Contra todos

Cierro los ojos y cuento: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez… lo hago mientras respiro pausadamente, mientras me quito los lentes y llevo la mano a la parte superior de la nariz, la curvita de donde nace el tabique, hago presión y siento que no funciona pa’ ni mierda, que el resultado será el mismo de siempre, que la estupidez se desborda… el paternalismo se folló a Darwing pienso y entonces escucho.

−Ana, ana, te estamos esperando−

Esa voz solo lo empeora todo, esa voz podría ser perfectamente la causa de todo, tiene ese falso sonsonete de niña bien, pero gangoso, ese osea que no suena a cuna de oro sino a un arribismo impostado, a una imitación tonta de niña tonta

−Ay Ana, linda, estás bien, muñe, me regalas un vasito con agua para Ani porfi−

Levanto la mano y rechazo todo, pido que continúen, intento decirles que no me pasa nada, pero la verdad es que me pasa todo, intento comprender cuanta autoestima tiene uno que tener para estar tan ciego, para no darse cuenta que la ingenuidad después de los quince años es güevonada, y mi problema no es con ella como luce, ni como habla, ni siquiera en lo básico de su pensamiento o en lo simple de sus necesidades, es que en sí ella es un producto y eso es lo que me genera estas ganas increíbles de eliminar la carta aprobada el 10 de diciembre de 1948 o por lo menos ponerle un requisito, alterar ese preámbulo y que diga: Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana; se le reconocerán a todos quienes demuestren coherencia y convicción en su accionar como individuo reflexivo.

Una sonrisa se me escapa, quizá en medio de la reunión se interprete como que todo está bien, pero no sonrío porque todo esté bien, me sonrío porque la idea me hace reír, la cultura impuesta por decreto es tan horrible como cualquier otra medida hecha a la fuerza, pero es que a esta le faltaron correctivos, y yo ya no estoy para andar soportando la incapacidad ignorada, es decir, no soporto es el autoconvencimiento sin argumentos, ni los títulos porque esos la verdad es que lo único que necesitan es de un poco de paciencia y disposición, el Ministerio ya no deja echar a los malos estudiantes, ni a los que roban, a los docentes los evalúan por número de estudiantes que ganan los cursos y se les responsabiliza del aprendizaje, como si ellos pudieran enseñar ganas, como si no tuvieran que lidiar con el producto de la frustración, porque si de algo es producto ella es de la frustración, se nota que en la universidad un profesor o profesora dijo, ay con tal de no verla… que se vaya, que en la escuela alguna o alguno lloró de impotencia.

La reunión continúa y ella sigue hablando, −Gordi, genial, pues a ver, es que es verdad, porque mi perrita cinnamon− otra vez hablando de ella, qué necesidad, pienso, y pienso, será que fue la hermana menor en una casa donde todos hacían todo bien, que necesita amor, comprensión y ternura… sonrío de nuevo, la reunión avanza sin mí, una de las cosas que más me molesta realmente es que saca lo peor de mí, me hace sentir como una fascista, como una camandulera y si hay algo que me moleste es eso, porque en general no soporto los generales, ni los coroneles, ni los curas, pero conocerla me ayuda a entenderlos, es que provoca… lo peor es que todo está tan normalizado y normatizado que ahora resulta que no, que pues como, que a ella hay que entenderla, que si la echo entonces soy una mujer que no apoya la causa, pero es que la causa de que haya opresión es que existan más como ella, sin carácter, sin comprensión de la realidad, sin, sin ovarios, para usar una de esas frases que nos hemos adjudicado.

Eso, eso es lo que más odio, ella me hace incluso antifeminista, no puedo decirle que es tonta porque cómo se me ocurre, saltaría el mundo a decirme que no, que pues cómo, que a ella hay que respetarla y valorarla solo por ser mujer, pero mi problema no es que ella sea mujer, mi problema es que es tonta, y lo peor es que el problema se expande, igual pasa con los afrodescendientes, los gay, las lesbianas, los creyentes… a nadie, a ninguno, a ninguna habría que respetarlo solo por su sexualidad, género, deidad a la que adora o color, el asistencialismo acabó con la meritocracia, nadie debería ser celebrado solo por existir.

−Ani, ¿estás de acuerdo?−

−No, con nada.−

Residencia

—Tenés que dejar de tomar así Juan, el hígado no te va a aguantar—

—Te equivocas Andrea, mientras que tenga algo para dar el conteo no va a llegar a 10, me voy a volver a parar antes de que suene la campana—

—Otra vez con esa mierda del boxeo, vos sos escritor, no boxeador, las letras no se las sacas a las botellas, ni a la putas, las letras nacen de la observación y con esa mirada borracha y difusa no podes ni escribir tu nombre—

—Yo no quiero escribir mi nombre si no hay fuerza en él, y para ver si es fuerte hay que probarlo… De vez en cuando hay que salir a buscar los problemas, si te quedas quieto, si te quitas los guantes y esperas en la esquina del cuadrilátero, si llegas a sentirte cómodo y olvidas lo que es un golpe a la quijada, un gancho en la costillas, estás muerto, es así de simple. Hay que llevarlo a probar su valía, su dignidad, hay que acorralarse contra las cuerdas y golpearlo con todo lo que se atraviese, hasta quedar hecho añicos, hasta sangrar, es justo y necesario—.

—A mí me lo decís, a mí, vos no tenés consideración ni conciencia, yo tiro todos los días mi cuerpo al ring, a vos por lo menos el alcohol te borra todo recuerdo de tu noche, te queda el dolor, el sudor, los moretones, pero a mí me quedan los recuerdos, soy yo quien te saca de las camas de las otras putas, soy yo quien te veo con vómito en el pelo, soy yo la que he creído que te me vas a desangrar entre las manos y vos crees que a mí me tenés que explicar eso—

—Cortá con el melodrama, si no querés más esta realidad, cámbiala, lárgate, déjame solo, pero yo ya te lo dije, yo solo puedo sacarle letras a la vida cuando estoy destrozado, cuando el dolor me sabe y me huele, no se puede fingir, en mi profesión no, si alguien se da cuenta de que un verso miente, que como escritor no sé cuanto mide el miedo, cuánto pesa el tiempo, a qué sabe el dolor… no tendría ningún presente, destruirán mi pasado y créeme, no quedaría ningún futuro—.

—¿Futuro, pasado, presente?, vos solo no tenés nada de eso, a vos te pesan las manos para escribir y corres a meter la cabeza en alcohol para terminar esa media novela que tenés metida entre la garganta, pero no te das cuenta que la otra mitad nunca la vas a poder sacar, porque sos así, mediocre, porque estás lleno de excusa y de mierda, de miedos, tengo razón, esa imagen sos vos, ese hombre medio difuso que en las mañanas prefiere ver su reflejo en vómito, que en un espejo, ese sos vos—

—¿Sabés porque volves igual siempre no, donde este mediocre que se arrastra por las calles?, ¿lo tenés claro no?, en una buena noche vos te podes coger 10 hombres más bellos que yo, incluso y aunque es poco posible a hombres mejores dotados que yo, pero todos tienen asco, de vos de la vida, vos volvés a mí por lo mismo que yo vuelvo a las calles en busca de mis letras, porque sé que la única puta impagable es la vida, con mi puta suerte, con mi puta vida, con mis putas ganas de verte gritar, sabés bien que yo no tengo asco, porque estoy vivo, y que es este viejo de mierda el que te compensa los orgasmos que fingís cada noche, ahora deja de joder, vení acá a la cama, dame de beber de tu entrepierna antes que la resaca me mate, chupámela y extraé el veneno que me está arruinando el hígado, y sudemos este disgusto, necesito escribir un verso antes de dormir, así sea con mi semen sobre tus tetas—

Aberraciones

Para gustarle a Gabriel bastaba con que la mujer tuviera dos tetas, un culo y un coño, si tenía pelo negro y una boca de labios gruesos le era indiferente a si era rubia y de boca delgada, eso sí, ayudaba si contaba con una sonrisa pícara y no le molestaban que el rostro antes que bello fuera endemoniadamente sexy.

No había mujer perfecta, él lo sabía, por eso le gustaban por partes, las tetas regordetas lo atraían, redondas, jugosas, de esas que no solo abarcan el pecho, que se escapan por los costados, esas le provocaba olerlas y morderlas, bañarlas en semen… también le gustaban los pies, las uñas arregladas, dedos proporcionados ni muy largos ni delgados, le encantaba masturbarse con ellos, descargarse en ellos y luego lamerlos.

El cabello le gustaba largo para halarlo, para enredarlo en sus dedos mientras penetraba con fuerza un coño empapado, esos coños le gustaban de dos formas, rasurados o con un puñado de vello que pudiera halar mientras lo devoraba con la boca o mientras lo penetraba con su miembro tieso.

Adoraba los traseros, tomarlos a nalgadas, poner las mujeres boca abajo, sujetar las manos con una de las suyas y empujar su miembro de un solo tirón dentro de ellas, le excitaba sentirse poderoso, arrancar en gritos mudos halagos e insultos, creía dominar el juego con facilidad.

Y entonces en la multitud la divisó, era pequeña, parecía carente de malos pensamientos, ah pero los había, en sus ojos brilla con fuego propio la lujuria, ella era tentadora y a la distancia lucía inmóvil y letal, sabía que desearía cogerla para arrancar de sus labios gemidos y jadeos…

Contrario a lo que esperaba, ella caminó hacia él.

−Te he visto a menudo aquí, te he escuchado, he reído con tus bromas y me has hecho mojar la entrepierna al escuchar de manera furtiva tus conversaciones, hoy quiero que pruebes lo que me has hecho sentir−

Estaba mudo, no sabía si había imaginado las palabras que habían salido de esa pequeña y sucia boca, así que preguntó:

−¿Segura que es a mí a quién buscas?, no aprecio mucho las bromas que me dejan con una erección entre las manos−

Ella rió por lo bajo y contestó −Estoy segura, no es casualidad que lleve tacones y una falda, que traiga las tetas desnudas bajo la camisa, ni el coño al aire libre. ¿Sabes?, no aprecio mucho el frío, aunque el roce me excita−

Pese a su declaración, su osadía no era su mejor arma. Su mejor secreto, es su aroma, la forma como su cuerpo olía haría que las piernas te tiemblen, que la voz se te ahogue, que la respiración te falte, a Gabriel el pantalón le restringía la erección que las palabras le habían causado, así que bebió de un golpe el trago que sostenía y dio una calada a su último cigarrillo, la tomó de la mano y empezó a descender lejos de la vista de las personas. Otro parque estaba cerca, uno silencioso, cómplice, solitario, durante el camino manoseó sus tetas, y cuando descendió se encontró con un coño húmedo y caliente.

No resistía la tentación, para su fortuna la oscuridad le favorecía, además era día de partido y tras el pitido inicial minutos atrás las calles estaban desiertas. la llevó hacia él de un jalón, la besó con fuerza y luego la giró, la tomó del cuello y presionó su rostro contra el capó de un carro, levantó la falda y entró con tanta fuerza como era posible, ella gemía, jadeaba y su respiración agitada empañaba el capó encerado sobre el que se encontraba, él apretaba sus senos, y amasaba sus nalgas con furia, la giró y nuevamente, tras subirla al capo, penetró ese pequeño coño con facilidad, subió su camisa hasta desnudar las tetas y las tomó entre sus manos, ella continuaba jadeando, y de repente le clavó las uñas en el culo y lo ayudaban a aumentar la fuerza de sus arremetidas, él tomó sus piernas levantó el tacón hasta su rostro y empezó a oler sus pies, a lamerlos, las uñas se aferraban a él con más fuerza y en un grito silencioso pero desesperado descargó su semen dentro de ella, mientras ella vibraba como en un ataque epiléptico que revelaba que al igual que él había terminado.

Lo Besó con fuerza y hasta hacerlo sangrar.

−Ha sido un placer−, dijo mientras encendía los dos cigarrillos antes de partir.

−Espero verte otro día− y caminando sin ritmo, falta de fuerzas desapareció entre las sombras.

El volvió a su parque, trago en mano, sonrió como un idiota durante toda la noche, mientras daba vueltas y vueltas a ese cuerpo endemoniado que había arrebatado de él más que un orgasmo y que había avivado sus aberraciones.

Hombre follándose a una mujer sobre el capó de un auto

Nombres

El apartamento era sofisticado y rústico, amplio, una sola pieza que te hacía sentir conquistador de todo el mundo conocido y visible, desde la cama podías llamarte terrateniente de todo el lugar, más que apropiado sin duda alguna para un soltero.

La ausencia de una comedor o de una sala transmitía la misma informalidad que siembre se buscaba en los parque y los bares, y sin duda alguna expresaba su propia visión de la vida, pragmatismo pleno, un espacio abierto, lo único encerrado aparte del baño era el cuarto, porque al pudor no hay minimalismo que lo contenga.

-Este sí es un lugar para vos- le dije sin dudarlo un segundo, y continué –aquí sí podés decirle a una mujer, bienvenida, quiero que sepas que este es el momento de las falsas promesas, y por eso quiero que te imagines con las piernas abiertas sobre esa mesa, desnuda y sobre mí en esas tres sillas, y que veas bien esa barra donde vas a tener que apoyarte mientras resistís cada embestida, cada penetración que irá cargada con deseo, con el miedo de que sea la última vez y con el terror de que quizá no lo sea. –

Sonreímos, ese sí era un apartamento de soltero, después fuimos al balcón, amplio, alargado y oscuro, servimos cerveza, prendimos un par de puchos y comenzamos a hablar.

No quedó Quijote sobre rocín en parte por mi intensión explícita y tácita dedicarme únicamente a las letras y por su apatía a la academia, Mario Mendoza, un escritor bogotano encendió las brasas…

No digan ustedes nunca que el quijote está loco, dice que le dijeron a Mario durante una clase en España, él al igual que todos aquellos que escriben son simplemente y libremente reinterpretantes de la verdad, mentirosos como diría Hernan Casciari, luego prosigue si dijeran ustedes que el quijote está loco, habría que decir y aceptar además que todo niño que juega a ser astronauta, vaquero, policía lo está… Salvo por el último niño, que pudiendo ser por lo menos Robocop elige ser un simple polizón, pudo ser detective, o superhéroe pero se contenta con la placa y el kepis, salvo por ese coincido con él, no se puede llamar al Caballero de la Triste Figura loco, o falto de juicio, cuando está claro que solo está inundado de nostalgia y voluntad.

No estudies me dice el pragmático, agarra esa plata y andate a vivir, a escribir, a ese olvido terrenal libre de cualquier ambición y desprendete del ego que quieren que te llamen por un nombre, dejá los títulos, que después de 4 años como docente de posgrado puedo jurarlo, dice él, la academia no es más que un nombre…

Batea al aire, no hay nada que romper, no hay cranck, ni plash, ni boom, ni una grieta, mirá pragmático no es el nombre, no quiero caminar sobre tapete de títulos académicos, yo quiero ir allá para conocer a otras personas con intereses literarios, con dudas literarias, aprender técnicas, recursos, estilos, yo simplemente quiero formarme mejor para escribir mejor, al carajo con los títulos, salud por su ausencia, yo no quiero que me nombren ni nombrarme… Yo solo quiero escribir.

La discusión desvaría, tiene encausada su cruzada, ni un magister más, y yo tengo clara la mía, escribir, ahogarme en este tintero mientras bebo y mientras fumo, mientras vivo, y sobretodo mientras me muero, en ese segundo preciso, ya sé que nadie es lo que lo nombran, porque todo hombre no es más que su obra.

Sabiduría popular

– ¿Vos si crees que estos manes vayan a respetar la paz?-

– No sé, ¿por qué lo decís?-

– no sé, pero es que nosotros no hemos perdido, y yo, bueno no confío mucho en ellos-

– ellos tampoco confían mucho en nosotros, y no, nosotros no hemos perdido, los únicos que pierden acá, son los que se mueren, además, yo no sé vos, pero yo estoy cansado, yo ya llené estos ríos de sangre, y sí, me sentí alegre cuando maté a los que mataron a los del pueblo, pero duró muy poco, y el resto de las muertes, ese resto de gente que nunca vi, de los que nunca oí, a los que nunca conocí… los oí llorar, rezar, antes de mandarlos pal otro lado, y ya estoy mamado de trabajar en un matadero de gente-

– pero si vos igual trabajabas en el matadero del pueblo, matar es lo tuyo-

– yo los únicos humanos que maté por elección, fue por venganza, el resto fueron órdenes, y por más que chille un cerdo, por más coces que lance una vaca, no se compara… la gente sabe y llora, llora porque no van a volver a ver a los suyos, lloran porque son hijos, padres, hermanos, porque son esposos, porque esta guerra se los roba a ellos, igualitico a como se robó a los del pueblo, a como se robó a tu familia y a la mía-

– pero por eso mismo, vos no descansaste hasta que encontraste venganza, ellos tampoco van a hacerlo, ojo por ojo y diente por diente-

– eso no es problema mío, yo estoy cansado –

– y si te matan –

– muerto también se descansa-

– y Dios, no tenés miedo de Dios –

– si existe, él es el que debe estar temblando –

– Dios, temblando por vos –

– sí, le tengo una lista grande, un montón de cosas por las que va a tener que contestar, yo estoy cansado, sí, eso es cierto, pero te juro que si yo cuando muera, llego a una reja dorada, donde un señor de barba me busca un libro y ahí mismito me dice, que no puedo pasar, me alzo otra vez en armas pero en el cielo, porque yo sí te digo una cosa, no es posible que uno pague por los pecados que a él le pertenecen-

– a él, o sea que vos decís que Dios te mandó a vengarte a este mundo… de todo se ve en la viña del señor –

– a mí no me importa a qué me haya mandado él, pero se recuerda del curita misionero que hace dos años tuvimos allá en el campamento –

– sí, claro me acuerdo de él, –

– bueno, él, fue él, el que me dijo antes de que lo matara, tú no te preocupes por mí ni por ti, nada hay en el mundo que esté fuera del plan de dios. –

– y vos le crees-

– a mí me importa muy poco, yo nunca he sido de agüeros ni de creer lo que no vea –

– como Santo Tomás-

– yo no puedo ni quiero pensar que todo esto estuvo justificado, pero te juro que si llega a existir, voy a  verlo a los ojos, y decirle que la próxima vez tenga los huevos de hacer sus cochinadas él y si aun así me culpa de algo, ahí mismito, cojo las armas y lo derroco, así como derrocamos aquí a ese hijueputa –

– Jum, mejor dicho, de las aguas mansas líbrame señor-

Se pierde


A Checho y a Tito les gustaba jugar pin pon, pero no pin pon pin pon, sino pin pon con ideas, ellos se encontraban encendían un cigarrillo y después de una o dos palabras de calentamientos servían la idea que iba a discutirse. Esta vez fue Checho quien comenzó:

— No creo en verdades, el mundo, el universo es simplemente probable, no tiene reglas sino fenómenos y no existe un dios ni muchos dioses que controlen ningún destino, y si los hay, les somos completamente indiferentes, esto quiere decir que no tienen nada preparado para  nosotros, y que pese a que estén enterados de nuestra existencia, les preocupamos menos que un gusano de guayaba a una tía de pueblo.  Es bueno tenerlo claro y saber que entonces solo hay una posibilidad para nosotros, la ausencia de cualquier sino, estamos en manos de la suerte y la verdad ni siquiera ella espera a ver si gana cuando juega con nosotros.

Por eso no entiendo tu gusto por apostar, y más cuando me decís, que hay que hacerlo para ganar; siempre he sabido que cuando se apuesta, se pierde, por lo menos la tranquilidad, por lo menos durante el tiempo en que aún gira la ruleta, o da vueltas el dado, o siguen cayendo las figuras del traga monedas, se pierde la paciencia mientras que, el dealer, quema las cartas y luego, la carta, para abrir el poker, se pierde el control y se pierde la libertad.
 
Después se gana, incluso cuando se pierde, porque ya se ha recobrado no solo el poder, sino también la esperanza, que se perderá en la siguiente apuesta de nuevo: el azar es un en sí mismo una sola probabilidad, una moneda al aire y en el tiempo en que gira todo está perdido. —
 
Tito sabía que Checho sabía que para él la apuesta nunca era una apuesta tradicional, también sabía que Checho nunca se había planteado otra forma de perder que no fuera el dinero. Y fue ahí cuando aprovechando el espacio para darle un efecto nuevo a la idea y hacer que el juego se le saliera de las manos:
 
—Uno tiene que entender Checho que el dinero no es lo único que se pierde, fíjate por ejemplo en que uno no se despecha por quedarse solo, que el duelo se hace no para sanar heridas sino para listar las pérdidas, el desamor es un control de daños, porque solo existe una única tragedia y una verdadera traición, cuando ella se va, no se va sola, y hay muchas cosas que se marchan junto a ella. —
 
Checho abrió grande los ojos, tenía la mirada perdida, sabía que intentaba decir Tito, pero más sabía que esa bola no iba a ser fácil de contestar.
 
— No son los años, ni la ropa que nunca volverás a ver, no es el dinero que gastaste, ni el orgullo herido de saber que no sos vos el que la hace gemir, no es el quizá nunca volver a verla entrecerrar los párpados y blanquear la mirada, no, no es el que no volverá a humedecerte el sexo, ni los labios, no, el dolor, el daño, la ausencia es la de aquellas cosas que dejarán de ser tuyas. Te darás cuenta que tú canción, ahora es su canción, que no podrás volver a dedicarla que el solo pensarlo te hará sentir como un farsante, esa canción ya no es tuya para compartirla, ni podrás pensar en los versos de tu poema favorito, porque ahora ella lo recita, siendo sinceros Checho, no es ni siquiera el hecho de que ella las escuche, o los conozca, es que han perdido su fuero sagrado, no es por ella Checho, es simplemente que al igual que ella, ya no son tuyos, ni los cuentos, ni las notas, ni los versos, ni la película que solo a ti te gustaba desde un comienzo posiblemente, todo lo que fue ya no es tuyo —
 
Tito lanzo la moneda al aire y repitió las palabras que Checho ya conocía:
 
—El azar es una moneda al aire, una probabilidad y por el tiempo que gira todo está perdido—
 
Intentó defenderse —Pero volverá a estar en mi mano—
 
Pero era en vano —Sí y volverás a lanzarla—

Viaje en Metro

Un niño llora en el metro, está en los brazos de su abuela y sufre abiertamente y en voz alta, ¿dónde está mamá? Pregunta, ¿dónde está mi mamá?, enfatiza posesivo, reclama a gritos la presencia de ella… Yo sonrío al escucharlo, supongo que su abuela va a contestarle y a calmarlo, pero ella no se inmuta.

Mala señal, pienso, no debí cambiarme de vagón, probablemente el nene lleva mucho tiempo preguntando por su madre, sin aceptar ninguna respuesta, sí, seguro fue una mala idea el cambio de vagón, en la próxima estación volveré al que estaba, mientras divago en posibilidades algo pasa, me sumo en esa angustia del nene y pienso: eso es amar, amor, puro y duro, un amor inconsciente. Él llorará hasta perder la voz, y luego llorará en silencio, y su llanto solo cesará cuando el sueño lo venza o hasta que su madre aparezca frente a él.

Él no sabe, tampoco le importa, pero a los adultos esos llantos le son incomprensibles, les han sido amputados de la vida social y condenados a la privacidad, lo aprenderá como todos nosotros con el paso de los años, porque en uno o dos más, caerá mientras que corre en un parque, en la casa o juega con sus amigos y se golpeará fuerte, dejará la piel sobre el asfalto, o en la arena, verá correr rojo sus miedos, rojo y caliente su dolor y llorará de nuevo en voz alta, y su padre lo levantará, lo mirará a los ojos y le dirá, sea varón, los varones no lloran… luego, sus amigos, un poco más canallas, un poco más sadistas, le cerrarán aún más los lagrimales, al levantarlo a pata en un gafiado, y sentenciarlo, no lloré, no sea niña, que llorar es para maricas… Con el tiempo, aprenderá la magia que le permite convertir el llanto en ira, y en sarcasmo.

Allí en los brazos de su abuela, él no sabe, ni se imagina, ni tampoco le importa que cuando tenga 20 años se pasará de copas, se ahogará entre tragos ya sea por echarse un polvo, o por la desazón de hace mucho no echarse uno, beberá como caballo asoliao y no llegará a dormir a su casa, y entonces será su madre la que se angustie, la que no podrá encontrar paz, y solloce en silencio, hasta que el cansancio la venza.

Ninguno de los dos sabrá conectar sus llantos, no sabrán escucharse, ni recordar la historia de sus lágrimas, y cuando discutan no habrá treguas, cada uno hará su magia y convertirán el dolor en enojo, en silencio, porque él no recordará haber llorado, y ella habrá perdido la cuenta de sus llantos, y tampoco recordará la razón de las lágrimas que ahora le cubren el rostro.

Llorarán juntos, cuando su padre fallezca, cuando su abuela no vuelva de la tienda, pero siempre llorarán en la ausencia del otro, nunca el uno frente al otro, porque sentirán que deben darse fortaleza, sin saber que necesitan es llorar hasta el cansancio.

Él no sabe, no puede imaginarse, que mientras que siente que el mundo es un lugar cruel, aunque no sepa que es ser cruel, mientras siente que el mundo es egoísta y mezquino, aunque no sepa que es egoísmo ni mezquindad, un gordo de mierda va pensando en cuantas veces más llorará en su vida, y le importa un carajo que el obeso de gafas, se tome el tiempo de hacerlo crecer entre llantos, de quitarle a su padre y a su abuela, al nene le importa todo tan poco, para él, el mundo se terminó cuando dejó de ver su madre.

Como a una guitarra

Era ella, si de algo estoy seguro es que era ella, el cabello corto, ondulado, los ojos de girasol grandes y abiertos, la sonrisa insinuada… cuando la vi supe que era ella, y ese es el problema de lo no dicho, vuelve en sueños, su foto enmarcada, sus hombros desnudos, su clavícula evidente, y esa mímica de sonrisa, bueno no, mímica no, es su sonrisa, pero no parece una sonrisa real, es una sonrisa social, de esas que se usan para que no te pregunten si estás bien, si todo marcha en orden.

Debajo de la foto una frase: quiero que me toquen como a una guitarra… y yo solo pienso, como una guitarra, no sé tocar guitarras, sé sostenerlas, y hacer un par de chistes, y como todo sueño carece de sentido, no dudo de la posibilidad de hacerlo y me lanzo a tocarte; pero no te sostengo entre mis manos, ni te rasqueteo con la yema de los dedos el cuerpo desnudo, no, voy directamente a la planta de tus pies y la imagen es tan real, tan cercana, tan inverosímil, pero es un sueño y tiene licencia ficcional, por eso ahora estás presente e indignada, no porque te sueñe desnuda, sino por mi elección de cómo y dónde tocarte.

−De todos los sitios posibles, de todos los sitios posibles, de todos los todos posibles− repite sin parar

Frunces el ceño, al parecer ha sido inadmisible, quién me creo yo para decidir tocarte ahí, donde quizás hasta yo tampoco lo esperaba, que no me haya aventurado a manosearte las tetas, a lamerte y morderte, que no te haya apretado, ni asfixiado mientras te hurgaba el sexo empapado entre las piernas parece un insulto tras escucharte el reclamo y continúas.

− De todos los sitios posibles, elegís hacerme cosquillas, en un sitio eróticoinfantil, tan te quiero follar y abrazar, tan vos, tan desubicado como siempre, no sabés ni siquiera para qué son los sueños, te dan libertad física, química, universal y vos elegís hacerme cosquillas

No sé si es mi sueño, porque no puedo interrumpir el regaño, es como si en el fondo estuviera de acuerdo, no sé qué hacer, salvo mirarla, los labios gruesos, abriéndose y cerrándose, los ojos ardiendo de ira, aún desnuda, y me río, me río, trato de mirarle los pies, y lo sabe porque sé que lo sé, porque es mi sueño y soy omnipresente y todo poderoso, en este universo mando y gobierno, y sé que ella se enfada de nuevo porque sabe que sé y aún así lo hago.

El enfado termina, sonríe, y habla:

− Me rindo, si fuera por vos sería toda pies hoy−

Sonrío, es por mí que no lo sos, pienso pero callo, sé que ella lo sabe porque yo lo sé, qué extraño este de compartir la omnisciencia, por qué darle tanto, bien podría no compartirle nada, y solo someterla a los deseos caprichosos de mi poder de dios universal de mi sueño, pero me gusta el desafío, el juego, amo el juego, el dar y soltar, el carácter fuerte que se doblega, que simula doblegarse, la voluntad conquistada, la voluntad entregada, solo así es posible, ella sabe porque quiero que sepa y ahora enmudece y sonríe, estira sus pies, me toca, me recorre con ellos, sonríe, ella sabe que yo sé que sabe y que sé, complicidad, de eso se trata.

Despierto y solo recuerdo que la vi y le hice cosquillas, quizá ni siquiera fue ella, quizá ni siquiera fui yo, nadie me obliga en sueños a ser yo, ni a que sea ella, las formas en los sueños se forman más por deseo que por voluntad, quizá entonces es que quiero ser yo y que quiero que sea ella, aunque no recuerdo su nombre, aunque nunca hablamos, aunque de ella no conozco ni el timbre de la voz, aunque de mí no conozca ni el deseo que por ella puedo experimentar, quizá haya sido solo tedio onírico, ociosidad toda poderosa, quizá solo cansancio, quizá haya sido solo un recuerdo infundado de un volumen nunca palpado, una simulación tan arbitraria como la misma transformación de foto a corpórea, sí, podría ser, nada de caricias nínfulas, nada de fetiches de pies, ni de obsesión con su boca, nada… nada universal, oscuridad, tan habitual en mis sueños tan ausente de sueños.

Tal vez sea solo eso, un sueño creado para creer que sueño, un despertar nublado para extender la omnipotencia al plano real, el sueño de cualquiera, seguir siendo dios al despertar y poder tocarla como a una guitarra cuando ella lo pida, si es que se cuenta con la misma suerte que cuando se sueña o se piensa que se sueña.

Razones de peso

La evacuación transcurría con normalidad, salvo porque no había terror, ni angustia, no sonaban sirenas y parecía cumplirse esa frase de cajón de que la sangre es la que escandaliza, y en su ausencia, una estructura de cinco pisos que temblaba parecía no ser nada del otro mundo, así que atónitos entre los insensibles y los que sienten un temblor, bah qué temblor, orgasmo, vibración, y movimiento de cualquier vaivén como un temblor.

Pero temblaba, por alguna razón, temblaba, de una manera constante y fuerte, la primera parte fue normal, creían que era pasajero, pero la intensidad no menguaba ni la duración, luego los alertaron, ese bloque era el único que temblaba, ¡pánico!, creían que era la estructura cediendo frente a su propio peso, y supusieron que era peor cuando riesgos laborales subió a decirnos que evacuáramos… que había razones de peso para hacerlo.

En esa “tranquilidad” bajaron, descendimos cinco pisos por las escaleras porque claro en emergencias el ascensor no se usa, con esa cara de tedio y otros de alivio piso a piso bajaban, buscando en el celular si era cierto que temblaba, porque para un detractor no hay mayor victoria que la negación de la tesis enfrentada, la edificación se movía, pero no temblaba y no importaba si estaban ante el colapso de una estructura por fallas en la construcción, lo importante era probar que no morían en un temblor, tampoco creían que pudieran llegar al primer piso a tiempo en caso de colapso así que bajaron sin prisa, llegaron abajo con una sonrisa en el rostro, no temblaba, abajo las caras eran desahuciadas.

Todos esperaban que el edificio se desplomara, esperaban las alarmas, las alertas, el cordón de seguridad retirándolos, pero desde afuera no había ningún signo de alerta, las demás edificaciones se veían quietas al igual que esa, y pasaba el tiempo, pasaba el tiempo, pasaba el tiempo hasta que la tensión se convirtió en tedio, hasta que el desinterés general ganó la batalla, y uno a uno se fueron armando de desazón, de exasperación y empezaron a retornar a sus lugares de trabajo, claro, por las escaleras porque el ascensor no se usa en momentos de emergencia…

Así, vencidos por una angustiosa y alargada espera, las razones de peso parecían haber sido infundadas, no fue hasta que iban subiendo el tercer piso cuando por fin colapso… la situación, era el gimnasio, la vibración venía del gimnasio, repitieron, era Daniel, el gordo, el grande… un hombre de dos metros de alto y uno ochenta de circunferencia corría en la banda, a paso tan firme, tan constante, que parecería que dejaba atrás su vida de gordo, sus apodos, todas las veces que le han dicho, no señor, en su talla no hay, que le daba por fin la espalda al haber crecido siendo un niño con senos, que ya nadie podría decirle gordo y con esa decisión de alejarse de todo corrió con los audífonos puestos y de manera desaforada, no sabía que justamente eso sería su perdición, ahora es el gordo del temblor, ahora es un mastodonte que puede tumbar edificios, ahora cuando camina y da un paso la gente brinca para recordarle que su pisada es una razón de peso, para evacuar el edificio. Pobre hombre