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No sabía muy bien cuando, ni cómo, no era tonto, no tanto al menos, pero no era tan listo, no había sido una trampa, él quería su iniciativa, su deseo hecho carne, su sexo hecho humedad, estaba cansado de los juegos, Y no iba a esperar ni a dar otra oportunidad y por alguna razón sentir que no tenía nada que perder lo llevaba a ser impulsivo e irracional, por eso cuando en la segunda cerveza ella le pregunto que deseaba él no vaciló se acercó a ella y comenzó a susurrarle—A ti, pero no seducirte, ni embaucarte, no quiero ser yo el que busque, sino el encontrado, te quiero a ti sobre mí, arrodillada frente a mí, debajo de mí, te quiero sudorosa, disfónica, te quiero a vos persiguiéndome, le dijo susurrándole al oído mientras la apretaba del cuello, y al terminar de hacerlo se separó y tomó su cerveza con la fiel convicción de haber perdido, ella lo miraba tenía en sus ojos una pequeña duda, era cierto, acababa de decirle todo eso, y ahora sin inmutarse, incluso parecía que ni siquiera sin interesarse mucho en su respuesta se alejaba a tomar de su cerveza.

No tenía idea de como actuar ahora, ella venía precisamente con la idea de sorprenderlo, de coquetearle, de fingir ser seducida, quería, pero no contaba con esa idea de ser la incitadora y la ejecutora, no había juego, y lo deseaba, sentir sus manos en las tetas, en las nalgas, sus labios en la clavícula, sus dientes en el abdomen, en los muslos, sentir su aliento recorriéndole la piel, el cuello, las tetas, sentir su lengua jugando en sus pezones, esos pequeños lametazos en círculos lentos en su sexo, y esos movimientos ascendentes y decentes, de sentir sus dedos entrando en ella, los dos del medio y lentamente acariciándola contra su vientre, mientras con su lengua continúa su vaivén.

Pensarlo la humedece, lo mira con hambre y con deseo, piensa en todas las veces donde ha sido esa putica incontrolable y se muere de ganas, en los cines con falda, en los baños de los bares donde se ha arrodillado, piensa en esa calentura torpe y pobre de adolescente, en las escaleras de los edificios llegando a casa, en los taxis donde la han manoseado, en los rapiditos en la cocina mientras su papá veía televisión en el cuarto, o la mamá iba a la tienda, piensa en cuantas veces ha querido hacer y deshacer pero ha dejado todo en manos del otro y entonces nada ha sido como ella ha querido, piensa en tener el control, piensa dominar, en mandar y se excita más, piensa en las veces que amaneciendo sola en un hotel o motel no tuvo a quien llamar y piensa, hoy no cariño, hoy no me quedo con las ganas.

—No nene, dice, mientras que con la mano corre un poco su camisa, dejando entrever un bralette morado, con algunas transparencias y encajes, —ves esto le dice mientras lo señala, hace juego le dice, le muestra sus uñas, están recién hechas y las de los pies igual, huele tu mano, sientes el perfume que tengo en el cuello, es el bueno, —luego toma su bolso y lo extiende, mete tu mano, sientes eso, el terciopelo es un antifaz, y la cuerda, la sientes, el otro es un pequeño vibrador, entiendes?

Ahora ella se levantó sonriendo, y le dijo despacito al oído —Tú no estás viendo la carta, tú eres el menú y camino despacio hacia al baño, desde allí le mando una foto de lo mojada que estaba y al volver, le entregó el panti empapado…

Podía sentir el corazón palpitándole con furia, arrítmico mientras que jadeaba, el aire no parecía quedarse el tiempo suficiente, cada bocanada la dejaba sin aliento al igual que la anterior y la siguiente, fura de sí, dos segundos balbuceaba, dos segundos mientras intentaba sentarse, mientras las piernas le temblaban. —Vos, dijo por fin al recuperarse de un orgasmo intenso, vos no me hiciste mujer, pero sí una putica, y cerro los ojos por un momento.

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