Cerca

Estar cerca duele más, eso se decía  así mismo, y lo decía con conocimiento de causa, sé de lo que hablo, se decía, he estado ahí muchas veces, sé lo que duele porque lo he vivido, porque la desilusión pesa, porque estar cerca, sentir la respiración cerca de los labios, verlo entre abiertos, tocar lentamente las comisuras y hacer parte y sentirse parte de siembra una duda, estar demasiado cerca crea un pensamiento del que no es fácil desprenderse, qué me falta, nadie que haya estado cerca se pregunta o enorgullece de lo que tiene, es más fácil hacer eso a lo lejos, sentir que quien observa es abiertamente miope, y ah pasado por alto de nosotros entre tantos, ah pero cuando te miran con detalle, cuando sientes que te han olido, saboreado, cuando sientes que han pasado sobre ti con lupa y cinta métrica, prestando atención a los detalles, tocando con la puntal de un lapicero, golpeando con suavidad con los nudillos, extendiendo los brazo mientras murmuran y toman algunas notas, cuando sientes que hablan de ti, sobre ti y no contigo a pesar de tenerte de cerca, es ahí cuando el miedo asoma.

Estando tan cerca debían haberte visto, respirando tan encima de ti debían ser certeros, encontrar tus virtudes, notar tu valor, estando tan cerca debería besarte, elegirte, estando tan cerca el ascenso debería ser tuyo, estando tan cerca no deberían darte la espalda, no deberían poderse ir sin decirte nada, el ghosting… sabe a mierda.

Estando tan cerca, escuchando ese ahí, ahí, ahí, ahí ahí que nunca se convierte en ahhhhhhhhhh, en uñas en tu espalda, en dientes en tu clavícula, escuchando a lo lejos a alguien más gritar BINGO cuando te falta un número, después de escuchar que anuncian la letra en donde te falta el número… mierda si duele más y sabe más a mierda el que pase cuando estés cerca.

—Mi padre solía decírmelo jugando canicas, cerca de ese agujero donde debía llevar la bola para estar seguro, en la puerta del horno se quema el pan decía, y con una puntería criminal, con una precisión quirúirjica lamía la comisura de su boca, se ría entrecerraba los ojos, con la pericia de un topógrafo que se gana la vida midiendo distancias a cientos de kilómetros calculaba el viento, el peso del cristal en los dedos y lanzaba con una fuerza sobrehumana, como la de todo padre enfrente de sus hijos, y golpeaba fuerte y seco, luego se reía, a carcajadas, nunca comprendí la lección jugando canicas, no era sobre un juego, era más sobre la vida, nunca estás a salvo, no del todo, esa sensación es falsa, eso quería decirme, no te confíes, no estás seguro, eso era lo que debía aprender, ni siquiera el padre tendrá piedad del hijo, eso debía haberme quedado claro cada domingo viendo al primero de los cristianos clavado a una cruz.

De cerca muchas cosas pierden su brillo, había entendido ya al crecer, de cerca las mujeres tienen boso, de cerca, hasta a la mejor depilación se le escapan vellos, de cerca todo es distinto, de cerca nada es lo que parece y por eso duele más cuando te has acercado lo suficiente y escuchas —No cuando estás de cerca y ves de cerca la puerta cerrarse justo en frente de tus narices, ahí entiendes, sientes que entiendes, que papá tenía razón, ahí te das cuenta que las excusas no aguantan un portazo en el rostro, que la verdad es otra y prevalece, al menos para los demás parece serlo.

Estuviste cerca, te dicen cerca sin entender lo que se siente, sin reflexionarlo, creyendo que haberse acercado era la meta, como si no supieran, como si ignoraran que en alguno momentos perder, es un tema más de dignidad que de ego, porque cuando todo ha sido tan cerca solo hay una respuesta posible, ser lo que se es, hacer lo que sabe hacerse… no ha sido suficiente.

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