Jorge abre los ojos a las 5, sus gatos le dan la bienvenida al mundo de los vivos, le pesa haberlo hecho, nada parece diferente, la sensación que le oprime el pecho llega a toda prisa al hacerse consciente de sí mismo, los gatos lo intuyen, lo lamen, quieren levantarle un poco el ánimo, él lo intuye y se siente mal de poder responder a ese deseo.
Hoy cumple 38 años, fue casi su número de la suerte, mucho tiempo lo veía como algo casi sagrado, hoy no, hoy le pesa, hoy le jode, la aprieta en la garganta, le hala el corazón hacia abajo… nada de eso pasa realmente, pero así se siente; el sol se asoma por la ventana y él aún está tratando de reunir fuerzas para salir de la cama… no parecen llegar, era más fácil antes, ser niño es no ser responsable de uno mismo, esa idea lo atrapa, no había que hacerse responsable de uno mismo, no tenía que pensar en lo que sucedía, solo hacer caso, solo entregarse a un caos de posibilidades, correr con los cordones sueltos, con la ropa sucia, sorber mocos y limpiarse la tierra de las rodillas, el 38 a la espalda en una camiseta vieja y llena de sudor y de partidos, soñar con tenerlo ahí para siempre, aunque nunca suceda.
Sale de la cama arrastrando los pies, la pena y la vida, sus gatos se restriegan entre sus piernas, toma el molino de café como cada mañana y mientras muele piensa, recuerda, revive esos momentos donde el peligro era evidente, donde para acabar el miedo bastaba con encender una luz, cuando lo malo estaba afuera y no adentro, esos tiempos donde un helado lo arreglaba todo, incluso solo la promesa de uno. Ahora es diferente, el miedo está adentro, se siente perdido, 38 piensa, muele, recuerda, sufre.
Saca dos cucharadas y las pone en la cafetera, agrega una taza de agua y camina hacia al baño, toma la toalla acaricia los gatos y sigue pensando, entra a la ducha por inercia, abre la llave con una costumbre pesada, el agua helada cae sobre él y recuerda, revive los días en que todo era más simple, los 38 lo tienen contra la pared y no dejan de lanzar golpes, cuando pensaba le gustaba pensarse como un boxeador, recibiendo golpes, ya no puede evadirlo, ya mamá no puede decirle que se amarre los cordones, que se cambie la ropa, nadie le avisa de los peligros a los que corre, Andrea, su mamá siempre tuvo miedo de verlo correr con tijeras, los niños que corren con tijeras se sacan los ojos, le decía su madre, los niños corren con tijeras se las entierran en el cuello y se desangran, era normal ser educado bajo el miedo, aprenden a respetar el peligro… de grande las tijeras cambian, son personas manipuladoras que se afilan en cada paso, son las personas que mienten, que no sienten ni intentar sentir algo de empatía, los dueños de la verdad los egocéntricos y egoístas.
No se ven peligrosos, pero cuando te caes, sientes el filo de sus acciones enterrándose despacio en pecho, lo piensa mientras sale de la ducha, mientras está desnudo frente al armario viendo el espacio donde antes ella tenía su ropa, nunca aprendí a correr sin tijeras las manos, piensa mientras que ya vestido camina a la cafetera, mientras toma su café, mientras lee el mensaje. Feliz cumpleaños.