Deberes

Era temprano, muy temprano, ni siquiera el sol había terminado de despuntar, así aprendió Laura que el naranja era un color feo, porque aruñaba el azul y el rosa que le gustaban más, también porque ese color tenía algo en él que hacía que recordara todo, cuando por el rabillo del ojo se colaba esa calidez aún tenue, revivía con claridad todo lo que había olvidado el día anterior, Laura no podía olvidar nada, nunca y era por ese color, ese color que al aparecer le susurraba: no has hecho los deberes, olvidaste la cartelera, para hoy es el proyecto de ciencias.

Y al comienzo, cuando sucedió las primeras veces lo consideró un súper poder, porque era fácil, un mapa de Colombia que podía fácilmente hacerse con un croquis durante el desayuno, pero con el tiempo era cada vez peor, un retrato del libertador, una investigación sobre semiconductores, la propuesta para el señor Jhonson…

Aunque eso no importa, no ahora, aún es de noche, y ella aún no recuerda que el naranja está por asomarse, aún no debe enfrentarse a esa penumbra agonizante que la hará sufrir, a ese momento en el que literalmente de la noche a la mañana volverán enfurecidos los recuerdos, unidos como fotogramas, secuenciados, por temporalidad y revivirá uno a uno cada momento.

Su primer recuerdo del croquis, el segundo del retrato, el tercero del proyecto de ciencias, y repasara su primaria, y volverá a ver las carteleras, las caras, los problemas de matemáticas, al hombre del turbante y su factorización, más tarde se verá así misma pegando apurada páginas en carteleras, y sentirá vergüenza de la mediocridad que la esculpe, la forma y la representa.

Con el tiempo empeora, recuerda las frases que duelen, recuerda los momentos donde han fallado y donde le han fallado, Laura se expondrá en solo 30 segundos a cada milisegundo que la ha atormentado, recordará sus palabras, cambiamos, recordará las mentiras, recordará las razones, y se descubrirá diciendo las palabras que no le gustó oír, cambiaste, ya no somos los que pudimos ser, y mucho menos nos convertimos en lo que nos hubiera gustado, yo no me imagino viviendo con vos, y sentiría nuevamente con cada una de estas derrotas la frustración y la tristeza.

Y se vería así misma cambiar, convertirse en ella.

Laura, Laura, bebé, decía su madre risueña cada mañana despierta linda, y se preguntaba si estaba ella bien, mientras que Laura navegaba en esos primeros errores, mientras que ella decía olvidé mis deberes.

Esa era la clave, solo aquello que debía hacer lo olvidaba, solo aquello que había olvidado volvía para atormentarla, y recordar eso la ayudaba a entender, sus pasiones no necesitaban alarma, solo tiempo.

Buenos días Laura, dijo Juan.

Debemos cortar dijo Laura, y los recuerdos se interrumpieron.

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