Agentes del caos

La física tiene leyes que a diferencia de la moral no están en vilo ni en duda, la ciencia tiene de su lado que no requiere de atenuantes ni de agravantes, son o no son, se conservan o se pierden, Noether se encargó de definirlo, ley de conservación, ley máxima del orden, nada está por fuera de él.

Ley de la conservación de la energía y de la simetría, todo tiene unas condiciones específicas para funcionar, pero solo funciona porque para cada parte de ese suceso, para cada una de ellas, lo demás no importa, está diseñado para que funcione.

—Mientras que Andrea le decía esto a Julián, le tomaba la mano, y la llevaba directamente a su sexo, y el atónito solo escuchaba su corazón redoblar la marcha

Lo que te estoy diciendo es que tenés que dejar de pensar y aprender, la cadencia —Y mientras que le decía esto puso en contacto la yema de sus dedos con sus labios ya un poco húmedos —Sentís la diferencia entre esto y esto —Dijo mientras lo llevaba a explorar un poco más arriba —notas cómo cambian los pliegues, sentís esto, esta pequeña bolita —Le dijo mientras que Julián temblaba de nervios, aunque notó que la bolita estaba más dura, que su tacto estaba más húmedo —Ahí, pero no solo ahí, le dijo ella mientras lo miraba a los ojos, así, pero no solo así, le dijo ella mientras con sus dedos variaba de un: arriba abajo y de izquierda a derecha, y a veces también en círculos, —hace esto, siempre hace esto, por que si vas a hacerlo, tenés que hacerlo bien.

Julián ya no pensaba, solo reaccionaba,  a ella, a su cuerpo, y eso en el fondo no era lo que quería, pero puso atención, y cuando ella decía despacio, ahí, él escuchaba, había aprendido a sentirla, había incluso aprendido a sorprenderla, el ejercicio inicial propuesto, mimético y cíclico que ella le había propuesto, no bastaba para él, Julián, había escuchado lo suficiente, para descifrarla, la física que se quede con sus reglas, pensaba, y quería la sorpresa más que la orden, deseaba el caos.

Así aprendió y trasladó por ley física la condición de movimiento y presión a su lengua, y recorrió los mismos puntos, de la misma forma, e innovó con la temperatura y la intensidad, y añadió la succión y las lamidas, el sonido y liberó sus manos para buscar otros puntos, y los instrucciones se fueron perdiendo, ahora se convertían en lo que él anhelaba —ay jueputa sí, ay no sé que estás haciendo pero seguí, qué rico, diooooooooooos los espasmos se intensificaban, y ahora con sus dedos acompañaba en un ritmo frenético mientras que su lengua se escurría sobre, junto, alrededor, mientras succionaba, chupaba, lamía, apretaba y ella respondía cuando podía con respiración agitada, con su cuerpo convulso, con su voz casi grito.

Y lo que pasa cuando se violan las leyes del orden, es que el caos reina más allá de cualquier previsión, intenso y dramático, como había sido el cambio, había desencadenado una serie de factores inexplicables, de la satisfacción al gusto, de lo esperado a la sorpresa y la línea que habían cruzado demandaba entonces más de ambos, y más para ambos, el cuerpo electrizado de Andrea no había soportado más y en un impulso había estirado las piernas tanto como había podido, y Julián sonriente y sintiéndose victorioso, se había aferrado con todas sus fuerzas a su cadera, ella no sabía que pasaba en su cuerpo y él no tenía ni idea que podía ocurrir, hasta que sintió la humedad desbordarlo, bañarlo, y ella la explosión intensa y continua, la presión alterada y un jadeo, gemido felino írsele de la garganta.

Se levantó temblando, lo miró a los ojos y le dijo, es hora de devolverte el favor, y su cabeza se perdió entre sus piernas, ahora las leyes no importaban, ambos eran ahora agentes del caos.

La condena

Oscar Wilde decía que cualquier hombre puede ser feliz con una mujer que no ame, dijo la profesora de literatura mientras depositaba su argolla de matrimonio sobre el escritorio de su abogada, —lo dijo como una provocación, con la intención de herir, de ver sangrar, era un corte limpio al orgullo, al amor propio, porque ella había sido su compañera, porque marido y mujer, próximamente ex esposo y ex esposa, habían estudiado juntos una maestría en literatura, porque con ese comentario, él la había abordado un sábado en la tarde, y luego le había propuesto —te querés ir a tomar algo y luego ir a ser felices… —lo recordaba, era su recuerdo favorito y ahora que él había claudicado, ahora que ella iba a firmar, lo hacía con dolo y sobre su recuerdo.

—Bueno, ya que esto es un juzgado diré la verdad, lo decía Lord Henry, que era un personaje creado por él, y saben que, tenía razón. —En la sala se hizo silencio, la voz se había quebrado, y nadie había podido alzarla de nuevo. Así que ella, metódica y frívola, la recogió. —Les dije que, de usarlo, este sería el mejor regalo de bodas.

—Los abogados eran sus amigos, sus padrinos, por una broma, cruel y sobre todo justa, habían jurado que si se separaban la madrina defendería los intereses de la novia, y el padrino los del novio, era cruel porque ambos se conocían, porque eran además sus cuñados, porque en un momento en que ninguno de los dos tenía empleo, habían decidido regalarles unos bonos notariados, contratos, juramentados y firmados de que en caso de separación ellos serían los abogados bajo grave multa económica; y ante el dolor había decidido usarlo.

—Lord Henry, retomó ella, era un hombre astuto, inteligente, siempre quise encontrar uno como él, supongo que sigo en su búsqueda, todo lo decía en una posición difícil de soportar, medio borracha, con la pluma en la mano, inclinándose como si estuviera a punto de liberarlos a todos, y volviendo a erguirse sin haber terminado de firmar, es más, sin haber comenzado a hacerlo.

Mientras insinuaba su firma, ella habló mal de todo lo que se le ocurrió y apretó el corazón de él en sus manos cuanto pudo, no hubo terreno sagrado, ni íntimo, no hubo honor, ni respeto, a sus padres, a sus hermanos, sus amigos, a su trabajo, a sus sacrificios, a todos los ninguneó con una facilidad que entristecía, pero él, a pesar de su dolor, de su duelo, se veía aliviado, y eso la enloquecía, en el fondo ella empezó a notar que su berrinche, aunque preparado y bien ejecutado, no era efectivo y entonces firmó.

Cuando fue su turno, se tomó su tiempo, apoyó bien las manos en los brazos de la silla, y se impulsó, digno, con una dignidad pocas veces vista, sus amigos estaban impresionados, y el juez, el juez no dejaba de mirarlo con una cara que a todas luces estaba desencajada, estoico ese hombre caminaba sin dolor, sin pena, por el contrario, caminaba orgulloso, frente en alto, había visto a otros humillados rendirse a los insultos, reconocía además que él había soportado menos dignamente su vida laboral y marital y ese hombre lleno de vida y de alegría se acercó al papel, tomó su lapicero, la miró a los ojos, a ella, a ese ser despreciable y alcoholizado que había frente a él y sonrió.

—La libertad es algo difícil de definir, y más aún de entender, la libertad, después de un tiempo a tu lado, he entendido por fin que es un deber; sé que parece que no tiene nada que ver, pero lo tiene todo que ver, la libertad, es una decisión, una opción constante y latente, la libertad solo existe por medio del sacrificio, y me costó mucho entenderlo, aplica en el trabajo, en el amor, en la amistad, se es libre cuando se decide, y se asumen las consecuencias entendiéndolas, yo ya estaba preparado para esto, para tu berrinche, para tus golpes bajos, y quizá pensabas que revoloteabas como una mariposa y picabas como una avispa, pero has sido torpe, te has tambaleado como un borracho gordo, cada palabra con la que has intentado herirme ha sido un vidrio sobre el que te has parado, lo tomás como una falta de lealtad, el que te haya dejado, sin darte cuenta que la decisión no es apresurada ni nueva, lo hablamos, en más de una ocasión, pero nunca entendiste que no era solo metafórico, yo no estoy abandonando nada, por el contrario, me voy porque tu ausencia se ha vuelto evidente. Vos ya no habitas tu propia vida.

Y sí, Cada que lo pienso, cada que la idea viene a mí, siento que Wilde, bueno Henry, porque lo dijo todo, lo hizo bien al decirlo todo, y nada más puede decirse, tenía razón. La felicidad no es amor, pero yo no me voy porque quiera encontrar la felicidad, sino porque estoy harto de la seguridad con la que asumís que la vida es, y no con la que puede ser, desde hace años comenzaste a ceder frente a lo que el mundo quiere, sin hacerle frente, resignada al qué dirán, y yo, jummm me importa un bledo, sí, soy el mal escritor y eso te jode, y me voy porque ya no me duele quedarme, porque vos perdiste de vista algo, tu realidad no me gobierna.

La sabana: Casino

Se requiere cierta actitud especial, cierta habilidad para ser un buen dealer, hay que saber apreciarlo, porque de lo contrario es un trabajo soso y fácil, pero si se hace bien, si se cuenta con la disposición correcta, es el paraíso.

No se necesita como muchos piensan habilidad con las cartas o los dedos, el trabajo no tiene truco, no requiere de engaños, por el contrario, necesita de intuición, de sangre fría, solo algo comparte con la magia, la observación, hay que saber mirar, dónde mirar.

Los dedos tiemblan, pero solo en los primerizos, a los que la suerte les viene con adrenalina, si ves a uno que tiembla, puedes reírte un poco, es como ver un video de un panda torpe en youtube, no sabe cómo apostar ni cuando retirarse, no entiende el juego, pero lo juega, como los pandas bebes que hay en internet y que caminan torpemente o trepan sobre algún obstáculo, solo para caer, son ingenuos, y eso te hará sonreír, pero, al igual que con los pandas, no hay mucho más para ver, una vez se caen, se levantan nerviosos, un poco asustados y se van.

Luego están los intrépidos, suertudos, similares a los roedores y marsupiales que hay en internet: ardillas, hámsters, nutrias, ratas, nunca apuestan de más, y tienen una agilidad destacable, aunque parezca imposible, a final de mes no han ganado ni perdido un peso más allá de lo normal, como extraviar 10 dólares o encontrarlos en un viejo bolsillo del pantalón, no lo saben, pero tienen un don, el del equilibrio, caminan por la cuerda floja sin percatarse del peligro, sobre cables de alta tensión sin sentir una pizca de vértigo, te llena de adrenalina verlos, sufres con ellos, y quieres que lo logren pero al final caen, y se levantan, la clave con ellos es que debes verlos de manera frecuente, así que son mucho más divertidos de observar.

Luego están los carroñeros, cazadores furtivos, letales si quieren, y no juegan bajo las reglas, persiguen, olfatean a los heridos, a los moribundos, los tientan y luego los llevan a algún lugar clandestino a desplumarlos, son dealers de casinos clandestinos, muchos de ellos pagaran con sus vidas la adicción que los corroe, cuando llegan a ese estado, la verdad es que ninguno tiene ya mucho que perder, pero aún así ellos vienen a llevarse lo que queda.

Y luego están los que hacen que todo sea interesante, los cazadores, ellos nos buscan a nosotros, sin saberlo, y no a todos nosotros obvio, tienen también ese deseo de fingir, mentir, de asustarse y de acorralarnos, bueno no a nosotros, nosotros no apostamos nada, es el casino el que pierde, pero sientes cuando estás en frente de ellos que juega contra ti, que te acorrala, a los demás los ves sudar, sufrir, ves las argollas guardadas de los que intentan esconder la traición a sus promesas maritales, ves a los desesperados, que acuden acá en búsqueda de una señal divina, ternuritas, aquí la señal solo viene de abajo, ellos vienen queriendo duplicar sus soluciones y lo único que logran es una escalera real problemas.

Pero los cazadores, ah, gloria bendita, vienen te miran a los ojos, se ríen y entonces lo sabes, quien suda eres tú, no sabés él que está jugando, no sabes nada de su vida, no sabes si quiera si es su dinero, parece que no lo fuera, apuestan con fuerza, y sientes que te desgastan, pescadores, sí, te atrapan y te llevan de un lugar a otro, menguan tus fuerza, quebrantan tu espíritu y de repente estás nervioso, ya no sabes que preguntas hacer, ya no les animas a doblar sus apuestas, o a plantarse, olvidas tu libreto y sin saber cómo cierras con números en rojo, hay que aprender a reconocerlos si quieres durar en un lugar así, si te pillan tres veces seguidas, en un mismo mes, estás liquidado.

Una pista más, no los verás nunca en la ruleta, ni en los dados, a las tragamonedas ni si quiera se acercan, su vida y la nuestra está en las cartas.

Silla de Bus

La mirada del chico estaba perdida en la irrealidad del embotellamiento en que se encontraba, ya no había esperanza, la reunión a la que se dirigía ya había empezado y la radio anunciaba que la malla vial había colapsado, tardaría al menos 2 horas más en su trayecto y no llevaba consigo nada que lo rescatara del tedio, ni un libro, ni una sola hoja para distraerse…

Lo único que podía hacer era pensar, ignorarse así mismo no estaba siendo de ayuda, ya no tenía sentido bajarse a recorrer esas calles inundadas de motores, de humo, y se resignaba a estar allí en esa pequeña prisión de metal y vidrio.

Estaba completamente sumido en sus pensamientos y de repente un sonido lo llamó de nuevo a la realidad. Una chica leía en voz alta, no pretendía ser escuchada pero para él era imposible omitir ese tono de voz, no había ni una palabra que al salir de su boca no le causara gracia, carecía de acento, pero lo dominaba, era un susurro que lo esclavizaba y ya no quería hacer nada que no fuera escucharla.

El bus estaba casi vacío y acercarse sin motivo parecía tonto, seguro la asustaría, pero de pronto su cuerpo empezó a moverse, iba rumbo a ella y en su embelesamiento no lo notaba.

—Te puedo ayudar en algo

Estaba impactado, no era tan chica, tan joven, era una mujer madura, unos 35 años, pero parecía que el tiempo también se hubiera fijado en ella, en su voz, y la había congelado, impermeabilizado a su paso.

—Me trajo tu voz —contestó

Ella sonrió. —Deben decírselo a menudo, pero no puedo pensar en fingir, ni siquiera fui yo el que me moví, te puedo asegurar que estaba inconsciente del movimiento hasta que me hablaste

— Tengo mala memoria, vení, sentate, ya no quiero seguir leyendo y me vendría bien tu compañía
No había opción, su cuerpo se sentaba junto a ella, parecía verse desde lejos, escuchaba las palabras pero él solo podía escuchar notas musicales, ante sus ojos ella era una caja musical, y cada palabra, cada nota erizaba su piel, era un saxofón, un violín, un piano, un clarinete, viento y cuerdas que nublaban por completo su atención. No le importaban sus labios, el tamaño de sus pechos, ni el color o la forma de sus ojos, no había podido repararla, no podía sentir ni percibir algo diferente al estímulo de su voz, era como estar bajo una piscina, nada podía penetrar la barrera entre él su voz. Ella le pedía que hablara, él sonreía, cautivo, completamente cautivo de su voz, era incapaz, cada sonido que él emitiera significaba un momento de silencio de ella y era un precio demasiado alto a pagar, no el no hablaría, mientras la tuviera frente a frente, y en su ausencia solo buscaría símiles de aquel sonido, no valía la pena escuchar nada más.

—Sos presa del silencio, o sos el silencio, —dijo la mujer y retomó, — con vos es muy difícil saberlo, muchos son un eco, repiten hasta que se quedan sin fuerzas las ideas escuchadas, palabras que a lo lejos les resuenan en los tímpanos, pero vos, te fascina el sonido y creo que omitís completamente el contenido, has de ser músico, mi vos tiene ese efecto en los afinadores de piano, pero nunca había conocido uno tan joven.

—No quiero hablar, porque para mí sos un cuento, yo un lector, no quiero ser este sujeto, porque vos, sos y para no darle muchos rodeos, sos la mujer a secas y en mi cuento no paras de hablar, de suponer, de increpar y algunas veces, pese a la melodía de tus palabras, a la gracia con las que las elegís, eres hiriente, en esos
momentos podés darle sabor a las palabras, y todo depende del desprecio con el que las digas, entendés tu poder, no solo las escucho, cuando se te da la gana tus palabras tenías saben a una cucharada de café molido rancio y para colmo les das olor, olor, un olor a pañal podrido, pero yo sigo aquí, enmudecido.

—Las personas suben y bajan del bus, el tráfico reanuda su lenta marcha y a él nada le importa, sigue meneándose en esa voz, como el tono de una nota regordeta escalando en un solo coral.

—Yo como lector y personaje debo prevenirlo, debo convertirme en griego, pedirle que no escuche a la sirena, que no las siga, que lo llevará a la muerte, pero tengo curiosidad e igual si lo dicho, yo no me hubiera escuchado, y que cuando me pidas bajar yo baje, te siga hasta tu casa sin dudar un solo paso, y que cuando me pidas embalsamarse y meter mi corazón en una botella, sincronizándolo en un latido fijo, me rinda sin dar pelea.

El silencio reinaba, y ella sonreía, —con tu imaginación y mi voz, los vecinos morirán de la envidia, me bajo en la próxima parada, si querés, nos bajamos juntos. El bus chirrió tan agudo como en cada parada, la compresión del aire haló hacia adentro la puerta, había llegado a su próxima parada.

La mala sangre

Mientras agitaba el pequeño tubo de ensayo podía ver que la sangre que allí se movía no era roja, sino que se acercaba a un color más oscuro, entintada, un rojo profundo que le indicaba que la circulación no había sido la adecuada, quizá, ennegrecida, como estaba siempre pensaba que esas muestras estaban llenas de algo, cargadas de mucho más que glóbulos y plaquetas, es sangre enferma pensaba, y la verdad es que no había ninguna relación y ella lo sabía, pero hay cosas que se saben y no por eso dejan de creerse.

Pensaba mientras la sangre se adhería al vial, que solo así podía imaginarse la circulación de los mezquinos, negra y pegajosa, como el fin del ciclo menstrual, con un olor más cercano a la muerte que a la vida, morados de la historia, hematomas imposibles de olvidar que requerían de una sanguijuela para ser extirpados.

Por eso no podía nunca dejar de ver las muestras de sangre de los criminales a los que estudiaba, trataba de buscar un indicio, algo que los predispusiera en su genética, en su fisionomía, pero nada había que los uniera, la sangre de víctimas y victimarios era igual, ninguno contaba con un rasgo más fuerte o más débil no había rastro de ninguna cadena de genes que explicará porqué uno estaba siempre vulnerable ante el otro. Nada, absolutamente nada.

En los animales, un rasgo distintivo, recordaba explicándose a sí misma, los predadores tienen los ojos en frente, lo que les brinda una mirada telescópica para enfocar a sus presas, mientras que las presas tienen una mirada panorámica, para evadir a los predadores, genéticamente, están diseñados para cazar y huir, pero en nosotros no hay un solo rasgo, un solo hueso, y dado que las formaciones esqueléticas están descartadas, la {única esperanza era la sangre, pero después de dos años, aún no había nada concreto, solo la intuición, que le recordaba que algo no iba bien, que esa sangre no lucía bien, que había algo raro.

Había intentado con la temperatura, por aquello de los asesinatos a sangre fría, pero no había una diferencia ni en medio de la circulación, ni en una muestra la sangre era normal, perfecta y abrumadoramente normal, su viscosidad y su densidad, su contenido en proteínas, incluso su pH entraba en los rangos normales. Cada muestra le confirmaba con terror que en los 250 ml de un recién nacido ni en los 5.5 litros promedio de un ser humano adulto de 70 kg había algo anormal, ni el aproximadamente un litro que se encuentra en los pulmones, ni en los 3 litros en la circulación ni en el restante se repartía entre el corazón, las arterias las arteriolas y los capilares NADA.

El aroma tampoco era diferente, un olor metálico, que francamente no tenía para ella ninguna diferencia, salvo una pequeña excitación que le generaba, pero era solo en la percepción y no en su composición… y eso fue lo único que necesitó para darse cuenta de lo errados que habían estado, dos años 724 días enfrascados y enceguecidos buscando algo genético, gestacional que generara una predisposición disociativa en los seres humanos, habían terminado por concluir lo que ya se sabía, que la composición química, morfológica y genética entre seres humanos no tiene diferencias notables, todo, lo bueno o la malo, viene después su leve excitación le recordó que ella no era normal, entendiendo la normalidad como la convención estadística de respuestas promedio frente a un estímulo, porque cada que olía sangre recordaba la excitación que le producía recordar los besos de su amante cuando este le bajaba comenzando o finalizando el periodo, que ella se humedecía frente a la sangre únicamente por su relación y experiencia personal y que el programa no debía invertir más en la búsqueda científica de diferencias entre cargas de proteína, o estados genéticos, la mala sangre, continuaba siendo solo una forma de actuar de los también llamados hijos de puta, sobre estos últimos se había realizado un estudio también hace unos años un estudio sobre su disposición a ser árbitros de fútbol, guardas de tránsito, policías de las fuerzas de contención social políticos y recepcionistas en puestos de control del gobierno, pero al igual que ahora, se había concluido que era también una simple manera de hablar.

El gusto

De los sentidos sin duda el más provocativo es el gusto, quizá tenga que ver el hecho de tener un par de kilos de más, sería lógico que lo relacionen con el peso, decía con una pequeña risa dibujada el escritor mientras comenzaba su discurso, lo hacía, saboreándose, con las manos en la espalda, con el placer en el rostro, y la mirada hecha fuego.

Mariana estaba leyendo nerviosa su texto, como toda estudiante de colegio perdía esa impertinencia juvenil cuando perdía el poder el anonimato, cuando sentía que como en todo banco o grupo, si era perseguida las demás la dejaban sola. Así que continuó, con esa fría y falsa postura de nada me importa, también tan propia de su edad.

Por sí solo puede sorprendernos y cuando se combina… ahhhh el paraíso queridos, el paraíso, porque nada puede vencer la fusión del gusto con cualquier otro sentido, el gusto y el tacto por ejemplo, las texturas invadiendo las papilas gustativas, los labios húmedos empapados, la firmeza de un arándano que juega en la punta de la lengua, la temperatura llenando la boca… e igual sucede con todos.

No es casual que El Buen Gusto sea considerado como lo es, un atributo admirable, y olvídense de las posturas acartonadas, o las distinciones sociales, el buen gusto no es como se piensa una postura elitista, la yema de huevo desparramándose sobre el arroz, es de buen gusto, siempre y cuando el huevo no esté con la clara cruda ni quemada, porque no es solo cuestión de estética, sino de naturalidad y de sincronización, de contrastes, de colores, de cortes, moldes y hormas, de encajar.

El gusto con el aroma, la mitad de la comida y de los orgasmos serían insípidos sin esta fusión no podrían mantener dura ni el miembro de un adolescente, el aroma es necesario, para darle al sexo su firma, su impronta, para irse con nosotros impreso en el pelo, en la barba, en el cuerpo, sin el olor el sexo es limpio y el sexo limpio es frívolo y triste.

Cuando terminó de leer esa frase, Mariana estaba sonrojada, podía sentir la lubricación escurriéndosele entre en los pequeños vellos de su pubis, y el calor sonrojándole las mejillas, la sangre acelerada, las palpitaciones recordando el aliento del escritor en su cuello, imaginaba de nuevo las manos recorriéndole las piernas, el temblor y el sudor de sus rodillas mientras daba vueltas en su cama, Mariana estaba excitada, como lo estaba al haber escuchado por vez primera las palabras en voz del escritor y recordaba perfectamente que eso la había hecho salir tras él, sujetarle la mano preguntarle por sus cuentos, pedirle que si podía entrevistarlo para una tarea.

Recordaba montarse en su auto, nerviosa, sentir que su humedad, tal y como ahora era abundante, y pensar que sin ropa interior el líquido que escapaba de sus pelitos y se impregnaba en la silla del pasajero, recordaba verlo suspirando, como si supiera, como si oliera su excitación y eso la hacía mojarse aún más.

Y en el trance que se encontraba continuó hablando, el gusto con el oído también combina por que el golpeteo de una lengua contra unos labios hinchados, contra un clítoris endurecido, dirigido como una sinfónica por los gemidos, se hace imprescindible, magnánimo y encantador, un crescendo, un coro exaltado digno de un aplauso.

Y calor que Mariana sentía ahora se trasladaba a sus compañeras, el mismo profesor estaba sonrojado y tenía la respiración entrecortada, su lengua, no la del escritor calentaba a 30 adolescentes que al igual que ella sentían en sus tetas la ausencia de una mano, de un agarre firme, de una lengua hábil, sus nalgas extrañaban la sensación de una pelvis rozando contra ellas y toda intentaban cruzar las piernas para estimular y controlar al mismo tiempo la excitación que se apoderaba de ellas.

El gusto, el gusto lo vale todo, así que por eso escribimos, esa era la respuesta, escribimos por deseo, por el vil y humano placer de escribir, por sentir las letras golpeando contra nuestro paladar al leerlo en voz alta, por sentir la respiración agitada, el miedo, la rabia y el dolor que imaginamos, escribimos porque podemos, aunque tú no nos leas.

Papanatas

Sudaba, era evidente que no tenía idea de lo que hacía, y por eso sudaba más de lo que podría llamarse normal, su ropa también lo demostraba, la imprecisión de sus movimientos, la torpeza tímida con la que se aproximaba a cada acción, la postura tosca; mecánica, era un indicador claro de que más que tenso, era un inexperto, aún así comenzó a hablar:

—Los principiantes, no importa el campo, ni el tiempo son siempre una atracción, nadie pude evitar el verlos, les recuerdan siempre a ellos mismos, pero algunos no son conscientes, suelen creer que son solo siempre su último resultado, su mejor versión, pero quien es siempre su resultado es un fracaso constante, lo importante es ser siempre el proceso, esa sutil diferencia lo cambia todo.

Quien es siempre su resultado, está siempre nervioso, está a un fracaso del fracaso, de una avalancha de un precipicio sin red, quien está en cambio siempre en proceso, se permite errar, e incluso lo hace con cierta alegría, quien se juzga por el resultado al fallar comienza a temer, el temor evita el riesgo, sin riesgo hasta la monotonía se aburre, y lo pero que puede pasarle a alguien es eso, porque ya no importa lo que lo diga, porque se marchita, porque se vuelve artificial, seco.

Imitadores, simple imitadores, no saben patear la pelota, ni donde apoyar el lápiz, no saben agarrar una teta, ni dónde lamer, ni cuando chupar, ni morder, no es delito, pero ninguno lo acepta, la suerte del principiante es mala, solo que no tan mala como ellos creen, y sí, el mundo es hostil con ellos pero únicamente con los que han confundido el comienzo con el merecimiento, esos que aparte de ser torpes, de lucir inseguros, intentan convencernos de que es su derecho estar no solo frente al reto, sino de pensar que este no está a su altura.

El mundo está lleno de ellos y si no quieren desaprovechar su oportunidad tendrán que reconocer sus pequeños impulsos, son condescendientes, toman un objeto, y buscan en él una señal, la aprobación de un tercero, la reacción del universo frente al encuentro, ¡Dénselas!, sean ustedes esa manifestación clara y precisa de que el universo ha predestinado a ese hombre o mujer para ese encuentro, háganlos soñar con que su nueva vida comienza justo cuando toman la decisión de comprar lo que tienen en las manos, no importa si es un lapicero, un balón, una rueda de gimnasio para hacer abdominales, no importa si el hombre parece una carreta, no importa que ustedes sepan que va a fracasar, vendan el caballete, el alargador de penes, el sostén mágico, el jean que horma, el dvd, la licuadora, no son nadie para destruir ese sueño, anímenlos a soñar, búsquenlos, abran bien los ojos porque ahí están ellos, esperando, y serán suyos, o serán míos.

Ya ni sudaba, ya no se temía, era diferente, no es encogía de hombros ante el micrófono, ni evadía los ojos de Raquelita, la asistente administrativa que lo había dejado por Álvaro, no pensaba ni siquiera en su nombre, que nunca le había gustado, ya no era José, el precoz que arruinó su primera vez, el que no supo lamer y mordió, NO, ya no era ese que se cansó de arrancar hojas de apuntes, olvidó su fracaso en las artes y se aferró a sus triunfos aritméticos, olvidó su terror escénico, y no era más ese a quien había descrito, no era la orina que le corría pierna abajo y a la que ni siquiera determinaba, ya no era nada ni nadie de lo que había sido, era solo el 1, el # 1 el mejor, era septiembre y sus días, era sus hazañas; sus tretas, era el vendedor del mes hablando frente a toda la cadena, era el súper numerario, el verdugo de los presupuestos, era el imperio de los créditos, era, estaba seguro, la mejor noche de su vida.

A lo lejos otros vendedores inseguros lo miraban extasiados y excitados, quienes lo habían logrado antes que él, recordaban el momento, quienes aún no lo lograban soñaban con su discurso, su noche sus 15 minutos, su fama.

Siempre bajan así, agotados, sienten que han cambiado, que son otros, se vuelven adictos a esa sensación, a ese momento, y estarán dispuestos a todo por volver a sentirlo. Papanatas.

¡Feliz año!

La semana había sido lenta, pero finalmente el día que tratábamos de evitar llegó, como sabíamos que sucedería, podías ver a los novatos, su rostro había cambiado, el lunes estaban radiantes y en solo 3 días de historias habían obtenido ese semblante pálido y asustado que los caracterizaba cada que debían enfrentar algo nuevo, pero hoy, hoy hacen bien en estar asustados, la angustia crece y los carcome a medida que a medida que se acerca la hora de empezar el turno.

—Es hoy, comenzó su discurso el líder del día, y sé que muchos de ustedes han estado escuchando historias, chismes, sobre lo que está por suceder, quiero que tengan algo presente, hoy todo se trata de una sola cosa, nostalgia y melancolía, es normal, quiero que lo entiendan, nadie va a culparlos y quiero que ustedes tampoco lo hagan.

—Cuando terminó de hablar, la cafetería, que hacía también las veces de sala de juntas, quedó sumida en una tensión aún mayor, los primíparos, que aún no sabían si creer o no habían entendido que era en serio, que todos sus miedos iban a hacerse realidad, que la realidad estaba por devorarlos, que mañana, iba a ser difícil que no iban a tener la voluntad de salir de la cama.

—A veces hablamos de extrañar, continuó el líder de turno, sentimos que nos hace falta algo, alguien, sentimos su ausencia, como cuando vuelve a practicarse un deporte que hace mucho tiempo no se realizaba, y sientes al día siguiente que usaste partes de tu cuerpo nuevas, músculos que no sabías que podían dolerte, de repente duelen, joden, de repente nacen doliendo en el dorso, en la zona lumbar, en la cadera, así duele también la abstinencia, la pausa, el adiós, muchas personas van a llorar, prepárense, en las fechas importantes, ese dolor se nota, escucharán voces adoloridas, tendrán que lidiar con no solo con el estrés, sino con la culpa, el dolor, y de nuevo las ausencias, hoy no se angustien por aquellos que tienen algún vicio, si alguno les dice está tentado a volver beber, a fumar, a caer en el sexo, en la masturbación… les repito, no se preocupen por ellos, porque se aferrarán a él, es más intenten insinuarles que un trago no hace daño, que a veces se necesita adormilar el cuerpo, el corazón, el cerebro, díganles que sí pueden, que es solo uno, ya sé que todos sabemos que no va a ser solo uno pero necesitan llevarlos a algo que los encadena a la vida, qué importa si es a un vicio.

Estarán los enfermos de siempre, los que llaman a masturbarse, las llamadas de broma, si les toca una de esas llamadas, piénsenlo bien antes de colgarla, el próximo podría ser alguien que ha perdido toda esperanza y esos serán los más difíciles, los que de verdad serán dolorosos, son los nostálgicos, no hay forma real de prepararlos para atenderlos a ellos, serán un desafío y deberán hablarles descifrarlos uno a uno, a todos les duelen esas cosas que no recordaban que tenían, van a tener llamadas desesperanzadoras, algunos de ustedes no recordarán qué hacer, y la verdad es que no hay mucho por hacer, si encuentran a uno que ha tomado el salto es posible que incluso los llamen después de haber tomado las pastillas, o de haber usado la cuchilla, bebido el veneno, les repito no hay nada que hacer, pero recuerden no deben colgar, no podrán hacerlo, su voz es hipnótica, su tono de voz es suave y sentirán una tristeza que es casi suya, el dolor podrán compartirlo y no los abandonará por semanas.

No es fácil de olvidar el sonido del último suspiro antes de un disparo, o una voz que se apaga perdida en balbuceos, no lo es…

—Lo que dice es cierto? Le preguntó Violeta a Andrés mientras el líder terminaba su discurso, que a esta altura ya no tenía punto de retorno y era obvio que su objetivo no se cumpliría, —Lo es y no lo es, esas cosas pasan, sí, pero no de la forma en como él lo cuenta, piénsalo de esta manera, y si fueras tú al otro lado de la línea, no te gustaría que hubiera alguien a este lado, alguien dispuesto a escuchar tus últimas palabras, para que no te sientas sola, para que tu último contacto con este mundo tenga sentido.

Con un doble dolor, Violeta se sentó frente a su monito, encendió el equipo aún ensordecida, se puso los audífonos y con una voz apagada escuchó una voz que la saludaba.

—Buenas noches, línea de atención al suicida con quién hablo, —El silencio se vio interrumpido por una respiración pausada, lenta,

—Hola, feliz año. —El silencio volvió a llenar el canal, y una respiración pesada empezó a apagarse.

Química

El fuego respira, en la oscuridad puede verse, está vivo, tiene ese toque que podríamos llamar soplo divino, inhala bosques, césped, carne… es insaciable; exhala humo, cenizas, muerte.
El fuego arde, y se transforma, convierte la madera en brasas las hace gritar al despedazarse, el fuego es sangre y vientre, semen todo y nada.

El fuego avisa y aún así marca, quema y consume, “Crack” estallaba otra rama, el chisporroteo amenizaba el dulce monólogo y distraía lo suficiente como para pasar por alto la mirada perdida, sin foco sumergida en las llamas, —Suena como lluvia, casi susurro —Sí, un poco lo hace —Te gusta el fuego —Es más que eso, respondió él sin siquiera levantar la vista, me absorbe, no puedo evitarlo, el fuego tiene algo, la calidez, el ambiente, sabe crear, bueno no, no sabe, no lo hace de manera consciente, pero es su naturaleza, entiendes, me atrapa –Lo entiendo, lo he sentido, pero me pasa con la lluvia, con el agua —Algo místico también tiene, pero me da miedo la pregunta que trae consigo el agua —Cuál es, preguntó ella —Qué hay debajo, respondió él, el fuego no tiene nada dentro, vacío, dentro del fuego solo llamas, y fuerza, todo lo que entra al fuego da fuerza, en el agua no sabes qué hay, nunca sabes que hay.

—En el fuego y en el agua hay vida, y hay todo, dijo ella viendo hacia la oscuridad profunda de la represa, nada es nada, todo tiene algo, por más simple que parezca, por más sencillo o dominable, tiene algo, en el fuego no lo ves, pero está ahí —No me hice entender, si entras al fuego estás vos, y sabes lo que va a pasar, si no entras igual estás vos, entre las llamas, en el agua, hay dudas, en el fuego certezas, en el agua hay miedos, en el fuego bueno, si están en el fuego es porque todo miedo lo dejaste atrás.

Ella sonreía, pero no hablaba ya, ¿—No crees?, preguntó —No, respondió sin vacilar, a mí me gustan las sorpresas, no saber, me gusta el dejarlo todo al azar, cualquier cosa puede llevarme, tomarme, morderte, empujarte, el agua es todopoderosa y se permite algo que la vida a veces no puede cumplirte —Qué preguntó él por primera vez levantando su mirada del fuego, encandilado como estaba notó su lunar sobre el labio, la tinta que le cubría las manos, las piernas, encandilado como estaba solo pensó que ella era ardiente, —Libertad —Libertad dijo él pensando, dijo él saboreando la palabra, tratando de degustarla para entenderla, pausadamente y sílaba a sílaba —Sí, libertad dijo ella entre risas, te sumerges y el universo entero es una posibilidad, el mundo entero carece de certezas, y todos afuera se preguntan después de un momento, dónde estás, estás bien, se rompe la realidad, si te sumerges en el agua, el mundo colapsa.

Él reía, ya no importaba el agua o el fuego, los labios gruesos, eran ahora lo que lo quemaba, las pequeñas gotas de sudor en el cuello, el brillo húmedo en su piel la duda a la que temía, la carpa estaba al fondo, y ellos dos caminaban hacia ella, nerviosos, sintiendo el calor de las brasas, el miedo de sumergirse sin saber si iban a salir de nuevo a la superficie intactos, porque algo no podía negarse entre ellos había algo, algo que une al fuego y el agua: química.

Hoja de vida

—No lo entiendo, dijo mientras miraba a la secretaria.

—La hoja de vida, debe traer una hoja de vida para la entrevista —He dicho que no lo entiendo, no que no la haya escuchado —Pues sinceramente joven, no sé en qué se pierde, qué es lo que se le escapa, usted me dice que vienen a aplicar al departamento de investigación creativa, pues si es así creo que no debería ser tan difícil de deducir que la entrevista requiere de una hoja de vida que le permita a nuestro personal de selección inspeccionarlo, conocerlo, y luego lo llaman a la entrevista.

—Sé como va el proceso, Dora, le puedo decir Dora? —Em sí, dígame dora —Gracias dorita —Dora, no dorita —Está bien Dora, le decía que entiendo perfectamente, pero me genera cierta curiosidad, de porqué no hacerme las preguntas directamente, ya estoy aquí, he venido porque me han llamado y mi amigo el canoso, el de lentes gruesos, lo conoce usted? —Ah el señor Jorge, sí lo conozco —Así es Jorge me ha pedido que venga, que les vendría bien alguien con mis habilidades, y ahora resulta que quieren que me vaya a casa, les escriba y les diga todo lo que podrías decirles en persona.

—Permítame llamar a gestión humana, quizá tenga razón y puedan recibirlo

—Dora tomó el teléfono marco y convencida por el discurso decía que tenía a un candidato que venía recomendado por Jorge, el mismísimo Director en Investigación Creativa, que había pasado para facilitar el proceso y realizar la entrevista. Todo esto lo hizo con una voz que parecía indicar que esa era su propia idea, no, no, no necesita hoja de vida querida, puede preguntarle todo a él de primera mano, le dijo mientras le guiñaba el ojo al candidato, el nombre, —Julián, dijo él mientras también le guiñaba un ojo

—Julián No conocía a Jorge, pero sí conocía a Dora, o mejor, a las personas como ellas, 37 años solteras, tanto hombres como mujeres en esos puestos subordinados se comportan igual, intentan satisfacer, y eso los lleva a convertirse en filtros, presionan al visitante, pero si este manifiesta conocimiento de un cargo superior e influyente y dan a entender de alguna manera que pueden haberse sentido maltratados o desatendidos por ellas, si intuyen que pueden presentar una queja, sus papeles se invierten, ahora no intentan filtrarte, o descartarte, intentan por el contrario congraciarse con el visitante, extraerle la mayor cantidad de información porque necesitan cumplir su segunda misión, conectar, simplifican la data, quién es uno, a qué viene, con quién debe hablar, todo esto sin saberlo lo coteja en su base de datos con visitas anteriores, acude a sus recuerdos sin percatarse y eso hace que se fijen en forma de hablar, palabras que usan, postura, vestimenta, el reconocimiento facial busca en una base de datos, el reconocimiento de Dora y de las secretarias, secretarios asistentes, es mucho mejor, pero también es vulnerable, si sabes donde presionar, por eso ahora dorita le conseguía lo que Jorge quería.

La gente olvida que hay personas como Julián ahí fuera, y se piensan preparados, así como a dora también conoce a los oprimidos, y a los opresores, sabe cómo hablarle a los celadores, a los policías, si no fuera estafador, seguro sería publicista, pero es más astuto, por eso juega solo, por eso no trabaja para nadie más que para sí mismo, y cuando Ángela de recursos humanos lo ve, cuando lo tiene en frente, él se da cuenta que no tiene anillo, que tiene casi cuarenta, que tiene unas piernas a la que los tacones le combinan perfectamente, unos labios gruesos, y algunas canas que se distinguen solo en las raíces, que su vientre no ha dado a luz, que en su dedo anular hay una sombra, un color de piel que no empareja, y piensa una divorciada, una persona divorciada es, al contrario de lo que muchos piensan un peligro, fue herida y sobrevivió, ha descubierto algo de ella que no sabía, se ha hecho consciente que si había una vida después de, y en ese momento se sienten invencibles, la novedad los renueva, como el alcohólico que deja de tomar, o el que deja de fumar, se llenan de un orgullo bárbaro, al menos las primeras semanas, por la mancha de la argolla, ella ya va quizá en la séptima o la octava, para fortuna de Julián en esa semana comienzan a flaquear y él lo sabe.

En la entrevista es condescendiente y considerado, atento, la escucha, la hace sentir parte de la entrevista, es cercano, ella olvida qué debe preguntarle, le gusta estar junto a él, las personas creativas deben ser empáticas piensa Ángela, para el área de creatividad sería un gran elemento, se miente así misma, la verdad es que quiere tenerlo cerca, quiere intentar seducirlo, como la ha visto Julián, le recuerda que aún es muy mujer para andar peleando, la actitud inofensiva que ha mostrado, la complacencia, la hace soñar con un amante considerado y dispuesto a esforzarse, terminan, le dice que el empleo es suyo en cuanto le mande la hoja de vida, que la necesita para el papeleo, Julián le dice que el lunes sin falta.

Julián sale sonriendo, ella sale sonriendo, adiós dorita le dice él al despedirse, chau juli, le dice ella, ahora quiere ser íntima. Es viernes 5 pm, todos se van sonrientes. El lunes al llegar al estudio la sorpresa es devastadora, no queda nada, lo robaron todo, y en el video de la seguridad vuelve a parecer Julián, el policía se enfurece, otra vez este hijo de puta, —30 robos en el último año, qué hoja de vida la que tiene.