Primera sangre

La primera en pegar siempre es la vida

Recordaba la historia de Marcela, su amiga de infancia que se convirtió en mujer en un bus, en hora pico y sin estar preparada para ello, recordó la sensación descrita por ella y pudo ponerse en el lugar de la chiquilla de 11 años, sintió el olor, el líquido caliente recorriéndole la piel, la vergüenza y la humillación, las ganas de llorar; entendía, por fin entendía qué se sentía perderlo todo, olvidarse del pudor y acariciar la desesperación.

Estaba furioso, recordaba también el dolor que años atrás le había narrado María, la forma en cómo la adrenalina lo mitigaba, cómo el deseo terminaba haciendo que le gustara, también comprendía ahora la sensación de perder el control sobre el cuerpo, sentía al igual que ella sus piernas temblando, su garganta hecha un nudo y un extraño deseo que le impedía parar, una pequeña adicción a aquel sufrimiento.

No era distinto a cuando Jorge su amigo de la universidad le hablaba sobre su trabajo, sobre ese ardor punzante que le ocasionaban los cuchillos en la palma de la mano, en los dedos, esa necesidad de ocultar el líquido antes de que sus jefes de cocina lo descubrieran.

Creía incluso compartir el dolor de Cristo, su impotencia, la misma desesperanza que su amigo le había narrado tras ser asaltado y apuñaleado por la espalda por un ladrón, que sin mediar palabra prefirió ensartar su cuchillo entre dos costillas y que estuvo a milímetros de arruinar su pulmón derecho antes de robarle.

Fue lo mismo que sintió Javier, pensó, cuando su hermano, el médico, se convirtió por primera vez en cirujano, la misma fragilidad cuando estuvo a punto de perder su primer paciente mientras luchaba por detener una hemorragia.

Todos estos recuerdos le venían a la mente con una claridad descomunal, él los enfrentaba con una frialdad aterradora. Entonces recordaba la historia de Gerardo, ese amigo suyo que a los 15 años tatuó el pavimento con su piel, lijándose toda pierna tras caer en patines y el sufrimiento que lo invadió no solo por ocultar su herida si no por la limpieza realizada en el hospital después de que esta fuera descubierta por su madre, estaba seguro que pese a haber perdido la virginidad para ese entonces, era ese el momento en que se había transformado en hombre.

Uno a uno, imagen tras imagen, vivía cada experiencia, era un poco cada uno de ellos en ese momento, su sufrimiento era un poco el de ellos, su dolor, su tragedia, el miedo, la adrenalina que los había recorrido e invadido era la misma que él sentía.

Tin, tin, tin

La campana llegaba para rescatarlo, para darle un momento para entender lo que sucedía.

–Mantén tu mano derecha arriba–

–No descuides tu guardia, ¡maldito egocéntrico!, te dije, te dije mil veces que algún día te iban a tocar, que no siempre podrías noquear en un asalto–

–Arriba, levanta las manos–

Tin, tin tin

La campana sonaba de nuevo, y él tocaba su rostro hinchado camino al centro del cuadrilátero, sus guantes blancos por primera vez se manchaban con su propia sangre y él sonreía, disfrutaba cada segundo previo al inicio del segundo round.

Una pequeña Molestia

Molestia, dolor, exasperación del alma.

—No existe tal cosa, ninguna molestia es pequeña, en especial las pequeñas, nadie que haya experimentado una los sabe bien, no es el tamaño ni la intensidad, de hecho, parecerían ser inversamente proporcionales lo que las hace intolerables, pero su gran capacidad de destrucción no reside en su gran poder, por el contrario, es lo imperceptibles para los demás.

Ni siquiera los egoístas masoquistas encuentran placer en este tipo de dolencias debido a que la naturaleza de ellas las hace ajenas a todos, y es que no hay peor dolor que el que no puede compartirse, con el que nadie puede empatizar, pero con el cual todos quieren simpatizar, son simplemente insoportables.

Alguien mastica con la boca abierta, y hace Crunch, CRUnch, CRUNCH y la puta que lo pario, una gota en medio de la noche con su lup, Lup, LUP… qué cobarde, la vecina de arriba que taconea, la que encontró la única forma de hace que: la mujer esté arriba sea despreciable, toc, Toc, TOC, TOC, TOC, TOC… molesta, qué molesta.

Una agonía perpetua, con gusto cambiaría de lugar con Prometeo, porque cualquiera que me viera o escucha de mi martirio bien diría, pobre hombre, pero cuando el dolor es algo que solo voz conoces, algo de lo que solo uno como padecedor está enterado… argh que maldita suerte, un ánima en pena tiene  menos de qué quejarse, y además en su concepción misma está permitida el lamento, pero es que precisamente de lo que yo me quejo es de que se me ha negado el derecho de ser comprendido, de escuchar, realmente escucha lo que se dice. Es un poco como dice Sabines, otro lenguaje lateral y subversivo, que expresa realmente lo que quiere decirse, y por eso el: Dejá de chimbiar con esa tapa o te la meto por el culo, lo que realmente quiere decir es: Te confieso que no sé que me pasa, pero mi alma se perturba con el sonido reiterante que produce esa lata al variar de forma y cuando grito: Dejá la trompeta frustrado, lo que intento decirle a ese vecino al que desconozco es: Quizá estás omitiendo algunos pasos y quizá antes de retomar a la práctica deberías analizar los conceptos necesarios para alcanzar las notas pretendidas.

Pero y quiero que se preste atención a que esto que expongo solo debe ilustrar ese lenguaje Natural del que habla Sabines y de como un: Qué calor hace, puede significar también te quiero. Pero en esa pequeña molestia que puede transformarse la vida misma para quien sufre una fatídica alteración imperceptible, todo en la vida significa una sola cosa, el postergamiento de ese dolor.

—Mientras hablaba y manoteaba Marina no dejaba de reír, sabía que sería peor pero el monólogo de Jaime la tenía a un par de segundos de adormecerle los abdominales, el teatro en sí estaba en situaciones similares rodeados de carcajadas, sería imposible saber si a alguien más le recordaba como a Marina las quejas de Juan, su marido, que ante cualquier cosa reaccionaba siempre exasperado y manoteando, o las de su hijo Federico, quien ante cualquier frustración estallaba en una pataleta bochornosa y justo en ese momento, cuando todo el auditorio lloraba de la risa fue cuando Jaime retomó.

—Y mi molestia es esta, esta, que justo en el climax dramático de mi presentación, en el máximo momento de dolor, llegan ustedes como tío manicagado y manipesado a pegarle a uno justo en la herida con esa hijueputa carcajada.

Esto que les acabo de decir significa como lenguaje lateral y subversivo: Me agrada que hayan disfrutado de este pequeño monólogo en el que drama y humor se funden, pero tengo una ampolla que me está generando una pequeña molestia y en media hora tengo otra función, así que pasen una feliz noche y muchas gracias.

—Marina se puso de pie y aplaudió hasta que le ardieron las palmas, el auditorio parecía imitarla y en ese momento remato Jaime.

—Oiga y hay periodistas tan bobos que cuando llego con este monólogo a promocionarlo me preguntan que en qué me inspiré pa´ hacer esta obra…

—Las risas volvían y el bullicio variaba mientras abandonaban la sala, Jaime mientras tanto caminaba adolorido porque justo en la planta del pie gorda y llena líquido su ampolla que desde los 14 años, hace 20 años ya lo acompañaba casi de manera permanente debido a una dermatitis crónica que lo aquejaba hasta al llanto.

Llanto

Todos, y digo todos convencido, porque es la única forma en la que se puede tolerar tal abuso de poder de declarar a todos los seres humanos iguales, pero es imposible decirlo de otra manera, estoy seguro que todos hemos aprendido, que el llanto es la emoción más grande, se llora en los orgasmos, en las películas, en las iglesias, en los bautizos y en los entierros, se llora en navidad, durante el feliz año, en la ducha y antes de dormir, se llora de manera honesta, se finge el llanto, lloramos de la ira, del miedo, de amor, por amor… se suele llorar siempre, la vida no parece más que la extensión entre un llanto y otro y a medida que crecemos, se llora diferente.

Los niños por ejemplo, tienen un llanto explosivo y como casi todas las cosas que llaman nuestra atención, falso. El niño llora porque aún no sabe comunicarse de otra manera, aunque sepa ya hablar y formular con cierta coherencia frases e ideas, cada una de ellas carece de fuerza expresiva, el no podría decir que le duele un diente como si tuviera un pájaro carpintero en él, o que su estómago arde como un globo envuelto en llamas, y por eso su único atenuantes o agravante es la intensidad del llanto.

Los amantes solo saben llorar de desengaño, la amante y el amante solo lloran al traicionar sus expectativas, realmente nunca el llanto pertenece a un motivo externo más allá del de darse cuenta que algo que deseaban no va a cumplirse, es un llanto egoísta y aleccionador, llora para que no olvides que nada te pertenece, que aquello que querías no se cumple y que, a pesar del amor, el amor no es más fuerte.

Luego está el llanto de la melancolía, ese que produce el tiempo ese que es dependiente, que empieza con una sensación de agobio, una sorpresa que no conmueve hasta sacudirnos una a una las lágrimas del recuerdo, y que puede venir de una foto, un video, alguien que se parece a nuestro padre quizá ya muerto, o una escena en un comercial, película, novela, ni siquiera tiene que ser una buena escena, solo una pequeña conexión y los naufragan, las emociones azotan y arremeten contra los lagrimales y finalmente se desbordan en recuerdos, tu viejo riendo, tu viejo haciéndote reír, o un juguete, o un color… de alguna manera el tiempo lo conecta con un recuerdo y hace llanto. Llanto sorpresa.

Y el rey de los llantos no es ni un cocodrilo ni un cucuy, ni el poema de Oliverio Girondo, ni se pueden seguir las siempre las instrucciones que propuso Cortázar, el mejor de todos el más dolorosos, sinceros y solitario, es el llanto de las madres. Y habrá que excluirse acá el llanto que se manifiesta, porque generalmente ese que se ve es el de la ira, o un llanto alegre, en cuyo caso es corto, humilde, del llanto que hablamos, es del ausente, de ese que comienza con un silencio en medio de una discusión, se extiende por un par de horas hasta que la madre encuentra un escape, un sitio en soledad y entonces llora, llora el alma, el miedo las angustias, llora los tragos del hijo, las drogas, los fracasos del padre, los miedos, las enfermedades, llora las deudas y las decepciones, llora sola sin quien la consuele, porque una madre es ante todo el último bastión, y ella no está dispuesta a compartir ese llanto con nadie más, a menos que sea otra madre, y por eso entre amigas se reúnen y lloran, lloran las guerras y los muertos, lloran como si su llanto fuese a salvar el mundo, y no dejan de llorar aunque sepan que ni siquiera su llanto puede salvarlo.

Falsas palabras

Expresiones

— Tenés que entender que es solo una expresión, que tiene fuerza porque así son las expresiones, incontrolables, delatan, pero sobre todas las cosas, tienen una fuerza única, las expresiones tienen tono y sabor, no está para nada fuera de sitio el hecho de que las expresiones sean entonces tan difíciles de traducir, >Feel like blue< dicen los gringos cuando se sienten tristes, >me cago en dios< los españoles cuando algo les sale mal, >no tienes abuela< los catalanes cuando pretenden borras tu ascendencia genealógica, Eureka supuestamente los científicos ante un hallazgo y…

—Comé puta mierda— interrumpió Alejandro y continuó diciendo: los editores a los escritores Joaquín, no me importan tus expresiones, a nadie le importan estas cosas ya, lo único que te pido que escribás es lo que se vende, no tenés que firmarlo, ser un fantasma como lo has sido con todos los que se han preocupado por vos alguna vez.

—Ah no, eso no, yo puedo desaparecer con facilidad de la vida de las personas, me cansa intentar convencerlas de que me hagan un lugar, o que ellos tienen justo el que merecen en mí, las demostraciones se las dejo a los matemáticos y los físicos, mi amor por los demás es como la prueba de los dioses un salto de fe, el que se va, es porque así lo ha deseado, o porque ha intentado al mejor estilo de los creyentes de closet (así llamaba Joaquín a los ateos, ya que no se explicaba porque dedicaban tanta energía a algo en lo que gritaban a voces no creer) forzar su existencia, de esos y esas puedo hacer así: tronó los dedos y un “zap” retumbó en el pequeño café, pero de la escritura no voy a irme nunca, lo que escriba lo firmo, no quiero que años después si tengo la fortuna de escribir algo algún día que pueda pagar las cuentas que los críticos vayan después a decir que: mientras alcanzaba un lugar en la literatura escribió para no morirse de hambre. Jamás he escrito con ansias de dinero, el que se muere por esa basura sos vos Alejandro, vos, a mí me tiene sin cuidado, la revista va mal, horriblemente mal, pero aún así puedo comer arroz con huevo.

—Vas a quebrar—

—Ese es mi secreto capitán, siempre estoy quebrado—

—No me hablés en frases de películas y memes que sabés que lo odio—

—Es lo mismo que yo te he dicho sobre no proponerme que siga escribiendo cartas y discursos políticos y miranos acá—

—Lo hago porque es lo único que te sale bien—

—Si es lo único que me sale bien, decime Alejandro, porqué estamos teniendo esta discusión—

—Porque por más bella que te parezca la hija de puta expresión, el presidente no puede decir: Al que no quiere caldo se le dan dos tazas, y menos si está hablando de un nuevo impuesto—

—Aligera el golpe—

—Aligera tu cuenta, esto no nos lo van a pagar—

—Solo tienes que decirle que es para que parezca más coloquial—

—No es tan estúpido Joaquiín—

Joaquín estalló en una carcajada, y luego respondió: cómo podés decir eso del tipo que un día leyó: Este es su discurso señor presidente por favor léalo y si tiene alguna duda avíseme y durante una conferencia de prensa.

—Mirá Joaquín de esa no sé cómo volvimos, pero te juro que de esta no salimos así de fácil, si le mandás esto así, tu vida como escribiente ha terminado.

—Una genialidad, eso es lo que quiero, que acabe mi vida de escribiente, que empiece la de escritor.

El editor exasperado rio amargamente y dijo: Esa vida ya la tenés muerto de hambre.

—Ah que dulce expresión— dijo por fin Joaquín levantándose de la mesa, y respondió: —Lo soy, lo soy, soy un escritor sin precio, un impagable, que nadie me ofrezca una moneda, te lo he dicho mil veces, cuando quiero escribir, escribo gratis, olvidaste que tu editorial no me paga.

—No te vendes—

Corrección dijo Joaquín —No me vendes, ese es tu trabajo—

—Cómo voy a venderte si no sos capaz de hacer bien un discurso como el que te encargue—

—El discurso está bien hecho— respondió seco y ofuscado

—EL PRESIDENTE NO PUEDE DECIR ESO AL AIRE—

—Es el presidente, puede hacer lo que quiera—

—Vos estás mal de la cabeza, mirá lo que escribiste dijo y comenzó a leer con vos impostada: En materia económica es innegable que ha habido un crecimiento (hubo un corto silencio) y continuó, un crecimiento en nuestras obligaciones con países extranjeros por eso es momento de entender que en este país las deudas son comunitarias, y que aunque no nos gusten los reajustes financieros, las decisiones deben tomarse y al que no le gusta la sopa, se le dan dos tazas—

Joaquín estalló en una carcajada —es oro puro—

—Nadie va a respetarlo—

—Ese barco ya zarpó—

—No pienso enviarle esto al presidente—

—Joaquín encendió el televisor del café y sintonizó rápido el canal nacional— No es necesario dijo, él ya tiene discurso

—¿ESTE DISCURSO—

—Que te odie a vos por conseguirme este trabajo de mierda, no quiere decir que sea imbécil o que odie el dinero, no, el tiene uno de verdad, así que no te angusties, este mes este muerto de hambre va a darte de nuevo con qué pagar tus cuentas, animal.

Feliz año

Cuando dieron las 12 pudo ver a su alrededor como todos quemaban su lista de propósitos para el año nuevo, como se atragantaban con uvas o corrían con sus maletas alrededor de la cuadra, los imaginó semanas atrás buscando la ropa interior amarilla más reutilizable que se pudiera, y esa mañana separando las lentejas que tendrían en sus bolsillos, al verlos a todos con sus latas de muñecos para quemar junto a sus propósitos suspiró, cerro los ojos y tomó un trago largo y pausado.

—Y tus propósitos, no tenés agüeros— le preguntó una mujer en la terraza del hotel en la que se encontraban esperando el nuevo año

—No tengo, ni quiero tener—

—Y por qué subiste— preguntó ella con curiosidad genuina

El sonrió mientras señalaba el carrito del minibar con su vaso y agregó: — No me gustan las falsas promesas, nunca he podido leer un libro desde el comienzo, lo confieso, aborrezco los principios, no me gustan ni las promesas ni las mentiras y de eso están plagados siempre los prólogos, las introducciones o las pequeñas reseñas de los autores, puedo probarlo:

Sobre Sándor Márai escriben: nació en 1990 en Kassa, una pequeña ciudad húngara (quieren decirme que tiene un origen humilde, que su trabajo y por ende su obra conoce la vida real) y continúa: que hoy pertenece a Eslovaquia. Pasó un periodo de exilio     voluntario (Quienes se exilian son los perseguidos, es un forajido intelectual, un hombre         peligroso para los órdenes establecidos) … en fin la adjetivación involucrada en los libros está hecha para condicionar mi posición frente a ellos.

Otros ni siquiera esperan a la portada y tienen sobre ella una pequeña cinta con más zalamería de la que se atreverían incluso a pronunciar frente a los autores, por ejemplo en las campanas no doblan por nadie: “La cara b del sueño americano” (acá sobra cualquier cosa que pueda decirse, es tan escueto que será todo lo contrario a lo que la gente piense que es su sueño americano), también dicen “El Bukowski más salvaje” (Una promesa increíblemente difícil de cumplir, porque es muy personal, para mí el Bukowski más salvaje es el que folla con una mujer que folla con animales salvajes, no sé si el que está ahí   dentro si quiera lo iguale) o esta una máxima difícil de siquiera igualar: “a quienes amen a Buk(utiliza además una cercanía y confianza indigna), este libro les va a dejar saciados, ebrios y con una sonrisa en los labios” qué forma de crear expectativas.

Cuentos completos de Nabovok empieza así: Uno de los más extraordinaros escritores del siglo XX. Contundente, directo, casi te grita no estás a la altura de este libro.

La próxima vez que tengas un libro a mano tómalo, y trata de encontrar esa mentira que le ha sido tatuada antes de la obra y por favor; omítela, empieza el libro con la libertad de no saber que te espera, sin sentirse intimidada o condicionada por su autor o temática, naufraga en él, púdrete con él, pero no creas nada de lo que ha sido dicho por otros sobre la obra. Mienten todos esos pequeños hijos de puta mienten. Igual me pasa en general con los trailer de las películas y con los propósitos de año nuevo.

Siendo realistas esa pareja de recién casado espera que el amor dure para siempre, la pareja con sobrepeso espera adelgazar o que no los dejen por el sobrepeso, la soltera dejar de serlo, aprovechar mejor su tiempo… es mentira, todo es mentira

—¿Y yo?, qué quiero yo—

—Las que preguntan son complicadas, desean algo, pero tienen poca confianza en que se cumpla, les encanta sentirse comprendidas, pero también ser impredecibles, confían en ellas, pero desconfían de los demás… no sé que desea, no tengo ni idea, pero capaz podamos descubrirlo con un café o aprovechando el momento con trago, qué se toma?— Dijo sonriendo, con los ojos amables.

Ella, aún jugaba con la última uva en la mano, la subió lentamente hasta sus labios y antes de ponerla en ellos le dijo: Un beso, lo que yo deseo es un beso para comenzar bien el año. —Dejó allí y lo besó empujando la uva a su boca, él mordió la uva y su labio inferior. Feliz año breve antes de continuar con el beso y aprovechó para botar la pepita de la uva.

Una ventana

Ventaneando

—Me gusta la gente que ve por la ventana, me parece que se han dado cuenta de algo más, que se reconocen prisioneros y expectantes, no se consideran mejores que el resto por eso, solo están más tristes, con el alma rota, quizá es eso, quizá es el hecho de que creo que piensan, pero me agradan, la verdad es que no tengo nada que lo pruebe más allá de mi propia experiencia y no puedo confiar en ellos frente a lo que dicen pensar cuando ven por la ventana porque muchos dirán en nada, también por mi experiencia sé que cuando se dice que se piensa en nada, realmente esa persona está pensando en cosas que considera insignificantes o poco relevantes para los demás, eso o en sus mayores perversiones y deseos. En ambos me gustaría ojear, pero de nuevo no puedo confiar en ellos.

Mientras Pedro decía esto fumaba con los ojos perdidos, en dirección a los ojos de Andrea, pero tan ausentes de foco que su mirada la incomodaba no por una de esas otras miradas que ella conocía y en las que al preguntarle ya le había dejado claro en lo que pensaba, en chuparle de nuevo las tetas, en cómo se veía su cabello suelto mientras tenía sus manos sujetas sobre su cabeza, en su respiración agitada, en la pequeña mancha de humedad que debería estarse haciendo en el borde de su tanga… no, no era esa mirada, en esta mirada ausente, ella no existía, Pedro estaba ignorándola completamente, hablaba con él mismo y eso ella, ella no podía tolerarlo. Andres era una morena que nunca en la vida había sido ignorada, 1.70 delgada, labios gruesos y ojos tan oscuros que la pupila casi se fundía con el iris, le gustaba la atención además así que su ropa no solía ser solo elegante, sino sensual, sugerente pero con clase, era una mujer para follarse en tacones, y una cara de sé lo que estoy haciendo que hacía una sola promesa, me hacés venir o te mato, esa es la verdadera cara de una femme fatale, así que estiro su mano larga y delgada, agarro por los huevos a Pedro y le hablo clarito: Miré Pedro, miráme bien, no soy una ventana para que mirés a través de mí, soy el paisaje, soy el fin y no el medio, cuando me mirés a la cara vas a mirarme a mí y no a tus pensamientos, si estás acá, estás acá, porque a mí no vas a ningunearme pasándome la vista de largo.

Pedro se escurrió como una babosa en una lluvia de sal, la ventana la habían cerrado violentamente, los huevos producían ese dolor aguda que doblega a todos los hombres y que hermana naciones, el único lenguaje universal es el dolor de huevos, todos los hemos sentido, la reacción es siempre la misma, se cierran los ojos para luego abrirlos tan grande como se puedan, se baja el tono de la voz, (como calibrando una consola de audio) y se expresa en un grito de niño cantor que calma, que pare, que por favor se hagan las paces, esa fue la cara que Pedro, ese fue el movimiento realizado, y cuando ella finalmente dijo: Está claro Pedrito, —Está claro— respondió él con la voz ya entre cortada.

Así que pedro aprovechó el momento en que la mano de Andrea dejaba de asfixiarle las ideas, para pensar seguir hablando con el mismo, pero esta vez en voz baja: Dicen que los ojos son la ventana del alma, pero no para ver el lama de los demás, NO, el alma no es más que la consciencia y la consciencia no es más que nuestra construcción pero sí es real que son solo una ventana, para explorar el afuera, que la consciencia era solo producto de la reflexión y seguramente hubiera llegado a otras ideas, más profundas, pero también descubrió que toda ventana se torna borrosa para sentir, porque ahora la mano de Andrea ya no apretaba demasiado, sino que lentamente masajeaba de arriba abajo los huevos y el tronco de su verga, y así, así no hay tiempo para pensar.

El vuelo feliz de Rocamadour

Volar es siempre traumático, y él lo adoraba, viajar era claudicar a ser dueño de uno mismo, renunciar a la comodidad, viajar es sufrimiento, Schopenhauer estaba en lo cierto, la vida lo es. Por eso nunca había entendido a los ingenuos que viajan en búsqueda de la felicidad, si existe amigos, está dentro de las botellas o de un sexo caliente y húmedo, fuera de una de esas dos posibilidades, la vida es solo una suma de intervalos de la actividad sexual.

El sexo también es doloroso, si hay dolor, un pequeño y esporádico dolor, todo se está haciendo bien, pueden ser sus uñas rasgando la espalda o un mordisco en la tetilla, una bofetada sorpresiva algo de asfixia… un pequeño dolor que marque el ritmo y el paso, lo bueno duele, cuesta se sufre, lo que no aburre.

Sin embargo los dolores fortuitos no enseñan nada, ni son útiles, él secía que amaba volar aunque fuera traumático, pero eso no era una contradicción, del vuelo amaba el viaje, pero volar le resultaba detestable, los niños que lloran, los obesos y las obesas, para que no digan después que no hay alusión a la mujer que no sea de carácter sexual, esos obscenos y mórbidos cuerpos gelatinosos pasando por encima de los pasajeros rumbo al baño porque sus riñones saturados de grasa y recubiertos de su amarillosa falta de voluntad no pueden conservar los líquidos, y que cada que toman una gaseosa más se abalanzan como una avalancha sobre el cuerpo vulnerable del pobre individuo que se interpone entre ellos y el pasillo, porque si algo le gusta a un obeso más que suicidarse a cuotas es convertirse en un estorbo y una amenaza para los demás, por eso frotan sus sebosos pechos contra el rostro de los viajantes. Pobres los que lo sufren.

El siguiente elemento que odiaba de los viajes, eran en realidad dos distintos, los niños y las señoras que rezan, los niños pueden llegar a ser tolerables si sus padres son firmes y ellos bien educados, de lo contrario, esos mocosos malcriados deberían viajar en la bodega, con las otras mascotas, porque sin educación ni buenos modales, es preferible un perro que un niño.

En todos esos pensamientos se encontraba la mente de él, de Valdano, el famoso cuentista infantil cuando en medio de su vuelo, la tensión usual que le producían los aviones se vio interrumpida por un grito estruendoso.

¡No respira, no respira! ¡Ayudaaaaaa!, un médico para mi bebé.

En medio de sus pensamientos Valdano no se había percatado que desde hacía un buen rato nadie jugaba con la mesa de comida ubicada en el espaldar de su silla, ni que los lloriqueos habían cesado por fin, el silencio que ahora se interrumpía, el de sus pensamientos, se vio cortado por un grito doloroso y asfixiado, pues gracias al comportamiento del infante había recurrido a su imaginación y ahora el grito lo despertaba justo cuando se había alcanzado la velocidad crucero, cuando ningún aeropuerto estaba cerca para aterrizar de emergencia, por fortuna, y ante la situación de una madre joven con el cadaver de su hijo en brazos, el avión estaba completamente en silencio, y Valdano extasiado, había decidido que su próximo cuento se llamaría Rocamandur; un vuelo feliz o algo así y sería un cuento para irse a dormir.

Justo en el momento en que sonreír Valdano empezó a recordar haber sentido un dolor punzante en las entrañas, y cómo la vista se le nublaba, como las manos fueron enfriándose como si las hubiera metido en un barril lleno de hielo en busca de una cerveza fría, recordó también su carrera intentando mantener la consciencia rumbo al baño, recordó sentarse en el inodoro, recordó la sudoración y el temblor recorrerle el cuerpo, supo además que nada de lo que lo había alegrado había realmente ocurrido, que solo había una mortaja en el vuelo o la habría muy pronto y que era él, que su cáncer de intestino le había estallado y que el niño jugaba aún, que todo su sueño, no era más que el recurso agónico de un hombre que antes de morir había querido imaginar la felicidad volando.

Diván

Luís caminaba erguido, no saludaba a las enfermeras ni a ningún paciente en la recepción estaba alterado, siempre estaba alterado y nada lo distraía.

Emilio, su siquiatra sabía que sería una sesión larga, Luís no tenía nada mal, era consciente, pero su alma era muy débil, todo lo afectaba y de la ira a la depresión brincaba en cada momento, era un hombre triste, todo lo afectaba con tanta facilidad que sus crisis nerviosas iban en aumento.

—¿Todo bien Luís? —

—No, doc., nada está bien nunca, usted lo sabe mejor que nadie—

—Contame, ¿qué te pasa? —

—Todo me pasa, me estoy enloqueciendo doc., me estoy convirtiendo en mis miedos, en los personajes de los cuentos que leo, por favor enciérreme, aísleme, necesito estar lejos de todo y de todos. —

Emilio lo miraba mientras el hombre estaba acostado en el diván visiblemente afectado, le producía una lástima grandísima, Luis era demasiado sensible a la vida, y en su trastorno no distinguía entre la realidad y la ficción, pero el estar consciente de ello impedía considerarlo loco.

—Luís, tenés que entender que no puedo considerarte ni declararte loco, vos simplemente te sumís en los sentimientos de una forma que no es sana; pero no es locura, te entregás a cada momento de una manera ridícula, das un paso al frente incluso cuando sabés que hay un precipicio frente a vos, pero ese paso lo das de una manera consciente, lo sentís crecer dentro de vos y aún así caminas con la frente en alto.

— No doc., hay un punto en que dejo de ser, no sé describirlo, pero Horacio me dice que me refugie en la metafisica de las palabras, Erdosain me invita a vivir en la humillación para ser feliz, el Moteca se maravilla con todo lo que es normal, Lord Henry quiere que señale cualquier falta de astucia, Chinansky solo me pide que me tire todo, que pelee con todo, es abrumador, luego solo está la laguna y la depresión, entiéndame no soy yo, me pierdo entre ellos, me secuestran el cuerpo y viven a través de mí—

Emilio guardaba silencio, la historia de este hombre era inusual, hace mucho lo trataba por cuadros de depresión e ira, pero él juraba no recordar lo que sucedía. Lo peor es que cuando hablas con él es un tipo lúcido, inteligente si quiere, pero lleno de dudas, de miedo. Le aterra vivir una vida plana, sin fantasía, se enamora tanto de los personajes que se pierde.

—Luís, lo tuyo es exceso de imaginación y no puedo ni medicarte ni recluirte por eso, para vos lo único que puedo recomendarte es el autoconocimiento, quizá algo de yoga, pero no puedo declararte loco solo porque tenés miedo. — Luis lloraba como un niño al que se la ha negado un capricho, mordía los cojines y apretaba su rostro contra el diván.

Emilio contemplaba la escena conmovido era un niño, Luis nunca había crecido, seguía siendo un niño, confundido, aún sin definirse, sin encontrarse, en su opinión profesional todos lo son, pero el caso de Luís era diferente; crónico, era más niño que los demás.

Luís lloró el resto de la sesión, sin medirse, desde fuera parecía un lugar de vacunas y no una terapia, este niño sobredimensionado, desatendía toda lógica.

—Ya está bien Luis, sácalo todo, llora todo el dolor, todas la dudas, llora y sácate el malgenio, la frustración, llorá que las lágrimas están permitidas para los niños, llorá como una catarata inagotable, convertí el sudor en lágrimas, tu incomodidad, los nervios, llorá el corazón, el páncreas, si alguien puede hacerlo sos vos. —

Luis sorbía los mocos junto con las últimas lágrimas, estaba tranquilo y cansado, exhausto.

Sin esperanza

─Estás raro hoy─

─Sí, lo sé─

─Pasó algo ayer─

─Sí y no, no es lo que piensas─

─¿Entonces?─

─¿Por qué estoy raro?─

─Sí─

─Por que el mundo cambió─

─De la noche a la mañana─

─No, ni siquiera tuvo que amanecer, bastó un minuto durante la noche─

─De qué estás hablando, qué tuviste una rvelación, Ya no me querés más─

─No tiene nada que ver con vos, o con mi cariño con vos, y entendé de una buena vez que no todo mi mundo sos vos, sabes que te necesito acá a mi lado, no te lo tomés así por favor, no ahora.─

─Entonces qué fue─ dijo ella con los ojos aguados, la voz dolida y el corazón en la boca.

─Recordé algo─ dijo él con los ojos llorosos, la voz dolida y el corazón en la boca

─Qué cosa─

─Qué nada va a estar bien─

─Cómo así─ Respondió ella con la voz angustiada, con la mirada rota, me lo prometiste ayer, lo acusaban sus ojos, ayer me juraste que todo iba a estar bien, la alegría y la esperanza se le transformaban ahora en rabia y angustia, ─lo prometiste─ casi susurró mientras escondía sus lágrimas.─

─Lo sé, pero no quiero mentirte─ Dijo él que pudo escucharla entre sus sollozos, ─Pero aunque todo vaya mal seguiré aquí, y lo seguiremos intentando, pero es mentira que todo vaya a estar bien, nada nunca lo está, lo sé desde los 12 años, solo que lo había olvidado, lo he recordado justo antes de dormir y no he podido dormir al recordarlo. Mi padre estaba en casa, él siempre generó en mí esa sensación que tuviste ayer, que todo iba a estar bien, que mientras que él estuviera ahí éramos inmortales, invencibles.

─Pero lo suyo fue cáncer─

─No hablo de su muerte, papá no murió a mis 12 y lo sabes, fue algo más, fue como todas las cosas en la vida, al menos como todas las importantes, algo sumamente simple, el viejo había vuelto antes, mucho antes de uno de sus viajes, nadie lo esperaba y aunque llegó sonriente y cargado de regalos intuí que no era normal por la cara de sorpresa de los demás, mis sospechas guardaron silencio con los regalos, estaba feliz de verlo y las razones no importaban pensé─

─Pero sí importaron─ lo interrumpió ella tratando de adivinar lo que seguí

─Sí, lo hicieron, a papá el mundo acaba de cambiarle, y a mí con él, esa noche, no hubo discusiones ni preguntas, no descubrí lo que pasó debido a una discusión o altercado, fue peor, iba rumbo al baño y en medio de la oscuridad, de la noche y el desconcierto que siempre habita en un recién levantado algo me perturbo, a los 12 años si algo se conoce bien es el miedo y sus efectos, y en medio del silencio abrumador de la madrugada, los gritos de mi padre me turbaron, corrí pero no tuve el valor de verlo, lo escuchaba sollozar, como un niño muerto de miedo, como un hermano si yo hubiera tenido un hermano menor, y entonces el telón se cayó, la vida se quedó sin suelo. Nada va a estar bien, no puedo prometerte eso, desde ese día sé que toda esperanza es falsa, pero hay coraje, y con coraje hay con qué hacerle frente a todo, las cosas van a ponerse feas, nos va a tocar pelear con uñas y dientes.

Sofá-Cama

—Existe el amor como emoción independiente y el sexo como acción independiente, la felicidad puede vivir sin el amor, podes ser feliz sin amar, podes estar triste sin amar, incluso puedo amar sin sexo y tener sexo sin amor, elevo mi apuesta y te digo que lo disfruto más de esa manera—

Ella lo miraba con los ojos vacíos, cada palabra que decía le confirmaba que aquel hombre que podía despertar tantos sentimientos a través de sus cuentos no comprendía el poder ni la dimensión de los mismos, para él todos eran parte de su ficción, era eso o que tenía miedo afrontarlos, era bien o cobarde o ciego. Su reflexión le parecía tan alejada de aquel hombre de ojos abiertos y con la boca tan grande que parecía podía comerse al mundo.

No podía ser de esa manera, no podes escribir de lo que desconoces, aunque puede emularse. Entonces, era un insensato o un manipulador, no había maldad en él, pero carecía de bondad, era un tipo raro, primitivo, tan frío y racional que reducirlo a palabras se tornaba confuso.

—Vos estás un poco loco, no es nostalgia, es demencia creer que todo carece de magia al perder la novedad, tengo que decirte que desaprovechas los momentos, que no los disfrutas en su totalidad por ese miedo a perderlos, es como ver una vela consumiéndose y no alegrarse con la flama si no entristecerse con la cera que se derrama y se agota. —

Podría tener razón, pero lo creía improbable, no hay una moral que se amolde al individuo, y por ende dos personas no pueden estar bien o mal con base a ella, son diferentes, pero sus elecciones y visiones no los hacen estar acertados o equivocados, solo diferentes. ¿Era tan difícil de comprender?, era tan extraño que él, jadeante, sudoroso y después de haber disfrutado de una cama tan ardiente como había sido ese sofá se le negara el placer sentido simplemente porque pensaba que de existir otro encuentro nunca podría igualar en deseo y furia el que se había desatado…

¡No!, su visión del mundo no podía ser desacreditada simplemente porque otra fuera diferente, sin duda el encuentro era enriquecedor, y en eso estaba la magia, pero como todo truco, una vez develado el secreto, solo era una acción mecánica y repetitiva, su belleza era fatalista, la de ella esperanzadora, era solo eso, eran diferentes.

—Quédate—, —Vamos a la cama y dormí— le dijo ella al notar que sus ojos se cerraban y ver que no conseguía la siguiente erección que ella necesitaba, soñar seguro lo convertiría de nuevo en un orgasmo, recuperar sus fuerzas, era lo único que él necesitaba para acallar sus diferencias.

—No puedo— dijo él secamente, no era que no quisiera comerse de nuevo su entrepierna, no era ausencia de deseo, él había devorado su cuerpo teniendo presente que quizá nunca volvería a verlo de la misma manera, que una vez levantado el telón no podría de nuevo imaginar el tamaño o el color de sus pezones, el olor o el sabor de su coño empapado, el sonido de un jadeo o un gemido, él había lamido cada centímetro que deseaba, mordido cada rincón que le apetecía y su orgasmo era prenda de su palabra, pero para ella era insuficiente, su deseo de ser devorada una y otra vez con la misma pasión, era una demanda que estaba lejos de poder cumplir.

Había aceptado que sus diferencias no necesitaban una tregua de sábanas, él debía apartarse del camino, recorrían sentidos diferentes, se habían cruzado por casualidad y si se quedaban su encuentro podría retrasarlos, sumergirlos en una burbuja de insatisfacciones que tarde o temprano explotaría, llevándolos a los dos a sentir que todo lo sucedido o había sido mentira, o digno de arrepentimiento, y eso no lo permitiría.

Él estaba seguro de haber disfrutado el ver como al igual que la cera de la vela su esperma se desparramaba por el abdomen sudoroso de ella, y sabía que ella había disfrutado como la flama que al consumirse devora el pabilo hasta extinguirse…