Un Sacrificio Voluntario

Cazadores y presas, la vida es simplemente binaria.

—Juliana está cazada, sí con z, no es un trofeo sobre una chimenea, la cazaron, pero no está muerta, tiene fuego aún en la mirada, no da vueltas en jaula, la ignora, no sucumbe ante el parloteo de las loras vecinas, ni ante el vuelo de las visitantes… ella también cazadora solo aguarda, los colmillos ocultos, las garras escondidas, la voz, su rugir, su rugido, en silencio.

Así son las Leonas, esa prisión ficticia no las inmuta, no las cansa, es pasajero se dicen, y recuerdan la boca empapada de sangre, los gemidos rasgados de una gacela, búfalo, new o jabalí ahogándose en su boca, haciendo gorgotear la sangre, ella recuerda a un León que la monte 256 veces seguidas en el mismo día, ella recuerda otras leonas con las que comparte sus presas.

—De qué mierda estás hablando

—Dejate contar

—Pero dijiste que ibas a hablar de una vieja, de tu sacrificio voluntario

—A eso voy, dejame, la idea la tuve hace unos días, aunque no conocía a Juliana en ese momento, se la debo a Dalí, no el pintor, bueno no el que vos conocés, él contaba la historia de un hombre y una mujer que vio en un programa de supervivencia, de esos en los que son solo dos personas, un equipo de producción, transporte y servicio médico cuando lo necesites, de esos vacíos y sin ningún rollo real, televisión pura y dura, el caso es que había un Neardental y una Hadita, es decir un hombre tosco, sin tacto, de los que puede afeitarse con una roca, y una nena hippie, blandita, de las que no come nada que produzca sombra, en fin que el programa los pone en una situación donde el capitán cavernícola caza un jabalí y para celebrar lo insultaba cuando estaba en el suelo, le recriminaba su falta de astucia y poder, mientras se aclamaba como el mejor guerrero.

La Hadita se le enoja y le pide respeto, pero no porque matarlo, sino por mofarse, le pide gallardía y orgullo al eslabón evolutivo, le recrimina su falta orgullo, su poco honor, la cosa es que el tosco entiende, y cuando Dalí me contó, entendimos algo, un cazador no se precia de presas, un cazador come, si sos un cazador no necesitás humillar al otro en la derrota, es más una buena presa es por decirlo un sacrificio voluntario, una buena pelea, no se rinde, no se vuela, no juega sucio, por el contrario cuando siente que el cazador necesita adrenalina encara, cuando intuye que se cansa y cree que puede escapar, siente el dolor de sus piernas y se reconoce exhausto y perdido, pero entonces planta cara, ataca, quiere su honor en la batalla, quiere que su alma arda antes de entregarla.

—Te volviste a ver el rey león trabado

—Dejá, no me cortés

—Seguí, seguí, pero te juro que cansas

—Bueno, ya, el rollo es sencillo, Juliana es una cazadora cazada, y me vio, y el instinto le está empapando la tanguita, la humedad se le escapa y le chorrea por las piernas, y yo, la provoco, la miro y le sonrío y puedo ver esos ojos con ganas de dar pelea, la tiento y le temo, porque se le ven las ganas, tengo aún la ropa puesta porque ella lo quiere, no estoy en una cama porque ella aún no lo permite, juega con su lengua en la boca y yo la siento en el cuello, en las orejas, me habla de sus orgasmos, de sus tetas y yo quiero embestir, quiero entregarme y dar lidia, pelea, quiero el dolor, el cansancio, vos sabés que a mi edad un buen polvo deja hecho polvo.

—A tu edad el polvo viene en pastilla, y hecho polvo te deja agacharte a buscar las pantuflas

—No, a esta la encaro sin pastillas

—A tu edad, te mandas hasta pastillas para resistir las pastillas

—Pero esa vitalidad se pega

—Cuántos años tiene

—25

—Viejo loco, a tu edad esa leona no es un polvo, es un infarto

—A mí edad y es un último capricho, llamémoslo, un sacrificio voluntario.

Tinta hecha polvo

Catalina esta sobre la cama, bueno para ser más exacto estaba sobre una verga argentina saltando desesperada y Facundo le pidió que gritara que quería sexo, la idea no le pareció mala, tampoco mentira, quería, necesitaba sexo, deseaba seguir siendo penetrada, deseaba que esa verga fuera más gorda, más larga, quería aumentar la fricción y la velocidad, en ese momento Catalina era deseo vivo así que gritó, gritó que quería sexo, gritó que quería más, gritó que quería ser follada, gritó fuerte, gritó mientras se corría, gritó mientras los músculos de su abdomen se contraían, mientras los dedos de sus pies se le tensionaban, gritó mientras sentía que su cerebro estallaba, gritó a través de sus labios, de los pezones tensionados, Catalina gritó a través de sus ojos cerrados hasta que sintió que se materializaba su deseo.

Una voz en su espalda la hizo sonreír, cabalgaba gozosa, cabalgaba complacida, porque dos manos fuertes le apretaban ahora las tetas.

‑Ahora sí vas a gozar

‑le susurraron al oído, mientras que ella complacida se dejaba ir hacia adelante dejando expuesto y en su puesto el culo del cual orgullosa presumía.

‑Sí gritabas era una señal, le decía ahora su amante, mientras que el nuevo integrante enfilaba hacia su trasero, mientras sentía el roce de una nueva verga en sus nalgas.

Catalina le contaba la escena a un mal amante que había llegado borracho y no era lo suficientemente digno para aceptar su fracaso e irse, así que se había quedado adormir en su apartamento, y para colmo de males tras mal polvo era curioso, por eso había decidido humillarlo, decirle el polvo que había decepcionado, mencionarles las oportunidades que se había perdido por su mal desempeño, abrirle la ventana al circo erótico al que nunca tendría acceso, esa sería su venganza, lo pasearía por cada una de sus perversiones, le hablaría de lo que otros hombres, verdaderos hombres sí habían hecho por complacerla, lo que su curiosidad la había llevado a hacer en soledad, en público, en un cine, en un avión, con unas amigas en una noche de copas, le contaría de esas noches donde el sol había salido demasiado temprano para su gusto, de esos fines de semana en los que nunca hubiera deseado volver.

Pero el borracho la miraba extasiado, le pedía detalles, le suplicaba por más historias, el libido le hervía en los ojos, estaba jadeante, no tenía un orgasmo, era el orgasmo, la tortura no surgía efecto, el hijo de puta la disfrutaba más que a sus tetas, sus hermosas tetas, sus deliciosas tetas, sus recién retocadas tetas, el estrechamiento vaginal que recién había recibido tampoco parecía haberlo impresionado tanto, y aunque su oral lo consideraba exquisito, al parecer lo más excitante que podía hacer con su boca para ese ebrio despreciable era hablar.

Ella por vil morbo y por puro ego siguió hablando, la noche de sexo se convirtió en una noche de historias, donde revivió cada orgasmo que recordaba, al terminar por fin los dos durmieron con una sonrisa en el rostro, una noche placentera.

Esa sonrisa le duró semanas a catalina, y quizá hubiera sido eterna sino se hubiera nunca encontrado con un cuento que empezaba diciendo: Catalina esta sobre la cama, bueno para ser más exacto estaba sobre una verga argentina saltando desesperada y Facundo le pidió que gritara que quería sexo, la idea no le pareció mala, tampoco mentira, quería, necesitaba sexo, deseaba seguir siendo penetrada, deseaba que esa verga fuera más gorda, más larga, quería aumentar la fricción y la velocidad, en ese momento Catalina era deseo vivo así que gritó, gritó que quería sexo, gritó que quería más, gritó que quería ser follada, gritó fuerte, gritó mientras se corría, gritó mientras los músculos de su abdomen se contraían, mientras los dedos de sus pies se le tensionaban, gritó mientras sentía que su cerebro estallaba.

Final

Escribir tiene sus trampas, sus dolores, sus incógnitas…

—Silenciosos, son silenciosos, caminan con cautela, parecen distraídos pero se mantienen alertas, las orejas abiertas, los ojos también, aguzan el olfato, huele historia dicen, y en el paladar se le pegan las palabras, las que gustan, las que molestan, las que incomodan, las raras, las que tienen CH y RR porque estimulan las papilas gustativas, y si algo debe disfrutar quien escribe es el sabor que queda en la boca cuando el punto final se ha escrito.

—¿Punto final?

—Tiene que haber un punto final

—¿Siempre?

—Un punto final

—Se puede saber qué te pasa con el punto final

—Nada, bueno, no exactamente, todo aunque tampoco

—Hablá claro

—Entiéndame, he estado estudiando a su lado los deberes del escritor, sus fórmulas que parecen infinitas, sus tonos, variados, dispersos como acentos de regiones y países diferentes, hemos hecho un tratado de autoanálisis sobre nuestros propios textos y su fidelidad a estos tonos para crear nuestra carta literaria, con escritor espiritual y ascendente, hemos hecho ejercicios de imitación, ficción, supraficción, metaficción, sacaficción, asficción y en todos estos rituales lingüísticos, nuestra mayor dificultad ante los textos logrados fue siempre ese, el final, nunca era suficientemente bueno, pero lo cierto es que no tienen que serlos, el final de un libro o una historia, no tiene nada de difícil, es un puto punto.

—Mirá que no puedo dejar de mirarte y al mismo tiempo siento un gran deseo de abofetearte, ¿no entendiste nada?, cuatro años de dedicar nuestra energía a esto de la redacción espiritual, del cosmo editorial y seguís creyendo que se trata del signo y no del símbolo, pero te digo algo, no me extraña, siempre sospeche que nunca habías termina de comprender el tratado de semiótica de la gramática, que te sobrepasaba en comprensión su contenido, y aquí está la prueba

—Primero, ese librejo, libruzco, ese ladrillo sintáctico no era canónico de nuestro estudio, sabías bien que era un compilado de la interpretación de los aportes de tus filósofos favoritos, es decir no era más que tu opinión y ni siquiera sé cómo pretendías que lo ignorara, leerlo era aceptar tu hipótesis antes que la mía,  y eso nunca, habíamos ingresado acá precisamente porque no habíamos podido ponernos de acuerdo antes de entrar, no sé como rayos entraste una copia hasta este monasterio, pero era más obvio que no iba a leerlo ni a aceptarlo.

—El abad de los libreros estuvo de acuerdo con que tendría algún valor y me permitió traerlo

—¿Valor?, estás loco, sabes bien que en la torre del diccionario solo se acepta un libro que empieza por la inicial de cada letra de cada de cada de cada país, y sabes perfectamente que el tuyo no es digno de tal destino, el valor que le adjudicas en las palabras del abad, no es más que su valor en bruto, es decir, el cuero de la pasta, el papel, el pegante y bueno digamos que su peso como objeto, porque como obra, ese volumen jamás debió haber recibido el punto final.

—Estás celoso

—No, estoy cansado, no hay más que un punto al final, el comienzo ya lo solucionamos, pudimos encontrar que como causal de un buen inicio la culminación de cualquier pregunta, la promesa de un nombre al azar, o el sentimatopéyico de cualquier orgasmo, pero el final, no sabías como terminar y por eso te dolía, eres incapaz de hacer venir la obra, y por eso extiendes eternamente la proximidad, pero te equivocas,  no hay nada y esta es la prueba.

Cuestión de suerte

Lanzar la moneda, el resto es suerte.

Fernando era un adicto y lo sabía, él estaba consciente de que su vida era una moneda al aire, se pensaba astuto y corría tras cada teoría y cada señal. Veía números en las espaldas de las mariposas, en la comida, en sueños… estaba desquiciado.

Un día rumbo al casino escuchó repicar una campana siete veces, claramente ¡era una señal!, el siete era el número de su suerte, con él siempre ganaba en los dados y persiguió el sonido hasta una puerta gigantesca, la misa apenas iniciaba.

La idea le había venido durante el sermón, el párroco le recordaba a sus feligreses lo impuro del dinero, a Dios lo que es de Dios decía y al César lo que es del César… 

Para ingresar al cielo a la gente solo se le exigía el diezmo y cada idiota sacaba de su billetera el sueldo y lo depositaba en la cesta sin siquiera titubear. A eso le sumaban una confesión, luego una plegaria y todo estaba solucionado. 

Recordó su juventud, cuando era obligado a entrar a la iglesia y confesar sus pecados, nada extraños en un chico de 17 años, masturbación, mentiras, envidia, pereza y más masturbación, aún recordaba la penitencia que nunca había cumplido.

10 Aves marías, 15 padre nuestros y un rosario. Fernando pensó largo rato y se arrodilló dispuesto a rezarlos, pero entonces se le ocurrió: él podría ser el César, él quería más el dinero era claro, todo concordaba, los siete campanazos, el sermón la deuda de su confesión. Señales, eran todo señales, no era cuestión de suerte, era de señales y ahora él las veía.

Fernando hablaba en voz baja para sí mismo:

–Esto hay que tenerlo claro, al diezmo le sumamos estas oraciones y si cada oración es un valor, entre más largo más caro; es decir, el rosario equivale a un billete de diez mil, los padre nuestros a uno de dos mil y las aves marías a uno de mil.

Asignó también a cada pecado un juego, de esta manera se aseguraba de que cada penitencia terminara en donde debía. Para la masturbación se jugaba el diezmo, el mismo movimiento de manos en dos pecados, los dados y siempre al siete, para las mentiras el póker, era cuestión de blufear bien; para la envidia la ruleta, después de todo nunca tuvo muy claro por qué envidiaba a las personas. Finalmente para la pereza, las traga monedas. 

Al casino entró airoso, caminó por las mesas, observó a los dealers y se sentó un rato en el bar, lucía confiado, tenía esa mirada fuerte en los ojos, esa convicción que hace sentir a un hombre que levita sobre la tierra.

Ordenó una hamburguesa y la comió degustando la dulce victoria que se avecinaba, fumó y bebió, parecía alargar con cautela el momento indicado para las apuestas.

Finalmente se acercó y lleno de confianza empezó a apostar. Cada ave maría, cada padre nuestro y el rosario cayeron sobre cada pecado, y lanzamiento tras lanzamiento, mano tras mano, giro tras giro seguía apostando. Cada siete días, en misa de siete se puede ver a Juan en la entrada de la iglesia, confiesa sus pecados, estira la mano para la limosna y suelta dos monedas, toma tres billetes, sale sin dejar su diezmo, sonriendo siempre rumbo al casino, donde los perdedores cada domingo, lanzamiento tras lanzamiento, mano tras mano, giro tras giro entre susurros dicen que lo de Juan es solo cuestión de suerte.

Pesadillas

Sueña mal y no despiertes.

El olor era muy fuerte, rápidamente lo invadía todo, deberían ser unos tres o cuatro días desde la última vez que había conseguido estar lo suficientemente sobrio como para limpiar su apartamento, cambiarse los pantalones, su ropa en general. 

Si lo que lo esperaba era lo usual, habría vómito en varias partes del apartamento y necesitaría de una larga ducha para olvidar su hedor; su peste. Su aliento estaba compuesto por una mezcla de tabaco, vómito, alcohol y algún pedazo de comida rancia… era mejor comenzar la labor.

Se levantó despacio, su cuerpo temblaba y las arcadas de su vientre le recordaban lo débil, lo miserable que era, la tristeza con la que arrastraba sus piernas un paso tras otro, con un esfuerzo tan terrible como los temblores que sufría tras realizar cualquier esfuerzo, estaba hecho polvo.

Al acercarse a la puerta recogió su correspondencia, lo usual, algunos cheques, el doble de las cuentas, ni una sola persona le escribía. Se acercó sosteniéndose de todo lo que encontró a su paso para llegar a la cocina, abrió el refrigerador y bebió de la botella de leche un trago largo, vomitó de nuevo, estaba vencida, destapó una cerveza y una lata de atún, necesitaba fuerzas para enfrentar el infierno de basura en que vivía.

Arrojó las latas sobre la pila de desechos que tenía en el fregadero, mojó su rostro, su cabello, su barba, necesitaba generar un shock que lo levantara de su miseria, así lo hizo, se sentía un poco mejor, pero lo que tenía enfrente solo aumentaba su desdicha.

Su cuerpo delgado le hacía parecer delicado, sus nudillos agrietados eran lo único que le evitaba golpear las paredes, ahora hasta la frustración  no solo lo deprimía, también lo humillaba. Temía un ataque de tos, un estornudo porque sabía que su cuerpo no lo soportaría y que si caía al suelo perdería de nuevo el conocimiento.

Limpiar lo había dejado agotado y tras unas horas de limpiar, de recoger basura y de correr cortinas, su labor estaba casi terminada pero aún lo esperaba la labor más difícil, allí, silenciosa y casi burlona la máquina de escribir lo esperaba, sediento de él, de sus demonios, de sus venganzas personales.

Leyó el manuscrito que yacía junto a ella cerca de dos años, la que sería su última obra, la que dos años después de su primera entrega aún esperaba por ese final que lo haría brillar en las letras, la misma que lo había llevado a perderse en un mundo de licor y de tristezas.

Lloraba, su mundo se había derrumbado por su pasión, lejos estaba de ser el joven premiado, el orgullo de su editorial, la promesa de la novela y las historias; las críticas sobre la similitud de sus historias, el deseo de sobresalir, la ambición, todo lo había corrompido el día en que empezó a escribir con el único objetivo de callar a la crítica, de amedrentar a los demás.

Y pensó que al fin había encontrado una forma de ganar, de enlodar el acoso que había sufrido, el reto al que había sido obligado a entrar por su terquedad, la misma que ahora lo llevaba a caminar hacia a la cornisa, su obra no tendría nunca un final digno de ser leído, su historia en cambio sería una crítica viviente al sistema, lograría salir con la frente en alto y pensando en esto dio un paso al frente.

La sensación de vacío lo despertó bañado en sudor, por fin había salido de aquella pesadilla, de repente un olor le obligó a abrir sus ojos, debían haber pasado unos 3 o 4 días desde la última vez que estuvo lo suficientemente sobrio para limpiar su apartamento… su pesadilla era real. La vida lo había derrotado.

Depredadores

La naturaleza es despiadada en pensamiento palabra obra y omisión.

-¡Está mal Carlos!, simplemente mal, es egoísta, sos un egoísta, un desconsiderado es demasiado simple, y deberías saberlo, deberías ser más como los animales.

-Para, no podés estar hablando en serio, vos me estás diciendo que los problemas que tenemos hoy es que no actuamos más como los animales, pero es una mentira, una estupidez, tu juicio es moral y los animales no siguen ningún código moral, no podés decirme que la solución a un problema autoplanteado está en quien ni siquiera lo percibe como una posibilidad. No, todo mal.

-Ese narcisismo te va a matar, nos va a matar a todos

-No, creeme que el problema no es de narcisismo, pero la falta de lógica, los problemas de la moral vienen de la reflexión y de una mente crítica, esa gallina que vos tanto admirás, y no hablo de gallardo, esa gallina si tuviera dos metros, no tendrían ningún problema en darte un picotazo y comerte porque no tiene juicios de valos sobre vos, una vaca te rumiaría y digeriría 4 veces y si nadás con cocodrilos a ninguno le va importar si fuiste o no la marcha, si votaste o no el referendo, lo entendés, es natural los depredadores atacan a los más débiles, a los aislados, a los lisiados, no me pidás que sea como los animales porque te juro que ahí sí me mirarías con repugnancia, imaginá un padrastro llega a casa y mata a los hijos del padre anterior como los leones, una mujer decapita a un hombre con el que acaba de follar durante una visita conyugal como lo hacen las mantis en cautiverio, o jugar con bebes asustados como lo hacen las orcas… pensá bien, porque en tu deseo de balance y estás deseando solo lo bueno, ignorando también todo lo bueno que tenemos Carla.

-Y para qué nos ha servido todo lo bueno ah para desarrollar un lenguaje que te permite crear con libertad una idea encargada de justificar la barbarie

-No es barbarie, querés acabar la pobreza y el hambre… bueno así se acaba con la pobreza y el hambre, entendé que ninguno de los aquí presentes es parte de ese 1% que te carcome la rabia, ni el que trajo el domicilio, ni el que degolló la gallina, ni el que puso el asadero, ni yo que lo único que hice fue invitarte a cenar, no puede ser que convirtás cada encuentro en una discusión solo porque ahora querés ser vegetariana.

-No es por eso, es porque no me apoyas

-Yo te apoyo con gusto, te apoyo en la mesa, en la cocina, en la ducha, en la cama, en el pub, en el piso, y con esto de ser vegetariana dale, bien por vos, pero no me culpés a mí de la desgracia del mundo porque me gustan las alitas, no me cortés las alas, yo te pido ya la ensalada, es más tengo tomate en la nevera, pero no me grités ni tratés de hacerme sentir mal solo porque hoy querés ser veggie, dale te banco, te hago el 2, te hago barra, pero no me pidás que haga lo mismo y mucho menos me juzgués con el discurso de desalmado, si te molesta mi chiste de que entre más tierno el animal mejor el sabor, estate tranquila que es un chiste, nunca voy a pedir un churrasquito de Koala ni un Bife de panda, jamás me comería un perezoso…

-Te comiste un cuy

-¿Y?

-Es tierno

-Una vez, y sí es tierno, su carne es tierna, también el cochinillo y la mamona lo son, y también las comiste y también te gustaba y también te reías de mi chiste, también vos sos tierna y te también me encanta comerte a vos. ¿Querés dejarte de pendejadas y decirme qué te pasa?

-Somos muy diferentes

-Siempre lo hemos sido, no culpes a los animales de eso, y hablá claro, te vendría bien tu propio consejo, tendrías que ser más como los animales y hacer lo que te satisfaga, sin sentimientos ni emociones, sin moral, por el placer de la carne, por el sabor de la sangre, por puro instinto, por puro goce, dale, dejá de jugar conmigo como si fuera una orca bebé.

Decilo tranquila: Te quiero dejar pero no quiero que sea mi culpa, no quiero que se termine por mi culpa, me querés pero apareció otro que te provoca más, capaz y come ensalada, capaz y te come mejor la entrepierna y te llena algo más que la vagina, dale, decilo, sos tan depredadora como yo, pero no metás la comida en esto, ni la moral, cuando es un problema de doble moral, querés la presa pero no el precio, dale masticate 7 años de vida, dale, sin miedo, pero degustate todo con sus consecuencias, porque así te moleste tanto, sabés que tengo razón, somos depredadores.

-Vos lo serás

-Lo soy, lo soy

-No quiero estar con uno

-Lástima que no pudiste decirlo asumiendo tu decisión. Me voy, se me enfrían las alas.

Primera sangre

La primera en pegar siempre es la vida

Recordaba la historia de Marcela, su amiga de infancia que se convirtió en mujer en un bus, en hora pico y sin estar preparada para ello, recordó la sensación descrita por ella y pudo ponerse en el lugar de la chiquilla de 11 años, sintió el olor, el líquido caliente recorriéndole la piel, la vergüenza y la humillación, las ganas de llorar; entendía, por fin entendía qué se sentía perderlo todo, olvidarse del pudor y acariciar la desesperación.

Estaba furioso, recordaba también el dolor que años atrás le había narrado María, la forma en cómo la adrenalina lo mitigaba, cómo el deseo terminaba haciendo que le gustara, también comprendía ahora la sensación de perder el control sobre el cuerpo, sentía al igual que ella sus piernas temblando, su garganta hecha un nudo y un extraño deseo que le impedía parar, una pequeña adicción a aquel sufrimiento.

No era distinto a cuando Jorge su amigo de la universidad le hablaba sobre su trabajo, sobre ese ardor punzante que le ocasionaban los cuchillos en la palma de la mano, en los dedos, esa necesidad de ocultar el líquido antes de que sus jefes de cocina lo descubrieran.

Creía incluso compartir el dolor de Cristo, su impotencia, la misma desesperanza que su amigo le había narrado tras ser asaltado y apuñaleado por la espalda por un ladrón, que sin mediar palabra prefirió ensartar su cuchillo entre dos costillas y que estuvo a milímetros de arruinar su pulmón derecho antes de robarle.

Fue lo mismo que sintió Javier, pensó, cuando su hermano, el médico, se convirtió por primera vez en cirujano, la misma fragilidad cuando estuvo a punto de perder su primer paciente mientras luchaba por detener una hemorragia.

Todos estos recuerdos le venían a la mente con una claridad descomunal, él los enfrentaba con una frialdad aterradora. Entonces recordaba la historia de Gerardo, ese amigo suyo que a los 15 años tatuó el pavimento con su piel, lijándose toda pierna tras caer en patines y el sufrimiento que lo invadió no solo por ocultar su herida si no por la limpieza realizada en el hospital después de que esta fuera descubierta por su madre, estaba seguro que pese a haber perdido la virginidad para ese entonces, era ese el momento en que se había transformado en hombre.

Uno a uno, imagen tras imagen, vivía cada experiencia, era un poco cada uno de ellos en ese momento, su sufrimiento era un poco el de ellos, su dolor, su tragedia, el miedo, la adrenalina que los había recorrido e invadido era la misma que él sentía.

Tin, tin, tin

La campana llegaba para rescatarlo, para darle un momento para entender lo que sucedía.

–Mantén tu mano derecha arriba–

–No descuides tu guardia, ¡maldito egocéntrico!, te dije, te dije mil veces que algún día te iban a tocar, que no siempre podrías noquear en un asalto–

–Arriba, levanta las manos–

Tin, tin tin

La campana sonaba de nuevo, y él tocaba su rostro hinchado camino al centro del cuadrilátero, sus guantes blancos por primera vez se manchaban con su propia sangre y él sonreía, disfrutaba cada segundo previo al inicio del segundo round.

Una pequeña Molestia

Molestia, dolor, exasperación del alma.

—No existe tal cosa, ninguna molestia es pequeña, en especial las pequeñas, nadie que haya experimentado una los sabe bien, no es el tamaño ni la intensidad, de hecho, parecerían ser inversamente proporcionales lo que las hace intolerables, pero su gran capacidad de destrucción no reside en su gran poder, por el contrario, es lo imperceptibles para los demás.

Ni siquiera los egoístas masoquistas encuentran placer en este tipo de dolencias debido a que la naturaleza de ellas las hace ajenas a todos, y es que no hay peor dolor que el que no puede compartirse, con el que nadie puede empatizar, pero con el cual todos quieren simpatizar, son simplemente insoportables.

Alguien mastica con la boca abierta, y hace Crunch, CRUnch, CRUNCH y la puta que lo pario, una gota en medio de la noche con su lup, Lup, LUP… qué cobarde, la vecina de arriba que taconea, la que encontró la única forma de hace que: la mujer esté arriba sea despreciable, toc, Toc, TOC, TOC, TOC, TOC… molesta, qué molesta.

Una agonía perpetua, con gusto cambiaría de lugar con Prometeo, porque cualquiera que me viera o escucha de mi martirio bien diría, pobre hombre, pero cuando el dolor es algo que solo voz conoces, algo de lo que solo uno como padecedor está enterado… argh que maldita suerte, un ánima en pena tiene  menos de qué quejarse, y además en su concepción misma está permitida el lamento, pero es que precisamente de lo que yo me quejo es de que se me ha negado el derecho de ser comprendido, de escuchar, realmente escucha lo que se dice. Es un poco como dice Sabines, otro lenguaje lateral y subversivo, que expresa realmente lo que quiere decirse, y por eso el: Dejá de chimbiar con esa tapa o te la meto por el culo, lo que realmente quiere decir es: Te confieso que no sé que me pasa, pero mi alma se perturba con el sonido reiterante que produce esa lata al variar de forma y cuando grito: Dejá la trompeta frustrado, lo que intento decirle a ese vecino al que desconozco es: Quizá estás omitiendo algunos pasos y quizá antes de retomar a la práctica deberías analizar los conceptos necesarios para alcanzar las notas pretendidas.

Pero y quiero que se preste atención a que esto que expongo solo debe ilustrar ese lenguaje Natural del que habla Sabines y de como un: Qué calor hace, puede significar también te quiero. Pero en esa pequeña molestia que puede transformarse la vida misma para quien sufre una fatídica alteración imperceptible, todo en la vida significa una sola cosa, el postergamiento de ese dolor.

—Mientras hablaba y manoteaba Marina no dejaba de reír, sabía que sería peor pero el monólogo de Jaime la tenía a un par de segundos de adormecerle los abdominales, el teatro en sí estaba en situaciones similares rodeados de carcajadas, sería imposible saber si a alguien más le recordaba como a Marina las quejas de Juan, su marido, que ante cualquier cosa reaccionaba siempre exasperado y manoteando, o las de su hijo Federico, quien ante cualquier frustración estallaba en una pataleta bochornosa y justo en ese momento, cuando todo el auditorio lloraba de la risa fue cuando Jaime retomó.

—Y mi molestia es esta, esta, que justo en el climax dramático de mi presentación, en el máximo momento de dolor, llegan ustedes como tío manicagado y manipesado a pegarle a uno justo en la herida con esa hijueputa carcajada.

Esto que les acabo de decir significa como lenguaje lateral y subversivo: Me agrada que hayan disfrutado de este pequeño monólogo en el que drama y humor se funden, pero tengo una ampolla que me está generando una pequeña molestia y en media hora tengo otra función, así que pasen una feliz noche y muchas gracias.

—Marina se puso de pie y aplaudió hasta que le ardieron las palmas, el auditorio parecía imitarla y en ese momento remato Jaime.

—Oiga y hay periodistas tan bobos que cuando llego con este monólogo a promocionarlo me preguntan que en qué me inspiré pa´ hacer esta obra…

—Las risas volvían y el bullicio variaba mientras abandonaban la sala, Jaime mientras tanto caminaba adolorido porque justo en la planta del pie gorda y llena líquido su ampolla que desde los 14 años, hace 20 años ya lo acompañaba casi de manera permanente debido a una dermatitis crónica que lo aquejaba hasta al llanto.

Llanto

Todos, y digo todos convencido, porque es la única forma en la que se puede tolerar tal abuso de poder de declarar a todos los seres humanos iguales, pero es imposible decirlo de otra manera, estoy seguro que todos hemos aprendido, que el llanto es la emoción más grande, se llora en los orgasmos, en las películas, en las iglesias, en los bautizos y en los entierros, se llora en navidad, durante el feliz año, en la ducha y antes de dormir, se llora de manera honesta, se finge el llanto, lloramos de la ira, del miedo, de amor, por amor… se suele llorar siempre, la vida no parece más que la extensión entre un llanto y otro y a medida que crecemos, se llora diferente.

Los niños por ejemplo, tienen un llanto explosivo y como casi todas las cosas que llaman nuestra atención, falso. El niño llora porque aún no sabe comunicarse de otra manera, aunque sepa ya hablar y formular con cierta coherencia frases e ideas, cada una de ellas carece de fuerza expresiva, el no podría decir que le duele un diente como si tuviera un pájaro carpintero en él, o que su estómago arde como un globo envuelto en llamas, y por eso su único atenuantes o agravante es la intensidad del llanto.

Los amantes solo saben llorar de desengaño, la amante y el amante solo lloran al traicionar sus expectativas, realmente nunca el llanto pertenece a un motivo externo más allá del de darse cuenta que algo que deseaban no va a cumplirse, es un llanto egoísta y aleccionador, llora para que no olvides que nada te pertenece, que aquello que querías no se cumple y que, a pesar del amor, el amor no es más fuerte.

Luego está el llanto de la melancolía, ese que produce el tiempo ese que es dependiente, que empieza con una sensación de agobio, una sorpresa que no conmueve hasta sacudirnos una a una las lágrimas del recuerdo, y que puede venir de una foto, un video, alguien que se parece a nuestro padre quizá ya muerto, o una escena en un comercial, película, novela, ni siquiera tiene que ser una buena escena, solo una pequeña conexión y los naufragan, las emociones azotan y arremeten contra los lagrimales y finalmente se desbordan en recuerdos, tu viejo riendo, tu viejo haciéndote reír, o un juguete, o un color… de alguna manera el tiempo lo conecta con un recuerdo y hace llanto. Llanto sorpresa.

Y el rey de los llantos no es ni un cocodrilo ni un cucuy, ni el poema de Oliverio Girondo, ni se pueden seguir las siempre las instrucciones que propuso Cortázar, el mejor de todos el más dolorosos, sinceros y solitario, es el llanto de las madres. Y habrá que excluirse acá el llanto que se manifiesta, porque generalmente ese que se ve es el de la ira, o un llanto alegre, en cuyo caso es corto, humilde, del llanto que hablamos, es del ausente, de ese que comienza con un silencio en medio de una discusión, se extiende por un par de horas hasta que la madre encuentra un escape, un sitio en soledad y entonces llora, llora el alma, el miedo las angustias, llora los tragos del hijo, las drogas, los fracasos del padre, los miedos, las enfermedades, llora las deudas y las decepciones, llora sola sin quien la consuele, porque una madre es ante todo el último bastión, y ella no está dispuesta a compartir ese llanto con nadie más, a menos que sea otra madre, y por eso entre amigas se reúnen y lloran, lloran las guerras y los muertos, lloran como si su llanto fuese a salvar el mundo, y no dejan de llorar aunque sepan que ni siquiera su llanto puede salvarlo.

Falsas palabras

Expresiones

— Tenés que entender que es solo una expresión, que tiene fuerza porque así son las expresiones, incontrolables, delatan, pero sobre todas las cosas, tienen una fuerza única, las expresiones tienen tono y sabor, no está para nada fuera de sitio el hecho de que las expresiones sean entonces tan difíciles de traducir, >Feel like blue< dicen los gringos cuando se sienten tristes, >me cago en dios< los españoles cuando algo les sale mal, >no tienes abuela< los catalanes cuando pretenden borras tu ascendencia genealógica, Eureka supuestamente los científicos ante un hallazgo y…

—Comé puta mierda— interrumpió Alejandro y continuó diciendo: los editores a los escritores Joaquín, no me importan tus expresiones, a nadie le importan estas cosas ya, lo único que te pido que escribás es lo que se vende, no tenés que firmarlo, ser un fantasma como lo has sido con todos los que se han preocupado por vos alguna vez.

—Ah no, eso no, yo puedo desaparecer con facilidad de la vida de las personas, me cansa intentar convencerlas de que me hagan un lugar, o que ellos tienen justo el que merecen en mí, las demostraciones se las dejo a los matemáticos y los físicos, mi amor por los demás es como la prueba de los dioses un salto de fe, el que se va, es porque así lo ha deseado, o porque ha intentado al mejor estilo de los creyentes de closet (así llamaba Joaquín a los ateos, ya que no se explicaba porque dedicaban tanta energía a algo en lo que gritaban a voces no creer) forzar su existencia, de esos y esas puedo hacer así: tronó los dedos y un “zap” retumbó en el pequeño café, pero de la escritura no voy a irme nunca, lo que escriba lo firmo, no quiero que años después si tengo la fortuna de escribir algo algún día que pueda pagar las cuentas que los críticos vayan después a decir que: mientras alcanzaba un lugar en la literatura escribió para no morirse de hambre. Jamás he escrito con ansias de dinero, el que se muere por esa basura sos vos Alejandro, vos, a mí me tiene sin cuidado, la revista va mal, horriblemente mal, pero aún así puedo comer arroz con huevo.

—Vas a quebrar—

—Ese es mi secreto capitán, siempre estoy quebrado—

—No me hablés en frases de películas y memes que sabés que lo odio—

—Es lo mismo que yo te he dicho sobre no proponerme que siga escribiendo cartas y discursos políticos y miranos acá—

—Lo hago porque es lo único que te sale bien—

—Si es lo único que me sale bien, decime Alejandro, porqué estamos teniendo esta discusión—

—Porque por más bella que te parezca la hija de puta expresión, el presidente no puede decir: Al que no quiere caldo se le dan dos tazas, y menos si está hablando de un nuevo impuesto—

—Aligera el golpe—

—Aligera tu cuenta, esto no nos lo van a pagar—

—Solo tienes que decirle que es para que parezca más coloquial—

—No es tan estúpido Joaquiín—

Joaquín estalló en una carcajada, y luego respondió: cómo podés decir eso del tipo que un día leyó: Este es su discurso señor presidente por favor léalo y si tiene alguna duda avíseme y durante una conferencia de prensa.

—Mirá Joaquín de esa no sé cómo volvimos, pero te juro que de esta no salimos así de fácil, si le mandás esto así, tu vida como escribiente ha terminado.

—Una genialidad, eso es lo que quiero, que acabe mi vida de escribiente, que empiece la de escritor.

El editor exasperado rio amargamente y dijo: Esa vida ya la tenés muerto de hambre.

—Ah que dulce expresión— dijo por fin Joaquín levantándose de la mesa, y respondió: —Lo soy, lo soy, soy un escritor sin precio, un impagable, que nadie me ofrezca una moneda, te lo he dicho mil veces, cuando quiero escribir, escribo gratis, olvidaste que tu editorial no me paga.

—No te vendes—

Corrección dijo Joaquín —No me vendes, ese es tu trabajo—

—Cómo voy a venderte si no sos capaz de hacer bien un discurso como el que te encargue—

—El discurso está bien hecho— respondió seco y ofuscado

—EL PRESIDENTE NO PUEDE DECIR ESO AL AIRE—

—Es el presidente, puede hacer lo que quiera—

—Vos estás mal de la cabeza, mirá lo que escribiste dijo y comenzó a leer con vos impostada: En materia económica es innegable que ha habido un crecimiento (hubo un corto silencio) y continuó, un crecimiento en nuestras obligaciones con países extranjeros por eso es momento de entender que en este país las deudas son comunitarias, y que aunque no nos gusten los reajustes financieros, las decisiones deben tomarse y al que no le gusta la sopa, se le dan dos tazas—

Joaquín estalló en una carcajada —es oro puro—

—Nadie va a respetarlo—

—Ese barco ya zarpó—

—No pienso enviarle esto al presidente—

—Joaquín encendió el televisor del café y sintonizó rápido el canal nacional— No es necesario dijo, él ya tiene discurso

—¿ESTE DISCURSO—

—Que te odie a vos por conseguirme este trabajo de mierda, no quiere decir que sea imbécil o que odie el dinero, no, el tiene uno de verdad, así que no te angusties, este mes este muerto de hambre va a darte de nuevo con qué pagar tus cuentas, animal.