Un brindis exquisito

Existe una costumbre en Vietnam, en la que al beber, con el último trago, se debe realizar un brindis deseando que algo cambie, un último trago para y esa una carta abierta, siempre una esperanza perdida, la caja de Pandora hecha botella de licor, de nada guardar una ilusión borracha, un ojalá. No es más que la exaltación de una causa perdida.

Existe otra en Colombia, en la que con el primer trago se rinde tributo a los ausentes, a los muertos, por las ánimas se reza y se derrama sobre el suelo, la tierra, la mesa.

La propia costumbre brindar es un acto de confianza, se juntaban las copas como un gesto en el que se declaraba, en ti confío y no necesito verter mi trago en tu trago, no creo que quieras matarme, simbolizaba.

Pero en el club de la cola de serpiente, un pequeño club literario donde norte, sur, este y oeste u oriente u occidente se reúnen quiero proponer una dinámica, dijo oriente exaltado, quiero un brindis exquisito, una cadena de ideas, de deseos pero inicial, un anhelo que crezca en cada reunión y se lea siempre al comenzar.

Los únicos sabios, actualmente: Los borrachos, y brindo por ellos, los buenos borrachos, los que beben por la sangre y por la duda.

Era un buen brindis sin duda, tenía gracia, tono, y pese a la valentía evidente en el grito exclamado, no había alteración en la dicción, era un hombre sobrio contra todo pronóstico, ningún brindis se queda sin contestar, continuarían brindando por todo, entre todos, los nuevos integrantes deberían preparar un brindis y decirlo como aquel primero, sin duda, ni miedo.

Salud entonces por los niños, los únicos filósofos que siguen preguntando por qué sin importar la respuesta, a quienes nunca de cansar, a los suicidas de la ingenuidad, que anhelan crecer pensando que la libertad llega con la cédula.

Salud por los torpes, los idiotas y los valientes, por los tontos, por nosotros, que creemos aún que hay esperanza en la esperanza.

Los vasos chocaron como campanas, y al igual que ellas atestiguaron que las horas morían, el sonido se tornó agudo, repicaba ensordecedor al otro día, norte, sur, este y oeste tenían resaca, los personajes habían guardado silencio, y también ellos brindaron.

Salud por los libros; excusas para seguirnos encontrando.

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