Impertinentes

Los hay de todos los tipos, colores y tamaños, vienen en ambos sexos, una particularidad los une a todos, no ven más allá de sus narices, hay impertinentes graciosos, y podemos encontrarlos más en edades tempranas o tardías, es un lujo de los niños y los viejos no seguir las normas sociales, de orinarse o cagarse sin público sin ser reprendidos, siempre y cuando no estén acompañados de un impertinente adulto. Esos son en mi opinión los peores.

La mayoría de impertinentes son narcisistas, no dudan de sí mismos, nunca, y no, no es exceso de confianza ni seguridad, quien no duda de sí mismo, es simplemente porque carece de visión, hasta los felinos avanzan precavidos, solo el humano es tan estúpido que piensa que su opinión, visión e intuición es lo único que necesita para determinar la viabilidad de una acción.

Como podrán imaginarse están en todas las clases sociales, y en las más altas ocurre algo curioso, pero suelen estar con mayor frecuencia en la tercera generación de descendientes de quienes amasan la fortuna, pareciera que la visión se acorta a medida que el lujo se acerca.

Quizá para algunos haya sido una obviedad, pero son hechos y hay que mencionarlos, en general el impertinente es un miope social, un analfabeto, no habla el idioma común, no entiende los símbolos de lo sagrado, no distingue el dolor de la incomodidad, en su mayoría son inocentes, no actúan con malicia, pero su falta de entendimiento no los justifica, ni mucho menos los exime de las responsabilidades de sus actos, es precisamente eso lo que puede llegar a ser un problema, quien obra sin tener en cuenta al mundo no asumen que han obrado mal.

Por eso para poder ser un impertinente, uno real, uno que trasciende la esporádica falta de atención y llega a la acción por omisión se necesita de un contexto a transgredir, eso da paso a los peores, debo corregirme, dijo mientras daba una calada a su cigarro, los peores no son los adultos que pueden hacer esto, los peores son lo falsos genios, los visionarios de la miopía, esos que se declaran contracultura sin entender contra que cultura están, los enemigos del estatus que pueden serlo solo porque no tienen que trabajar para conseguirlo, esos que sin media reflexión actúan e imitan.

Sombras, sombras humanas, imitando movimientos, sintiéndose grandes al replicar ideas que suenan bien, solo son extensiones de la idea que se han hecho de las ideas sobre las que han escuchado, pero pocas veces reflexionado, esas personas que buscan solo estar en contra, que piensa que hay gloria en resistir, aunque no saben contra qué, ni para qué, estos en su mayoría están en sus veinte tantos, que parecen más veinte poco, temerosos de la adultez inevitable, amedrentados por la rutina y deseosos de una atención inmerecida y que además no saben manejar. Torpes borrachos sociales, chocando contra todo, contra sí mismos, contra sus esperanzas, y las de los demás, van por ahí dando tumbos, trastabillando contra todo.

-Por eso, por eso el mejor insulto del mundo es llamar a alguien impertinente, no suena grosero, pero es fuerte, podrían no saber lo que significa y aun así sentirte amedrentado, la palabra tiene consigo un poder innegable, del que las personas no pueden escapar, llámalos impertinentes y sentirán el miedo escurrirle por las piernas, la lengua secarse en la boca, las manos temblarles, míralos a los ojos y dilo suave y con fuerza, IM PER TI NEN TE, sabrán sin duda alguna que es cierto.

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