quien lee debería a esta altura dudar de si existes, aunque es más probable que dude sobre si es ficción, quizá me vea como a un pervertido, quizá piense incluso que este accidente literario no es un reguero de tinta sobre una hoja, sino de esmegma adentro de un jean, quizá tampoco lo haya pensado y ahora se encuentre completamente disgustado frente a la imagen, la literatura no tiene rostros, debería solo y únicamente recordarte los momentos en los que has sido igual, en los que has apretado la entrepierna ante la humedad palpitante, o pensado… y ahora como me levanto sin que la erección se note.

Tu mirada se cruza con la mía, que ganas te tengo le gritan mis ojos, yo, en cambio, sonrío te saludo y me voy pensando, que gusto te tengo, que ganas de levantarme con el tufo de tu sexo en mi boca, pone un punto final, cierra su libreta y fuma hondo, fuerte y largo, igual a como un amante jadea.