Una casualidad persistente

La vi a lo lejos y no pude evitarlo, sentí esa gravedad que me llevaba hacia ella, camine despacio tomando un poco de Jack, y cuando estuve frete a ella simplemente comencé a hablarle: Hay algunas cosas en la vida que parecen gravitar a nuestro alrededor, comportamientos, tipos de personas, vicios que atraen, llaman, tienen una afinidad que no puede negarse, sino fuera como soy diría que estamos destinados a toparlos, pero no creo en el destino, y ese es precisamente el problema, me obsesiona el funcionamiento de las cosas, no puedo dejarlo pasar, necesito saber cómo funciona algo, qué lo detona, vivo constantemente en búsqueda de patrones y opciones, y no es voluntario, no puedo, simplemente no puedo pasar por alto algunas cosas, no es natural, y cuando esa fuerza me atrae hacia algo, simplemente no puedo parar. Necesito la explicación.

No puedo negar ni demostrar el porqué, porque no es tan aleatorio como debería… no hay explicación social, filosófica o física, los argumentos flaquean y eso me rompe, me cuesta, me pesa, no puedo dejarlo pasar, no puedo, no quiero; es un poco esa ausencia de sentido que no puedo justificar; sí existen las coincidencias, pero una ausencia de sentido casual, sobre estoy hay algo más, algo que parece intencionado, causal… no es solo una casualidad, son muchas, una casualidad persistente, a eso precisamente a eso se le llama un patrón y no, no es suficiente con encontrar el resultado, no me gusta ser ligero, no puedo serlo, quiero más que estar consciente del suceso es entenderlo, la diferencia podría llegar a ser nula para los pragmáticos, pero entender algo y saber que ocurre son dos cosas muy diferentes.

Tampoco se corresponden por completo entre sí, los físicos y los economistas son la prueba de ella, gente que dice entender algunas leyes universales, planteamientos lógicos de movimientos bursátiles, teorías sobre la oferta y la demanda sobre el valor y la utilidad, gente que conoce pero que no entiende las implicaciones de nada, tienen el instinto dormido o el ego muy despierto, algo hace que pese a que conozcan la información y los datos obvien la humanidad detrás de los comportamientos, demasiadas certezas y pocas dudas, a ellos les basta la simpleza de una complejidad teórica para hacer las paces con el mundo, ciencias exactas, saben que tienen razón porque un libro les dice que tiene razón. Operativos, algorítmicos, eficientes… robóticos, a ellos les basta con decir una anomalía, una casualidad; los envidio profundamente.

Los prefiero sin embargo a los esotéricos y a los hippies hedonistas, tan desprendidos de sí mismos, tan extranjeros en el presente, tan enajenados que no pueden ver siquiera su propia sombra, van por el mundo persiguiendo experiencias que dicen hacerlos sentir vivos, pero han perdido a tal punto la noción de realidad que más que hablar de experiencias, recitan los consensos, hablan de una espiritualidad que nunca han experimentado, de una paz que nunca ven pero que siempre buscan, su propósito no es diferente al de un perro que ladra a las llantas de los carros junto a la avenida. Tienen miedo a estar solos frente al espejo, miedo de las preguntas que los mantienen despiertos en las noches, miedo a su forma y a la realidad que los soporta, intentan huir soltarse, quieren aparentar que levitan, pero la realidad es que no tienen el suelo bajo los pies.

Pero ellos tienen algo que a los pesados, que a mí me falta, la paz de la certeza, la seguridad de la ignorancia, los primeros por omisión, los segundos por temor, para lo otros, para nosotros, para mí, el mundo es más complejo por que aparte de lidiar con el mundo debo lidiar con su falta de interés por él, es como vivir en una pecera, hay quienes no notan que su universo está contenido por un cristal, lo peor de todo es que por eso son felices, hay otros que saben a qué horas llega la comida, a qué horas cambia la temperatura y nada bien con la corriente, y son felices, y están los imbéciles, como yo, los limpiavidrios que no pueden desprenderse del cristal, que saben que existe algo ahí, que sienten y lo atrapan aunque desconozcan bien de qué se trata, pero no dejan de sentir que hay algo que los atrapa, que los contiene.

Al terminar su discurso, levantó su mirada y encontró la de ella, yo sé que ahí dentro del vidrio la felicidad es posible, pero que también sé que fuera está la respuesta, que es mucho más que una coincidencia recurrente encontrarte tan cerquita y de frente.

Ella sonríe me mira a los ojos y dice: Me gusta tanto que encontrés la forma de ser romántico, me besa y susurra, feliz aniversario, yo también tengo un guion para ti, pero ese es encasa y sonríe con esa mirada pícara de quien ha encontrado en menos palabras un regalo perfecto.

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