Derivas

Deambular sin rumbo, sin propósito, casi sin intención, caminar como la reacción encadenada de un paso tras otro, aislado inconsciente, desconectado, cuando pensaba Marco camina así, sin notarlo, había escrito un libro de cuentos y necesitaba en un nombre, uno potente uno certero, marco caminaba sin saberlo buscándolo, caminaba y fumaba buscando rastros en la arquitectura, en los rostros, en los rasgos, caminaba viendo el rostro de los carros, visitando por azar creía él viejos lugares, viejos besos, manoseadas, viejos polvos efímeros, viajas casas, o espacios donde habían vivido sus amantes, ex bares hoy academias de baile, masajes exóticos, ex tiendas, caminaba en la ciudad, se movía en el presente con su cuerpo, pero en su cabeza nunca era hoy, era siempre un momento tras otro, una línea temporal en la que toda su vida volvía a vivirse.

La plazotela cerca a su colegio donde tomaba vino alterado con mentas para potenciar su efecto alcohólico, los parqueaderos donde Azul apurada se había corrido la tanga para que él en un ataque de espasmos y vergüenza pudiera también hacerlo, el poste donde vomitaban, la canalización donde había probado la hierba, luego la calle de los bares donde tantas canción había gritado, donde tantos ojos se había cruzado, pensaba en esas miradas sus miradas, siempre tan distintas a las de azul, tan fría tan poco interesante, ninguna como la de Azul, al caminar visitaba fiestas, con y sin ella, niño y joven, lo de línea se desdibujaba con el recorrido, y se transformaba más en una especia de salto inconsciente y caprichoso.

Él yendo a donde Sandra una veterana cincuentona que a sus 18 le mostro que Azul aún palidecía y que en el canela de su piel madura, de su carne madura, de sus tetas maduras, de su sexo maduro, caliente e insaciable era aún muy débil para colorearle la vida como ella podía, luego la pizza italiana donde otra Sandra, esta más joven y más ingenua lo había llevado alguna vez un poco contra su voluntad a escuchar una tarde de chicas y mercurio retrógrado, aunque siempre quiso a esa Sandra nunca pudo regarle un poco de la vida que ella despreciaba, pero que siempre había estado un poco también dispuesta a probar, tenía miedo, de encontrarse y él de perderse, eran el uno para el otro, por fortuna lograron evitarse, habría sido catastrófico para ambos.

Luego él niño caminando sobre un viaducto en construcción, el jugando con agujas y basura de hospital en un despoblado… esa imagen solía recordarla de manera recurrente, 6 años, tontos e ingenuos, 6 años en medio de bolsas de suero, de soluciones, de mangueras y bolsas, de agujas, agujas sin romper, agujas afiladas, agujas quizá infectadas, agujas que habrían podido matarlo, enfermarlo diezmarlo, más de 20 o 30 posibilidades de haberse evitado el crecer y hacerse mayor, y todas habían fallado, que caprichoso puede ser el azar.

Así caminaba Marco sin rumbo y sin destino cuando pensaba, en cada una de esas caminatas y en esos recuerdos había encontrado siempre la inspiración suficiente; un olor, un color, un calor, un sabor, un dolor, un escozor, un rencor, una flor… siempre algo siempre una miga de pan desde los recuerdos para sus cuentos y hoy caminaba así, en búsqueda de un trozo más grande, del tiempo, del cuerpo, del cuero, hoy buscaba eso que delimitaba y encerraba, eso que contenía, eso que definía qué era lo que quería o tenía, sin saberlo, sin entender que lo que hacía era eso que siempre resultaba, eso que por alguna razón daba siempre un resultado, él quería, necesitaba buscaba crear un nuevo lugar para que todo existiera aunque no era consiente de estar allí, es cierto eso de que a veces lo que buscamos está justo en frente, se daba cuenta siempre al irse, Azul, Sandra, Sandra, Las agujas, siempre tantas cosas que hubieran podido hacerlo feliz, o lo habían hecho feliz, siempre algo tan simple, tan presente en medio de su ausencia, siempre un recuerdo tan próximo de convertirse en cuento, siempre su vida salvando su vida, y el simplemente caminando sin rumbo e inconsciente.

­Hola saluda ella sin lograr hacerlo volver, hola dice asomando su rostro, hola responde él y sigue ahora consiente de que camina, de que camina sin rumbo, de que camina hace mucho rato sin buscar un lugar, que caminaba en su cabeza y se frena, derivas dice, derivas, sonríe y vuelve a casa, derivas, termina de escribir las 8 letras, derivas lee y se dice a sí mismo es cuento y libro.

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